La mirada directa por parte del psicoanálisis a los niños de 1940- 1960

Trabajo presentado el 9 de Junio 2019.

Escrito por Hugo Arce.

Me dirijo a ustedes desde la sala del Consejo de Ministros, en el 10 de Downing Street. Esta mañana, el embajador británico en Berlín le entregó al Gobierno alemán una nota final, manifestando que, a menos que para las once horas recibamos respuesta diciéndonos que están preparando el inmediato retiro de sus tropas de Polonia, existirá el estado de guerra entre nosotros. Debo decirles ahora que tal compromiso no ha sido recibido y en consecuencia este país está en guerra con Alemania. Ustedes pueden imaginar lo duro que este golpe es para mí, ahora que mi largo empeño por lograr la paz ha fracasado…

Así comenzaba la declaración de guerra que el primer ministro Neville Chamberlain que se transmitió por radio la mañana del tres de septiembre de 1939. Un anuncio que trajo preocupación aunque difícilmente sorpresa para ningún británico, tal como contaba Norman Longmate, un historiador que tuvo el privilegio no muy frecuente en su profesión de vivir aquellos acontecimientos a los que más adelante dedicaría su obra How We Lived Then: a History of Everyday Life during the Second World War, que nunca ha llegado a ser traducida al castellano aunque merece nuestra atención. Habituados a un enfoque de los acontecimientos históricos en el que priman las batallas y los grandes líderes, a veces se echa en falta también conocer de cerca la vida cotidiana de los ciudadanos anónimos en la retaguardia, al fin y al cabo en torno al noventa por ciento de la población británica fue civil durante toda o gran parte de la guerra. Su manera de percibir el conflicto en que estaba inmerso el mundo fue la más frecuente, así que en ella nos centraremos.

Decíamos que la declaración del primer ministro no sorprendió, dado que desde marzo del aquel año, con la ocupación alemana de Checoslovaquia, la pregunta que flotaba en el ambiente ya no era si llegaría a estallar la guerra, sino cuándo. Las noticias de la prensa y radio, las instrucciones a la población civil difundidas por las autoridades, los ensayos militares y de evacuación durante los meses siguientes, crearon una conciencia sobre la inevitabilidad de la guerra que llevó a muchos a aprovechar las vacaciones del verano ante la sospecha de que serían las últimas en mucho tiempo. Por si no fuera bastante, el 1 de agosto el Gobierno anunció su intención de racionar el combustible en cualquier momento, así que había que viajar a donde fuera mientras aún fuera posible… hasta que el anuncio del pacto Ribbentrop-Mólotov aguó toda intención ociosa. Formalmente firmado el 23 de agosto, se dio a conocer en realidad un par de días antes y era la señal de que, ahora sí, la guerra estaba a punto de comenzar. Aquellos que estaban fuera regresaron apresuradamente a sus localidades, desde donde poder enviar telegramas a amigos y familiares y seguir atentamente los boletines de la radio.

El día 24 el parlamento aprobó la Emergency Powers (Defence) Act 1939, una batería de medidas que dotaba al Gobierno de poderes excepcionales, establecía normas en torno al racionamiento, respuesta a ataques aéreos y mantenimiento de orden público que incluía las detenciones sin juicio y la pena de muerte ante ciertas infracciones. Fue aprobada inicialmente por un año de duración, aunque finalmente se prolongaría durante toda la guerra e influiría de forma excepcional en la vida de cada súbdito inglés.

Ese mismo día todos los profesores de escuelas del país fueron movilizados para participar en la evacuación de los niños de las grandes ciudades y desde el día siguiente la programación radiofónica sufrió una drástica reestructuración para mantener a la población informada. El 31 se llamó a filas a todos los reservistas y solamente un día después, el 1 de septiembre, el mundo entero se estremeció ante la noticia tanto tiempo esperada: Alemania había iniciado la invasión de Polonia. Una mujer que menciona Longmate dijo que ese día fue al cine y vio llorar al público cuando se informó de ello en el noticiero previo a la película. Fue el tema que centró las conversaciones a lo largo y ancho del país, que sintió ese momento como el verdadero inicio de la guerra pese a que aún no hubiera una declaración oficial. Ese mismo día las calles se llenaron de carteles anunciando el estado de emergencia y dio comienzo la evacuación de los niños en las principales ciudades, con trenes y autobuses desbordados. Una movilización general entorpecida por la primera noche que se aplicó un apagón generalizado con el fin de evitar posibles ataques aéreos, costumbre que llegaría a arraigarse en el modo de vida inglés durante mucho tiempo después. Fue también el día en que los apenas veinte mil televisores con los que contaba por entonces Gran Bretaña dieron su última emisión, concretamente con dibujos de Mickey Mouse. No volvieron a recibir una señal hasta 1946.

Por ello, cuando el domingo día 3 a las once y cuarto de la mañana Chamberlain inició su discurso radiado, todos los oyentes fueron conscientes del momento trascendental que estaban viviendo. La memoria de la Primera Guerra Mundial aún estaba fresca pero esta prometía ser aún más terrible. Apenas habían pasado ocho minutos desde el discurso cuando comenzaron a sonar las sirenas antiaéreas en Londres, seguidas poco después por otras en el resto de las grandes ciudades británicas. Era una señal para la que la población ya estaba adiestrada a responder corriendo a los refugios y poniéndose las máscaras antigás. Aunque según ciertos testimonios algunos se quedaron paralizados por el miedo ante un bombardeo que finalmente no se produjo.

Desde ese momento la radio suministró de forma constante toda clase de instrucciones que, al margen de la utilidad real que pudieran tener, proporcionaron seguridad psicológica a los oyentes. Se estaban enfrentando a algo desconocido, pero recibir órdenes paso a paso les hacía percibir que la situación estaba bajo control, que todo el mundo estaba siendo movilizado de acuerdo a un plan racional dictado por el Gobierno y solo había que seguirlo para estar a salvo. Longmate recoge numerosos testimonios de como ese día, apenas unas horas después del anuncio, surgió un espíritu de hermanamiento entre todos los habitantes del país. Como contaba una mujer de Kent «íbamos a las casas de los vecinos, hablábamos a los extraños en el autobús o en las tiendas», y otro residente en Chelsea «vi a vecinos que jamás habían intercambiado una palabra charlar animadamente, todo el mundo, reuniéndose en pequeños grupos para hablar de lo ocurrido esa mañana».

Edward Glover comenta: El examen atento de los descubrimientos psicológicos con respecto al hombre con respecto a las mujeres demuestra que son esencialmente otros tantos motivos de queja que el varón tiene contra el sexo femenino. No hay duda, por otra parte, de quemando los novelistas varones partan de la caricatura e intentan descripciones más ambiciosas del carácter femenino, generalmente obtienen resultados lamentables. Lo cual demuestra que, si bien la mujer puede no ser un enigma para sí misma, es difícil que el hombre la comprenda. Y dado que tanto en la guerra como en la paz los hombres dirigen el país, es considerable el riesgo de que el punto de vista y las necesidades de las mujeres sean descuidados o aun ignorados.

Ahora bien, es inútil sostener que la oral depende de la promoción del espíritu de solidaridad de las diferentes secciones de la comunidad, para ignorar luego las dos grandes clases que constituyen la especie. Una vez que las mujeres están desmoralizadas, el fin está próximo. La mayoría de los hombres y -aunque parezca extraño- casi toda las mujeres, ignoran este hecho. Hay una conspiración del silencio con respecto a las diferencias sexuales. Sea cual fuere la razón de esta conspiración (la cual relaciona indudablemente con las más profundas raíces de rivalidad y de los celos entre los sexos) aún nos negamos a ver el hecho de que las mujeres son siempre y distintas de los hombres.

Por otra parte, debemos evitar la tentación de refugiarnos en vagas generalizaciones biológicas y en concepciones con la conducta animal. Es cierto que, debido a su sexo, las mujeres están excluidas oficialmente, en la mayoría de los países, de toda la participación de la lucha. Y dada esta circunstancia, algunas mujeres se sienten molestas porque nada les permite compensar su falta de participación en el combate militar. Consideran que en tiempos de guerra constituye una situación injusta. De todos modos, sería absurdo pretender que aún estamos en la época en que las mujeres despedían a los guerreros agitando sus pañuelitos desde la torre del castillo. Es el resultado de varias generaciones de obreras de las fábricas de municiones y de organizaciones paramilitares. Pero el problema fundamental determinado por las diferenciación sexual no ha cambiado mucho. Es preciso enfrentar este hecho. Alude a la raíz misma de los motivos de la guerra. Y debemos encarar también el hecho muy concreto de la diferencia moral de los hombres y la moral de las mujeres y de sus diferentes reacciones respecto de la vida familiar. El riesgo real en el caso de la moral femenina consiste en que la guerra puede ensanchar la brecha existente entre la familia y el estado (Glover, 1940)

A las cuatro y media de ese mismo día se anunció la instauración del gabinete de guerra y el cierre de todos los lugares de entretenimiento hasta nueva orden. Se pedía a los ciudadanos mantenerse fuera de la calle todo el tiempo posible y portar siempre la máscara antigás, así como no emplear la iluminación en las carreteras tras el atardecer. Poco después, a las seis de la tarde, tuvo lugar otro discurso para la historia, uno de esos momentos que todo abuelo cuenta a sus nietos, diciéndoles «yo estuve allí». Jorge VI no tenía el don de la elocuencia, pero la solemnidad de la ocasión prevaleció por encima de alguna puntual dificultad en la pronunciación, como puede escucharse aquí. Cómo no quedarse con la piel de gallina y mirando al infinito cuando se escuchaba que «es por este alto objetivo que ahora llamo a mi pueblo en sus hogares y a los que están en ultramar, para que hagan propia nuestra causa. Les pido que se mantengan firmes, en calma y unidos en este tiempo de prueba. La tarea será difícil. Pueden haber días oscuros por delante, y la guerra ya no se limitará al campo de batalla. Pero solo podemos hacer lo correcto, como vemos lo justo, y con reverencia comprometer nuestra causa a Dios». Tras un día tan intenso fueron muchos los ingleses que quisieron concluirlo yendo esa noche a rezar a la iglesia, pues intuían la magnitud de lo que se avecinaba: había comenzado una guerra que costaría la vida de uno de cada cien habitantes del país y que cambiaría para siempre la de todos los demás.

En el capitulo III en “Temor y Moral”, E. Glover menciona: Durante los primeros seis meses de la guerra se habló mucho -aunque vagamente- sobre la moral, pero solo al comienzo de la Blitzkrieg el asunto cobró carácter de tema urgente. Poco tiempo después, en la trastienda de la taberna local se entabló una vivaz discusión sobre l problema. En el grupo se hallaron soldados que habían regresado al hogar después de reembarcarse a Dunkerque; naturalmente, fueron llamados a emitir su opinión, en calidad de expertos en moral. Evidentemente, los dos hombres tenían mejor voluntad del mundo, pero aunque fueron sometidos a un fuego graneado de preguntas, sólo atinaron a decir: “En realidad, no sabemos qué es exactamente”. A la hora de cerrar, una de las notabilidades locales volvió a la carga golpeándose orgullosamente el pecho y dijo: “Bueno, sea lo que fuere, lo cierto es que yo estoy lleno de moral”. Y después de esta concluyente observación, se hundió entre las sombras del oscurecimiento, y fue hallado poco después por el guardián de la defensa antiaérea, en momentos en que se arrastraba entre los nenúfares que crecían del otro lado del prado de la villa. Digamos de pasada que el hombre estaba familiarizado con ese pintoresco pero peligroso lugar adonde había ido impulsado por un acceso temporario de moral. Es evidente, entonces, que sea cual fuere la naturaleza intrínseca de la moral, hay por lo menos dos clases de moral: una auténtica moral, de la que su poseedor generalmente no tiene conciencia; y una moral excesivamente optimista y falsa, que no es muy diferente al fanfarroneo.

Y prosigue… en realidad, “moral” no es sino otro nombre del tipo de coraje que existe en grupos de personas unidas por vínculos comunes y que tienen confianza en sus jefes. Como es obvio, estas condiciones varían de acuerdo con el grupo. La moral de los individuos a una fiesta o de una multitud que espera el comienzo de una fiesta o de la multitud que espera el comienzo de una liquidación de verano no es muy elevada. Un grupo de personas reunidas al azar en un cinematógrafo probablemente se verá acometida por el pánico tan pronto oiga el grito de “¡fuego!”. No hay vínculos de personas que unan a las personas implicadas, y tampoco hay jefes. Cada uno está librado a sus propias fuerzas. Cuando se trata de un país, hay muchos vínculos comunes: raza, idioma, tradición, hábitos y costumbres, sin hablar del amor al país y de cierto vago sentimiento de disgusto o de suspicacia frente a los extranjeros. Así, a pesar de la existencia de diferencias económicas y de clase, en todos los países existe siempre un clima general de buena moral. Digamos de pasada que conviene recordar esta ultima observación cuando se habla de que “el frene interno” alemán se derrumbará al primer desastre militar. Hace poco nosotros mismos hemos soportado una tremenda serie de desilusiones y un desastre militar de primera magnitud. Sin embargo, después de una primera fase de presión y de aprensión en general, el resultado final ha sido que, por así decirlo, nos hemos ajustado el cinturón y nos hemos preparado para llevar adelante la lucha con más firma decisión. (Glover, 1940)

El gas no había sido un arma particularmente mortífera durante la Gran Guerra y sin embargo lograba causar pavor tanto en combatientes como en civiles, tal vez por los estragos físicos que provocaba o por la indefensión frente a algo ante lo que no sirve ponerse a cubierto. Las autoridades británicas se tomaron muy en serio la posibilidad de un ataque a gran escala de este tipo sobre las grandes ciudades, así que se repartieron máscaras antigás a todos los ciudadanos del país, a quienes se les recordaba constantemente la necesidad de llevarla consigo a todas partes mediante cuñas radiofónicas, anuncios en el cine o carteles como este: Hitler will send no warning – so always carry your gas mask. De manera que el día 4 de septiembre todo el mundo llevaba una máscara antigás encima, y si algún trabajador la había olvidado en su casa se le hacía regresar a por ella. Legalmente no era obligatorio llevarla, aunque en muchos locales podían denegarte el acceso si no portabas una en su correspondiente funda. Pronto la moda se adaptó a ellas, vendiéndose por ejemplo bolsos con un compartimento para llevarla. Incluso se llegó a fabricar una máscara infantil de Mickey Mouse. Si bien aquellos muy pequeños mostraban resistencia a que se les pusiera una máscara, en general los niños la aceptaron de buen grado y consideraban un juego los ensayos diarios en la escuela, compitiendo por ver cuánto tiempo aguantaban leyendo con ella puesta hasta que el cristal se empañaba. Incluso pasó a ser mencionada en una canción popular que cantaban durante sus juegos en el recreo: «Under the spreading chestnut tree / Neville Chamberlain said to me: / If you want to get your gas mask free, / Join the blinking A.R.P.».

Con el paso del tiempo el hábito de llevar una máscara encima fue decayendo a medida que se constataba que los ataques aéreos no recurrían a esta clase de armas. Bombardeos que, por otra parte, fueron muy intensos y devastadores: Londres fue asolada por la Luftwaffe nada menos que durante cincuenta y siete noches consecutivas, hasta que la RAF pudo imponer finalmente su dominio sobre el cielo.

En cualquier caso influyó notablemente en la vida civil. Dada la tecnología de la época una buena manera de evitar los bombardeos era dejar completamente a oscuras las ciudades para que los pilotos alemanes no pudieran localizarlas. Para ello se colocaron planchas de contrachapado en cada vivienda del país que trajeron consigo la posibilidad de ser empleados como pizarras para escribir toda clase de mensajes y burlas sobre ellos. También se bromeaba sobre la minuciosidad con la que eran colocados, pues nadie quería servir de faro al enemigo, como por ejemplo en el chiste: «—Puedo ver una grieta en tu ventana. —¿Es que no reconoces al embajador japonés cuando lo ves?».

