Efecto Groddeck

Efecto Groddeck.

Escrito por Hugo Arce.

 

Para Liliana; por muchos años el amor de mi vida y mi gran compañera.

 

 

 

Inicio.

INFANCIA.

Este analista indómito como Grotjahn lo nombra, nació el 13 de octubre de 1866 en Bad Kossen, pequeño pueblo de Prusia, y murió exiliado el 11 de junio de 1934 en Knonau, cerca de Zurich, creció en el seno de una familia de la burguesía alemana. Su abuelo paterno era burgomaestre de la ciudad libre de Dantzig, y su padre era médico; por parte materna, su abuelo fue el insigne Auguste Korbestein, primer historiador de la literatura alemana, y su madre, toda una intelectual que vivía para la literatura, afición que inculcó a sus hijos. Groddeck fue médico, psicoanalista y literato. Escribió numerosos artículos médicos y psicoanalíticos, así como varios libros sobre los mismos temas, además de publicar algunos relatos, novelas y un pequeño número de artículos de corte crítico social. A pesar de amplia producción, raramente es citado, y aún más tomado como modelo (Cagigas, 1992).

Georg, era hijo de Carl Groddeck, un médico a quien veneraba como inteligente y profundo. Georg recordaba a su madre Caroline Koberstein como hermosa pero distante. Era el quinto y último hijo. Había tres hermanos mayores, Lina; la cuarta hija y única mujer era la favorita de su madre y la compañera de juegos de Georg.

Menciona Silvia Grossman: Desde el día de su nacimiento, había visto que el mundo no estaba preparado para recibirlo, varios días antes de la fecha esperada, la nodriza , estaba ocupada en otra parte, y no había leche. Caroline Groddeck había amamantado sólo a su primer hijo, Carl , y Georg era el quinto. Había tres niños y una frágil niñita de quince meses antes que él.

El recién llegado era feo, con orejas cómicamente grandes. Ni siquiera quedaba un nombre de familia qué darle. Se decidió que se llamaría George Marchand, amigo de su padre, y al punto le adjudicaron el apodo de Marchand, “Pat” (Grossman, 1965)

Groddeck comenta: Mi madre sólo amamantó al primero de sus hijos, en esa época ella contrajo una grave infección en los senos, como consecuencia de la cual sus glándulas mamarias se secaban. Mi nacimiento debe de haber ocurrido unos días antes de la fecha prevista. En cualquier caso, la ama de leche que me estaba destinada no se encontraba cerca y durante tres días fui alimentado, mas o menos alimentado, por una mujer que me venía a dar de mamar dos veces al día.

Mi salud no fue perjudicada por eso, me dijeron después. Pero, ¿quién puede conocer los sentimientos de un bebé?. Tener hambre no es una acogida agradable para un recién nacido. Varias veces he encontrado personas que han pasado por la misma experiencia y aunque no puedo demostrar que su espíritu haya sufrido algún daño, eso es algo bastante probable. (Groddeck,1929, 1994, p.4)

Cerca de cumplir seis años fue a la escuela, junto con hermana Lina. Era una escuela de muchachas, una Mädchenschule. En la época, los hijos de padres bien situados comenzaban sus estudios en las escuelas femeninas. Era una escuela dirigida por tres hermanas. (Da Costa, 2009) Y fue descrita por Groddeck con abundancia de detalles:

Las tres hermanas Hochbohm dirigían la escuela, cada una era más gorda que la otra y la más delgada – Marie- era la más temida. Entre otras cosas, ella nos enseñaba aritmética. Su influencia, la influencia del miedo, fue muy grande y aún tiene vestigios. La hermana del medio, Emma Hochbohm, era la directora del instituto; a causa de su obesidad, fue apodada “carrusel de dos piernas”. La más vieja de las hermanas Hochbohm era la más gorda que no podía enseñar, porque los niños no querían y no podían ser enseñados por ella. Dicen las malas lenguas que ella, con toda aquella grasa, no podía pasar por la puerta de la iglesia, pero tenía que lanzarse con el hombro al frente. (Groddeck 1929, 1994, p.269)

Georg daba por supuesto que su íntima relación de toda la vida con Lina le ayudó para comprender la naturaleza bisexual del hombre, la envidia del embarazo en el hombre, la creatividad, y como ser un buen terapeuta -una “madre-padre”-.

Los primeros años de vida de Groddeck transcurrieron junto a su hermana Lina. Eran dos compañeros habituales porque los otros hermanos eran bastante mayores. Así -con Lina- aprendió Groddeck una cantidad de cosas relativas al carácter femenino. Él acompañaba a su hermana en sus juegos. El padre entendió que ese chico, de tres años en aquel momento, era capaz de deducir la relación causa efecto, cuando le dijo a Lina que su muñeca se ahogaría si la cubría con tantos abrigos. De esto dedujo Carl Groddeck que el hijo debía ser médico. Así se lo dijo y le propuso estudiar esa carrera. Para la madre la medicina era una forma más de ganarse la vida. No tenía para ella otro sentido. (Gago, 1992)

Lina, desde el primer año de vida, tenía una insuficiencia cardiaca y debe haber sido muy delicada, aunque no lo recuerde de mi infancia. Ella me contó más tarde que la llamaban cojín de lagrimas, y recuerdo que de noche nos acostábamos alternadamente en el sofá detrás de nuestra madre, a veces juntos. Debido a las muchas enfermedades de mi hermana, yo me arrojaba a los diversos derechos que me correspondían, pues mamá, bien o mal, debía tratar a todos por igual, si no quisiera demasiado pronto llamar la atención de la hija de su enfermedad. Creo que ella lo hizo con muchísima habilidad, la hermana fue evitada de muchos sufrimientos y se le dio la sensación de mucha felicidad, y yo me alegraba por haber sido mimado desde muy temprano a causa de eso, un hábito a que todavía hoy estoy muy apegado. (Groddeck 1929, 1994, p. 365)

Georg era el menor, pero no gozaba de una posición privilegiada en la familia. Esta posición le correspondía a su hermana Lina. A los dos años “Pat” era casi tan grande como Lina y más fuerte que ella. Podía ganarle en juegos, pero no se le permitía pegarle, ni molestarle, ni hacerle llorar. La razón, que le dieron muchas veces, como algo lógico y evidente era sencilla: Lina estaba enferma. Así, desde muy niño comprendió el sorprendente poder de la enfermedad. Lina no necesitaba fuerza ni ingenio. Recibía lo que deseaba por el simple expediente de estar enferma. (Grossman, 1965)

Tenía nueve años cuando el padre advirtió que la madre le había dejado crecer el pelo y lo mandaba a la escuela de niñas con su hermana. Cansado de esta situación, le hizo cortar el pelo y lo inscribió en la escuela de niños del Dr. Raabe.

Georg estuvo tres años allí, hasta entrar en el colegio donde habían ido todos sus hermanos. El colegio está -porque aún existe- a media hora de Bad Kösen. Allí había sido alumno de Nietzsche y entre el cuerpo de profesores se contaba el abuelo de Georg.

Nietzsche escribiría:

Mi vida.

Mi primera juventud transcurrió tranquila y serena, como el arrullo de un dulce sueño. La paz y la quietud que reinan sobre la casa de un párroco dejaron sus huellas profundas e imborrables en mi alma, y es que, como todo el mundo sabe, las primeras impresiones del corazón son las mas duraderas. Pero, de repente, el cielo se oscureció: mi amado padre enfermó gravemente y sin remedio. Así, entraron conjuntamente la angustia y la ansiedad, y ocuparon el lugar de la paz dorada y serena, de la tranquila felicidad familiar. Finalmente, tras largo tiempo, ocurrió lo más terrible: ¡mi padre murió! Todavía hoy me impresiona profunda y dolorosamente ese recuerdo; entonces no alcancé a percibir la enorme importancia del suceso tan bien como ahora lo percibo. Si se priva a un árbol de su copa se vuelve solitario y triste. Sus brazos penden lánguidos hacia la tierra, los pajarillos abandonan las ramas secas y desaparece de él cualquier signo de vida. ¿No sucedió lo mismo con nuestra familia? Había desaparecido toda alegría; en su lugar sólo quedaban el dolor y la tristeza. Unos seis meses más tarde abandonamos el pacífico pueblecito; me hallaba entonces sin padre y sin hogar. Naumburg, ciertamente, nos ofreció una nueva casa; Dios nos concedió también aquí mucho amor y dicha, pero mi pensamiento vuelve siempre a la querida casa paterna; con las alas de la melancolía a menudo me traslado volando hasta allí, a la época en la que mi primera felicidad florecía tranquila.

En Naumburg comencé una nueva etapa de mi vida. Aquí gané a mis maravillosos amigos P [inder] y K[rug], quienes me hicieron querer esta ciudad para siempre. Aunque aquí acontecieron algunos sucesos muy tristes a nuestra familia, podía reconocerse en todo momento la mano providencial de Dios. Tras un corto tiempo de aprendizaje en un instituto privado fui admitido en el Gymnasium catedralicio. Honestos profesores se esforzaban allí constantemente por acrecentar y fomentar nuestros conocimientos. Pero también el respeto que reinaba entre los alumnos, el vivo afecto que nos demostrábamos, hacen que esta institución me sea muy querida. Me encontraba muy bien aquí, y aquí hubiese permanecido hasta entrar en la universidad, si el sabio consejo de Dios no hubiese decidido otra cosa. En efecto, de repente nos ofrecieron una plaza gratuita en Pforte. El Padre Celestial me conducirá también aquí de su mano y me guiará.

Contra la añoranza de nuestra casa (según el prof. Buddensieg)

6 de agosto de 1859.

1) Si queremos aprender alguna cosa de provecho no podemos permanecer siempre en casa.

2) Esto es algo que no desean tampoco nuestros queridos padres; por eso, nos sometemos a su voluntad.

3) Nuestros seres queridos están en manos de Dios; y nosotros estamos constantemente acompañados de sus pensamientos.

4) Si trabajamos con aplicación, se desvanecerán los pensamientos tristes.

5) Si todo esto no te ayuda, entonces reza a Dios nuestro Señor.

-Cuando esta tarde el prof. Steinhardt evocó a nuestros futuros bachilleres, mencionó también el amenazador peligro de guerra que muy pronto hubiese separado de nuestro círculo a quienes están a un paso de la edad legal, apartándoles de su carrera. Afortunadamente, sólo tuvieron que presentarse en Naumburg y sacrificar seis días de sus vacaciones.

-Mientras me hallaba en Jena fui el primero en tener noticia del despacho telegráfico que anunciaba el acuerdo de paz30. No suscitó, sin embargo, ninguna alegría de paz verdadera, ya que se teme que el león tan sólo se haya retirado para reponer fuerzas y prepararse para nuevos ataques.

-Hoy hemos tenido otra vez tiempo libre para bañarnos. El agua estaba más calmada que de costumbre; se podía nadar a lo largo y ancho del Saale. También el calor era inusual.

-Todavía no he realizado la prueba de natación; aún temo hacer el ridículo.

-Mi tío Edmund ha sido trasladado a Corensen, un pueblo en el bajo Harz, cerca de Vipra y Mannsfeld. Me alegraré mucho de poder visitarle alguna vez, pero, desgraciadamente, mi mamá irá allí dentro de seis semanas, para organizarle la economía domestica, y no volverá hasta la Navidad. No podré volver a elegir Almrich31 para mi visita dominical. Por otra parte madame Laubscher vendrá a menudo a Almrich. Es una suiza que da clases particulares en Naumburg y regenta un internado de niñas. Su marido es un francés de extraordinario carácter, pero un tanto taciturno, por lo que, en sociedad, se le tiene por desconsiderado cuando él no se afana en demostrar lo contrario con sus acertadas e incluso ingeniosas preguntas.

6 de agosto

-Hoy es el primer domingo que paso de nuevo en Pforte. Es curioso, pero aquí echo de menos el verdadero ambiente dominical.

-Hoy iré a Almrich, en donde estarán mamá y Lisbeth. En realidad, la salida está prevista tan sólo para los alumnos del último curso (Primaner ); pero si acuden los padres, no se puede prohibir que sus hijos vayan a verles. Los otros suelen ir a Kósen, como de costumbre, a Haemerling, a la pastelería. Por lo demás, hay también muchos otros que prefieren pasar su descanso dominical en el bosque.