A pesar de tales precauciones, los bombarderos alemanes a menudo lograron soltar su carga sobre las zonas habitadas y por ello resultaba fundamental seguir una serie de instrucciones sobre cómo ponerse a cubierto y, en especial, disponer de un refugio. Los locutores de la BBC que explicaban cómo construir un refugio se hicieron tan ubicuos en la programación que no fueron pocos quienes bautizaron a sus mascotas con sus nombres, Frank y Alvar. Cualquiera podía levantar el suyo, de acuerdo a una estructura denominada Anderson, el apellido del secretario de interior. Durante el primer año de guerra llegaron a construirse 2,3 millones de refugios Anderson, capaces de proteger a más de doce millones de británicos. Se trataba de refugios semisubterráneos —dada la acentuada afición nacional por la jardinería, hubo quienes los cubrieron de flores y plantas— descritos alguna vez como «iglús marrones», aquí pueden ver uno. En Londres el metro sirvió de refugio a casi doscientas mil personas cada noche, hasta el mismo Churchill utilizó con ese fin la estación de Down Street junto al resto de su gabinete de guerra. No obstante, un espacio tan desangelado, entre el ruido de las bombas y la compañía de extraños, no era obstáculo para socializar mientras se hacía ganchillo o para entretener con alardes gimnásticos.

A pesar de todas las precauciones que se tomasen, las grandes ciudades inglesas eran un entorno peligroso y, como decíamos anteriormente, desde antes incluso del estallido de la guerra hubo una evacuación que afectó en torno a tres millones y medio personas, especialmente niños (junto a sus madres si eran muy pequeños), hacia zonas rurales más seguras. Carteles como este se encargaban de recordarlo. Allí eran acogidos niños de parientes de la ciudad más o menos lejanos y a menudo también sin ningún vínculo familiar. Había quien comparaba de forma un tanto ácida el reparto de niños con un mercado de esclavos de otra época, pues las familias receptoras tenían ciertas preferencias y a algunos pequeños costaba más encontrarles destino. Particularmente a los niños católicos, generalmente provenientes de familias numerosas y considerados más sucios y asilvestrados, o los de origen cockney, a quienes a veces ni siquiera entendían al hablar. Hubo varias oleadas de evacuados a lo largo de los seis años de guerra, pues muchas familias hacían volver a sus hijos en cuanto percibían que el peligro había disminuido. De hecho para enero de 1940 más de la mitad de los niños ya habían regresado, por lo que las autoridades distribuyeron carteles como este, con un espectral Hitler tentando a una madre como la serpiente a Eva en el mito bíblico. De todas formas vivir fueras de las ciudades no aislaba a los niños de lo que estaba ocurriendo, aunque sí le daba un enfoque menos dramático. Como recordaba uno de ellos «fue una experiencia emocionante para alguien de catorce años, un grupo de nosotros iba en bicicleta donde había caído un avión o aterrizado en paracaídas un soldado enemigo, siempre intentábamos coger algún souvenir de los aviones derribados».

Si cómo vemos la guerra aérea tuvo una influencia crucial en la vida civil, también se hizo notar —con menor intensidad— la Batalla del Atlántico. Es decir, el empeño del Tercer Reich por bloquear los suministros a las islas mediante la guerra submarina, lo que trajo consigo la necesidad del racionamiento. Desde 1939 el petróleo y a partir del año siguiente también los alimentos, a los que se accedía mediante una cartilla familiar.

Ante tal austeridad material, añadida a un clima psicológico de constante amenaza en el que la simple vida diaria se convertía en un acto de heroísmo, las autoridades inglesas pronto comprendieron que la población necesitaba ciertas vías de escape.

Poco después de iniciada la guerra la mayoría de los cines y locales de ocio volvieron a abrir, lo que contribuyó a mantener alta la moral de la población. Alternaban las películas de evasión como el musical Me and my girl o la película de aventuras La posada de Jamaica de Alfred Hitchcock con otras propagandísticas como The Lion has wings. La BBC, inicialmente reacia a introducir música popular en su programación, acabó cediendo a los estilos modernos representados por el jazz y el swing, traídos por los soldados americanos destinados a las islas británicas. La música era por lo general alegre y hablaba sobre el amor con temas como «Moonlight Becomes You» en la versión de Bing Crosby y «We’ll meet again» de Vera Lynn. Como dice Longmate en el libro que hemos citado en varias ocasiones, «para las chicas que amaban el baile la guerra fue un tiempo feliz» y menciona el ejemplo de aquellas que, aún teniéndose que levantar cada día a las cinco de la mañana para acudir a las fábricas, nunca desaprovechaban la ocasión de ir a una fiesta, maquilladas y vestidas de la mejor manera que la situación permitía, donde flirtear con soldados de permiso. Las salas de baile abrían hasta las once de la noche y siempre estuvieron repletas, incluso en las temporadas en que los bombardeos fueron más frecuentes. (Bilbao, 2017)

Por su parte la Alemania Nazi , los psiquiatras observaron conductas de aislamiento social problemáticos para su sociedad. Paul Schröder, con quien Asperger realizó una pasantía en Leipzig en abril y mayo de 1934, fue la figura mas destacada en la configuración del enfoque nazi de la psiquiatría infantil. Esto fue poco más de un año después de que Hitler llegó al poder en Alemania. La impresionante unidad de la visión nacionalsocialista.

Como describió en su diario:

Un pueblo entero que va en una sola dirección, fanáticamente, con un rango estrecho de visión, ciertamente, pero también con entusiasmo y dedicación, con entrenamiento y disciplina tremendos, con un poder formidable. Ahora soldados, el pensamiento del soldado, el espíritu, el paganismo germánico “.

“El estado nazi pretendía, sobre todo, crear un Volk alemán espiritualmente unido, fuerte y racialmente puro, lo que significaba criar niños para ser dedicados al régimen, firmes y físicamente superiores.

Estas cualidades requerían mas que la simple conformidad. Necesitaban la capacidad de los niños para sentir un sentimiento de pertenencia nacional, que el régimen trataba de inculcar a través de organizaciones colectivas. Como Hitler describió en un discurso a los líderes de distrito en Reichenberg en 1938, el Tercer Reich tenía estándares estrictos:

Estos jóvenes no aprenden nada más que pensar como alemanes y actuar como alemanes. Estos niños y niñas ingresan a nuestras organizaciones a la edad de diez años y toman un poco de aire fresco, a menudo por primera vez; luego, después de cuatro años de Young Volk, pasan a la Juventud de Hitler, donde los guardamos por otros cuatro años [. . .] luego los llevamos inmediatamente al Partido, al Frente Laboral, a las SA o SS, al NSKK [Cuerpo Nacional de Motores Socialista], y así sucesivamente. Y si después de dos años y medio todavía no son verdaderos nacionalsocialistas, ingresarán al Servicio de Trabajo por otros seis, siete meses y serán pulidos allí.

Según Hitler […] ”

“Requerirles que se unan a la Liga Nacional de Maestros Socialistas. Casi un tercio de los maestros se unieron al propio Partido Nazi. Cada día, los escolares cantaban canciones nazis, aprendían sobre el excepcionalismo histórico y racial del alemán Volk, y observaban los retratos de Hitler que colgaban en todas las aulas. A los niños se les enseñó un compromiso total con la comunidad nacional.

La ciencia racial era una parte importante del plan de estudios. La instrucción era teórica, sobre la superioridad de las razas nórdicas y otras razas “arias” frente a la inferioridad de los judíos, eslavos y no europeos. Y fue práctico, enseñando a los niños cómo identificar rasgos raciales. Los jóvenes estaban rodeados de imágenes, como carteles con niños con cabellos que iban de rubio claro a marrón oscuro, desde narices rectas a narices en forma de gancho.

Los niños también aprendieron sobre defectos biológicos y fisiológicos. Fueron más difíciles de cuantificar, ya que las estimaciones de la incapacidad genética de Alemania se extendieron del 1% al 20% de la población. Pero los jóvenes recibieron el mensaje de que las personas con problemas se escondían entre ellos, arrastrando el Volk. Una pregunta matemática, por ejemplo, preguntó: “Un idiota en una institución cuesta alrededor de cuatro Reichsmarks por día. ¿Cuánto costaría si tiene que ser cuidado?

Ciertamente, la fuerza y la obediencia eran requisitos previos para la pertenencia nacional, fundamentales para los ideales nazis del Volk. Un lector para estudiantes de tercer y cuarto grado en 1937 presentó la advertencia de Hitler a los jóvenes:

Queremos

El Volk para ser obediente,

¡Y ustedes deben entrenarse en obediencia!

Debes aprender a ser duro,

Asumir penurias,

Sin romper nunca.

El espíritu comunitario también se enseñaba en los libros de texto. Los niños fueron atacados con imágenes de jóvenes celosos comprometidos con el Volk hasta el punto de frenesí. Una tarea en un lector de quinto y sexto grado de 1936 exaltó los éxtasis de la multitud fascista, describiendo la “tormenta” de Horst Wessel en el Rally de Nuremberg en 1929:

La llamada llegó por la tarde: ¡únete a la procesión de antorchas! Las calles estaban atestadas de gente. Finalmente, la línea comenzó a moverse, una enorme e interminable serpiente de fuego. A ambos lados de nosotros una multitud salvaje y alegre. [. . .] Marchamos, mareados y entusiastas a la luz de las antorchas, a más y más grandes vítores. Pasamos por delante del Führer en apretado cierre. Música, canto, júbilo. Fue demasiado a la vez.

“En el estado nazi, las líneas entre las dos categorías eran borrosas. Depende de los psiquiatras infantiles nazis como Asperger diagnosticar el carácter de un niño en contra de las normas del régimen. Los niños que no cumplen con los estándares nazis (en mente, cuerpo y espíritu) pueden enfrentar cualquier cantidad de etiquetas. Mientras los ideales se multiplicaban, las definiciones de defectos se multiplicaban; eran dos caras de la misma moneda en el régimen de diagnóstico del Reich.

Como la psiquiatría infantil nazi hizo afirmaciones progresivamente grandiosas sobre los espíritus y el valor de los niños, la condición física para el Volk no era solo sobre el cuerpo, sino también sobre la mente. Uno tenía que sentirse y comportarse como parte de lo colectivo, con un sentimiento social, una condición de pertenencia biosocial tanto racial como socialmente. Después de todo, el colectivismo fascista estaba en el centro del proyecto nacionalsocialista.

La psiquiatría infantil tuvo un lugar importante en la ambición del Reich por una comunidad nacional unificada y homogénea. Alemania, con sus academias altamente desarrolladas de ciencia y medicina, ha sido durante mucho tiempo un lugar donde los aspirantes a médicos e investigadores de otras partes de Europa fueron a estudiar o buscar títulos avanzados. Para la psiquiatría infantil, una de las principales instituciones fue el hospital psiquiátrico de la Universidad de Leipzig, donde Paul Schröder fue director. (Sheffer, 2018)

La Pedagogía Curativa menciona Asperger (1952) que es una ciencia relativamente joven. Aun cuando los comienzos de su teoría y de su práctica terapéutica se remontan a épocas anteriores, ha quedado reservada a estas dos últimas generaciones la sistematización de los resultados obtenidos y la elaboración de nuevos métodos de tratamiento.

Designaremos el nombre de Pedagogía Curativa a la ciencia que, partiendo de un conocimiento de las personalidades infantiles anormales fundado en la bióloga, busca caminos preferentemente pedagógicos para el tratamiento de los defectos mentales, sensoriales y de las perturbaciones nerviosas o psíquicas en niños y jóvenes. Estamos convencidos de que una educación adecuada de la persona, una educación basada en el conocimiento del hombre, puede influir beneficiosa y decisivamente en las personalidades anormales.

Esta labor, tanto si se realiza con el nombre de Pedagogía Curativa como cualquier otro, ha recibido gran impulso en estos últimos tiempos, al reconocerse la acción decisiva que pueden ejercer sus objetivos en el actual estado de las cosas. Se debe ello, sin duda alguna, a la amenaza que pesa los mismo sobre la persona humana en particular que sobre la comunidad en general, en virtud de los adelantos conseguidos por la técnica moderna.

El desarrollo de la Pedagogía Curativa se ha producido de modo algo distinto del de otras disciplinas científicas, que se ha ido separando de sus respectivas ciencias madres por su proceso de especialización, como ha ocurrido. Por ejemplo, con la Pediatría a partir de la medicina interna. En el caso de la Pedagogía Curativa, se trata de la confluencia de cinco ciencias: dos especialidades médica, a saber, la Psiquiatría y la Pediatría, y tres ciencias humanas, que son la Psicología, la Sociología, y la Pedagogía. De ahí que la Pedagogía Curativa sea considerada como feudo propio por los que proceden de una u otra de sus de sus disciplinas originales, lo que con frecuencia da lugar a discusiones al tratar de defender cada uno de su posición respectiva.

Asperger comenta acerca de la Psiquiatría que en los países de habla alemana, excepto Austria, y en casi todos los demás, se conoce nuestro campo de acción con el nombre de Psiquiatría Infantil. Esto obedece a que, en la mayoría de las naciones, se encargan de nuestra labor personas formadas en el terreno de la Psiquiatría, y también en el hecho de que son principalmente psiquiatras los que han sentado los fundamentos científicos de esta nueva disciplina. Por ora parte, los distintos técnicos de la Pedagogía Curativa son la filiación psiquiátrica, si bien, al no bastarnos los giros puramente psiquiátricos, utilizamos también denominaciones procedentes de la Caracterología y de oras ciencias que nos permitan describir el comportamiento del niño desde el punto de vista pedagógico.

El concepto de Psiquiatría juvenil resulta igualmente valido para otro sector de nuestro campo: en el derecho relativo a la juventud, tanto en lo que se refiere a la capacidad legal de lo menores de edad, principalmente en lo que concierne a la responsabilidad en la delincuencia juvenil, como en lo que toca a la tutela de tales jóvenes. En todos estos casos se ha acudido en primer lugar al psiquiatra forense, ya que parecía casi imprescindible la intervención de una persona en formación y conocimientos psiquiátricos sólidos, aun cuando los problemas allí planteados rebasaran en mucho la pura competencia del psiquiatra.

Otro sector importante de nuestro campo aparece indiscutiblemente como dominio de la Psiquiatría: el psicoterapéutico. Si bien todo médico, en su sentido amplio, debe ser psicoterapeuta, e incluso deberían serlo todos los maestros y, en general, todos aquellos que han de guiar y educar a seres humanos, sobre todo cuando se trata de anormales, no es menos cierto que siempre fue obra de psiquiatras la creación de sistemas y escuelas de estilo psicoterapéutico, así como la elaboración de métodos y técnicas psicoterapéuticos. Constituye éste el mayor servicio que la Psiquiatría rinde a la Pedagogía Curativa, aunque al mismo tiempo representa un peligro para esta última. Todos los sistemas psicoterapéuticos han sido creados basados en personalidades acabadas y experimentadas con ellos; tal calificativo revestía casi siempre doble sentido: el de haber terminado su desarrollo y, además, el de hallarse al final de un proceso de degradación. El psicoterapeuta, si es además psiquiatra, no tiene a menudo completa y verdadera experiencia con los niños, y tal experiencia sólo puede adquirirse mediante constante y profunda convivencia con ellos. Por otra parte, en virtud de su experiencia con personas adultas, el psiquiatra tiene fácil propensión a olvidarse de las sanas energías de desarrollo, que con frecuencia pueden conseguir por si mismas mejorías asombrosas en niños que presentan graves síndromes patológicos; por otra parte, sólo en muy raras ocasiones está inspirado por el interés y la pasón pedagógicos necesarios para que resulte operante la Pedagogía Curativa. (Asperger, 1952)

Asperger más tarde afirmaría que el enfoque de Schröder fue formativo para su pensamiento; en 1942 se llamó a sí mismo un estudiante de Schröder con “orgullo y reverencia”. A medida que el compromiso con Volk se convirtió en una prioridad en el Tercer Reich, los psiquiatras infantiles nazis como Schröder y sus colegas notaron que los niños creían que forjaban vínculos sociales más débiles y no se alineaban. con el grupo. Este nuevo paradigma llevó a varios practicantes a desarrollar diagnósticos para niños que carecían de conexión con la comunidad, que se parecía y precedió a la definición de psicopatía autista de Asperger.