-Mi mentor, Krämer, viene a menudo conmigo a Almrich a ver a mamá. Es de un carácter muy afable y, por eso, es él quien más me atrae de todos los alumnos de primero. He inscrito mi nombre en su álbum antes de las vacaciones de verano y ya me he despedido de el para siempre, pero ahora está aquí de nuevo.

-Ya faltan muy pocos meses para mi cumpleaños; todavía no estoy muy decidido con respecto a lo que voy a pedir de regalo. La obra de Gaudy o de Kleist, o el Tristram Shandy de Sterne.

-Krämer no pudo acompañarme a Àlmrich, así es que fui solo. Allí encontré a la querida mamá, con Lisbeth y el tío Oscar, el señor von Buch; más tarde llegaron también más alumnos naumburgueses de primero. Cuando desmentí una afirmación falsa sobre el número de los bachilleres de Naumburg, alguien exclamó: «los de Pforte no tienen otro tema de conversación», y siguieron en forma parecida azuzando sobre Pforte. Yo permanecí callado ante todas las provocaciones. También el silencio es una respuesta y, además, debieron de ver que en Pforte he aprendido a callar.

-No se qué pasará conmigo en los días de fiesta de San Miguel. Mamá no estará en casa y, probablemente, tenga que dormir allí y comer en casa de la tía.

-El calor ha sido hoy menos intenso de lo acostumbrado. (Nietzsche, 1856-2017)

Pforte no estaba lejos, sólo a media hora de distancia de Kösen. Georg ya sabía algo del colegio: los libros del abuelo Korbestein estaban en la biblioteca, había vacaciones en Pascua de resurrección y en Navidad; la comida era mala, los castigos eran severos. Siempre había sabido que algún día lo mandarían a Pforte, pero cuando empezó a hablar de su partida, esto lo tomó por sorpresa. Creyó que le costaba trabajo dejar a su madre. A veces ella era cruel, especialmente para con su padre, pero también podía ser amable y cariñosa, como cuando había dejado que Georg se bañara con ella. (Grossman, 1965)

Pforte resultó todo lo que había temido. La escuela había sido un monasterio en el siglo XII. Rodeada por altos muros de piedra, era una fortaleza y una prisión. Salvo por los domingos, las puertas se mantenían cerradas y ni aun los domingos se le permitía a nadie salir de aquellos muros si no había pasado una semana sin reprimendas. (Grossman, 1965) Estaba entre los estudiantes más jóvenes; tenía un aspecto peculiar, con ojos intensos y orejas demasiado grandes; y, por encima de todo, tenía el hábito crónico de mojar la cama. Al principio rompió las reglas en forma desafiante, con el resultado de que al punto perdió los privilegios de los domingos. Después cometió otras faltas, jugó cartas, trepó por los muros, fumó lo cual era terrible, lo azotaron. Lo encerraron en una pequeña celda, se ganó el título de “Rey de la cárcel”

Después de ser un gran estudiante durante años, se convirtió en un estudiante mediocre, al que regañaban por pereza, por estar mal preparado, por bostezar y adormilarse en clase. Sus maestros hicieron que lo examinara el médico de la escuela para ver si había alguna base física de su indolencia y pereza. El médico no encontró nada, pero sorprendió a los profesores al decir que el muchacho parecía necesitar vacaciones (Grossman,1965)

En aquella época, la educación de los niños era muy rígida. Moritz Schreber aplicaba a la pedagogía los principios de acuerdo a los regímenes políticos y religiosos, veamos entonces estos tintes, Alice Miller en su texto “For your own good” comenta: A mediados del siglo XIX, un hombre llamado Schreber, padre de un paciente paranoico descrito por Freud, escribió una serie de libros sobre la crianza de los hijos. Eran tan populares en Alemania que algunos de ellos pasaron por cuarenta impresiones y fueron traducidos a varios idiomas. En estos trabajos se enfatiza una y otra vez que los niños deben comenzar a recibir capacitación lo antes posible, incluso a partir del quinto mes de vida, si se desea que el suelo se “mantenga libre de malezas dañinas”. Dos pasajes de los consejos del Dr. Schreber a los padres, ilustrarán el método de criar a los hijos prevalecientes en ese momento: las demostraciones de mal genio de los pequeños, como lo indica gritar o llorar sin causa, deben considerarse como la primera prueba de su principio espiritual y pedagógico… Una vez que haya establecido que nada está realmente mal, que el niño no está enfermo, angustiado o con dolor, puede estar seguro de que gritar no es más que un arrebato de mal genio, un capricho. La primera aparición de la voluntad.Ahora ya no debe esperar simplemente a que pase, como lo hizo al principio, sino que debe de proceder de una manera algo más positiva. Desviando rápidamente su atención, con palabras severas, gestos amenazadores, golpeando la cama… o si de esto nada ayuda, cambie por las advertencias corporales apropiadamente suaves, se repiten persistentemente a intervalos breves hasta que el niño se calla o se duerme… Este procedimiento será necesario solo una vez o como máximo dos veces, y entonces será el amo del niño para siempre. De ahora en adelante, una mirada, una palabra, un gesto de amenaza será suficiente para controlar al niño. Recuerde que esto será de gran beneficio para su hijo, ya que le ahorrará muchas horas de agitación para su exitoso crecimiento, liberándolo de todos esos tormentos internos que pueden, además, conducir muy fácilmente a una proliferación de rasgos de carácter perniciosos que será cada vez más difícil de conquistar. (Miller, 1980)

El lugar de Bad Kösen, tiene una característica importante que es la creación y el desarrollo de la ciudad como estación termal a partir del siglo XIX. Citando a Martynkewicz: Inicialmente, sin embargo, el interés mayor se dirigía a la sal abundante, más que al efecto terapéutico del agua salada. A partir de 1730, el hijo del carpintero de Dresde, Johann Gottfried Borlach, abre la fuente de agua salada en Kösen y hace de la actividad de la salina un emprendimiento próspero. La extracción de la sal alcanza rápido desarrollo y en 1880 se convierte en un elemento esencial en la economía de Kösen. En este periodo se destaca también la construcción del establecimiento de gradación, hoy una de las estructuras más características de la ciudad. Paralelamente, la atención se vuelve también para la eficacia terapéutica del agua salada. Entre los adeptos y mantenedores de esta terapia se destaca el médico de la corte prusiana Wilhelm Huefeland, que propone hacer de Kösen una ciudad modelo para la salud. A principios del siglo XIX llegaron los primeros huéspedes no eran más de cuarenta al año. Sucesivamente, se construyó, sobre la estructura termal. En 1863, el doctor Rosemberg abrió una clínica para niños enfermos, haciendo el conocido efecto terapéutico del baño termal y un poco más tarde, también en electricidad. Cuando en 1847 se abre la línea ferroviaria y, en una decena de años, cesó la producción de la salina, el número de huéspedes de las termas aumentó considerablemente. En 1859 se contaban ya 300 huéspedes y Kösen viene a ser llamada “termas de agua salada”. La inhalación y la curación con el baño eran acompañadas de una bebida a base de suero de leche, dieta, mucho movimiento al aire libre y rígido respeto al tiempo de reposo y de sueño. En la mitad del siglo XIX, en las termas de Saale, vinieron sobre todo húespedes procedentes de Berlín, entre ellos el pintor Adolph von Mezel, que durante su estancia se inspiró para dos pinturas. De Weimar algunas veces vino Franz Liszt acompañado de la princesa Sayn-Wittgenstein. Kösen noera de hecho una localidad termal lujosa, pero tenía cierta atmósfera… (Martynkewicz, 2005)

Además el ya citado Doctor Rosenberg, otro médico se hace conocido en este periodo: el padre de Groddeck. El 20 de junio de 1885, cerca de su residencia, en la Chause 18, abrió un establecimiento de agua termal y nata del suero, la cual un año más tarde añadió un espacio para baño con agua salada. La posición de la propiedad era particularmente ventajosa: una casa imponente, con un gran jardín, adyacente a un bosque serrano y con una hermosa vista al valle de Saale. Para el doctor Groddeck, que se trasladó acá con su mujer en el último mes de embarazo, éste fue un gran paso. Los medios financieros de la familia eran insuficientes, entonces el marido tuvo que prestar dinero algún pariente y, para aumentar la renta, fueron obligados a alquilar algunos apartamentos de la casa. Porque los baños termales prometieron un crecimiento feliz, ellos esperaban que la inversión pronto comenzara a rendirse. Además del riesgo financiero, la transferencia a Kösen proporcionó al doctor Groddeck también un cambio en la actividad profesional: él no tenía experiencia como médico termal, habiendo trabajado hasta ese momento como epidemiólogo en Prusia. En algunos anuncios en los periódicos, el doctor Groddeck proponía una terapia y de curación que seguía los principios más modernos: ofrecía al paciente baño de agua salada y un tratamiento a base de suero de la leche, baño termal, hierba y uva. El horario de atención era de las seis de la mañana hasta el atardecer. (Martynkewicz, 2005)

El nerviosismo y la degeneración son términos de la psiquiatría y la neuropatía, que a finales del siglo XIX y XX también se mezclan con otras disciplinas académicas, especialmente con la historiografía, pedagogía y la jurisprudencia. También han encontrado aceptación con la tecnología y la política y han desarrollado en ese entonces un impulso considerable. Las connotaciones de estos dos términos, como el poder y la fatiga, la excitación y la creatividad, la delincuencia y la decadencia, son las coordenadas en la automatización del público burgués en el fin de siglo. Incluso antes de los términos y teoremas de la eugenesia y la higiene racial, las categorías de biología y medicina se han incorporado al vocabulario de la sociedad en general y se han hecho efectivas.

Estas categorías se beneficiaron del alto prestigio de las ciencias, especialmente en la tecnología. Proporcionaron ofertas interpretativas para los desafíos de la sociedad y, en relación con estas interpretaciones, también sugerencias para la acción, se desplegaron de esta manera una enorme dinámica en la cultura y en la política.

En el texto de Moritz Schereber titulado “Home gymnastics for the healt” comenta: el sistema en general lo iluminan el cuerpo y el alma, combinados en una acción recíproca y maravillosa, mutua y cordial. El problema que tenemos que resolver consiste en llamar a la acción y al uso de los poderes corporales y mentales de la manera mas equitativa posible. Los aburridos e indolentes no pueden disfrutar adecuadamente de las bendiciones materiales e intelectuales de la vida. La inactividad produce embotamiento en los órganos corporales y desajustes de las funciones, acelera la enfermedad y (en última instancia) la muerte, mientras que un uso sensato de la fuerza del cuerpo aumenta energía y la de la mente.

Prosigue: Todos conocen la verdad de estas observaciones, pero a menudo son descuidadas. Muchos concentran todas sus energías en el trabajo mental y el estudio, y descuidan el desarrollo físico del cuerpo, un error frecuente en el modo de vida civilizado y refinado de nuestros días. Nuevamente, a otros les gusta disfrutar, pero se oponen a contribuir de alguna manera para asegurar estas ventajas. La naturaleza no permite dictado al respecto, pero juzga y castiga al intruso con mucha severidad. El uso de la fuerza corporal exige, como absolutamente necesario, un cambio de materia (el consumo y la eliminación de materia) para mantener el cuerpo. La negligencia a este respecto es seguida por una dosis de enfermedades. Esto ha sido admitido en todo momento por médicos, que siempre han aconsejado ejercicio físico, como caminar, montar a caballo, esgrima, jardinería, etc. Por lo tanto, etos ejercicios son saludables y, para ser recomendados, siguen siendo demasiado uniformes e inalcanzables para muchos y, por lo tanto, son insuficientes. Muchos se ven obligados a limitar sus caminatas a horas fijas, e incluso este ejercicio insuficientemente frecuente tiende a ser abandonado. (M. Schereber, 1870)

En 1849, Carl se formó en la facultad de medicina de la Universidad de Berlín, con la tesis con el título en latín, De Morbo Democratico Nova Insanie Forma (sobre la enfermedad de la democracia- Una nueva forma de insanidad). En sus memorias Groddeck escribe sobre su padre: …Como era normal en la época -eran los años de 1848- el que estuviera más cerca de la política se convertía en el centro del círculo; era mi padre. El hecho de que él, como hijo de un diputado, fue atraído hacia el movimiento con más fuerza que los demás, él había puesto en la cabeza, mostrarse activo y, por la necesidad de ser inusual – una necesidad que desafortunadamente he adoptado y que me llevó un gran parte de mi vida neutralizar- lo hizo de un modo característico: escogió para su tesis de doctorado el tema: De Morbo Democratico Nova Insanie Forma. Fue ésta la única vez que mi padre se presentó públicamente, y no quedó poco orgulloso de este momento; ya me había contado con gran alegría como todo había ocurrido, como el pequeño salón no fue suficiente para la afluencia del público y todos pasaron al gran salón de la Universidad, como fue asaltado por todos lados y escarnecido y como la situación se hizo difícil por tener que defenderse en latín, de más, contra dos de los mejores maestros de lenguas antiguas. Naturalmente, se convirtió de hecho en el héroe de sus amigos. (Groddeck 1929, 1994)

El Journal of Insanity de 1850 redacta una pequeña nota acerca del texto de Carl: Una nueva forma de locura en Berlín, un estudiante de medicina ha encontrado un tema curioso para una tesis, el hijo de M. Groddeck, el diputado, en busca de un grado. Carl Groddeck ha descubierto una nueva forma de epidemia, cuyo virus ha circulado últimamente a través de las naciones continentales con una rapidez que contrasta fuertemente con la marcha solemne y majestuosa del cólera. Su desarrollo, de hecho, ha sido casi simultáneo en las grandes capitales europeas, pero no sabemos que antes se le había ocurrido a alguien que lo tratara médicamente. La tesis de Groddeck, mantenida públicamente, se titula “De morbo democratico, nova insanie forma”.

Es plenamente interesante el trabajo del padre de Groddeck ya que inicia su texto con una cita de Penrose anunciando su trabajo; “Hola, poderosa locura, hola. Tu imperio se está expandiendo cada día, Tú eres el soberano del mundo. De alguna manera la vela, hinchada por lo vientos, lleva al viajero, mejor, el más sabio no puede escapar de ti.

Prosigue… Estas son las palabras profundas, con demasiada justificación por los últimos acontecimientos. En vano, el cobarde optimismo de nuestros tiempos cierra nuestros ojos a la luz y trata de engañar a su conciencia negando el peligro que nos amenaza por todos lados; en vano disfraza su terror bajo la máscara de una falsa confianza. ¿El avestruz que esconde su cabeza en la arena, evita perseguir al cazador?.

Continúa:

Para cumplir con los deberes hacia los hombres, uno debe considerarlos como son, y no como uno os desea. El médico que se dedica a su arte y que cumpla escrupulosamente con sus requisitos debe saber que los sentidos no son esclavos ciegos del pensamiento y sus creaciones arbitrarias, sino que tienen una acción espontánea en armonía o en desacuerdo con el alma. La verdadera filantropía reconoce las condiciones de la debilidad humana sin perder la confianza en su objeto y su máxima perfección. Es bajo su inspiración, y bajo la presión de las severas advertencias dadas a cada hombre de buena fe por los eventos de los últimos dos años, que he elegido como tema de mi investigación la causa de las agitaciones de nuestro tiempo.

En su apartado acerca del Desarrollo intelectual y moral del hombre, dice: La vida del hombre en el mundo consiste en recibir y comunicar impresiones, los recibe a través de los órganos sensoriales, los transmite a través de los órganos del movimiento. El paso de un acto a otro tienen lugar o inmediatamente, por reflexión, en los movimientos instintivos, o por medio de la percepción real. Esto excita la sensibilidad o el movimiento; en primer caso, produce sensaciones agradables o desagradables, en la medida en que molesta o acaricia el ego, en el segundo caso, preside la acción, despierta las bóvedas, estas inclinaciones, las causas de las sensaciones e ideas que producen, están fuera del ego o en el ego; Es por la percepción de estos, por las modificaciones del sensorio común, que nacen los instintos, el apetito y la necesidad de los alimentos. Consisten en el sentimiento de una privación y en la necesidad de remediarlo.

Cuando la idea tiene un cierto grado de fuerza, determina la actividad. Sin embargo, está lejos del hecho de que cualquier idea tenga este poder para producir un acto correspondiente. Es porque, por una notable predisposición de nuestra inteligencia y por una ley similar a la que regula los movimientos coordinados de los músculos, cada idea, al llegar a la conciencia, implica una serie de ideas, no solo de ideas análogas a la idea primitiva, pero aún así, de acuerdo con ley de antagonismo, de ideas que son contrarias a ella o que limitan su alcance. De aquí surge una lucha interior y, según el motivo que prevalece, se determina la voluntad. Este combate de motivos contrarios, y el examen al que el sujeto los somete, es la reflexión, la condición esencial de toda libertad.

Así se manifiesta que no hay libertad absoluta, que toda libertad es relativa. De hecho gracias a la lentitud de nuestra concepción, cuando una idea golpea fuertemente nuestra mente, las ideas contrarias no llegan a tiempo, o son expulsadas después de una breve agitación; No hay examen, no hay reflexión; la voluntad actúa sin regla y sin moderación; La responsabilidad moral es, pues, más o menos suspendida: es necesario, por lo tanto, que todo hombre que tiende a volverse independiente; ejerza su inteligencia para reproducir ideas para acostumbrarse a aprovechar al mismo tiempo motivos contrarios. Tal trabajo requiere esfuerzos repetidos; frustra esta inclinación natural que lleva al yo a acunarse en ideas agradables, y que, en la mayoría de los hombres, sustituye por el hábito del examen libre. Por tanto, es una tarea difícil de llevar a cabo; pero, por más doloroso que pueda ser, no es menos insuficiente por sí mismo. Hay un deber superior, que el interés de la sociedad impone a cada individuo; en el desarrollo gradual de todas las ideas que constituyen al ego, el individuo no debe favorecer aquellas que le gradan personalmente, a expensas de aquellas que hacen posible el mantenimiento de la sociedad. La educación que le da a su ego no debe ser perjudicial para la sociedad…

El matrimonio. -la Familia, dice; Son los recuerdos de la primera juventud, de la casa paterna, los que dejan en la mente las huellas más vividas; A menudo imprimen una dirección temprana y duradera en toda la vida. Por lo tanto, debemos, naturalmente, en primer lugar centrarnos en el matrimonio, que crea a los ciudadanos y retiene el estado. El matrimonio no solo es el medio para aumentar la población, no solo es una máquina para hacer hombres, porque la sociedad no consiste en una aglomeración de seres homogéneos sin ningún valor. El propósito del matrimonio es formar ciudadanos dignos de ser parte de la sociedad. Sobre esta base necesaria de orden social, todas las relaciones de la vida, toda la confianza, toda la seguridad descansa; es el elemento verdaderamente conservador del estado. El hombre aislado ofrece a la justicia menos garantías que el padre de familia, porque le es más fácil escapar por la huida a a reivindicación de la ley. “La familia es, ahora mas que nunca, el primer elemento y el último bastión de la sociedad”.

Examinemos el matrimonio, la familia, tal como hoy, y veamos si cumplen su propósito. En primer lugar, en las llamadas clases superiores, los matrimonios generalmente son solo un asunto comercial, donde la mujer sirve como suplemento. O por terco apego a ser prejuzgados de ridículos o carecen de los medios para satisfacer esa demanda exorbitante de pensar en nuestro tiempo con ganas para el disfrute, la gente de la aristocracia se casaron más tarde, después de haber disfrutado de la vida, como dice la jerga; consideran el matrimonio como un puerto tranquilo donde pueden recuperarse de sus dificultades. Estos no son buenos arreglos para el matrimonio. En los brazos de un marido agotado, una joven debe marchitarse; La discordia está asentada en el hogar, y con ella todas las formas de disgusto doméstico, la más fructífera de todas las causas que trastornan el espíritu humano. Si tales uniones rara vez son adecuadas para cumplir incluso con su objeto físico, por mas razones, no podían alcanzar el objetivo más alto y noble, la educación de un niño. Una mente a medio desarrollar en un cuerpo estúpido, esta es la herencia que el hijo recibe de su padre. Son raros, los hijos de familias que pueden salir de una situación tan desfavorable y darse cuenta de las pretensiones con las que crecieron. Casi todos tienen una especie de malicia; se convierten para la sociedad inconvenientes anfitriones o enemigos. A los escépticos y a los que se ríen, les repetiré aquí las palabras de J.P. Frank “A los que están destinados a venir al mundo, les aconsejo seriamente que los padres los hagan pro-activos, cualquier clase de sociedad a la que pertenezcan”. No es solo la caza de perros y caballos que la raza tiene más o menos influencia. La clase media, que sabe cómo contentarse con su posición y cuyas pretensiones no van más allá de sus fortunas, contiene a la mafia más feliz; y, ya en este sentido, puede considerarse como el núcleo de la sociedad. En la clase de artesanos y trabajadores, encontramos un mal contrario a lo que ocurre dentro de la aristocracia. Gracias a la libertad ilimitada de la ley a este respecto, los artesanos se casan temprano, sin considerar sí será posible alimentar y criar a sus familias.

De lo que acabo de decir sobre el matrimonio, ¿Qué podemos esperar de la educación, sobre la cual la familia, a pesar del estado, siempre ejerce la primera y más poderosa influencia?. Pasé por alto este sistema absurdo, introducido en los altos rangos de la sociedad, para alimentarme artificialmente. No sé cuantos idiomas diferentes, el espíritu de un niño apenas sale de la cuna; Sólo observaré que esta locura ha producido sus consecuencias naturales, y que no debemos sorprendernos. Que un niño con una ubre, además de la leche de su madre, todavía toma la comida de los adultos, se atrofia, va a encostarse con una muerte cercana. Bueno, ¿Es la lengua materna para la mente algo más que la leche materna? ¿No son los idiomas extranjeros un alimento que una mente ya madura y desarrollada puede recibir sola con algo de fruta?. En verdad, la complacencia de los padres, por el deseo malintencionado de poner de manifiesto la facilidad de la inteligencia de sus hijos, no debe favorecer en ellos esta disposición a una especie de cosmopolitismo hermafrodita que, a una edad temprana, elimina el mejor dotado de todos los medios para difundir los tesoros de sus conocimiento en su propio país. Tal es el destino de los felices de este mundo: deben ser capaces de utilizar para la sociedad las ventajas que la fortuna les ha prodigado; Las luces de su inteligencia deben de iluminar la masa de la nación. ¿Pero qué poco conocimiento útil y rentable adquieren, los privilegiados de la tierra? ¿Y cómo podrían difundir la educación y comunicársela a todos, si no se preocupan por cultivar plenamente su propia inteligencia y ponerla en armonía con su misión?. Hay que sembrar para recoger. No se quejan de que acudimos en masa al conocimiento mas elemental, que la instrucción ha bajado de su nivel y perdido su influencia. Eres tú quien le ha quitado la única fuerza que le otorga una autonomía real: No te quejes de que la devoción, la disciplina, la buena moral, la piedad, han desaparecido…. (Carl Groddeck, 1850)

Vaihinger, escribe en el prefacio a la quinta edición, de 1930, de su libro Nietzsche als Philosoph: La posición antidemocrática de Nietzsche está fuertemente influenciada por la disertación de Carl Groddeck, de modo democrático, Nova Insanie Forma, tesis aprobada por la Facultad de Medicina de Berlin en el año de de la Revolucíon de 1849 y famosa y muy discutida en los círculos más amplios…

La defensa pública de la tesis, el 21 de diciembre de 1849, se convirtió en un acontecimiento político de grandes proporciones: líderes del Partido Democrático se presentaron como oponentes, como, por ejemplo, Krüger, el importante filólogo clásico y, gramático. Mientras que el original latino se encuentra en todas las bibliotecas universitarias alemanas entre las tesis de medicina, la edición alemana, publicada por el propio Groddeck en 1850, se volvió muy rara. La tesis de Groddeck es extremadamente seria, y como tal debe ser considerada: en conexión con la literatura psiquiátrica de la época, especialmente con la teoría de Hecker sobre las enfermedades mentales contagiosas, Carl Groddeck describe el movimiento democrático esparcido por toda Europa como una epidemia de espíritu. -El título y el asunto parecen menos escandalosos, si consideramos que los demócratas de entonces no pueden ser identificados al partido político tan característico hoy en día. Porque los demócratas de 1848 abarcaban no sólo los constitucionalistas y los republicános de todas las corrientes sino también los socialistas, comunistas y anarquistas. Friedrich Nietzsche fue interno de Schulpforta, de 1858 a 1864, donde mantuvo estrechas relaciones con el director Koberstein, en cuya casa conoció también a Carl. En la casa de Koberstein se habló mucho del texto sobre la enfermedad democrática, y de ese modo Nietzsche absorbió con certeza el espíritu antidemocrático y probablemente también leyó el libro. Pues mucho que Nietzsche dice, en innumerables pasajes de sus obras, deriva casi palabra por palabra, de las concepciones de Carl Groddeck. (Vaihinger in Groddeck 1930, 1944)