Los psiquiatras infantiles nazis utilizaron el término Gemüt para expresar sus ideas de sentimiento social. Gemüt es una de las palabras famosamente intraducibles de la lengua alemana, y su significado cambió dramáticamente con el tiempo. Para los pensadores nazis, Gemüt se refirió a la capacidad fundamental de uno para establecer vínculos profundos con otras personas. Tenía connotaciones metafísicas y sociales. El buen Gemüt era esencial para el valor de uno como individuo y para la salud de Volk.

El término Gemüt surgió en el siglo dieciocho como sinónimo de alma, o Seele. A medida que las ideas del alma se secularizaban y las personas prestaban cada vez más atención a las emociones personales, Gemüt se convirtió en un término favorito en la cultura alemana.

El significado de Gemüt, de hecho, se regeneró a mediados del siglo XIX. En la conversación cotidiana, perdió algo de su sabor existencial y artístico y se volvió más sobre emociones personales y sociales positivas. Tener Gemüt significaba poseer una vida interna rica, fuertes vínculos con familiares y amigos, y un temperamento cálido y amistoso. Con el uso común de “gemütlich”, acogedor o hogareño, también abarcaba la sociabilidad cotidiana e informal. Pero en filosofía, las artes, la literatura y otros campos intelectuales, conservó más connotaciones metafísicas.

Mientras trabajaba en Leipzig, Asperger se enamoró especialmente de la escuela de psicología holística de Leipzig, que se centraba en el Ganzheit de los individuos, o “totalidad”. Crucial para su “caracterización” era Gemüt, que significaba una calidad que abarca todos los sentimientos conectados, la experiencia. , conciencia y carácter. El Gemüt de One refleja el valor de uno mismo. De hecho, cuando Félix Krueger, uno de los líderes de la escuela de Leipzig, se convirtió en presidente de la Sociedad Alemana de Psicología en 1933, su primer discurso elogió la “profundidad de Gemüt” [gemütstiefe] de Hitler. El “maravilloso vigor de Hitler, su entusiasmo, su celo, su alemán Gemüt”.

El “psicólogo Erich Jaensch estableció la tipología racial dominante del” tipo de integración del Norte “(tipo J) como el opuesto superior del” tipo de disolución judeo-liberal “(tipo S), o” antitipo “[Gegentyp]. Aunque Asperger citaría a otros en su tesis postdoctoral seminal sobre psicopatía autista en 1944, refiriéndose a solo nueve autores en sesenta y una páginas, señaló dos veces la tipología antisemita de Jaensch, con aparente respaldo.

Gemüt fue un concepto central para los psiquiatras especializados en criminología. Asperger destacaría la definición de psicopatía del psiquiatra alemán Kurt Schneider en su tesis de 1944, que advirtió sobre los “psicópatas sin gemüt menos” [psicópatas psicópatas] que tenían “defectos altruistas, sociales y morales”, sin “compasión, vergüenza, honor”. El psiquiatra nazi Friedrich Stumpfl, una figura destacada en biología hereditaria y racial, también enfatizó los peligros genéticos y criminales de los psicópatas sin Gemüt y la “falta de Gemüt del resfriado autista” .

Si bien Gemüt había tenido un carácter nacionalista durante siglos (los alemanes afirmaban que poseían más Gemüt que otros europeos, en particular el francés mezquino y racional), bajo el nacionalsocialismo, Gemüt se volvió racializado. El diccionario de Meyer de 1938 lo definió como “un término peculiar de los alemanes y no traducible a ningún otro idioma, que involucra el sentimiento de interioridad […]”

Asperger y sus colegas no solo sobrevivieron sino que también prosperaron durante el Tercer Reich. La expulsión de tantos médicos y psicoanalistas judíos creó un vacío que amplió sus oportunidades. Asperger y sus asociados, y la Pedagogía Curativa en su conjunto, ganaron prominencia en el estado nazi. Como Hamburger instruyó en una conferencia ceremonial después de la anexión, un médico en el Tercer Reich “debe ser un verdadero nacionalsocialista. Debe estar completamente saturado con los principios nacionalsocialistas de conducta en el estilo de vida y la salud “. En este nuevo clima, Asperger propuso una nueva forma de clasificar a los niños”.

Asperger también podría haber estado considerando su carrera en un escenario más grande. Los psiquiatras infantiles nazis habían consolidado una reputación internacional. Su antiguo mentor, Paul Schröder, acababa de ser elegido como el primer presidente de la Asociación Internacional de Psiquiatría Infantil, que celebró su primera reunión en París en julio de 1937 como parte de la Exposición Mundial. La reunión de París había sido un gran evento, que atrajo a 350 participantes de cuarenta y nueve países diferentes, y estaba equipada con la última tecnología de auriculares para la traducción simultánea. La delegación del Reich incluyó a Ernst Rüdin y Hans Heinze, mientras que Werner Villinger fue incluido como contribuyente pero no asistió. Franz Hamburger era un representante oficial de Austria. Asperger no estaba en la lista, pero, cerca de Hamburger, habría escuchado sobre el evento, y quizás deseaba estar entre estas figuras influyentes.65 En París, la Asociación Internacional de Psiquiatría Infantil planeó su próxima conferencia en el Tercer Reich bajo El liderazgo de Schröder, aunque nunca se llevó a cabo.

En la primera frase de la conferencia de Asperger de 1938 sobre psicopatía autista, Asperger aclamó la gran ambición del Reich de transformar la sociedad: “Estamos en medio de una reorganización masiva de nuestra vida mental, que ha abarcado […]”

“En toda nuestra actitud hacia el activo mas valioso de la nación, su salud” .

Asperger pareció aceptar la política de esterilización. Reconoció que él Reich había cambiado las prácticas de salud y que los médicos ahora deberían desempeñar un papel en la aplicación de las leyes de higiene racial. “Los médicos debemos asumir la responsabilidad total de las tareas que ahora estamos realizando en esta área”. 67 Asperger invocó la Ley Nazi para la Prevención de los Hijos con Enfermedades Genéticas, la ley de esterilización del régimen. Afirmó la “responsabilidad” de los médicos del Reich de prevenir “la transmisión de material genético enfermo”, que ahora incluía el deber de informar a las personas con condiciones supuestamente hereditarias para la esterilización forzada. Sin embargo, Asperger instó a los médicos a tener cuidado al seleccionar a las personas para la esterilización, a juzgarlas como individuos en lugar de por pruebas y estadísticas. (Sheffer, 2018)

Durante la década de 1930, Gran Bretaña se convirtió en el hogar de los psicoanalistas nativos y de muchos refugiados judíos que huían de los nazis y del antisemitismo continental. Fuera de las sociedades psicoanalíticas que alguna vez florecieron en Europa, solo Londres permaneció como un verdadero centro y centro para una diáspora intelectual única.3 Sin embargo, Gran Bretaña no era un refugio seguro. Los ataques anticipados y el despiadado bombardeo de civiles británicos durante la Segunda Guerra Mundial hicieron de este escenario único para que esta generación de psicoanalistas explorara las experiencias de violencia, especialmente contra los niños. El cataclismo de la guerra y el sufrimiento humano real y proyectado permitieron a los expertos en la ciencia psicológica de la ansiedad, el trauma y la agresión dar un paso adelante con soluciones y abordar algunos de los principales dilemas de la época.

Ofrecieron nuevas formas de ver el trauma psicológico y el yo. Proporcionaron interpretaciones novedosas de la condición civil bajo bombardeo y de las relaciones humanas en general. Para Anna Freud y su personal en las guarderías de guerra Hampstead de Londres, por ejemplo, la guerra trajo trabajo a una gran cantidad de niños desplazados, o “infantes sin familia”. Entre estas jóvenes víctimas de la guerra había niños cuyos hogares habían sido destruidos, niños que fueron devueltos de la evacuación, y “Tube Sleepers”, es decir, los niños que habían sido llevados a refugios subterráneos por la noche y perdieron la capacidad de dormir. Anna Freud y su personal intentaron reparar el daño mental percibido que ya se había causado a los niños, prevenir lo que se consideraba un posible trastorno futuro debido a la separación de madre a hijo y realizar investigaciones sobre las condiciones psicológicas que se consideran necesarias para el desarrollo normal de la enfermedad del niño. Durante la guerra, se desplegaron las habilidades de Anna Freud como organizadora y teórica. Los informes detallados que escribió durante las noches de ataques aéreos proporcionan un rico testimonio del trabajo de los psicoanalistas con niños bajo fuego. La guerra le permitió no solo desarrollar sus teorías, sino también ponerlas en práctica y reevaluarlas para su difusión en tiempos de paz. Junto con las ideas de otros psicoanalistas, este trabajo dio forma a una generación de padres y responsables políticos. (Saphira, 2007)

Otros psicoanalistas judíos más allá de la familia de Freud tuvieron que superar las dificultades de inmigración porque, como profesionales liberales y cómo médicos, debían demostrar una necesidad económica para su trabajo en Gran Bretaña.

Mientras Jones ayudó a rescatar a los refugiados y usó contactos con todas las embajadas, el Ministerio del Interior y el extranjero, también tomó decisiones que se basaron en su preferencia por analistas específicos. Wilhelm Reich, por ejemplo, que mezclaba el psicoanálisis con el marxismo y las teorías sexuales radicales de una manera que se consideraba que politizaba peligrosamente el psicoanálisis, era considerado una persona no grata. Sin embargo, Gran Bretaña era más acogedora para los analistas laicos sin antecedentes médicos que la Estados Unidos.

Según Jones, el Ministerio del Interior aprobó todas sus solicitudes de ingreso para analistas legos. El BPAS activo, formado por analistas nativos como Ernest Jones, Edward Glover, Susan Isaacs, Barbara Low, Sylvia Payne, John Rickman, Joan Riviere, John Bowlby, Donald Winnicott , Ella Freeman Sharpe, se unió entonces en la década de 1930 por analistas analizados como Paula Heimann, Kate Friedlander y Eva Rosenfeld de Berlín y Anna Freud, Wilhelm y Hedwig Hoffer, Klara Frank, Karl Weiss, Edward y Grete Bibring, Robert y Jenny Wälder, Otto y Salomea Isakower, y Ernst y Marianne Kris de Viena. Hans Foulkes escapó de Frankfurt, donde durante la década de 1930 los psicoanalistas tuvieron un fructífero intercambio con sociólogos en el Instituto de Investigación Social de Marx. Después de que Melanie Klein se mudó a Londres, fue seguida por su hija, Melitta Schmideberg, con su esposo Walter, también psicoanalistas.

La muerte de Sigmund Freud en Londres el 23 de septiembre de 1939, al estallar la Segunda Guerra Mundial, simboliza un nuevo capítulo en la historia del psicoanálisis británico, una de las nuevas oportunidades, debates y compromisos político-sociales que continuarán en la posguerra. Al comienzo de la segunda guerra, los analistas de la segunda generación aún se encontraban en la etapa inicial de sus carreras. El bombardeo de las ciudades y la experiencia de la evacuación les ofrecieron una gran cantidad de trabajo con los civiles y provocaron un cambio en la naturaleza de su profesión que cristalizó los desarrollos anteriores a la guerra.

Para tener una comprensión más plana de los problemas que crearía esta oleada migratoria y las proporciones que asumiría (y a la cual, unos pocos meses después, en una carta a Jones fechada el 6 de marzo de 1934, Anna Freud se referiría como”una nueva diáspora”, para agregar que con seguridad usted sabe que significa la palabra dispersión de los judíos por el mundo luego de la destrucción del templo de Jerusalén, debemos recordar de los numerosos analistas de Berlín y Viena habían visitado Gran Bretaña y los Estados Unidos y algunos ya habían emigrado a esos países. Entre los analistas inmigrantes en Gran Bretaña la más famosa era, con mucho Melanie Klein, que había llegado a Londres procedente de Berlín a mediados de la década del treinta (Mesiel y Kendrick, 1986)

En marzo y abril de 1933 cuando, en efecto, empiezan a aparecer por primera vez los nombres de ciertos analistas y los pormenores de sus vicisitudes en la correspondencia de Anna Freud y Ernst Jones, así como muchas otras cartas. En una fechada el 5 de junio de 1933, Anna se refiere a la difícil situación de E. Simmel y K. Landauer, que atravesaban graves problemas económicos. Al hablar de ellos, Anna los calificaba de “Sorgenkinder”: niños con necesidades de cuidado y causantes de preocupaciones. Esta expresión se recoge muchas veces en sus cartas, al menos hasta su partida de Viena hacia Londres unos cinco años después de iniciado este intercambio epistolar. Su empleo de la expresión parece tener una significación particular y es preciso no ignorarlo, porque suscita la impresión de una familia extensa compuesta por criaturas, niños, hermanos y hermanas mayores y padres cuyo deber es ponerlos bajo su ala. A decir verdad, la elección de las palabras de la hija de Freud resulta mucho más significativa cuando recordamos que las personas a quienes se refería en esos términos no eran psicoanalistas adultos que, al encontrarse en circunstancias muy precarias, se veían obligados a volver, por así decirlo, a una situación de dependencia de Anna, Jones y los norteamericanos.(Steiner, 2003)

Nos comenta Steiner las numerosas connotaciones posibles del término Kínder, habrá que concentrarse en las implicaciones del vocablo Sorge, que simboliza no sólo las muchas angustias sufridas por los refugiados sino también las preocupaciones de las personas que estaban en condiciones de ayudarlos a encontrar un lugar de refugio, todas las cuales eran miembros, y por lo tanto parte constituyente, de la “familia” psicoanalítica. (Steiner, 2009)

La diáspora comenzó, y arrastraba con ella todas las contradicciones, sentimientos y problemas que despertaría en tantos países y tantas personas que trataron de ayudar a los refugiados, a menudo tensando hasta el límite de lo que Anna llamaba un “lazo internacional”, por el predominio tan frecuente de muchos intereses locales y nacionales. Y los nombres recién citados en la correspondencia de A. Freud, Jones y Eitingon, para no mencionar la de muchos otros que ya se dedicaban a viajar frenéticamente de uno a otro lado de Europa, sin saber qué hacer y tratando de decidir marcharse o no de Alemania.

En 1936 Anna publica el yo y los mecanismos de defensa, donde menciona: En ciertos períodos del desarrollo de la ciencia psicoanalítica, la teoría teórica del ego del individuo era decididamente impopular. Por una razón u otra, en muchos analistas surgió la idea de que el operador científico y terapéutico en el campo del análisis era mejor cuanto más profundas eran las capas psíquicas a las que se dirigía su interés.