Siguiendo el trabajo de Costa Oliveira, si el trabajo de Carl Groddeck, que es sobre todo una tesis política, y que ha influido en algunas ideas de Nietzsche, lo que es posible afirmar la presencia de las ideas del padre en el pensamiento futuro del hijo. La claridad será dada por Jacquy Chemouni: …Escogiendo la misma profesión que su padre, Groddeck no podía dejar de conocer su tesis de doctorado. Su influencia directa no es posible de ser percibida, pero los problemas que ella propone, produjeron efectos algunos años más tarde en su hijo. Sin embargo, lo que de hecho va a marcar el futuro del psicoanalista, es la manera propia de cómo su padre practicaba la medicina. (Da Costa, 2009)

En su texto de Genealogía de la moral Nietzsche escribe:

Dada mi peculiar inclinación a cavilar sobre ciertos problemas, inclinación que yo confieso a disgusto —pues se refiere a la moral, a todo lo que hasta ahora se ha ensalzado en la tierra como moral— y que en mi vida apareció tan precoz, tan espontánea, tan incontenible, tan en contradicción con mi ambiente, con mi edad, con los ejemplos recibidos, con mi procedencia, que casi tendría derecho a llamarla mi a priori, —tanto mi curiosidad como mis sospechas tuvieron que detenerse tempranamente en la pregunta sobre qué origen tienen propiamente nuestro bien y nuestro mal. De hecho, siendo yo un muchacho de trece años me acosaba ya el problema del origen del mal: a él le dediqué, en una edad en que se tiene «el corazón dividido a partes iguales entre los juegos infantiles y Dios», mi primer juego literario de niño, mi primer ejercicio de caligrafía filosófica —y por lo que respecta a la «solución» que entonces di al problema, otorgué a Dios, como es justo, Friedrich Nietzsche el honor e hice de él el Padre del Mal. ¿Es que me lo exigía precisamente así mi a priori?, ¿aquel a priori nuevo, inmoral, o al menos inmoralista, y el ¡ay! tan antikantiano, tan enigmático «imperativo categórico» que en él habla y al cual desde entonces he seguido prestando oídos cada vez más, y no sólo oídos?… Por fortuna aprendí pronto a separar el prejuicio teológico del prejuicio moral, y no busqué ya el origen del mal por detrás del mundo. Un poco de aleccionamiento histórico y filológico, y además una innata capacidad selectiva en lo que respecta a las cuestiones psicológicas en general, transformaron pronto mi problema en este otro: ¿en qué condiciones se inventó el hombre esos juicios de valor que son las palabras bueno y malvado?, ¿y qué valor tienen ellos mismos? ¿Han frenado o han estimulado hasta ahora el desarrollo humano? ¿Son un signo de indigencia, de empobrecimiento, de degeneración de la vida? ¿O, por el contrario, en ellos se manifiestan la plenitud, la fuerza, la voluntad de la vida, su valor, su confianza, su futuro? —Dentro de mí encontré y osé dar múltiples respuestas a tales preguntas, distinguí tiempos, pueblos, grados jerárquicos de los individuos, especialicé mi problema, las respuestas se convirtieron en nuevas preguntas, investigaciones, suposiciones y verosimilitudes: hasta que acabé por poseer un país propio, un terreno propio, todo un mundo reservado que crecía y florecía, unos jardines secretos, si cabe la expresión, de los que a nadie le era lícito barruntar nada… ¡Oh, qué felices somos nosotros los que conocemos, presuponiendo que sepamos callar durante suficiente tiempo!… (Nietzsche, 1887-1996)

Menciona Georg Groddeck: Por lo demás (mi padre) era tan poco neurólogo como yo, un simple médico clínico, por cierto, muy avanzado en su relación con el tiempo, tal vez también bastante distante de las opiniones remanentes de su época, como se quiere. En sus últimos años de vida, estudió, para uso médico particular, el libro de Rademacher, el descubrimiento de Paracelso, entonces casi desconocido. Yo ya había leído, en el tiempo del colegio, esta “terapéutica” por la experiencia de Rademacher; para mi formación médica y humana, fue tan importante como mi relación de estudiante y amigo con Schweninger. (Groddeck, 1930)

Las enfermedades del alma pueden inscribirse en el organismo bajo una apariencia material y, recíprocamente, las pruebas a que se ve sometido el cuerpo pueden tener corolarios en el espacio mental. No hay nada en esto que nos produzca extrañeza después de las revelaciones de las psicologías profundas y de la psicosomática. Estos descubrimientos, o presuntos descubrimientos, atribuidos a genios de nuestra época, se remontan a las intuiciones románticas, que pusieron en evidencia la importancia decisiva del inconsciente en la realidad humana. (Gusdorf, Le romantisme)

Carl Gustav Carus es uno de los creadores de una doctrina acerca de lo inconsciente que resulta interesante y que posteriormente se fundará en los conocimientos biológicos de su tiempo, esto por la union de soma y psique, de acuerdo con su relación con Goethe es indiscutible, si bien habría que advertir la idea de lo natural, con el Goethe “romántico”, con el filósofo de la naturaleza. La primera de sus obras tratando este tema y sobre psicología son las “Vorlesungen über Psychologie genhalten in Winter 1829/30 zu Dresden”. Leipzig, 1831; le sigue: “Psyché. Zur Entwicklungsgeschichte der Seele”.

Dediquemos entonces un momento a “Psyché. Zur Entwicklungsgeschichte der Seele”, trabajo vuelto a la vida inconsciente del alma, poniendo en relieve la condición biológica y médica de la investigación de Carus, y las implicaciones que esta toma de posición, naturalista sin dejar de lado lo espiritual. (Montiel, 1997)

Carus, tiene un fuerte reclamo para ser considerado el primer teórico del inconsciente. El logro de éste fue presentar una teoría explícita y sistemática del inconsciente y de hacer esta teoría del fundamento y la pieza central de su teoría de la mente. Los primeros filósofos desarrollaron una teoría del inconsciente: Platon y Aristóteles quizá, ciertamente Plotino (204/ 5-270 CE), y en el periodo moderno Marsilio Ficino (1433-99), Ralph Cudworth (1617-88), Leibniz (1646- 1716), Christian Wolff (1679-1754), Schelling (1775-1854) y Schopenhauer (1788- 1860). Sin embargo, estas teorías fueron solo complementarias o subproductos de teorías mas generales de la mente. Nadie antes de Carus hace que el inconsciente sea central para una teoría de la mente. (Bell, 2010)

“La clave para el conocimiento de la vida consciente del alma se encuentra en la región del inconsciente”. (Carus)

Tomando esta frase que aparece en el prologo del texto mencionado, Carus considera que, “… en el origen de toda psicología, se encuentra el hecho de que el alma tiende, por su propia esencia, a devenir consciente; algunos seres humanos, que tienen la suerte de no pertenecer a aquellos que están forzosamente ocupados en la “continua lucha con las penosas necesidades de la vida, a quienes la carencia de toda formación y todo alimento espiritual impide en medida suma que se manifieste el impulso hacia cualquier anhelo y deseo del cumplimiento de las más altas tareas, y que además, no se dejan arrastrar por el “tumultuoso impulso de los intereses industriales, comerciales, estadísticos, económicos y políticos”. (Carus. P. XIV)

Este pensar influyó a Georg, Carus asume que la psique es básicamente biológica. Prosigue Carus: “El inconsciente es la base biológica de la mente: comprende la actividad psíquica que genera nuestro ser biológico, ya sea que esta actividad sea no sensible”. Haciendo pesquisa quizá se refiera a a la primera especie de psique Aristotélica, que controla las funciones de nutrición y crecimiento: “la función fundamental de la vida es siempre y solo la del crecimiento orgánico”. “Es la forma de psique de un embrión humano”. Y al igual que Leibniz, Carus insiste en que el inconsciente está siempre activo: “es, hasta cierto punto, continúa, se está formando constantemente, siempre destruyendo y renovando”. El inconsciente sensible es la parte de la psique creado por el sistema nervioso interno: no por la sensación, sino por lo que los médicos románticos y los psicólogos com Johann Christian Reil solían llamar sistema ganglioso. Esto equivale aproximadamente a lo que hoy denominamos sistema nervioso autónomo, que lleva a cabo actividades de mantenimiento fisiológico, sin control no sensación, así como el mantenimiento del ritmo cardiaco y respiratorio, las funciones digestivas y la salivación. La parte más importante de la psique de Carus es el inconsciente relativo. Aquí es donde tiene lugar la mayor actividad mental. Carus lo llama el inconsciente relativo porque no es propia y completamente inconsciente. La mayor parte de su contenido es una experiencia consciente que ha sido olvidada. Toda experiencia consciente regresa al inconsciente relativo una vez que abandona la conciencia.

Un vez dados estos antecedentes en la medicina y el romanticismo que tendrán una influencia notable en el desarrollo teórico en Groddeck es mejor continuar…

En 1881, Georg encontró a su regreso de la escuela, en casa, que todo había cambiado mucho, pero en su alegría por verse libre, apenas le importó. Oyó a sus padres hablaban entre sí seriamente y se enteró de lo que pasaba, pero nada de eso tenía que ver con él.

En el inicio de la adolescencia, Groddeck pasó por varias situaciones que marcarían su vida (Riveras, 2004). A los 11 años, según él mismo, la desgracia se abatió sobre su familia. Su padre se había involucrado en negocios inmobiliarios y, aparentemente debido a un golpe dado por un socio, perdió todas las posesiones. La casa donde Groddeck había nacido y pasado toda la infancia fue subastada, así como los muebles a los que su corazón estaba ligado. El padre, sin otra salida, resolvió dejar la ciudad e intento establecerse en Berlín, pero no tuvo el número de pacientes que esperaba. Volvió a Bad Kösen en el verano para intentar ganar algún dinero. Su madre, con el fin de ayudar a la familia, se empleó como dama de compañía. Georg Groddeck entendió este alejamiento de la madre como una traición. Lo peor de todo, antes de la disolución de la casa y de que tomara conocimiento de la situación, su hermana, la compañera de toda la infancia, fue enviada a la casa de un tío para vivir allí, pasando a trabajar como niñera. La herida abierta por este hecho nunca cicatrizaría. Sólo posteriormente Groddeck descubrió que había sido, en cierto modo, bueno para él. (Riveras, 2004)

George Marchand por el que habían puesto ese nombre a Georg, era conocedor en el negocio de contratación y se había mostrado capaz y enérgico, cuando, de repente enfermó. Su muerte ocurrió en pocas horas. No había alterado su testamento en muchos años, de modo que no había allí ninguna disposición para continuar la construcción y sus herederos no quisieron saber nada de eso. Había un tercero nos comenta Grossman, un coronel retirado, quien estaba con ellos en la sociedad desapareció y con él todo el dinero que Carl había invertido con Marchand.

Al punto surgió una multitud de gente a la que supuestamente los tres debían dinero, y todas las demandas se le hacían a Carl. Terratenientes, obreros, oportunistas… todo el mundo quería algo. Carl fue citado a más de veinte juicios distintos. (Grossman, 1965)

Caroline cumplió con su deber, aunque con desgano. Despidió a su servidumbre y sufrió silenciosamente la humillación de hacer su propio trabajo doméstico. Al cabo de varios meses de litigio, Carl se encontró temporalmente liberado de toda obligación, pero su clientela había sido descuidada y él estaba verdaderamente agotado. “Lo que era aún peor”, escribe Georg, “mis padres quedaron totalmente arruinados: todo lo que les pertenecía, incluyendo la casa en la que todos habíamos nacido y nos habían criado, tuvo que caer bajo el golpe del martillo, y nuestra orgullosa posición se perdió para siempre”.