Cada ascenso de interés desde los estratos psíquicos más profundos hasta los mas superficiales, es decir, cada paso de indagación desde el ello al ego, se consideró como un comienzo de la desviación del psicoanálisis en general. El término psicoanálisis debía reservarse exclusivamente para nuevos descubrimientos relacionados con la vida psíquica inconsciente, es decir, para las nociones adquiridas de movimientos de la columna vertebral, afectos y fantasías eliminadas. Los problemas tales como la adaptación del niño o adulto al mundo exterior, conceptos de valor como salud y enfermedad, virtud o vicio, no deben referirse al psicoanálisis. El objeto del psicoanálisis sería exclusivamente los sueños infantiles de fanáticos en la vida adulta, las experiencias de placer imaginario y los castigos temidos como resultado de ellos.

En 1936, las cosas se ponían tensas, cuando se decidió celebrar el congreso de Marienbad. Por esos días, los judíos de Viena tenían prohibido pasar por Alemania y hubo que encontrar una sede alternativa, teniendo en cuenta que Sigmund Freud chocaba cada vez con más obstáculos para alejarse de la capital austriaca, y que para Anna era imposible dejarlo, aunque sólo fuera por unos días. En un Rundbrief muy conmovedor del 22 de enero de 1936, al hablar del congreso que iba a celebrarse ese año, Anna destacaba que ya no podría separarse de su padre, dado que él estaba demasiado enfermo y dependía por completo de ella: “para él, mi ausencia es una privación”, “me resulta imposible dejarle”.

Solo un puñado de analistas llegaron a Gran Bretaña desde Alemania y se establecieron, siendo la más destacada Paula Heimann y Kate Friedländer en 1933, Barbara Lantos en 1935 y Eva Rosenfeld en 1936. Tenemos la suerte de saber cómo vivieron su nuevo hogar. Heimann y Rosenfeld, analizados respectivamente por Theodor Reik y Freud, se mostraron insatisfechos de qué el grupo de Berlín, en su opinión, no enfatizara suficientemente la capacidad de agresión destructiva (King, 1989, p.2; Heller, 1992, p. 44). Cuando llegaron ambos gravitaron hacia Klein. Rosenfeld la había conocido en Berlín. Heimann había empezado a entrenar en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín después de que Klein se había ido, calificándose en 1932 como Miembro Asociado. Se había vuelto demasiado peligroso para permanecer en Berlín. Ella huyó a Londres con Kate Friedländer. A Heimann le gustaba contar una historia divertida sobre sus experiencias cuando llegaron por primera vez (King, 1989, pág. 2-3), pero apenas disimula la soledad y la desorientación de la emigración. Habían llegado a Londres en julio de 1933, cuando la mayoría de los analistas estaban ausentes. Sin embargo, con el tiempo, Heimann volvió a conocer a Melitta y Walter Schmideberg, la hija y yerno de Melanie Klein, a quienes había conocido en la Sociedad de Berlín. Fue a través de ellos que recibió un mensaje que a Klein le gustaría verla en respuesta a una nota de condolencia que le había escrito a Klein por la muerte de su hijo mayor en un accidente de escalada. Cuando Heimann la llamó, Klein derramó sus sentimientos y pensamientos más íntimos. “Los ingleses eran demasiado extraños, y de todos modos no podían hablar alemán”, le dijo Klein. Luego, Heimann la visitó regularmente y, finalmente, actuó como su secretaria mientras intentaba conceptualizar el proceso de duelo por el que había pasado en relación con su hijo. Al igual que Eva Rosenfeld, quien emigró en 1936, Heimann sintió que cuidaba de Klein. Rosenfeld la recordaba como “una mujer solitaria: tuve que consolarla y demostrarle que no me asustó” (Heller, 1992, p. 44). Pero Heimann y Rosenfeld también necesitaban ayuda. Fue la soledad y la pérdida lo que los unió a un afligido Klein. En el caso de Heimann, no solo estaba aislada de los amigos que había dejado en Alemania, sino que su matrimonio había fracasado. Ella era emocionalmente y económicamente insegura. Un día, Melanie Klein le dijo a Heimann que creía que deseaba un análisis con ella. Klein ofreció tarifas reducidas para hacer posible el análisis (King, 1989, p. 3-4). Rosenfeld le pidió a Klein que le remitiera un caso y le buscara un supervisor de quien pudiera aprender “la técnica que ella pensó que debería aplicarse en enfermedades graves, por ejemplo, en la depresión y su relación con el luto y los estados maníacos ”. Pero la joven Klein se refirió a ella, que se encontraba en un estado casi psicótico, la inquietaba. “Sin previo aviso, las profundas aflicciones de mi pasado, la pérdida de mis hijos, el lenguaje, el paisaje … estallaron”. (Heller, 1992, p. 44). En 1938 entró en el análisis con Klein.

Rosenfeld escribiría eso: “Uno nunca se hizo amigo de Melanie Klein. Uno Fue por ella o contra ella. Luchó por sus ideas y nada más que el verdadero discipulado era aceptable para ella ”. Rosenfeld no era un discípulo de manera temperamental. Debido a que mantuvo su amistad de larga data con la gran rival de Klein, Anna Freud, Klein la rechazó: Klein le dijo: “Has sacrificado tu análisis por la amistad con Anna Freud”. (Heller, 1992, p.45). Inicialmente las cosas eran diferentes para Heimann. Se convertiría, como dice Pearl King de manera memorable en “la princesa heredera de Klein” (King, 1989, pág. 6), representando sus puntos de vista en reuniones científicas y desempeñando un papel clave en las discusiones polémicas, hasta que a partir de 1949 regresó cada vez más a la tradición clásica que había aprendido en Berlín de su analista Reik y de maestros como Fenichel, que finalmente abandonó el grupo de Klein en 1955. La soledad de Klein era en parte la de una pionera, pero también era la del emigrado.

La misma soledad del desplazamiento también está allí, en Rosenfeld, en Heimann, en Friedländer y en Lantos. Justo antes de su muerte, Lantos escribió un relato conmovedor de su amistad con Friedländer en relación con su lucha por encontrar un nuevo hogar en la Sociedad Británica. Friedländer había venido a Londres en 1933 y Lantos en 1935 por sugerencia de su amiga. Lantos recuerda que “la recepción que nos dio toda la Sociedad Británica … fue conmovedora”. Ella y Friedländer se reunieron con “muchos colegas distinguidos de la Sociedad Británica que [ellos] habían conocido en Berlín en los años veinte cuando tuvieron sus propios análisis de entrenamiento allí con Karl Abraham y Hanns Sachs”. Lantos escribe: Expresé mi preocupación por mi pobre inglés, que pensé que me impedía con demasiada frecuencia entender los problemas leídos y discutidos en las reuniones. Kate comentó que aunque su inglés parecía suficientemente bueno, con frecuencia experimentaba la misma dificultad. “Ellos hablan un idioma diferente”, dijo, “un lenguaje analítico diferente”. Por eso me instó a venir a Londres para tener a alguien cerca de ella con quien hablar en el lenguaje analítico que aprendimos en nuestra capacitación

(Lantos, 1966, p. 511-512).

Kate Friedländer trabajó con la delincuencia; en su escrito “psicoanálisis de la delincuencia juvenil” escribe: …los psicoanalistas muy pronto advirtieron que los deseos e impulsos reprimidos de los neuróticos eran idénticos a los actos criminales. Las semejanzas y diferencias entre las reacciones neuróticas y delictuosas sólo pueden describirse durante el tratamiento. Aunque se ha sometido durante muchos años a tratamiento psicoanalítico, a delincuentes seleccionados, el número de casos es todavía muy reducido. El tratamiento es largo y las condiciones externas requeridas raramente se dan en el caso del criminal. Theodor Reik, Hugo Staub y Franz Alexander y Alexander y Healy, han hecho valiosas contribuciones mediante el tratamiento psicoanalítico de delincuentes adultos; Zulliger y sobre todo Aichhorn, tratando delincuentes juveniles. El valor científico de estas contribuciones no se ha reducido a la comprobación de la posibilidad de tratar y curar psicoanalíticamente a estos delincuentes. Aunque el caso fuese incurable, analizando al delincuente pudo comprenderse su estructura psíquica. Así como los motivos inconscientes de su conducta antisocial. Tal comprensión de las fuerzas inconscientes determinantes del comportamiento criminal es necesaria si se desea crear las condiciones sociales en las cuales el crimen tornaría más raro, así como para descubrir los métodos de tratamiento ambiental convenientes para la generalidad de los delincuentes. Aun cuando se hubiese probado que el psicoanálisis puede curar a todos los delincuentes -lo cual en modo alguno es el caso-, siempre sería prácticamente imposible analizar más que a un pequeño porcentaje de estos. Por tanto, el tratamiento analítico des delincuente es sobremanera valioso como método de investigación, pues es el único que puede revelar los factores conscientes e inconscientes del desarrollo antisocial de un individuo. (Frieländer, 1947)

Para Lantos, fue Klein quien “creó este lenguaje analítico diferente … la mayoría de los miembros no sabían que su lenguaje psicoanalítico, sus teorías y el contenido de sus interpretaciones diferían en muchos aspectos de las opiniones que generalmente se tienen en otros lugares”. Cuando en 1936, Robert Waelder vino a Londres para discutir las divergencias, pocos de los miembros se dieron cuenta de sus comentarios.

La mayor parte de la Sociedad Británica seguía firmemente convencida de que tenían los puntos de vista freudianos verdaderos “. Si la Sociedad Británica los trataba con “amistad inmutable”, ellos, por su parte, examinaron juntos los conceptos kleinianos, pero no pudieron aceptarlos. Fueron descritos como “analistas continentales anticuados”. Lantos recordó “los pequeños seminarios privados que celebramos con los de nuestros colegas que no cedieron a las opiniones de Klein”. Pero al igual que otros refugiados analistas, se resignaron al hecho de que su “posición como invitados [los] hizo reticentes y ansiosos por no causar problemas a través de las críticas recurrentes”. Fue una situación que hizo a Friedländer en particular “extremadamente infeliz” (Lantos, 1966, pp. 512-13).

Continuaron sintiéndose forasteros en la Sociedad hasta la llegada de los Freud y sus seguidores en 1938. Mientras que los vieneses vendrían como un grupo, los otros emigrantes continentales estaban más aislados. La lealtad de Heimann a Klein le había proporcionado hasta cierto punto la pertenencia a un grupo, pero Friedlander y Rosenfeld estaban solos. En 1938 Friedlander y Lantos se unieron a los vieneses.

Cuando Gyomroi llegó en 1941, ella también se unió a los annafreudianos con la ola ed la llegada de los vieneses a lo largo del período de la persecución nazi y la emigración forzosa, Jones se encontraba en una posición particularmente difícil. No solo fue presidente de la Sociedad Británica y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, sino que también fue amigo personal de Anna Freud y Melanie Klein. Los Freud necesitaban su ayuda y Klein le advirtió que no los llevara con los otros vieneses. John Rickman, luego en análisis con Klein, visitó Viena y transmitió a Anna Freud la resistencia de algunos colegas británicos a la emigración de Freud a Inglaterra (Steiner, 2000, pp. 13-37; King, 2003, pp. 2829). En términos humanos comunes, Jones necesitaba proporcionar analistas individuales cuyas vidas y carreras estuvieran en peligro, como presidente de la API tenía que proteger lo mejor que pudiera el futuro de las sociedades componentes y como Presidente de la Sociedad Británica tenía que tener en cuenta los mejores intereses de su propia sociedad y sus miembros.

Entre 1934 y 1938, los principales centros para el análisis estaban en Viena y en Londres. El mundo psicoanalítico había hecho espacio para sus diferencias teóricas, una liberad que fue sostenida por la diferencia geográfica y una considerable autonomía local. Luego, en 1938, los vieneses y los londinenses se encontraron mirándose los unos a los otros lado del pasillo como miembros del mismo instituto. (Makari, 2008)

Mientras que en la superficie ofreció una bienvenida a todos para encontrar refugio en la Sociedad Británica si fuera necesario, en la práctica se eliminó con cuidado a quienes hubieran planteado problemas. Su correspondencia muestra el esfuerzo que puso en desviar a analistas no deseados, como Theodor Reik y Robert Waelder, mientras que al mismo tiempo encuentra un hogar alternativo para ellos (ver Steiner, 2000).

Según Helene Deutsch Jones, la intención de trasplantar a Londres a todos los analistas de la Sociedad Vienesa que habían permanecido en Vienna, a excepción de Richard Sterba, a quien, como no judío, deseaba seguir para poder establecerse en Vienna para ejercer el psicoanálisis y cuidar la sociedad. En el evento, solo 17 vieneses emigraron a Gran Bretaña, muchos de ellos en tránsito. En 1944, solo 5 quedaron como miembros de la Sociedad Británica: Dorothy Burlingham, Anna Freud, Hedwig Hoffer, Wilhelm Hoffer y Erwin Stengel. Martin Freud y Josephine Stross renunciaron a su membresía y el resto se mudó a América. Pero por un tiempo, los emigrados disfrutaron de la colaboración de Bibrings, Hitschmann, Isakowers, Krises, entre otros. No puede haber sido fácil ver disminuir el número. Tampoco fue fácil para todos los interesados que la dinámica de la Sociedad Británica cambió tan drásticamente. Los grupos alrededor de Melanie Klein y Anna Freud se impulsaron mutuamente hacia una identidad negativa con aquellos en el medio que no tenían la lealtad del grupo, mejor posicionados para escapar definiéndose a sí mismos por lo que no eran, aunque hasta qué punto podían aprovechar la oportunidad, entonces variaba las necesidades de cada uno de ellos.

Esta fue la recién configurada sociedad británica. En 1937 había 13 emigrados de un total de 71 miembros. Para 1941, 34 de un total de 90 miembros. Con el estallido de la guerra, muchos analistas prestaron servicio en el Servicio de Emergencias Médicas o se mudaron de Londres. Sin embargo, los colegas de Emigré no pudieron salir de Londres fácilmente porque, como extranjeros enemigos, no se les permitía moverse libremente por el país, aunque Balint se estableció temporalmente en Manchester, estableciendo un entrenamiento del Norte en 1940 con Alfred Gross (y con la ayuda de los Isakowers en Liverpool) (Willoughby, 2004, p. 180). La mitad de los presentes en las reuniones científicas en la primera mitad de 1939 eran a menudo colegas continentales: desde septiembre y durante el próximo par de años eran regularmente la mayoría. Sin duda, esto ayudó a los emigrados a establecer y consolidar su nueva membresía.

Melanie Klein, de manera comprensible, se sintió nerviosa por la llegada de los vieneses; de un día para otro representaban una minoría sustancial en la sociedad británica. Aunque Jones planea ayudar a muchos de estos émigrés para ser reubicados en estados Unidos durante los siguientes cinco años, Anna Freud permaneció en Londres, y su presencia ayudó a encender un debate feroz. (Makari, 2008 p. 609)

Klein y sus seguidores clave estaban fuera de Londres. Pero, como recordó Barabara Lantos, también fueron cuidadosos, sin renunciar a sus convicciones científicas, “para responder con gratitud a la evidente amistad [que] se les mostró”. El lema de Anna Freud era “Somos huéspedes en este país y no fuimos traídos aquí para crear problemas” (Lantos, 1966, p. 513-14).