La última esperanza, que el padre de Carl les dejara algo, quedó destruida cuando el abuelo anciano murió y legó todo a su segunda esposa. Aún entonces, habría una remota posibilidad de que la viuda ayudara a los Groddeck; desgraciadamente, la dama, mal aconsejada, perdió toda su herencia. Perdida la casa y la clientela la familia se trasladó a Berlín, donde habían prometido a Carl un empleo como médico forense. (Grossman, 1965, p 23)

Después que Groddeck padre se arruinó financieramente después del fracaso en un negocio de bienes raíces que había emprendido. Ahí, éste consiguió un trabajo en un nuevo programa de salud nacional como médico forense y también hacía exámenes de salud para compañías de seguro. (Grotjahn, 1968)

Corría el año 1881. Apenas hacia diez años que Alemania se había unificado y constituido como nación tras la guerra franco-prusiana. Regida por el emperador Guillermo I y con Otto von Bismarck como canciller, la nueva nación, aunque menos desarrollada económicamente que Gran Bretaña, Suiza, los Países Bajos y EE. UU., se encontraba inmersa en un intenso proceso de industrialización, urbanización y crecimiento de la población. Como consecuencia, estaba cambiando también la estructura de la sociedad con el surgimiento de un proletariado cada vez más numeroso que, sobre todo en las grandes ciudades, vivía en condiciones extremadamente precarias: los obreros obtenían salarios míseros a cambio de jornadas laborales de 60 horas semanales, vivían hacinados en los suburbios de las grandes ciudades, por lo que enfermaban con frecuencia, y las condiciones en las fabricas eran tan desastrosas que los accidentes menudeaban. No era extraño que muchos acabasen en la indigencia como consecuencia de la invalidez resultante de un accidente laboral. Así́, el descontento con el régimen empezó a cundir entre los trabajadores, que engrosaban en un número cada vez mayor las filas de los sindicatos y de la socialdemocracia. En Alemania, el movimiento obrero se había separado tempranamente de la democracia liberal y se iba radicalizando cada vez más, al menos verbalmente. A diferencia de otros países, donde los respectivos partidos obreros se crearon más tarde o adoptaban posiciones más moderadas, la agitación de los socialistas en Alemania hizo que el Gobierno los considerara un peligro para el régimen. Bismarck trató de controlar la situación aplicando la política del palo y la zanahoria. Así́, tres años antes, en 1878, había promulgado una ley que limitaba de forma masiva la acción política del Partido Socialista Obrero Alemán, tal y cómo entonces se llamaba el actual Partido Socialdemócrata. Consciente, sin embargo, de que esto solo no sería suficiente para cambiar la situación, en 1881 aconsejó a Guillermo I la emisión de un «mensaje imperial», que él mismo leyó́ en el Parlamento y en el que, como solución a los graves problemas sociales, se abogaba por el fomento del bienestar de la clase trabajadora como complemento a la represión de los disturbios socialdemócratas y se anunciaba una iniciativa legislativa en materia de seguridad social. En aplicación de esta política, en los años subsiguientes se elaborarían sendas leyes para la creación de las tres ramas clásicas de la seguridad social: el seguro de enfermedad, el seguro de accidentes y el seguro de pensiones. Bismarck esperaba de este modo convencer a la clase trabajadora de que un Estado protector podía ofrecerles más que la socialdemocracia.

Asimismo, este tipo de medidas era igualmente expresión de la concepción política del papel del Estado y de la herencia filosófica de los arquitectos del nuevo sistema. Bismarck y sus correligionarios conservadores tenían una visión paternalista frente a la pobreza, alimentada por la ideología protestante, según la cual es una obligación del magnate el ayudar a los pobres. Ellos mismos se identificaban con el Estado y apoyaron por tanto los esfuerzos tendentes a conseguir que el Estado hiciera uso de su poder para proporcionar seguridad social a los económicamente débiles. En general, la posición a favor de realizar reformas sociales desde arriba para evitar los alzamientos desde abajo y ahogar conatos revolucionarios era una doctrina política que había calado hondo en el Gobierno y en la administración desde Hegel.

No obstante, no todos los grupos políticos compartían esta visión, de modo que durante dos años se mantuvieron largos e intensos debates en el Parlamento antes de aprobarse la nueva legislación, que, en opinión de los liberales, la mayoría de los empresarios, una buena parte de los conservadores y parte del centro, iba demasiado lejos.

La primera de estas leyes en entrar en vigor el 1 de diciembre de 1884, tras haber sido aprobada en el parlamento alemán el 15 de junio de 1883— fue la ley sobre el seguro de enfermedad de los trabajadores, con la que se creó el primer seguro médico público para los obreros industriales con carácter obligatorio y financiado con las cuotas aportadas por el trabajador y la empresa ―a razón de un tercio la empresa y dos tercios el trabajador―. A cambio, el trabajador estaba asegurado independientemente de su lugar de trabajo, obtenía un subsidio estatal por enfermedad durante las primeras 13 semanas a partir del tercer día de baja y cobertura de la asistencia medica, incluidos los medicamentos necesarios.

Además, también proporcionaba prestaciones de maternidad y un subsidio por defunción. Si bien la idea de la protección social no era nueva, y mucho antes de la promulgación de estas leyes ya existían numerosas aseguradoras a nivel gremial e instituciones de protección caritativas, la institución a escala nacional de un sistema de protección social supervisado por el Estado supuso un salto cualitativo y la base del Estado de bienestar.

Se puede decir que la mayoría de los rasgos distintivos del sistema sanitario alemán actual se derivan del modelo según el que se configuró este primer seguro médico público.

Donde se define de esta manera:

• Las Cotizaciones como fuente principal de financiación, como herencia de su concepción originaria, como seguro para los trabajadores, la fuente principal de financiación del sistema alemán la constituyen las cotizaciones obligatorias del trabajador y la empresa vinculadas al salario. De esta forma, el sistema sanitario alemán constituye el prototipo de los sistemas sanitarios mutualistas o bismarckianos —que siguen también países como Francia, Austria, los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Japón.

La intención de Bismarck era constituir un sistema gestionado directamente por el Estado y financiado por los impuestos, idea que, no obstante, no pudo imponer en el Parlamento.

Las últimas vacaciones de 1884, fueron memorables. Con la explicación, un poco ligera, de que podía resultarle “conveniente” el “acostumbrarse a entrevistar enfermos”, Carl hizo que el muchacho lo acompañara en sus visitas de médico a domicilio. En el camino, hablaban de medicina, de la vida y del futuro del muchacho. (Grossman, 1965, p.24)

El Doctor Groddeck no respetaba las tradiciones médicas. Era un hereje en medicina, “seguía su propio camino, correcto o equivocado, y no mostraba respeto por la ciencia ni de palabra, ni de hecho”. Pensaba que había demasiada prestidigitación en la medicina, demasiado cumplimiento de las técnicas establecidas, muy poca investigación. Sólo un médico vivo merecería sus elogios, Ernst Schweninger, el médico de Bismarck. Schweninger, despreciando de manera arrogante las opiniones de sus colegas, tomaba sus propias decisiones y adaptaba cada tratamiento a las necesidades de su paciente.

Menciona Georg: Oí por primera vez el nombre de Schweninger. Mi padre habló con entusiasmos sobre él, que debía ser un médico bajo la gracia divina, pues había obligado a Bismarck a obedecer. Yo nunca había oído de la boca de mi padre un elogio a cualquier médico y estaba sinceramente convencido de que sólo él comprendía la medicina. (Groddeck 1929, 1994,p 332)

En toda Alemania se levantó un tumultuoso alarido contra la violación de la libertad científica por el tirano Bismarck. La gritería llegó hasta la vida tranquila de Pforte, e incluso un tímido como yo fue arrastrado hacia el conflicto. Tomé partido de Schweninger, y lo había hecho aunque no hubiera escuchado la observación de mi padre sobre la genialidad de este hombre; porque yo estaba en la edad en que las naturalezas hipersensibles buscan algún refugio en el cinismo. Esta pelea de dormitorio decidió mi vida. Sin ella, yo no habría sido capaz, siendo un muchacho ignorante, de absorber las ideas de Schiweninger. (Groddeck 1929, 1994 p. 333 y 334)

Aunque el Dr. Groddeck quería que su hijo aprendiera a hablar a los enfermos, no le permitía entrar a la casa de un paciente. Carl daba distintas excusas el peligro e contagio, la timidez enfermiza del enfermo, la presencia del algún pariente desagradable. Aún de niño, Georg sabía que algo especial en la manera que tenía su padre de tratar a los pacientes. Quizá una visita suponía una intimidad que no debía ser comprendida por nadie. Algunas veces salía aparentemente agotado. (Grossman, 1965 p. 24)

Comenta Georg: Con el diploma de bachiller en el bolsillo dejé la escuela estatal de Pforte para estudiar en Berlín, en el domicilio de mis padres. Poco después de mi llegada, mi padre tuvo un derrame cerebral y falleció en septiembre del mismo año. El primero de octubre ingresé, como estudiante, en el Instituto de Educación para Médicos Militares. (Groddeck 1929, 1994 p. 268)

Georg a su regreso a casa como lo relata en la cita anterior observó preocupado, que su padre parecía viejo y enfermo. Carl no se confiaba a nadie ni permitía ninguna expresión de solicitud. Decía que estaba muy bien; ni siquiera su esposa sabía que sufría de los síntomas que le habían enfermado en sus días de escuela en Pforte. La vuelta de esos síntomas ahora era fatal, y él se daba cuenta de ello.

El Dr. Groddeck quería conservar a su hijo menor cerca de él. Se había arreglado que Georg empezara en septiembre como estudiante libre en la universidad. (Grossman 1965, p.25)

El padre era partidario de la idea de que ninguno de los hijos estudiara medicina y, por extensión, ninguno de ellos ni siquiera había pensado en la posibilidad de ser médico, incluso el propio Groddeck. (Da Costa, 2009)

Mi padre repentinamente, intervino en esta despreocupación con el futuro, preguntado si no me gustaría estudiar medicina. Al percibir que él esperaba un sí, concordé sin vacilar; pero mi esperanza de, con ese sí, poder volver a mi mundo de sueños se disipó; tuve que escuchar por un buen. Tiempo lo que mi padre tenía que decir sobre el estudio de medicina. (Groddeck 1929, 1994, p 369)

A esa sugerencia del padre para que Groddeck fuese médico se sigue otra, complementaria: la que fuera médico militar. Y los motivos para ellos son expuestos, de forma sencilla, por Groddeck: En las muchas conversaciones con ese hombre (Villaret) él intentaba convencerse de que la carrera de médico militar, con su mixto de obligaciones rígidas y de amplia libertad médica, era adecuado para su menor, cuya vida aún no estaba asentada y podía ser moldeada. Él pensaba probablemente que, en el servicio militar, ese niño soñador pudiera adquirir sentido de realidad, del que poseía una gran porción. Estaba firmemente convencido de que en eso estaba mi futuro. (Groddeck 1929, 1994 p. 371, 372)

Estas dos sugerencias se consideran, pero surge otro problema: La situación familiar es precaria, como consecuencia del cambio de la familia a Berlín. (Martynkewicz, 2005)

Una mañana había salido Georg del consultorio un momento y regresaba cuando oyó que un paciente lo llamaba para decirle que el doctor se había desmayado.

Cuando llegó a donde estaba su padre, Carl se había desmayado. Cuando llegó a donde estaba sentado en una silla. Su brazo derecho colgaba flojamente, pero él no le dio importancia. Dijo que se había sentido mal por un momento, que estaba mejor ya y que quería un vaso con agua. “No debes decirle nada de esto a tu madre”, dijo.

Carl reanudó el examen de los pacientes y vio a todos los que llegaron ese día.