A iniciativa de Kate Friedländer, se organizaron seminarios y grupos de discusión después de la muerte de Freud para los freudianos continentales y los freudianos británicos que deseaban asistir. Pronto hubo una reunión semanal por la noche en Maresfield Gardens con Anna Freud en la silla. Aquí todos podrían hablar el mismo lenguaje psicoanalítico. Cuando los miembros comenzaron a regresar a Londres en 1941, especialmente cuando Klein regresó en octubre de 1941, hubo ansiedades marcadas. Las identidades enraizadas en un lenguaje común y la práctica de análisis estaban a punto de ser cuestionadas. En lugar de ser aliviado por la presencia de colegas vieneses, las “malas condiciones” existentes se exacerbaron y las discusiones controvertidas se hicieron necesarias para que los individuos y los grupos hicieran y debatieran declaraciones de posición. No hay espacio suficiente para hacer justicia a los debates sobre metapsicología y técnica y la relación entre ellos que han sido documentados y discutidos exhaustivamente por Pearl King y Riccardo Steiner (King y Steiner, 1991). Simplemente se desea enfatizar que la Sociedad se enfrentó a dos líderes, Anna Freud y Melanie Klein, cada una decidida a seguir y difundir su forma particular de psicoanálisis. La Sociedad tenía la tarea de decidir si sus puntos de vista eran compatibles. Cada uno sentía que ella era la que estaba llevando el trabajo de Freud más lejos. Klein exigió el discipulado. Sus oponentes consideraron que ella y sus colegas eran proselitistas, a través de supervisiones, seminarios privados y re-análisis de analistas, como sucedió con Heimann y Eva Rosenfeld. Anna Freud fue impulsada no solo por ser la hija de su padre, y por su desarrollo de su pensamiento en el análisis de los niños, sino por un voto hecho antes de salir de Viena. A Freud le había importado más que nada que el psicoanálisis sobreviviera a pesar de la persecución.

En la reunión final de la Sociedad de Psicoanálisis de Viena, celebrada en Berggasse 19 el 13 de marzo de 1938, los miembros decidieron disolverse y reformarse dondequiera que Freud se estableciera. Freud comentó que “después de la destrucción del Templo en Jerusalén por Tito, el rabino Jochanan ben Sakkai solicitó permiso para abrir una escuela en Jabneh para el estudio de la Torá. Vamos a hacer lo mismo. Después de todo, estamos acostumbrados a la persecución por nuestra historia, tradición y algunos de nosotros por experiencia personal ”(Jones, 1957, p. 236) .

Pero antes de morir, Freud envió una nota de felicitación a la Sociedad Británica, declarando que consideraba a Londres el “principal sitio y centro del movimiento psicoanalítico”. Fue un gesto no exento de patetismo; a lo largo de los años, Freud había expresado sentimientos similares a los líderes en Zurich, luego Budapest, luego Berlín, sólo para ver como cada uno de sus centros, o bien desertaba de él, o bien se colapsaba. Aun así, no había duda de que el futuro de la disciplina parecía depender sobre todo de lo que sucediera en Londres. Ahí la visión abierta de Anna Freud de la Psicología del Yo servia de poco, pues se encontraba ante la única facción a la que se negaba un lugar su gran carpa. Para complicar más las cosas Melanie Klein esbozó una extensión más de su teoría de 1938, y expandir su idea de la posición depresiva de una manera que volvía irrelevante el complejo de Edipo. Las nuevas teorías de Klein ya habían alienado a sus seguidores anteriores en su propia sociedad, quienes se había escuchado susurrar que su trabajo no era freudiano. (Makari, 2008)

Los analistas vieneses que se establecieron en Londres no volvieron a formar su Sociedad, ni reformaron la Sociedad Británica para que se pareciera a la Sociedad de Viena, pero cumplieron con el voto de Freud a través de su enseñanza en las guarderías de guerra de Hampstead y más tarde en la Clínica de Hampstead. Anna Freud reunió a su alrededor en este momento una comunidad de refugiados, con figuras como las hermanas Dann, Hanna (Hansi) Engl de dieciséis años (más tarde Kennedy), Alice Goldberger e Ilse Hellman. En enero de 1941, Anna Freud y Dorothy Burlingham abrieron el “Centro para el descanso de los niños” con el apoyo financiero del Plan de padres de crianza temporal de los niños de guerra de EE. UU. En el verano, dos edificios más fueron adquiridos y se conocieron como los Viveros de Guerra de Hampstead (Midgeley, 2007). Solo cuatro empleados eran británicos, el resto eran refugiados (Mühlleitner, E. y Reichmayr, 1998, II, 1451). También estaban las casas en Bulldog´s Bank y Lingfield House, donde se cuidaba a los niños y adolescentes sobrevivientes de los campos de concentración. (Moskovitz (1983). (Robinson, 2000)

Influenciada por el trabajo de Aichhorn, en donde se enfatizó el impacto de la privación temprana y la necesidad de vínculos emocionales en el trabajo con jóvenes delincuentes, Anna Freud ayudó a establecer primero la Escuela Hietzing, en 1927, y luego, 10 años después, el Jackson Nursery, un experimento. En la aplicación de principios psicoanalíticos al cuidado del niño pequeño. Desde el principio, en ambos entornos, alentó el registro sistemático de las observaciones de los niños, aunque no quedan registros de estos.

Todos estos proyectos, sin embargo, fueron interrumpidos por el auge del fascismo en Europa. Cuando Austria fue superada por la Alemania nazi, Sigmund Freud y su familia huyeron de Viena, en junio de 1938, con Anna Freud llevando consigo un juego de camillas para niños, como en previsión de lo que vendría. Pronto, Freud y su familia se asentaron en la casa de Maresfield Gardens en Londres, donde Freud iba a morir poco más de un año después de su llegada a Gran Bretaña.

Con la muerte de su padre y el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, Anna Freud se lanzó al trabajo. Al reconocer la necesidad de proporcionar refugios para los niños y sus familias a quienes la guerra había dejado refugiados o personas sin hogar, planeó un refugio temporal para niños en tiempos de guerra. A medida que se hizo evidente la magnitud de las dificultades que enfrentaban los niños en las ciudades, estos planes pronto empezaron a crecer.

Anna Freud y su compañera de toda la vida, Dorothy Burlingham, abrieron el Centro de descanso para niños en Londres, en enero de 1941, con el apoyo financiero del Plan estadounidense para padres de crianza temporal (AFPPWC, por sus siglas en inglés). La mayoría del primer grupo de niños que acudieron a la guardería —algunos con sus madres— procedían del East End de Londres, muchos de los cuales se habían dañado gravemente en los primeros bombardeos de la ciudad. A medida que se desarrollaba el proyecto, la AFPPWC aumentó su contribución para que la cantidad de niños en la guardería aumentara a 30. En el verano de 1941, se equiparon y abrieron dos edificios adicionales: el Centro de descanso en Hampstead, era una gran guardería residencial para bebés y niños pequeños, cuidando hasta 50 niños; La casa de campo, llamada “New Barn”, era una residencia de evacuación para 30 niños de 3 a 6 años. los Se incluyeron tres casas en la AFPPWC como las “Viveros de guerra de Hampstead” (Hellman, 1990).

“En un obituario escrito después de la muerte de Edith Jackson, que había proporcionado el apoyo financiero para el vivero, Anna Freud escribió que el objetivo de este establecimiento había sido:” recopilar información directa sobre … las edades más tempranas, particularmente el segundo año de la vida, que consideramos de suma importancia para el avance esencial del niño de la función primaria a la secundaria; para el establecimiento de hábitos de alimentación y de sueño; por adquirir los rudimentos del desarrollo del superyó y el control de los impulsos [y] por el establecimiento de vínculos de objetos con compañeros. (citado por Young-Bruehl, 1991, p. 218) (MIDGLEY, 2007)

Una de las obligaciones del terapeuta psicoanalítico de niños y del analista que tienen casos de análisis de sesión diaria en la clínica de Hampstead es la documentación, porque el material psicoanalítico reunido es propiedad de la clínica en su totalidad, y se pretende que sea utilizable en investigación. El terapeuta debe escribir un informe semanal de cada caso, en el que de las características importantes del trabajo de la semana; además varias veces por semana, además, varias veces por año redactará un informe más amplio. (J. Sandler, J.Bolland, 1975)

Veamos entonces: Hay varias maneras en que la madre de un chico de dos años y medio puede participar en el tratamiento: este puede ser simultáneo, es decir para la madre y el niño, se puede tratar al niño a través de la madre (guiado por el analista), o se puede analizar directamente al niño, y guiar complementariamente a la madre. (A.Freud, 1965)

Como nota preliminar en los “Niños sin familia” texto de Burlingham y Freud nos comentan: la guardería de Hampstead es una colonia infantil que depende de “Asociación de Padres adoptivos de niños víctimas de la guerra”, de Nueva York, y debe, ante todo, su existencia a la generosidad norteamericana. Como todas las colonias fundadas por esta asociación, su finalidad es brindar un hogar aquellos niños cuya vida familiar , a causa de la guerra, ha quedado rota, transitoria o permanente. Al igual que las demás colonias, no se ajusta tan solo a las normas que rigen los pensamientos ordinarios, pues procura, además, devolver a los niños aquello que han perdido: la seguridad de un hogar estable, con toda clase para su desarrollo individual. La única e inevitable particularidad de esta vida de internado es la ausencia de la familia considerada como tal.

Al igual que Anna Freud heredó las Guerras de Guerra, otros psicoanalistas, muchos de los cuales se hicieron famosos gradualmente, se unieron al esfuerzo de guerra en un momento de emergencia y gran preocupación por el futuro de la democracia.

Donald Winnicott también se ocupó de un gran número de niños desplazados durante la guerra. Era psiquiatra consultor para el Esquema de Evacuación del Gobierno en Oxfordshire y cuidó a los niños evacuados, estableciendo albergues de evacuación para ellos dirigidos por psicólogos “madre” y “padre” figuras, que disciplinaron el comportamiento delictivo. Este trabajo le brindó una experiencia práctica única y la oportunidad de aprender no solo sobre el tratamiento, sino también sobre el cuidado y la administración residencial. Trabajar con víctimas de la guerra infantil, que experimentaron lo que él vio como fuertes trastornos emocionales y mostró un comportamiento delictivo, fue una partida clínica para Winnicott, quien tuvo una exposición previa limitada a la delincuencia infantil.

La vida y la carrera de John Bowlby también cambiaron durante la guerra. , él ya había estado involucrado con políticos laboristas al pensar en las conexiones entre guerra, agresión y democracia. Discutió la forma menos perjudicial de llevar a cabo la evacuación de los niños y advirtió contra la separación de los niños pequeños de sus madres.

Durante la guerra, Bowlby se desempeñó como psiquiatra del ejército en un Centro de Neurosis de Guerra. Más tarde se mudó a trabajar con niños en Cambridge, una ciudad que albergaba a 6,700 evacuados, y estuvo involucrado con Winnicott y Melanie Klein. Klein continuó viendo pacientes adultos y niños a lo largo de la guerra.

Los psicoanalistas infantiles en Gran Bretaña continuaron combinando el trabajo práctico y teórico con su compromiso público durante la posguerra. Utilizaron la radio, las revistas populares y otros foros para difundir sus ideas en toda la sociedad. Anna Freud y su círculo continuaron trabajando en la nueva Clínica de Hampstead al servicio de la comunidad local. Winnicott se convirtió en uno de los grandes popularizadores del psicoanálisis infantil a través de casi sesenta transmisiones de radio de la BBC con consejos para padres que se transmitieron desde 1939 hasta 1962, llegando a millones de británicos; También se invitó a otros analistas a transmitir en la BBC regularmente.

Winnicott continuó su trabajo en el Paddington Green Children’s Hospital donde había participado en unas 60,000 consultas entre madres y niños desde 1923. En el período de posguerra, bajo la presidencia de Edward Glover, los psicoanalistas del Instituto para el Tratamiento Científico de la Delincuencia (ISTD) afirmaron poder dar cuenta de los “elementos anormales asociales” en la nación y ayudar a promover la buena ciudadanía y una sociedad democrática armoniosa. Ellos contribuyeron a la discusión de lo que fue visto como una ola de delincuencia juvenil debido a la agitación de la guerra y la separación de las familias.

Las atrocidades contra civiles estaban en el centro de la Segunda Guerra Mundial. La guerra convirtió a los civiles en un blanco legítimo de la violencia y convirtió a las ciudades modernas en campos de batalla. En Gran Bretaña, los bombardeos aéreos nazis sometieron a millones de personas al terror, la destrucción y la pérdida. Estos ataques provocaron una evacuación masiva de las ciudades, que afectó a casi un tercio de la población del país. Durante el primer mes de Blitz, septiembre de 1940, más de 5,730 civiles murieron y 10,000 resultaron gravemente heridos.2 En general, más de 43,000 civiles perdieron sus vidas por las bombas, y unos 17,000 murieron en los años restantes de la guerra; 86,000 civiles resultaron gravemente heridos y 150,000 sufrieron heridas leves. Casi 4 millones de casas sufrieron daños o fueron destruidos.3 Londres sufrió más de la mitad del daño total en Gran Bretaña, con cincuenta y siete noches consecutivas de bombardeos al comienzo del bombardeo. De hecho, la guerra transformó las realidades materiales de la vida cotidiana para un gran número de civiles en formas no menos dramáticas, y en ocasiones más, que para aquellos que sirven en el servicio militar. (Saphira, 2013)

Ante esta situación Glover relata: A menudo afirmarse que para todo hay respuesta, que no existe veneno que no tenga su antídoto, y que para toda nueva arma de ataque existe siempre la correspondiente defensa. Sin duda, se trata en general de una verdad reconfortante. Pues evidentemente el hombre es un animal ingenioso. En Inglaterra, durante la última guerra mundial, al Almirantazgo halló en ocho días el modo de afrontar la amenaza de la mina magnética. Por supuesto, no podíamos permitir que nuestra necesidad de vivir cómodos y tranquilos nos impidiera ver las realidades de la vida y de la muerte. Sería infantil pretender que los rápidos éxitos de los ejércitos alemanes no nos habían alarmado. Pero si permitirnos que dicho temor nos paralizara la iniciativa, admitiríamos la realidad de nuestra derrota. Nuestra libertad y nuestra vida dependían de la rapidez con que supiéramos responder a cada nuevo desafío, tanto del avión como del tanque, del paracaídas o de la radio. Ahora bien, aunque la respuesta a los instrumentos materiales de querrá utilizados por el enemigo es, en estos casos, tarea que incumbe a la actividad y al pensamiento de nuestros obreros de las industrias de armamentos, de nuestros hombres de ciencia, y de nuestros funcionarios, existe una actividad bélica que puede ser encarada por todos los civiles, independientemente de la edad, el sexo o la clase social. Es decir, cada uno puede ocuparse, por lo menos, de mantener el control de sus nervios.

Continúa: Es precisó saber qué hacer exactamente durante un ataque aéreo, sea que nos encontremos en una calle o en una casa, en un tren, en un ómnibus o en un refugio. Apréndalo de memoria y ensáyelo. Si esta fuera de su casa, infórmese de la ubicación más cercana del refugio, y del tiempo que le llevará llegar a él sin apresurarse. Si usted tiene familia, prepárese para afrontar las necesidades de los miembros más jóvenes o más débiles del grupo familiar.

Y sigue: Durante la Primera Guerra Mundial muy pronto se descubrió que el ataque aéreo era mas desmoralizador que cualquier otra forma de peligro. Y hasta el día de hoy, los soldados que han sufrido las distintas formas de bombardeo, convienen en que el ataque aéreo provoca una sensación de impotencia más honda aún que la peor cortina de artillería. Es posible que la causa de este fenómeno resida en que atribuimos a la cabeza el mayor valor que a cualquier otra parte de nuestro cuerpo, y en el transcurso de un ataque aéreo experimentamos la secreta convicción de que cada bomba que arroja el enemigo apunta directamente a esa conspicua parte de nuestra anatomía.

En la actualidad, los miembros del cuerpo de defensa antiaérea nos imparten instrucciones más eficaces. Pero conviene recordar qué, en el curso de un ataque aéreo, debemos encarar dos problemas. El primero, cómo afrontar las bombas que el enemigo arroja desde el cielo; y el segundo, qué hacer con esas bombas humanas que habitan en las casas y las calles de nuestras ciudades.