Para su hijo era milagroso; sólo podía deberse a la indomable voluntad de su padre. Pero por la tarde, éste sufrió otro colapso. Carl fue llevado inconsciente a la cama. Cuando abrió los ojos sólo podía murmurar palabras ininteligibles. Todo el lado derecho lo tenía paralizado. Después de unos días mejoró ligeramente, pero su habla era estropajosa y difícil de entender; empleaba palabras incorrectas, su visión era nublada. Entonces, pareció que la parálisis desaparecía de repente, y él no permitió llamar un médico para que viera. Pero gradualmente su estado mental empeoró tanto que hubo que llamar un médico. Georg advirtió que cada vez que el médico entraba en el cuarto, su padre parecía mejorar. Su habla se hacía más clara, su jadeo desaparecía, su cerebro estaba más alerta. El cambio duraba mientras el médico estaba allí. (Grossman, 1965 p. 26)

Groddeck escribe: … Tuvimos la idea de pararnos por detrás de su silla y sostenerle la cabeza; mi hermano y yo lo hacíamos por turno, cada dos o tres horas; mi madre también lo hacía algunas veces. Mientras me pasaba horas detrás de él, me llamaba la atención su manera peculiar de respirar, característica de los enfermos del corazón. Primero respiraba profundamente, después aligeraba su respiración hasta que casi desaparecía; después de una terrible pausa en que la vida misma parecía detenerse, pero al fin revivía y volvía a repetirse el mismo ritmo. Quien haya estado cerca de un enfermo semejante comprenderá el terror de esta experiencia para un muchacho que no sabía del mundo ni de dios. Por una extraña causalidad descubrí que, cuando la respiración deba las primeras señales de alteración, si ponía el pulgar en el espacio entre los dos músculos de la nuca presionando las vértebras, la respiración volvía a ser normal. De esta manera, controlaba el sistema durante varias horas. Esto me lleno de alegría, y tenía demasiada poca experiencia para adivinar que mi observación era defectuosa y mi éxito ilusorio, de modo que se me fijó firmemente la idea de que yo sería una especie de médico milagroso. A esta idea, a esta fe ilimitada en mis facultades de curación, atribuyo gran parte de mi éxito… (Groodeck, 1929)

Carl internado en el hospital católico, durante varios días agonizante, se consumió lentamente, todos comprendían que se estaba muriendo, dijeron a Georg que se fuera dormir, le dijeron que su madre se quedaría a velar. Cuando despertó le dijeron que su padre había muerto hacía horas.

Georg ardió en cólera, era la primera muerte que veía en su vida, y su reacción futura ante la muerte sería siempre la misma: la cólera.

2.- LA CARRERA MÉDICA.

En el otoño, un mes antes de cumplir los 19 años, entró en la Universidad de Kaiser Wilhelm de Berlín e inició sus estudios de medicina. Todavía se sentía

resentido, perdido, como un hijo abandonado por su padre. Pero un año después estaba trabajando arduamente, aprendiendo, con plena vitalidad por primera vez desde que saliera de su casa para ir Pforte. Había encontrado un nuevo padre en uno de sus maestros, el ídolo de Carl , el más grande de todos los médicos: Ernst Schweninger.

Da Costa nos comenta: Finalmente el 1 de octubre de 1885, Groddeck consiguió su curso de medicina. Un dato importante sobre el instituto es que para poder asistir a esta institución el alumno debería llenar una serie de exigencias, como por ejemplo ser alemán, ser hijo legitimo, tener menos de veintiún años, presentar el certificado de alistamiento militar y disponer a prestar una año de servicio militar voluntario. Concluidos los estudios, se prevé un servicio de ocho años como médico militar para un periodo de perfeccionamiento. El estudiante entonces, al mismo tiempo que asistía a las clases de su curso de medicina, estaba sometido al regimiento militar.

Entonces vemos que Groddeck a las vueltas con las estructuras jerárquicas y con todos sus rigores. El primero de abril 1886, es destacado para la sexta compañía del regimiento Kaiser Alexander y una de las adquisiciones importantes de ese período fue una tos crónica. Groddeck así recuerda este periodo: El comandante de la compañía era el capitán Von Bernuth, que fue reformado en medio de mi servicio,. Su sucesor fue el conde Hardenberg. Sirve bajo su mando apenas cuatro semanas. No sé sobre él, nunca más lo encontré, pero aún así su nombre esta grabado tan profundamente en mi memoria, que casi a diario pienso en él. Por alguna razón totalmente injustificada, le atribuyo la culpa por la tos con que yo mismo me divierte y atormenta a los demás; no sé porque lo hago y persiste en eso, aunque no hay la menor conexión entre él y mi dulce hábito de toser claro y ruidosamente a todo lo que no me gusta. (Groddeck 1929, 1994, p 368)

En cuanto a la necesidad de Groddeck tener que adaptarse a una estructura jerárquica, otro acontecimiento importante ocurre en su ingreso en el curso de medicina: en Pforte había sido educado dentro del espíritu de la cultura clásica y en la tradición del humanismo, pero a partir de ahora debe confrontarse con el estudio de una ciencia con características eminentemente empíricas, permeada por el paradigma de la ciencia natural (Martynkewickz, 2005).

El maestro favorito de Georg fue Ernest Schweninger, a quien consideraba como el mejor médico viviente. Schweninger era tiránico, brutal y caprichoso contendía con todos, gracias a la influencia de un paciente agradecido Otto von Bismarck se le permitió a Shweninger enseñar sus excéntricas ideas psicoterapéuticas en uno de los hospitales de la universidad.

Como Carl Groddeck, Ernst Schweninger se reía carcajadas de las tonterías que eran consideradas como ciencia, pero a diferencia de Carl no se había distinguido en alguna universidad, ni había escrito un tratado importante; no había hecho nada, salvo curar enfermos. Probablemente autodidáctico en gran medida. Schweninger era único. (Grossman, 1965)

Dos espacios en ciudades diferentes, con funciones específicas que de alguna manera se complementarían en caracterizar o definir un estilo de medicina en el siglo XIX: de un lado un hospital, principalmente grandes hospitales públicos en París y del otro lado los laboratorios en Berlín.

Martynkewicz señala; Groddeck es entusiasta en aprender la profesión de médico, pero cuanto más amplia su conocimiento médico, tanto más le resulta difícil pensar en practicarla un día. La imagen que tiene el médico y de la medicina fue influenciada por el padre y las ideas románticas y vitalísticas. La ciencia de la formación y la estandarización del nivel profesional se introdujeron al principio de los ochocientos, pero se afirmaron sólo en la segunda mitad del siglo. En 1861 el estudio de la física fue insertado en el curso de la medicina en lugar de la filosofía. El paradigma de la ciencia natural se superpone al filosófico. El lenguaje del médico es separado de la filosofía. Esto es visible, no sólo el médico, en el encuentro entre el médico y el paciente: la pregunta del médico ya no es: “¿Qué tienes?”, Sino “¿Qué te hace mal?”. La experiencia y el conocimiento médico se redujo a un encuentro, describir empíricamente, que síntoma, lesión o órgano estaba enfermo. Porque el fenómeno de la enfermedad aparece en todas sus conexiones y combinaciones, y el médico debe liberarse de las señales directamente visibles en la superficie y seguir las pistas de la enfermedad además de su mera manifestación. El médico en la tradición hipocrática era un tipo de adivino que se acercaba al cuerpo la distancia y lo observaba como un trama, alejándose de lo visible y penetrando en la profundidad del cuerpo. Cambia la angulación. El saber ordenado en la fase de ordenación, clasificación o experimento científico para descifrar la enfermedad debía siempre abstraerse del proceso vital del hombre.

En este caso, Groddeck se encuentra en dificultad: como la mayoría de los estudiantes de medicina de aquel tiempo él también llegó a la universidad con una formación humanística y que no era mucho adaptada a las necesidades de la disciplina: Había aprendido a interpretar, a abrir y describir, pero no a separarla, dividirla y fijarla. La mirada anatómico, que coloca la verdad de la enfermedad en el cuerpo muerto. Tuvo sobre él un efecto repugnante. Él duda de esta verdad que se manifiesta solamente en la muerte, en el cadáver. Sólo con gran fatiga logra asimilar el argumento de la lesión y seguir el programa. (Martynkewicz, 2005)

“Cuando veo a un enfermo, él y yo estamos como en una isla desierta” Mencionaría Schweninger.

Este médico se verá obligado, como todos, a manejar y utilizar en su relación terapéutica con el enfermo datos y realidades de carácter estrictamente social (vida familiar, vida profesional, etc.), pero es casi seguro que, frente a los posibles impugnadores de su tesis, daría razón de esos ingredientes de su ejercicio profesional con las palabras de Claude Bernard.- “Es verdad que en mis tratamientos me veo con frecuencia obligado a tener en cuenta eso que llaman influencia de lo moral sobre lo físico y, por consiguiente, multitud de consideraciones de familia o de posición social; pero todo esto nada tiene que ver con la ciencia.

La cita de Schweninger quizá tuvo efectos en Groddeck; pensar que la desición de ir al médico lleva siempre a los otros dentro de sí. En ocasiones, de un modo patente y explícito, porque el trance de tal decisión cuenta el enfermo con ellos o los tiene presentes en su conciencia. En otros casos, de manera latente o implícita, bajo cualquiera de las formas en que la relación con los otros se constituye en hábito de la existencia personal y sobre ella opera, aunque la consciencia no actualice como representación concreta. Sépalo el enfermo o no, su cónyuge, sus hijos, sus padres, acaso otras personas, están presentes en su alma -conscientemente unas veces, inconscientemente en otras- cuando decide solicitar asistencia médica, y no será buen clínico quien no sepa preguntarse por ese mundillo intencional de quien ha requerido su ayuda. ( Laín,1964)

Schweninger se sintió atraído por el joven Groddeck. Lo enseñó a dudar de cualquier supuesto que él mismo no pudiera comprobar personalmente, a poner en duda cualquier curación que no pudiera repetir, a considerar al médico como un simple catalizador que ponía en movimiento procesos curativos. También lo enseñó a considerar perjudicial cualquier droga o recurso que no hiciera bien de una manera susceptible de ser demostrada. (Grossman, 1965 p. 29)

A los 68 años, Bismarck se había visto obligado a retirarse a sus propiedad en el campo “para restablecer su salud”. Su dieta, a pesar de su indigestión crónica y de una docena de otros síntomas relacionados, no era precisamente la de un inválido. Emil Ludwing, en su biografia de Bismarck, describe una comida en la que el canciller comió libremente, sopa, anguilas, carne fría, langostinos, langosta, carne ahumada, jamón crudo, carne asada y budín. Schweninger fue llamado a consulta y estuvo de acuerdo con otros médicos en que, sino se hacía lago inmediatamente, Bismarck no viviría seis meses; estaba irritable y apático, sufría de de dolores de cabeza, venas varicosas, insomnio, cólico hinchazón de piernas y dolores de cara: Schweninger aceptó entregarse al paciente, pero no en consulta con otros médicos; no sería responsable sino ante el propio Bismarck.

Ludwig describe el procedimiento:

Hace que el canciller se levante a las ocho de la mañana para hacer ejercicio con pesas; durante todo el día el paciente no debe más que comer arenques. Cuando Bismarcl exclama “¡Usted debe de esta completamente loco!”, Schweninger responde: “Muy bien, Alteza, será mejor que llame a un veterinario”. Dicho esto Schweninger se va . Este procedimiento establece su poder sobre Bismarck, quien se somete. Ahora el doctor lleva quince días sin abandonar la casa de su paciente: Los alimentos y la bebida, la hora de levantarse y de acostarse, el trabajo y el sueño, son meticulosamente vigilados. (Grossman, 1965)

Al final de este periodo ha habido una notable mejoría. Schweninger abandona la casa por primera vez: Al punto, el paciente ordena una triple porción de crema . Se le produce una violenta gastralgia, seguida de ictericia y partida a Friedrischruh. Allí el doctor vuelve a vigilarlo de cerca y despúes en Kissingen y Gastein no lo deja solo ni un día. Despúes de un par de meses, el paciente está prácticamente curado y reconoce que puede volver, rejuvenecido, a la fatiga del trabajo. Dominando en vez de dejarse dominar, Schweninger le salva la vida a Bismarck.