Supongo que a nadie le parecerá demasiado extravagante comparar a los seres humanos con bombas. Como éstas, poseemos capas protectoras de variables espesor. Por ejemplo, podemos ser individuos imperturbables, de gruesa piel, o sensibles y de piel delicada. Como las bombas, a menudo explotamos. Podemos estallar en accesos de rabia o de lagrimas. Y cuando efectivamente estallamos, lo hacemos por el punto en que la cubierta es más delgada, es decir, allí donde nuestras defensas mentales son más débiles. Y finalmente, como las bombas, los seres humanos están cargados con explosivos de alta potencia; en otras palabras, con emociones muy poderosas, y a veces incontrolables. (Glover, 1940)

La experiencia de evacuación, vista en el trabajo de un comentarista como “un experimento psicológico cruel a gran escala”, produjo una extensa literatura (psicoanalítica y no psicoanalítica) sobre los efectos del proceso en los niños. Las diferencias de clase, geografía, religión y educación, y el contraste entre la vida de la ciudad y el campo, contribuyeron a las dificultades reportadas entre los niños y sus padres adoptivos. Los escritores hablaron sobre diferentes problemas de evacuación, pero en la parte superior de la lista estaban la enuresis (mojar la cama) y la ansiedad. Común a los diferentes escritores no analíticos fue el tono directo y descriptivo que tomaron. En contraste, los psicoanalistas ofrecieron una descripción más completa y teóricamente “profunda” de la vida interior, y brindaron formas nuevas y cada vez más populares de conceptualizar la dinámica de la agresión, el miedo y la ansiedad entre los niños separados de sus familias, mientras que la amenaza que estos niños representan para la sociedad democrática. La primera ola de evacuación ocurrió alrededor del momento en que se declaró la guerra en septiembre de 1939, cuando unos 3,5 millones de civiles huyeron a zonas más seguras en Inglaterra y Gales; 2 millones de ellos evacuados en privado. Sin embargo, alrededor de 1,5 millones de personas evacuadas utilizaron el esquema oficial del gobierno, la mayoría de los cuales eran escolares o madres con niños pequeños que también eran desproporcionadamente de familias empobrecidas. A principios de 1940, debido a la fase tranquila de las principales hostilidades de la “Guerra Falsa”, muchos evacuados regresaron a sus hogares. Una segunda ola más pequeña de evacuación de aproximadamente 1,5 millones de personas ocurrió en la primavera y el otoño de 1940 después de la caída de Francia y una vez que comenzó el Blitz. (Saphira, 2013)

Melanie Klein puede haber tenido mucho miedo a las bombas alemanas, pero tenia un miedo mucho mayor a la invasión de analistas de habla alemana y su ocupación del territorio…

Con el semirretiro de Jones al campo, el funcionamiento de la Sociedad Británica quedó a cargo de Edward Glover. Se constituyó una comisión de emergencia, formada por Glover y Silvia Payne: pero la salud de Payne se vino abajo a causa de llevar no sólo las tareas de secretaria científica sino también las de secretaria administrativa, en las que había sustituido a Rickman. En una carta fechada el 16 de marzo de 1942 le cuenta a Melanie Klein su agotamiento por los viajes de ida y vuelta desde su casa de campo en Abingdon durante los días en que se producían los ataques mas intensos:

Durante los dos inviernos viajar ha sido terrible, pero peor desde Navidad, ya que he tenido que esperar media hora o tres cuartos en la estación; entonces llegaba a Paddington un tren sin calefacción con el respectivo retraso; el viaje de regreso suele durar tres horas.

Ya antes del inicio de la guerra había empezado a manifestarse una reacción contra la autocracia de Jones, sobre todo cuando muchos estaban sumamente preocupados por su incapacidad para controlar el ambiente, emocionalmente tan cargado, de las reuniones. Ahora que Glover de hecho dirigía la sociedad, los miembros empezaron a rebelarse contra una situación que habían soportado durante mucho tiempo: la reelección, todos los años, de los mismos dirigentes, sencillamente debido a que no había limitaciones para conservar los cargos ni existía votación secreta. (Grosskurth, 1986)

No obstante, cuando los bombardeos se intensificaron, quedó en Londres sólo un grupo de personas que asistían a las reuniones: Durante el verano de 1941 en Pitlochry, Melanie Klein temía cada vez más por el destino de la Sociedad. Expresó sus angustias en una carta dirigida a Jones, de la que hizo primero varios borradores, como ocurría cuando un tema era para ella de vital importancia. Jones le había subrayado lo arduas que habían sido las cosas para él durante los últimos año, pero ella le recordaba que él podría haber ejercido una organización más decidida cuando, en mayo de 1935, se iniciaron los ataques concertados contra ella después de su comunicación sobre la posición depresiva. Como Jones no actuaba, Glover avanzaba por el espacio que le quedaba libre.

Glover no sólo era secretario científico de la Sociedad Británica, secretario de la Asociación Psicoanalítica Internacional, sino también presidente de la Comisión de Formación y, ahora que Jones estaba casi retirado, asumía funciones de presidente interino de la Sociedad Psicoanalítica Británica. Además, como director de investigación, ocupaba probablemente el puesto de más poder en la Sociedad y era aquí donde Klein advertía que él podía ocasionar verdaderos prejuicios. Ella no estaba de acuerdo con Jones en cuanto a que Glover era “el único sucesor disponible”.

Al considerar ella donde se había inspirado fundamentalmente su obra exclamaba: “ mi mayor experiencia en ese sentido fue Más allá del principio de placer y El yo y el ello, y ¡qué experiencia!”. Esas obras representaron para ella una iluminación. “Empecé a comprender la reparación (en relación con la agresión) y el papel que desempeñaba en la estructura de la personalidad humana”.

Como la mayoría de los miembros vivían entonces fuera de Londres, existía una gran cantidad de factores sobre la mesa. En las difíciles condiciones de una época de guerra, la gente estaba enferma, cansada, hambrienta y crispada. Pero Melanie Klein estaba como nunca, luchando por su vida, exhortando y ordenando a sus tropas, dando órdenes, amedrentando, alentando, incesantemente alerta (Grosskurth, 1986)

Los analistas John Bowlby y Donald Winnicott, junto con Emanuel Miller, ya habían publicado una carta en diciembre de 1939 advirtiendo al público contra los peligros de la evacuación. La separación prolongada de un niño pequeño de la madre, según la carta, podría causar delincuencia persistente, trastorno de conducta leve, ansiedad y una tendencia a una enfermedad física vaga. Los escritores concluyeron diciendo que la evacuación de niños pequeños sin sus madres “puede llevar a un gran aumento de la delincuencia juvenil en la próxima década”. En otra carta publicada, Rickman escribió: “Incluso una no debe permitirse que la situación de emergencia desvíe nuestra atención hacia las necesidades básicas del desarrollo mental y social de nuestros futuros conciudadanos.” En contraste, otros contemporáneos que escribieron sobre la delincuencia juvenil lo vincularon posteriormente a las malas condiciones de vida y los bajos estándares de la disciplina de los padres en lugar de las dificultades psicológicas o el hecho de que las madres no estuvieran presentes para los niños durante la guerra.

En marzo de 1940, la revista New Era in Home and School dedicó toda una cuestión al proceso de evacuación. Los psicoanalistas escribieron la mitad de los artículos en este número y destacaron la importancia de los lazos familiares estables y de la prevención de la ansiedad en la salud mental del niño como futuro miembro de la sociedad democrática.

Susan Isaacs, por ejemplo, caracterizó al niño por haber estimulado la comprensión y el hecho de ser dependiente, dependiente del afecto y propenso a la ansiedad. La ansiedad, para ella, era un concepto importante que operaba de diferentes maneras. Muchos niños pequeños habían mostrado ansiedad y temían que sus hogares y sus padres pudieran ser bombardeados. Este temor, pensó Isaacs, era muy agudo y, especialmente si estaba inconsciente, tenía mucho que ver con muchas de las dificultades de los niños evacuados. Al sufrir una separación de su entorno familiar, algunos niños ansiosos eligieron una percepción selectiva de la realidad. En lugar de sentir temor por la seguridad de sus padres y hogares, estos niños se aferraron a la creencia de que la guerra y el apagón eran solo una realidad en el lugar al que fueron evacuados. Isaacs afirmó que los niños que fueron embargados a familias de diferentes estándares sociales y económicos enfrentaban más problemas para adaptarse a nuevos alimentos, ropa y acentos. Sin embargo, además de estas preocupaciones, Isaacs centró su atención en sus realidades internas, creyendo que la separación de los padres provocó en el niño intensos conflictos y ansiedades tempranos. Aquí, la realidad exterior de la guerra estaba conectada a la manera en que Isaacs, psicoanalíticamente, veía el desarrollo de los niños. Explicó en profundidad teórica que todos los niños tienen sentimientos conflictivos de amor hacia los padres, pero también impulsos de codicia, celos y desafío. los los niños pueden sentirse como si hubieran sido enviados fuera de casa porque eran malos o debido a sus sentimientos de odio y celos. Los niños también pueden creer que los padres podrían lastimarse como resultado de estos sentimientos. La atención a la psicología humana también podría tener implicaciones de muerte y muerte, ya que muchos de los evacuados comenzaron a regresar del campo a las ciudades a principios de 1940. Si las autoridades, argumentó Isaacs, hubieran planeado los problemas de evacuación “con un diezmo del trabajo y la inteligencia que ponemos en cuestiones de transporte, si la naturaleza humana se hubiera tenido en cuenta por igual con la geografía y los horarios ferroviarios, es muy probable que no haya sido tan grave el regreso a las zonas de peligro “.

En Gran Bretaña, los psicoanalistas no se involucraron especialmente con los medios de comunicación durante la primera mitad del siglo veinte (por ejemplo, Rapp, 1988, 1990). De hecho, la British Broadcasting Corporation prohibió que el Dr. Ernest Jones apareciera en el aire debido a la controvertida reputación del freudismo; de hecho, como explicó Jones (1932, p. 694), la BBC había colocado su nombre “en una lista negra como una persona moralmente peligrosa” (cf. Jones, 1957; Maddox, 2006). Y cuando el Dr. John Rickman (1935), otro psicoanalista británico pionero, se ofreció a hablar por la radio, la BBC rechazó sus servicios, ya que el personal de transmisión consideró que el sonido de su voz era bastante “inadecuado” (cp. Kahr, 2013). Por lo tanto, cuando el Dr. Donald Winnicott se embarcó en sus conversaciones de radio pioneras para la BBC a fines de la década de 1930 y principios de la década de 1940, abrió nuevos caminos al transmitir ideas psicológicamente orientadas a literalmente millones de británicos. A este respecto, logró promulgar el espíritu del freudismo con mayor éxito que el que cualquier otro profesional de la salud mental había hecho anteriormente.

Las innovadoras emisiones de Winnicott en la radio, así como sus contribuciones escritas para revistas, por no mencionar sus muchas conferencias a miembros del público en general, requerían un gran coraje y habilidad. Winnicott no solo poseía una notable voz para hablar, perfecta para las ondas, sino que también resistió la desaprobación de sus colegas psicoanalíticos por hablar fuera del medio freudiano (Kahr, 2002; MacCarthy, 2002, 2005). Además, soportó los insultos de colegas psiquiátricos que se opusieron a su adopción pública de ideas psicoanalíticas (por ejemplo, Millar, 1947; Young, 1947).

Donald Winnicott demostró ser profundamente efectivo como transmisor psicológico, y perseveró en este trabajo durante el resto de su carrera, apareciendo con frecuencia en la radio a lo largo de los años 40s, 50s y 60s; y luego, ¡Se convirtió en uno de los primeros psicoanalistas en participar en una transmisión televisiva! De hecho, los comentarios de Winnicott sobre las madres y los bebés demostraron ser muy terapéuticos para sus oyentes. Por ejemplo, durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, cierta Sra. Helen Trevelyan (1944) le escribió a Winnicott que “en un momento muy sombrío encendí la conexión inalámbrica + escuché tu voz, ¡puedes imaginar cómo me sostuvo!” Afortunadamente, no todos los miembros de la comunidad psicoanalítica expresaron su desaprobación por los esfuerzos de Winnicott para difundir ideas psicológicas. El Dr. Ernest Jones (1944), entonces jubilado y un gran benevolente, pudo disfrutar del hecho de que Winnicott, un protegido a largo plazo, había emprendido un trabajo tan importante. Con generosidad, Jones (1944) escribió a Winnicott: “He estado leyendo con gran placer la emisión que amablemente me envió, que en ese momento lamentablemente me perdí”. Es realmente encantador y resalta tu maravilloso don de empatía. Estoy seguro de que debe haber beneficiado a muchas personas “.

El principal consejo práctico de Bowlby era que las madres deberían ser evacuadas con sus hijos. Los bebés menores de dos años no deben ser evacuados al cuidado de extraños, y se deben hacer esfuerzos para que sean evacuados a amigos o familiares, pensó. También argumentó que los niños deben ser visitados con frecuencia. Bowlby vio la enuresis como un síntoma psicológico nervioso específico de que el niño estaba solo en un ambiente desconocido. Esto estaba en contraste con otros observadores, como el Grupo de Escritores de Bienestar Público del Grupo de Mujeres, quien argumentó que no se debió a la agitación de la guerra, sino que fue más bien un hábito perezoso de “ciertos estratos sociales” que viven en condiciones de vivienda deficientes en los barrios pobres de Londres.

Winnicott tomó la vereda de “La madre deprimida”, en lugar de los de los niños. El proceso de las madres que se separan de sus hijos, enfatizó Winnicott, tiene un elemento fantástico relacionado con sus ansiedades y culpa. Por ejemplo, una madre podría decirse a sí misma: “Sí, claro, quitándolos [a los niños], nunca fui digno de ellos; los ataques aéreos no son el único peligro, es mi propio yo el que no puede proporcionarles el hogar que deberían tener ”. Cuando los niños regresaron, la madre nuevamente tuvo que“ reorganizar ”sus pensamientos y ansiedades internas junto con otros arreglos prácticos. , él creyó. Durante la guerra, Winnicott tuvo muchas oportunidades para difundir ideas analíticas sobre la ansiedad. Dio numerosas conferencias públicas a médicos, maestros, psicólogos educativos y trabajadores sociales psiquiátricos, y consultó a diferentes organismos públicos sobre análisis de niños. Fue psiquiatra consultor para el Esquema de evacuación del gobierno en Oxfordshire y trabajó en el Esquema de albergue de evacuación de Oxfordshire. Allí, con su futura esposa, la trabajadora social analítica Clare Britton, ayudó a establecer albergues de evacuación para atender a unos 300 “niños difíciles” que podrían estar “demasiado ansiosos” para adaptarse a sus padres adoptivos. En todos estos foros, la discusión sobre la ansiedad era fundamental.

En 1930 no existía en EEUU ningún instituto y los aspirantes a analistas debían buscar su formación sistemática en Europa. El movimiento norteamericano era casi tan grande como el austríaco y muy diversificado. Existía un grupo ortodoxo en Nueva York alrededor de A.A.Brill y un grupo ecléctico con William Alanson White en el Hospital St. Elizabeth.

La aparición del eclecticismo fue exacerbada porque un creciente número de psiquiatras y otros médicos adoptaban psicoterapias híbridas y se llamaban a sí mismos psicoanalistas. En ese sentido, el monopolio freudiano del término, consagrado medicamente en Inglaterra, nunca se estableció en los EEUU. Para los analistas ortodoxos, los eclécticos aparecían como una amenaza equivalente a la de los practicantes legos. Pero existía una situación más conflictiva bajo la superficie en la medida en que algunos de los ortodoxos y muchos de los eclécticos no habían sido psicoanalizados ni formados sistemáticamente.