Ernst Schweninger nació el 15 de junio de 1850 y fallece el 13 de enero de 1924. En el escrito por Groddeck en su homenaje y publicado en 1925, se presenta como el creador de la ciencia médica: y dice: La ciencia médica no es erudición, sino lo que el saber crea; es el fundamento imprescindible sobre el cual se construyen saber, conocimiento y talento. Y un hombre de ciencia es sólo aquel que lanza tal cimiento o, al menos, trabaja en ese cimiento. El que comprende este sentido de la palabra ciencia no confunde el saber médico, la suma de los conocimientos anatómicos, fisiológicos, diagnósticos, o terapéuticos, con ciencia médica. Cuando alguien es llamado un hombre de ciencia médica, esto significa: ese hombre descubrió la esencia del pensamiento y del actuar médico, estudió concienzudamente la base y el terreno y, de acuerdo con ese terreno y conforme a la finalidad del ser médico, su espíritu y pensamiento trazó un plan de construcción y arrojó los fundamentos a los que podían atenerse a los maestros de obras hasta que se imagina un plan nuevo, verdadero o aparentemente mejor. El esencial para el creador de la ciencia médica es, por lo tanto, el conocimiento de la finalidad del médico y el pensamiento y el trabajo independientes para esta finalidad y, finalmente, lo que es más importante, el acierto de ese trabajo. (Groddeck 1925, 1994, p.139,140)

Después del término de los estudios académicos, Groddeck comienza, a partir de 1890, a trabajar como médico asistente de Schweninger en el Charité y publica su tesis Uber das Hydroxylamin und seine Verwendung in der Therapie der Hautkrankheiten y un resumen de su tesis con el título de la Hydoxylamin und die Schweningerkur. (Da Costa, 2009)

Después de la conclusión del curso, y como parte del pago por la enseñanza gratuita, Groddeck, como todos los alumnos, debe servir al ejercito como médico, por un periodo de ocho años y esto ocurre a partir del 28 de junio de 1891 cuando es designado para el Reglamento de infantería Real de Bradenburgo. Su ida al ejército hace que Groddeck interrumpa su trabajo como médico -que va del 28 de junio de 1891 hasta marzo de 1897- además de las obras escritas, dos hechos son relevantes y sus implicaciones posteriores marcan esta etapa de la vida de Groddeck. Antes de mencionar los acontecimientos, es importante subrayar que ese periodo de su vida militar no es continuo, teniendo una interrupción de un año, a partir de mayo de 1896, debido a una dispensa, cuando Groddeck vuelve trabajar como asistente de Schweninger en su clínica de Berlin. Otra observación es que en este tiempo de vida militar, que se inicia en el Regimiento de infantería Real de Brandenburgo, Groddeck es transferido tres veces: inicialmente para Ueckermunde (1892) donde va supervisar la higiene de las embarcaciones fluviales; y posteriormente se traslada a la escuela de formación de funcionarios en Wilburg (1894), donde permanece hasta obtener la dispensa, por motivos de salud, en marzo de 1897.

Groddeck escribirá: Aún relativamente joven, había obtenido un puesto independiente en la Escuela de Suboficiales de Weilburg, lo que yo podía y debía considerar una distinción. Tenía poca cosa que hacer, ese poco yo podía organizar como quisiera, era adulado por jóvenes y viejos, por patentes altas y bajas, en fin, todo podría ser bueno, si no fueran informes. En mi lugar anterior, como si yo hubiese sido incapaz de desempeñar esa tarea, la dejé a cargo del escriturario del hospital militar. Pero en Weilburg, el titular de ese puesto era más tonto que yo. No conseguí una sola vez hacer un informe sin errores, siempre recibía de vuelta con amables solicitud para corregirlos. (mi superior) me trasladó, por algunas semanas, a Francfort y encargó a un antiguo médico de cuartel de introducirme en los secretos de los informes militares. El plan falló… Y continúa así hasta hoy, y si muchas veces pensé en la posibilidad de desistir de mi sanatorio, la razón principal para eso es la obligación de llenar cada año un cuestionario simple – en tres copias. Lo extraño es que, sólo el año pasado, descubrí que el cuestionario puede ser llenado por cualquier otra persona que no sea yo. Tengo gran placer en la lectura de estadísticas; sólo que no creo en ellas. (Da Costa, 2009, Groddeck 1929, 1994: 291, 292)

Menciona S. Grossman: Casi nunca hablará de este periodo, salvo para advertir que la vida militar le parecía dura y desagradable. No se resignó al ejército; es un Pforte otra vez: restricciones, reglamentos y estupideces. En la universidad había visto regularmente a su familia, pero como médico del ejercito, muy lejos de su casa era imposible. A la mitad de su servicio, recibió una larga carta de su madre, donde ésta se lamentaba, ¿la había olvidado tan completamente que no podía escribirle de cuando en cuando?. No había recibido una carta suya en seis meses.

La carta fue puesta aún lado. Pensaba contestar en cuanto tuviera hora libre. Algunos días después fue llamado a su cabecera. Llegó el 20 de septiembre de 1892, para comprobar que era demasiado tarde; su madre esta inconsciente y murió sin despertar. Como su padre, se había escabullido durante su ausencia. Se sintió herido, pero también tenía un sentimiento de culpa. “Cualquiera, que pertenezca a nuestra sociedad civilizada y cuya madre haya muerto”, escribió más tarde “cree que es culpable de su muerte, lo cree inclusive cuando la madre ha muerte lejos de él.” (Grossman, 1965)

En el exterior esto podría estar relacionado, sobre todo a su llegada atrasada al funeral de la madre y al hecho de no haber logrado verla más consciente. Su última visita apresurada, las cartas escritas de forma irregular y con un largo intervalo, todo eso sirve para agravar su ánimo. En consecuencia de la muerte de su madre, Groddeck pasa a sentirse responsable de su hermana Lina, que, en función de problemas de salud ya no puede trabajar como dama de compañía. Groddeck, para garantizar a la hermana cierta autonomía financiera, se dispone a enseñarla a hacer masaje, como escribe en una carta: “Apuesto diariamente cada vez más en el masaje y este es el campo en el que quisiera verte. Tal vez tenga mucho éxito porque lo hago todo solo. ¿Y tú no tienes ganas? Hace pocos años que el masaje tiene una gran relevancia en la cura de las enfermedades femeninas. Una mujer que sea capaz de hacerla podrá contar con una ganancia de muchos miles de marcos. De este modo serás completamente autónoma. Con cuidado te puedo enseñar cosas que ningún otro puede “. (Extracto de una carta de Georg Groddeck a Lina Groddeck (17 de noviembre de 1892) en MARTYNKEWICZ, 2005, página 120)

En 1893, Groddeck publica en un número especial de la revista Hygieia (revista que tiene como subtítulo: Revista Mensual para la Ciencia de la Salud Pública y Curación de la Salud Personal), el artículo Kunst und Wissenschaft in der Medizin y el comentario de Wolfgang Martynkewicz: [ …] Es un ataque frontal directo contra la medicina como ciencia ya favor de una medicina tradicional. La medicina moderna científica está fallida; el éxito obtenido en el siglo XIX constata Groddeck irónico, fue todo en el campo del “cuerpo humano muerto”, y en la terapia al contrario nada cambió. La medicina de todos modos no tiene interés en progresar en este sector; […] La medicina no está a disposición del enfermo. El paciente está a disposición de la medicina. El trabajo sigue la ola de un malestar general que se percibe en el siglo XIX en la confrontación del progreso científico y se utiliza de un lenguaje formal y polémico. […] Los trabajos que Groddeck escribe en los años siguientes se mueven en el espacio de la crítica cultural conservadora. Kunst und Wissenschaft in der Medizin representa el inicio programático e indica la dirección: en nombre de la totalidad, de la originalidad y de la naturalidad la medicina debe nuevamente ocuparse del texto de la vida y con ello explicar y comprender los síntomas de la enfermedad. Para Groddeck, la medicina falla en su objetivo básico: no se ocupa de la persona enferma y en cambio tiene como meta indagar y clasificar las enfermedades. Otro aspecto que Groddeck introduce en el modo de considerar la medicina se refiere al aspecto social ya las condiciones de vida del paciente. A pesar de reconocer la presencia del social, su visión en cuanto a los resultados en función de cambios en las condiciones sociales no es optimista y se mantiene en la posición de que en el fondo lo que hace enfermar al ser humano son sus disposiciones personales y la singularidad de cada caso . En 1893, en el trabajo Krankeit, también publicado en la revista Hygieia Groddeck modifica la colocación de Virchow en su libro de 1849 Einheitsbestrebungen in der wissenschaftlichen Medizin (“El hombre es producto de las mujeres sus relaciones “) 42 y escribe: El hombre es el producto de sus antepasados y de su condición de vida. (citado en MARTYNKEWICZ, 2005, página 113) 43 y comentado las similitudes y diferencias teóricas entre Virchow y Groddeck escribe Martynkewicz: Ambos partimos del supuesto de que la adecuación, al menos, a las condiciones de vida son decisivas para la salud y para la salud enfermedad. Mientras que Virchow pensaba poder controlar algunas enfermedades con una mejora de las condiciones de vida, de las condiciones de higiene, de la cultura y de la educación, Groddeck es mucho más pesimista; […] Lo que hace enfermar al hombre depende en el fondo de la disposición personal y del caso singular. De hecho, Groddeck deduce el principio terapéutico de la personalización, un principio que en el siglo XIX fue apropiado por personas pertenecientes a corrientes completamente diferentes. […] En el principio de la personalización emerge el escepticismo contra los métodos de curación que tienden a generalizar ya esquematizar. En la escuela de Schweninger la personalización se sostiene con particular énfasis y se mezcla en igual cantidad contra la medicina científica y contra la social. El proceso de curación tal como es propuesto por Groddeck es una mezcla de terapia del cuerpo (con intervenciones directas sobre las condiciones de vida del paciente, su alimentación, sus períodos de reposo y movimiento, respiración) y la sugerencia. […] En el tratamiento no se hace diferencia entre sanos y enfermos y menos aún entre enfermedades del cuerpo y enfermedades psíquicas. El papel de la fantasía reprimida o reprimida en el surgimiento de la enfermedad, que Groddeck más tarde elevará a un punto de referencia causal que determina cada cosa, en este período no es absolutamente considerado. Sólo en el trabajo sobre constipación, 45 publicado en 1896, habla por la primera de cierto influjo del factor psíquico. (MARTYNKEWICZ, 2005, página 115) (Da Costa, 2009. (MARTYNKEWICZ, 2005, página 125)

En 1894, cuando Groddeck conoce a Else von der Goltz: El cambio más importante de este período está sin duda ligado al encuentro con Else von der Goltz. Groddeck la conoció como paciente. Era la mujer del consejero regional Friedrich von der Goltz, catorce años mayor que ella. Cuando se casaron la mujer no había cumplido aún más de diez años. De la boda nacieron dos niños: Ursula (11 de septiembre de 1889) y Joachim (19 de marzo de 1892). En el período en que Else encuentra a Groddeck, el matrimonio estaba en crisis y la separación es sólo una cuestión de tiempo. Else von der Goltz, que en el diario Groddeck llama Elfie, es de una belleza extraordinaria, es culta y posee un gran talento musical. Antes del matrimonio con Friedrich Von der Goltz se presentaba como pianista y cantante y sus dotes provocaban la admiración general. (MARTYNKEWICZ, 2005, página 125)

El 28 de marzo de 1896, Else se divorcia y el 20 de septiembre del mismo año, Else y Groddeck se casan en Berlín. Después de obtener la dispensa definitiva del ejército y habiendo aceptado la invitación de Schweninger para que asumiera una clínica que él dirigía en Baden-Baden37, Groddeck, la esposa, sus hijitos y su hermana Lina se mudan a esta ciudad termal el 18 de marzo de 1897: […] La fama que Groddeck trae consigo a Baden-Baden deriva de Schweninger, que lo recomienda expresamente y que tenía muchos admiradores y conocidos de peso. También los pacientes son encaminados a Groddeck normalmente por el maestro, que en Berlín trata de un gran número de enfermos ilustres, y su discípulo debe representarlo en sus dependencias de Baden-Baden. Y esta no es una tarea muy fácil, porque el tratamiento de Schweninger, y el de Groddeck, depende completamente de la persona del médico, de su presencia. Que el médico debe ser, no actuar, es una experiencia que Groddeck había hecho con el maestro. (MARTYNKEWICZ, 2005, p.137)

Este éxito lo llevó a arriesgarse a abrir su propio consultorio. En 1900 obtuvo Lina como préstamo una pequeña cantidad de dinero e hizo el pago inicial de una casa de madera en Baden- Baden. La familia se mudó, la casa fue pintada y reamueblada y el tercer piso fue acondicionado con bañeras acondicionados para baños de aguas minerales. Groddeck consideraba atractivo el lugar, para él, sus defectos eran encantadores. La puerta principal estaba separada de la calle por una zanja, un foso sin agua y hacía falta un puente de madera para pasar; era éste un toque que fascinaba a Groddeck. Había incluso una torre, completamente inútil; que descrita despectivamente por un paciente como “totalmente inútil”. (Grossman, 1965)

Su encuentro con Schwenninger fue formativo para Groddeck, quien más tarde incorporó las técnicas de masaje de Schwenninger y el enfoque centrado en el paciente en su propia práctica. Después de trabajar durante una década como médico militar, y como médico en los sanatorios de Schwenninger en Berlín y

Baden-Baden, donde sus tratamientos atrajeron a una gran clientela internacional, incluida la realeza europea. Desde su clínica en Baden-Baden, Groddeck también lanzó su carrera como novelista y ensayista con A Woman Problem (1902), Child of this Earth (1905) y The Pastor of Langewiesche (1909) .