El movimiento norteamericano fue alterado drásticamente por la nueva generación psicoanalítica, una elite que se adueñó del poder en desmedro de sus mayores después de una lucha encubierta, pero a menudo encarnizada, en los treinta, y que supervisaría la explosión profesional del psicoanálisis en los años de posguerra. Esta falange, autoconscientemente generacional, habia sido formada casi en su totalidad en los institutos europeos o por líderes provenientes de ellos. Entre esos jóvenes norteamericanos se incluían Ives Hendrick, Ralph Kaufman, Bertram Lewin, Gregory Zilboorg y Lawrence Kubie.

Resultante de la primera formación psicoanalítica sistemática, ese grupo ardía con el fuego de la verdad y la disciplina. Y de ello derivaban que sólo podían ser verdaderos psicoanalistas los que hubieran pasado por una formación similar. Ernst Jones, quien siempre se inclinó por apoyar los patrones de formación, lamentó no obstante las consecuencias personales de esa disputa. Cuando fue consultado por Hendrick acerca de las deficiencias de la vieja generación, comentó que las disputas generacionales significaban un nivel primitivo del desarrollo del carácter.

La joven elite americana aceptó ese acento puesto en una formación exclusivamente médica y psiquiátrica, que se correspondía con la que ya poseían, porque no había legos entre ellos y, por otra parte, eran muy pocas influencias de las humanidades o las ciencias sociales en comparación con Europa.

Los analistas europeos que llegaron a los EEUU durante la Depresión escapando del ascenso del fascismo, reforzaron, y a la vez amenazaron, a esa nueva y cerrada elite americana. Los analistas inmigrantes ayudaron a fundar institutos en Nueva York, Boston y Chicago, actuaron como analistas didactas y compitieron por pacientes. Brill escribió a Ernst Jones que “un gran número de nuestros miembros apenas alcanza a ganarse la vida”. Los europeos, a menudo a partir de “nociones preconcebidas de superioridad”, entraban en una competencia intensa con las prácticas recién establecidas. En cuanto a la recepción americana de los refugiados, fue generosa y a veces ambivalente. Parte de ellos se dirigió lejos de Nueva York, a Detroit, San Francisco y Topeka, donde había muy pocos ‑si es que había alguno‑ analistas calificados. Hacia 1941 aproximadamente cuarenta europeos habían sido ayudados a ingresar en los EEUU: 16 se habían convertido en analistas didactas y 24 en docentes de Institutos.

Conjuntamente, los jóvenes norteamericanos y los analistas inmigrantes hicieron más estrecho y rígido el sistema de los Institutos. El objetivo era, por supuesto, protegerlos del favoritismo y la incompetencia; los institutos, que dejaron de ser informales como en Europa, tendieron a volverse jerárquicos. Proliferaron comités dedicados, entre otros asuntos, a las relaciones públicas. Finalmente, esas tendencias, que eran ya claras en 1939, se acentuarían con la rápida expansion de los cincuenta.

Norteamérica no solamente construyó Institutos más rígidos y sistematizados, sino que completó la medicalización del psicoanálisis como profesión. Algunos importantes inmigrantes europeos asumieron esa orientación, reforzada, por otra parte, por la naturaleza de las corporaciones filantrópicas americanas. Algunas de las primeras becas de formación para médicos norteamericanos en el Instituto de Berlín, habían sido financiadas por el Commonwealth Fund. La Fundación Rockefeller ayudó a sostener el nuevo Instituto de Chicago entre 1935 y 1943; Alan Gregg, director médico de la Fundación, pensaba que los psicoanalistas debían encarar investigaciones concretas y orientadas médicamente y en ese sentido insistió ante Franz Alexander, director del Instituto. Antes del subsidio Rockefeller, Alexander había impulsado, junto con otros, la investigación en medicina psicosomática, un campo que habia empezado a explorarse en Europa. En ese sentido, Alexander ‑y su analizando, Karl Menninger- orientó el esfuerzo destinado a fortalecer los lazos entre el psicoanálisis y la medicina al mismo tiempo que expresaba la esperanza de que el psicoanálisis desaparecería como movimiento en la corriente de la psicología y la medicina. Por su parte, Sandor Rado, en Nueva York, intentaba también acomodar al psicoanálisis en el molde de lo que concebía como la respetabilidad médica y científica.

Con la llegada de prominentes analistas legos ‑Theodor Reik, Erik Erikson, Siegfried Bernfeld, Erich Fromm‑ la cuestión de la formación médica se agudizó nuevamente. Sobre este tema Norteamérica rompió con la Comisión Internacional de Formación, en parte indudablemente por la competencia económica además de los prejuicios médicos tradicionales.

La medicalización tiene su precio. Durante muchos años la formación dada por los Institutos fue más estrecha que en Europa y la amplia cultura humanística de los Institutos de Berlín y Viena no sobrevivieron en el ambiente médico americano.

Esa estrecha perspectiva americana alentó una ortodoxia igualmente estrecha, reforzada por las nuevas elites de los Institutos. A comienzos de los cuarenta, algunas de las voces mas creativas del psicoanálisis americano, Sullivan y Karen Horney por ejemplo, crecieron apartados de los Institutos. Y como tributo al poder del modelo berlinés, cuando ellos o sus seguidores abandonaron las organizaciones psicoanalíticas ortodoxas, construyeron sus propias instituciones tradicionales. (Hale, 1978)

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los veteranos que regresaban con síntomas psiquiátricos aumentaron drásticamente la conciencia pública sobre las enfermedades mentales, pero inicialmente abrumaron las instalaciones psiquiátricas civiles, que tenían una capacidad limitada para atender a los veteranos. La respuesta inmediata del gobierno, la Administración de Veteranos y el recientemente creado Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés), fue desarrollar y financiar muchos nuevos programas para capacitar a mas psiquiatras.

Esta respuesta encaja bien con el gran interés en la formación psiquiátrica de muchos médicos que regresan del servicio. Su exposición a los síndromes psiquiátricos agudos, su experiencia con el tratamiento exitoso y su contacto con psiquiatras entrenados psicoanalíticamente les dio ideas sobre la psiquiatría que eran dramáticamente diferentes de su imagen anterior a la guerra de la psiquiatría como una disciplina de remanso. La efectividad del tratamiento intensivo a corto plazo basado en conceptos psicoanalíticos, combinado con el entusiasmo de los médicos nuevos en psiquiatría, prepara el escenario para un rápido aumento de la influencia y la importancia del psicoanálisis y la psiquiatría psicodinámica. A medida que muchos de los psicoanalistas que huían de la Alemania nazi se afiliaron a instituciones de capacitación psiquiátrica y programas universitarios en este país, la teoría psicoanalítica pronto se convirtió en la perspectiva teórica dominante y prácticamente única que se enseñaba a estos nuevos residentes psiquiátricos.

El psicoanálisis de Freud ha sido una fuerza cultural importante en los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Defendido por grupos de intelectuales, médicos y psicoterapeutas no médicos, modificó las visiones de la naturaleza humana e influyó en una amplia variedad de disciplinas en humanidades y ciencias sociales, entre ellas la sociología, la historia, la antropología, la filosofía y la crítica del arte y la literatura.

El factor mas importante es que ha sido una medida de aceptación médica, es decir, la aceptación por parte de la psiquiatría. Los psicoanalistas estadounidenses encontraron en las teorías de Freud y sus modificaciones posteriores una explicación para el desarrollo de las neurosis, una comprensión del comportamiento en las psicosis y métodos de tratamiento que exploran en detalle la vida consciente e inconsciente del paciente. Ninguno de los sistemas psiquiátricos y psicoterapéuticos anteriores a Freud proporcionó una teoría de la motivación completa. Los psicoanalistas formularon concepciones de carácter, delincuencia y género, y rastrearon el impacto de la interacción familiar desde los primeros años del niño.

Como por ejemplo el prefacio que hace Anna Freud, del texto de Rene Spitz “El primer año de vida del niño, génesis de las primeras relaciones objetables”:

…A lo largo de su obra, el doctor Spitz trata numerosos temas que son objeto de polémica en la teoría psicoanalítica habitual; en ningún momento duda de tomar posición: para ilustrarnos acerca de lo que acontece en el primer año de la vida utiliza la observación directa y los métodos de la psicología experimental, frente a los otros autores psicoanalistas, que, para la reconstrucción de los procesos de desarrollo, se guían únicamente por el análisis de los periodos ulteriores. Indudablemente, sus observaciones previas sobre el hospitalismo y la depresión anaclítica le han permitido establecer el valor de los métodos de observación, incluso ante los ojos de numerosos psicoanalistas que permanecen escépticos. (Spitz, A.Freud, 1966)

Entre los desarrollos más determinantes en el dominio psicoanalítico en Estados Unidos, se encuentran el intento de refinar la creciente ola de las técnicas psicoterapéuticas y los esfuerzos continuos para integrar nuevos conocimientos desde los campos de la psicología académica a la etología y la neurofisiología.

Quizás lo más importante de todo han sido los estudios psicoanalíticos de la infancia y la primera infancia, así como los intentos de validar la teoría y la terapia psicoanalítica.

Bettlheim en su puesto de director en La Escuela Ortogénica Sonia Shankman de la Universidad de Chicago menciona que: es una institución de tratamiento de niños con perturbaciones emocionales muy severas, a la investigación de las causas y tratamiento de los desórdenes primarios de la conducta en la infancia y al entrenamiento del personal que desee especializarse en la educación y tratamiento de niños perturbados o simplemente dedicarse al cuidado de los niños.

Y continua: Para poner nuestra filosofía en práctica tuvimos que crear un medio ambiente muy específico, un organismo social muy particular que sería la matriz dentro de la cual los niños podrán empezar y desarrollar una nueva vida. Esta sociedad particular ha desarrollado costumbres propias. Algunas de ellas son idénticas o paralelas a las costumbres de la sociedad en general. Pero otras, algunas veces, difieren cd las normas corrientes. Por ejemplo, a menudo se da preferencia a la tolerancia y aun a cierto estímulo temporal de las tendencias regresivas o antisociales al fenómeno del progreso académico. En relación con la conducta sexual, las expresiones verbales, orden, limpieza y convencionalismo de cortesía, ceden ante la honradez emocional. La protección de la propiedad queda relegada ante las necesidades emocionales. Estas son las normas muy bien conocidas en las relaciones terapeuta- paciente y particularmente en las relaciones terapeuta- niño. Pero todo se complica mucho más al darnos cuenta que la vida del personal de una institución como la nuestra, tiene que ser como una vida en una casa de cristal. Los empleados están bajo escrutinio persistente y muy agudo de los niños. Nunca se podrá estimular a un niño a vivir bajo ciertas normas mientras el personal se rige por otras. En general, el personal se ve forzado a vivir de acuerdo con reglas morales más honestas y rígidas de las que se requieren en la sociedad… (Bettelheim, 1955)

El psicoanálisis en este periodo también ha influido en una amplia gama de las ciencias sociales, por ejemplo, la historia y la ciencia política. Y estimuló el interés en nuevos temas de investigación, en particular la historia de la infancia y la sexualidad, Sobre todo, quizás, ha estimulado el interés en el papel de lo irracional y de afecto. El concepto de identidad de Erik Erikson ha sido particularmente fructífero al explorar cómo una historia personal dada puede relacionarse con temas históricos más amplios, como el desarrollo del Protestantismo o el movimiento de la no violencia de Ghandi (Erikson, 1958, 1969). La biografía de Stalin de Robert Tucker aplicó la concepción de defensa de Karen Horney contra la ansiedad temprana mediante la idealización del yo. Este enigmático líder ruso creó un grandioso culto personal y representó su odio hacia aquellos que fracasaron en una adulación adecuada (Tucker, 1988). Peter Loewenberg ha aplicado teorías psicoanalíticas a la formación de la generación nazi y ha explorado el papel de la ansiedad en períodos de estrés social y conflicto (Loewenberg 1982). El concepto de Heinz Kohut de un “auto-objeto” idealizador ha sugerido cómo podría funcionar este constructo para un grupo en un momento de crisis (Strozier, 1980).

Erikson comenta: En todos los campos hay algunas preguntas sencillas que son muy delicadas, ya que el debate que siempre surge a su alrededor solo conduce al fracaso perpetuo y parece engañar constantemente a los más expertos.

En psicopatología, estas preguntas siempre se han referido a la ubicación y la causa de un trastorno neurótico. ¿Tiene un inicio visible? ¿Reside en el cuerpo o en la mente, en el individuo o en su sociedad?. Durante siglos esta consulta se centró en lo eclesiástico y la discusión sobre el origen de la locura: ¿fue un demonio residente o una inflamación aguda del cerebro? Esa simple contraposición ahora parece obsoleta.

En los últimos años, hemos llegado a la conclusión de que una neurosis es somática, psico y social e interpersonal.

Sin embargo, la mayoría de las veces, la discusión revelará que estas nuevas definiciones también son solo formas diferentes de combinar conceptos separados como psique y soma, individual y grupal. Ahora decimos ‘y’ en lugar de ‘o – o’, pero retenemos al menos la suposición semántica de que la mente es una ‘cosa’ separada del cuerpo y una sociedad una ‘cosa’ fuera del individuo.

La psicopatología es el hijo de la medicina que tuvo su origen ilustre en la búsqueda de la localización y la causa de la enfermedad. Nuestras instituciones de aprendizaje están comprometidas con esta búsqueda, que se otorga a aquellos que sufren, así como a aquellos que administran, la garantía mágica que emana de la tradición científica y el prestigio. Es reconfortante pensar en una neurosis como una enfermedad, ya que se siente como una aflicción. De hecho, a menudo se acompaña de sufrimiento somático circunscrito, y tenemos enfoques bien definidos de la enfermedad, tanto a nivel individual como a nivel epidemiológico. Estos enfoques han dado lugar a una marcada disminución de muchas enfermedades y a una disminución de la mortalidad en otras. (Erikson, 1973)

En Nueva York, Los Ángeles, Filadelfia, Boston y Washington-Baltimore, se produjeron escisiones dentro de las sociedades existentes. Estas disputas fueron principalmente sobre temas de ortodoxia versus revisionismo, y con frecuencia involucraron fuertes personalidades y convicciones apasionadas. El problema de la ortodoxia había llegado a un punto crítico a principios de la década de 1940 con el retiro de Karen Horney de la sociedad de Nueva York y su fundación de otra organización psicoanalítica, la Asociación Americana para el Avance del Psicoanálisis. Las diferencias de Horney con la sociedad de Nueva York habían sido ideológicas, basadas en su modificación de las teorías de Freud sobre la neurosis y la psicología femenina. Había estado en desacuerdo con Freud desde la década de 1920 sobre la naturaleza de la sexualidad de las mujeres, y poco a poco llegó a argumentar, en gran parte después de venir a los Estados Unidos, que la sociología y la cultura eran al menos tan determinantes como la biología, particularmente en la forma en que estas disciplinas definían. El papel de la mujer (Horney 1935). El complejo de Edipo, argumentó, no era universal, sino que era un desarrollo neurótico en un entorno familiar particular. Más importante aún, la compulsión neurótica de ser amado fue un síndrome notable en la sociedad estadounidense altamente competitiva (Horney 1937; Quinn 1987; Rubins 1978).

Los miembros ortodoxos de la sociedad de Nueva York creían que estaba rechazando las teorías sexuales de Freud, que consideraban la base misma del psicoanálisis. En la sociedad e instituto Washington-Baltimore, los desacuerdos llevaron a su separación en dos sociedades en 1946 y la creación de un instituto separado en Baltimore en 1952. También en este caso, el problema era la ortodoxia versus el revisionismo. Los protagonistas fueron aquellos, principalmente en la sociedad de Washington, que fueron influenciados por Harry Stack Sullivan y Frieda Fromm-Reichmann, quienes habían modificado o rechazado elementos de la teoría freudiana y que habían participado activamente en el tratamiento de las psicosis. Se opusieron a ellos los freudianos ortodoxos dirigidos por Jenny Waelder-Hall, que se convirtió en miembro activo de la sociedad y el instituto de Baltimore (Noble y Burnham, 1969).

El psicoanálisis en los años de expansión estuvo dominado por la psicología vienesa y estadounidense, iniciada en Europa por Heinz Hartmann y Anna Freud y desarrollada en los Estados Unidos después de la guerra por Hartmann y sus colegas Ernst Kris y Rudolph Loewenstein, entre otros. La psicología del ego representó un intento de crear un psicoanálisis de amplia base compatible con las preocupaciones de la psicología académica. También puso un nuevo énfasis en el ego y su capacidad para afrontar el comportamiento, el control sobre los impulsos instintivos y la adaptación a un “entorno promedio esperado”.

La psicología del ego también representó un intento de hacer que la teoría psicoanalítica sea más rigurosa y sistemática. Por ejemplo, el psicólogo psicoanalítico inmigrante húngaro David Rapaport intentó una exploración minuciosa de las bases sistemáticas de las teorías de Freud y sus antecedentes intelectuales (Rapaport 1960).

El estudiante de Rapaport, Merton Gill, inauguró algunos de los intentos más sistemáticos de estudiar los psicoanálisis registrados y, por lo tanto, de examinar el proceso terapéutico de manera objetiva, en lugar de basarse principalmente en los informes de casos retrospectivos y esencialmente privados de los terapeutas psicoanalíticos (Gill et al. 1968).

Anteriormente, tanto Frederick Redlich (Redlich et al. 1950) como Lawrence Kubie (Kubie 1958) habían usado grabaciones de audio en Yale para propósitos de entrenamiento. Las ambiciones científicas serias de los psicólogos del ego y sus intentos de exposición rigurosa fueron impresionantes e influyentes. Como parte de la psicología del ego, y de la teoría de los caracteres psicoanalíticos anteriores, el concepto de identidad de Erik Erikson colocó el desarrollo humano en una matriz social que modificó los impulsos de desarrollo. Las etapas de desarrollo de Erikson abarcaron todo el ciclo de vida en una relación recíproca entre el yo y la sociedad que comenzó con la necesidad del niño de una confianza básica. Las teorías de Erikson le dieron al psicoanálisis estadounidense una dimensión social de la que antes carecía, con la excepción de los esfuerzos de Otto Fenichel y los neofreudianos como Abram Kardiner y Erich Fromm (Erikson 1950, 1958, 1959, 1968, 1969).

Al defender la importancia de la confianza básica, Erikson sugirió que la relación con el primer cuidador, generalmente la madre, era primordial y constituía la experiencia inicial del niño en un entorno social. El énfasis de Erikson en el carácter determinante de esta relación fue parte de un importante enfoque psicoanalítico en el estudio de la infancia y la primera infancia, realizado en Inglaterra por Anna Freud, Melanie Klein y John Bowlby, y en los Estados Unidos por Rene Spitz. , Margaret Mahler, Daniel Stern, Robert Emde, y otros. Uno de los resultados ha sido enfatizar las capacidades de adaptación positivas e innatas del infante humano, en reemplazo de la teoría motivacional de Freud de la tensión y la descarga. La teoría del apego, la creación de Bowlby, representó una ruptura fundamental con la libido psicoanalítica y la teoría de la etapa e insistió en que el mundo interior de la percepción y la fantasía solo podía entenderse de la forma en que el mundo interior había sido moldeado por los acontecimientos de la vida real (Holmes, 1993). Partiendo de la evidencia de la etología, la teoría del control y los estudios de la privación materna, Bowlby insistió en que la formación de apegos, comenzando con la madre, era una Sistema de comportamiento humano primario que operaba en formas variadas a lo largo del ciclo de vida (Bowlby 1969, 1973). El apego seguro permitió al bebé explorar; el apego defectuoso podría conducir a neurosis, delincuencia y posiblemente psicosis. Sin embargo, estudios posteriores han demostrado que los resultados son complejos y que los factores que mitigan el apego patógeno temprano, como las redes de apoyo social, los cónyuges, los amigos y una “buena relación” con otro ser humano, incluido un terapeuta, podrían llevar a una adaptación favorable. Algunos de los seguidores de Bowlby idearon pruebas empíricas para determinar la naturaleza del apego del niño. Las comparaciones de los perfiles psicológicos de las madres embarazadas con sus hijos revelan consistencias previsibles y observables de hasta el 70%, es decir, es probable que una madre segura tenga un hijo seguro (Fonagy et al. 1991). Este modelo sugiere que tanto la salud psicológica como la patología pueden auto perpetuarse de una generación a otra, una sugerencia de gran importancia social.

En los Estados Unidos, la investigación psicoanalítica sobre la infancia y la primera infancia ha enfatizado fuertemente las capacidades innatas del niño. Margaret Mahler, una analista de niños entrenada en Viena, argumentó que desde la infancia, el niño poseía la capacidad de adaptarse. Basó sus hallazgos en la observación sistemática grupal de la díada madre-bebé en un entorno naturalista. Ella argumentó además que el trauma temprano, para ser patógeno, debía ser grave, al menos para su muestra de madres y bebés “normales”. Sin embargo, el desarrollo rara vez fue tan lineal, y se podrían producir cambios imprevistos abruptos como resultado de factores innatos, contingencias ambientales o la calidad de la maternidad. El enfoque principal de Mahler fue descubrir los procesos que crearon el “nacimiento psicológico” del infante humano, es decir, cómo el infante se convirtió en un yo separado de la madre con quien al principio se había fusionado en una simbiosis no diferenciada. Esta separación-individuación ocurrió en etapas cruciales, cuyo resultado podría determinar la salud o enfermedad mental posterior: diferenciación, acercamiento y constancia del objeto libidinal. Alrededor de los 6 meses, los bebés comienzan a diferenciarse del cuerpo de su madre. En esta etapa, el miedo a los extraños, o la ansiedad de los extraños, puede ocurrir en niños en quienes la confianza básica no se ha formado satisfactoriamente. Durante la fase de acercamiento, aproximadamente a mediados del segundo año, comienza un período de mayor ansiedad, principalmente ansiedad por separación; el niño oscila entre alejarse de la madre, con un “control” periódico para asegurarse de la disponibilidad emocional de la madre. Su capacidad para darle al niño pequeño un “empujón suave” y dejar que el niño se vaya, aunque esté disponible cuando sea necesario, es importante para el desarrollo normal. La navegación exitosa de la fase de acercamiento podría determinar la constancia del objeto, es decir, la capacidad del niño para no rechazar un objeto o cambiarlo por otro “simplemente porque ya no puede proporcionar satisfacción” (Mahler et al. 1975, p. 110). Las dificultades de esta fase pueden estar relacionadas con la psicopatología posterior tanto en niños como en adultos. Fenómenos como la ansiedad por separación extrema, la rabia narcisista y la difusión de la identidad se han relacionado con problemas de subfase de acercamiento.

Durante este tiempo, también hubo una afluencia en este país de psicoanalistas infantiles de Europa. Trajeron entusiasmo y experiencia en psicoterapia orientada a la percepción. Se convirtieron en importantes maestros en clínicas de orientación infantil, pero pocos eran médicos. Este trabajo de salud mental más aislado con niños de la psiquiatría general, pero también hubo algunas fuerzas compensatorias.

Kanner (1960) describió la reunión de la Asociación de Psiquiatría de Suiza en 1933, en la que el Dr. Tramer declaró que existían conocimientos suficientes para justificar una especialidad médica separada, que Tramer denominó psiquiatría infantil (en su equivalente alemán). En 1935, Kanner publicó su influyente libro de texto y lo tituló Psiquiatría infantil. Dos artículos científicos publicados en la década de 1930 fueron particularmente influyentes. Uno (Potter 1933) abordó la posibilidad de la aparición de esquizofrenia durante la infancia, y el otro (Bradley 1937) anunció la utilidad de las anfetaminas con niños hiperactivos. Este último artículo se hizo más influyente en la segunda y tercera décadas después de su publicación. Después de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las actividades psiquiátricas se dedicaron al esfuerzo de guerra. La mayoría de los psiquiatras menores de 35 o 40 años estaban en el servicio. Sin embargo, el centenario de la APA no careció de importancia.

En 1944, Leo Kanner publicó su clásico artículo sobre el autismo infantil. El sueño universal de poner fin a la guerra y comenzar una nueva y mejor generación influyó en la aceptación de la idea de que las técnicas de crianza de los padres tenían profundos efectos en el comportamiento de sus hijos. Estados Unidos siempre ha tenido un positivismo mayor que La de Europa y mucho mayor que la de Oriente. El “Nuevo Mundo” creía más en el poder del nuevo. Este énfasis también llamó la atención sobre los peligros de una paternidad pobre, incluso sugiriendo que podría causar psicosis infantil. El influyente artículo de Spitz sobre el hospitalismo de 1945 sugería que el cuidado infantil deficiente era una de las causas de la psicopatología temprana y grave. Como lo expresó Kanner (1946), aunque la psiquiatría infantil se había apartado respetuosamente de los problemas más apremiantes de la psiquiatría militar y los problemas de ajuste de los veteranos que regresaban, ahora estaba lista para beneficiarse de la gran consideración que la psiquiatría había ganado por su efectividad durante el guerra. Los conceptos psicoanalíticos demostraron ser muy útiles en el tratamiento de pacientes con trastornos de combate, y después de la guerra los psiquiatras se apresuraron a aprender más sobre los principios del psicoanálisis o a recibir entrenamiento psicoanalítico. Lo que se enseñó fue que las experiencias de la infancia fueron influyentes para determinar la salud mental del adulto.

Este punto de vista era congruente con lo que los consultores de salud mental habían descubierto durante la guerra, a saber, que las bajas psiquiátricas ocurrían con mayor frecuencia en soldados que tenían antecedentes de problemas de conducta infantil (Kanner, 1947). En la psiquiatría infantil, las décadas de 1940 y 1950 pertenecían principalmente al movimiento de orientación infantil y al psicoanálisis. Cincuenta y cuatro clínicas de orientación se unieron en 1948 para formar la Asociación Americana de Clínicas Psiquiátricas para Niños (AAPCC). Esta organización era el regulador tanto de las clínicas como de la capacitación y se convirtió en el prototipo para el desarrollo posterior de los estándares de acreditación y certificación. Las traducciones al inglés de El ego y los mecanismos de defensa de Anna Freud (1936) y la Psicología del yo de Heinz Hartmann y el problema de la adaptación (1958) proporcionaron a los psiquiatras infantiles los bloques de construcción teóricos necesarios para entender el desarrollo normal psicoanalíticamente, una piedra fundamental para entender la psicopatología (A .Freud 1965).

La terapia familiar y la terapia grupal también estaban ganando popularidad en este momento, pero había poco fervor por el tratamiento biológico de los niños que habían incautado algunos segmentos de psiquiatría general en el entusiasmo de posguerra por la terapia electroconvulsiva y las lobotomías. El pueblo estadounidense se mostró optimista después de su regreso en la guerra. Se creía que el futuro del mundo era Estados Unidos, y el futuro de Estados Unidos, al menos en teoría, eran sus hijos. El escrutinio de los padres y de la paternidad fue un pasatiempo común en los medios populares. Para la década de 1960, algunos (Eisenberg 1961; Nuffield 1968) temían que los psiquiatras infantiles pontificaran con demasiada frecuencia más de lo que sabían y que tanto el público como la disciplina estarían mejor con una “psiquiatría infantil limitada”.

La psiquiatría infantil no tenía suficiente personal y los médicos acudían en tropel desde Europa para capacitarse en las clínicas estadounidenses de orientación infantil. Kanner reescribió casi completamente su libro de texto, Psiquiatría infantil, para su segunda edición (1948). La edición de 1935 había pasado por cuatro impresiones. Aunque todavía había un cierto énfasis en la biología, como el tratamiento de niños hiperactivos con estimulantes (Bradley 1937) y de niños con problemas de conducta con anticonvulsivos (Walker y Kirkpatrick 1947), el enfoque de la mayoría de los profesionales de la posguerra fue sobre los problemas psicosociales que podrían ser Se aborda mejor en la configuración clínica de la comunidad. Bender (1947) había documentado sus criterios para la esquizofrenia infantil, pero el pronóstico y el tipo de tratamiento, ya sea la hospitalización (Oliver 1949), el tratamiento residencial (Robinson 1947) o el tratamiento domiciliario con psicoterapia (Despert 1947), todavía eran muy debatidos. Los Lidzs (1949) fueron defensores articulados de la creencia de que el estilo de los padres causó la esquizofrenia. Alrededor de 1950, varias teorías poderosas relacionaron los trastornos mentales graves exclusivamente con técnicas de educación. E.S. Stern (1948) advirtió sobre el complejo de Medea: deseos asesinos inconscientes de las madres que influyeron en sus actitudes y comportamiento hacia sus hijos. Influyente los libros incluyen El amor no es suficiente de Bettelheim (1950), el informe de la Organización Mundial de la Salud de Bowlby sobre el cuidado materno (1951), la Infancia y la sociedad de Erikson (1950) y el trabajo de Gluecks (1950) sobre la delincuencia juvenil. Heinz Hartmann (1955), un psicoanalista distinguido e influyente, pronto hizo sonar una advertencia sobre la “falacia genética”, es decir, el supuesto no científico de que el comportamiento posterior se debe necesariamente a cualquier evento anterior que el teórico quiera que sea. Mosse (1958) también reprendió la profesión por lo que él creía que era un uso excesivo en este país del diagnóstico de la esquizofrenia infantil. Esto fue en parte una respuesta a la euforia que sentían algunos cuando los primeros informes sobre el uso de clorpromazina (Thorazine) en niños describieron resultados maravillosos y ningún efecto secundario problemático (Freed y Peifer 1956; Gatski 1955). La necesidad de mejores criterios de diagnóstico había sido reconocida durante la guerra. El primer Manual diagnóstico y estadístico (DSM) se publicó en 1952 (American Psychiatric Association 1952). En él y en el DSM-II, publicado en 1968 (American Psychiatric Association 1968), había poco específicamente sobre los niños. Este último, por ejemplo, presentó solo seis trastornos de la conducta en la infancia y la adolescencia, más una categoría general de “otros”. Las dos primeras ediciones del manual de diagnóstico comenzaron el proceso de prestar mayor atención al diagnóstico, pero la mayoría de los psiquiatras infantiles en ese momento creía que los diagnósticos eran más un requisito molesto impuesto por un modelo médico procrustino que una ayuda para la investigación y la comprensión. Fue la publicación del Grupo para el Avance de la Psiquiatría (GAP) sobre clasificación (1966) la que tuvo más sentido para la mayoría de las personas. Este extraordinario tratado fue menos categórico que el DSM-II sobre si ciertos síntomas constituían una enfermedad, pero enfatizaba la mezcla del desarrollo normal con un espectro de normalidad y patología, así como los múltiples significados de los síntomas. Este volumen sigue siendo el más vendido de todos los informes de GAP y un clásico de consideración diagnóstica. En esta época, Anna Freud publicó Normality and Pathology in Childhood (1965). Aquí describió y siguió varias líneas de desarrollo en la infancia y discutió las variaciones de normalidad y desviación. A medida que la influencia del psicoanálisis disminuyó durante los años sesenta y setenta, especialmente en la psiquiatría general, aumentó la presión para un sistema de diagnósticos multiaxiales, hacia la creación de lo que hoy conocemos como DSM.

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