“El pastor de Langewiesche”. Es una larga historia de 1909, escrita con un estilo fluido y sugerente, con Gottfried Lange, pastor de una pequeña comunidad agrícola en Turingia, quien está a cargo de controlar las escuelas en el distrito. Lange, que trató de inculcar en los maestros y estudiantes un espíritu firme y libre, defiende a un maestro humilde y honesto de la escuela local, acusado

injustamente de inculcar en los niños las ideas y los principios de la democracia social, considerada subversiva, con la intención de educarlos. Al desprecio de la doctrina cristiana ya la aversión hacia la autoridad constituida. El pastor en su batalla contra los políticos locales y contra la torpeza de los aldeanos, no solo no podrá salvar al maestro de la ruina, sino que, habiendo atraído la hostilidad de todos (incluso su propia esposa e hijos) y permanecer completamente aislado, pagará al final, con la vida, la obstinación a la justicia, la honestidad y la fe en la justicia.

Revisemos algunos fragmentos:

“No ha pasado mucho tiempo, y los más antiguos aún recuerdan el evento, ya que el pastor Gottfried Lange vivía en la aldea de Langewiesche, al pie del bosque de Turingia. Durante dos décadas enteras, el hombre simple había llevado a cabo su servicio con alegría sin arruinar su vida para sí mismo y para los demás con dudas o pensamientos, ya que no cerró los ojos a las bellezas del mundo y anunció voluntariamente qué bosques y campos. Hablaban de la bondad de Dios, su enseñanza sonaba agradable a los corazones de los campesinos. Amaron a su manera al pastor que los había ayudado fielmente en sus necesidades y cada vez que esto o el de los “devotos” criticaban la falta de ortodoxia de sus sermones, la palabra de la culpa se extinguía sin fanfarria. Incluso los superiores apreciaron la fuerza saludable de este hombre y su franca espontaneidad. Se le dio el control de las escuelas en el distrito: haber comprendido cómo reconciliar los múltiples desacuerdos entre los principios educativos fundamentales “.

“Del estado y de los padres, se cumplieron las solicitudes del gobierno con conciencia y se representaron valientemente, si fuera necesario, las necesidades modestas de los maestros. Entonces, de año en año, la estima de la ciudad creció a su alrededor y nadie se quitó su sombrero de mala gana tan pronto como vislumbró desde lejos la poderosa figura del pastor.

Los días de Gottfried Lange fueron muy ricos en trabajo y preocupaciones, pero no faltaron las recompensas, especialmente porque estaba acompañado por una mujer fiel. La conoció en el bosque de Turingia cuando aún era vicario del pastor Falk, un hombre piadoso y devoto.

Lange tuvo que aspirar durante mucho tiempo a la mano de la rubia Gertrude, ya que el pastor Falk, celoso servidor de la Palabra, no había recibido con indulgencia alguna declaración demasiado libre de Gottfried. Pero finalmente el viejo padre había dado su consentimiento y ahora esa mujer tranquila cuidaba la cómoda parroquia de Langewiesche durante años como compañera del pastor. Encontró en ella y en un Intervalo de nueve años, todo el placer que pudo haber deseado. Por lo tanto, su vida pudo haber fluido de manera pacífica y serena hasta el final, cuando se dieron las circunstancias que la llevaron a una confusión trágica. Durante algún tiempo, el barón von Trachenberg asumió el cargo de presidente de la administración provincial. Un día llegó a la parroquia para visitar la escuela local con su pastor de acuerdo con su deber y sus habilidades. Lange, quien ya se había reunido con el joven ocasionalmente y había escuchado a otros sobre el celo encomiable del barón, cuando se acercaba al edificio de la escuela, le dijo al funcionario ampliamente, todavía no era lo suficientemente experto en las relaciones y estaba desorientado en la tarea, sobre la conducta de los maestros y Implementación de lecciones. Estaba muy involucrado en el crecimiento de los jóvenes en el juego y en el estudio, y había tratado de capacitar a maestros y niños con un espíritu firme y libre, en la medida en que los límites estrechos de las reglas prescritas lo permitían. Cuanto más sorprendido estaba cuando el presidente lo interrumpió en medio de su informe, brevemente pero no por eso de manera grosera, con la pregunta de si estaba satisfecho “Del inspector de la escuela Ziegler. El hombre se habría permitido todo tipo de irregularidades durante las clases. El pastor se ensombreció por un momento y luego dijo, siguiendo los hechos: “Paul Ziegler es en nuestra escuela uno de los mejores y no sabría en qué sentido podría haber transgredido”. No fue una infracción, objetó el presidente apresuradamente; personas confiables le habían dicho que este hombre fue el tema de una lección sobre la peligrosa enseñanza de Darwin y que, intencionalmente, se encargó de capacitar a los adolescentes para que ignoraran la Sagrada Escritura y la Iglesia. El párroco se detuvo y miró directamente a los ojos del presidente y, mientras hundía su bastón en el suelo y se apoyaba en él con ambas manos, dijo, obligándose a calmarse: “El maestro Ziegler enseña a los alumnos de acuerdo con mi consejo y Si alguien tiene la opinión de que con esto las almas de los niños son removidas de la palabra de Dios, esta es una nota grave para mí, siervo de Dios y curador de almas ». Confundido por la penetrante mirada del pastor, el barón tartamudeó unas pocas palabras, afirmando que no todo estaba pensado en términos demasiado serios. También podría ser un error de un informante “

“Aunque todavía tenía que insistir en la fiabilidad probada de la fuente de la que había sacado. Diciendo esto, subió los escalones del edificio de la escuela. Pero el pastor, que se imaginó quién podría haber inducido al presidente a este prejuicio, lo sostuvo con suavidad por el brazo y dijo: “Ese pequeño, señor presidente, que nos es dado a los pobres mortales para probar la verdad, son nuestros ojos. ¡No confíes en las declaraciones de tu secretaria! El presidente se sonrojó al ver lo que quería mantener oculto. Pero Lange, que parecía no darse cuenta de su incomodidad, continuó: “Quizás no sepa que esto es un desacuerdo personal entre el maestro y la secretaria. Pero su deber … ». El barón se hizo brusco. “Usted cruza los límites, señor Pastor”, dijo, y cruzó la puerta de la escuela sin decir una palabra más. Paul Ziegler saludó cordialmente a ambos, pero la inseguridad de su mirada le reveló al pastor que el maestro ya estaba al tanto de la opinión desfavorable del presidente. Cuanto más firme fue la decisión de Lange de disipar cualquier prejuicio a través de hechos convincentes y pocas palabras; con una mirada confiada instó a que se preguntara a los niños sobre hechos de la historia natural “.

Este relato quizá se relaciona con sus vivencias en Pforte, Groddeck pensaba que a nadie se lo debía dejar morir solo, como les sucediera a sus dos padres. Pese a que a veces parecía casi brutal, atendió con cariño a su hermana Lina en su lecho de muerte. Poco tiempo después, la muerte de sus tres hermanos, uno tras otro, llevó a Groddeck al triste presentimiento de ser el único sobreviviente de una familia marcada por la muerte temprana.

Sus publicaciones se iniciaron alrededor de esta época -1903- y cubrieron métodos de Schweninger, novelas, ensayos y crítica literaria -obras de Ibsen (Grinstein, 1957).

¿Qué hacía o cuál era el tratamiento de Groddeck?

Da Costa (2009) nos remite a un relato escrito por el médico oftalmólogo Hermann Cohn, un huésped frecuente de la pensión en Baden- Baden, y que fue publicado en 1898 en el Weiner Medizinische Press. Cohn describe los tres componentes de la curación como siendo: 1) masaje; 2) baño caliente; 3) dieta; y citando a Martynkewicz en su presentación y comentarios del texto de Cohn: El masaje que se refiere Cohn, es aplicado tres veces al día por el médico en persona con “un método muy particular”. Antes del desayuno, antes del almuerzo y antes de la cena, cada vez durante una habitación por hora. El paciente se queda acostado bajo un diván, con los muslos levemente levantados contra el busto y las rodillas juntas, para forzar los músculos del abdomen, mientras sostiene la cabeza con las manos. Cohn subdivide el procedimiento del masaje en tres fases: en la primera fase el médico “da dos golpes” con puño cerrado en la fosa epigástrica, inicialmente levemente, después presionando cada vez más, hasta hundir lo máximo posible el puño; todo esto mientras el paciente debe procurar respirar profundamente. En el primer día no es posible hacer más de cinco veces, porque el movimiento del diafragma, bajo esta presión es muy agotador. Después de la fase llamada por Cohn de “pellizcar”: el médico prende con las manos aquel estrato del abdomen, con la máxima extensión y en horizontal, apretando después el neumático con tal fuerza que bajo el piel se forman manchas marrones y azules. Durante esta operación el enfermo llora y se lamenta: es la parte dolorosa de todo el tratamiento. Por último nos dice Cohn, “el médico salta con todo su peso bajo el abdomen del paciente, de manera tal que logra hundir la rodilla en profundidad en la fosa epigástrica. El médico se queda de rodilla bajo el enfermo hasta que éste haga, al principio cinco, siete, después diez respiraciones profundas, hasta llegar a treinta. El doctor Groddeck es particularmente hábil y preciso en este tipo de masaje.

Como segundo componente del tratamiento se describe el baño caliente. No se trata aquí de baño integral, sino de baño de partes específicas del cuerpo. El primer día, por la mañana, después del masaje viene prescrito el baño caliente de los brazos, en el segundo día el baño caliente de los pies y en el tercero el baño caliente de las nalgas, y así continúa cada día en este orden. Schweninger había construido vasos específicos para los brazos y para los pies. Los vasos para los brazos son grandes y de lata, con agua tibia. En la parte superior hay una boquilla de aflujo y al lado un tubo conectado a un grifo, esta a la entrada de un balde grande. El paciente coloca en la cuenca el brazo hasta el hombro, dejando el antebrazo y a mano bajo la banda estirada en el interior del vaso. El brazo permanece veinte minutos hasta que el agua se caliente. El vaso para los pies se distingue de los demás baldes por el hecho de ser en forma de bota, de modo que toda la base del pie pueda reposar cómodamente, mientras que la pierna permanece en ángulo recto. En el tercer día se realizaba el baño de las nalgas, a la misma temperatura (agua caliente). El tercer componente de la curación de Schweninger es la dieta. Antes de hablar de los manjares, Cohn relata cómo la masa era servida en porciones pequeñas y en vajilla pequeña. Los vasos aquellos de juguete que contienen menos de 50 gramos de agua. Incluso los platos son de muñeca, que pueden contener como máximo una rebanada de carne. El cuchillo y la horquilla son también muy pequeños. En todo esto hay una acción sugestiva benéfica: imagina haber bebido y comido mucho en realidad no es tanto como recibió. Además de esa forma exterior, según Cohn, se cuida, sobre todo el ritmo del suministro de masa. Con una gran puntualidad, cada tres horas se sirve una nueva alimentación, el desayuno a las siete y media, la segunda comida en torno a las diez y media, a la una y media el almuerzo, a las cuatro y media la merienda y la cena a las siete y media. Con el paso del tiempo, Groddeck modifica e integra la cura. El masaje y el baño caliente permanecen iguales; la importancia de la dieta e, sin embargo redimensionada y al final es sin duda considerada un procedimiento dañino. La curación en el momento es de tipo puramente fisioterapéutico, sólo debe reforzar las resistencias del cuerpo y favorecer el proceso natural de curación. Un papel central, sobre todo para el masaje y el baño caliente, es atribuido al dolor tratado como un ámbito terapéutico, que sobre el hombre deberá tener valor educativo. (Martynkewicz, 2005,p.138-140)

Groddeck no comenzó con un fuerte apoyo de las mujeres. Mientras Will (1984, p. 188) describe la primera colección de ensayos de Groddeck. El problema en A Woman (1902) como una “prosa sublime” escrita en el estilo de Nietzsche, un biógrafo más reciente, Martynkewicz (1997), llama a este libro “un manifiesto de misoginia”. “(P.161). Groddeck reconoció la creciente importancia de las mujeres, pero consideró esta tendencia como un síntoma de la feminización de la cultura y de la degeneración (Martynkewicz, 1997, p.165). Protestó contra la nueva participación profesional, social, política e intelectual de las mujeres e insistió en que el “único deber” de una mujer (citado en Martynkewicz, 1997, p. 162). Groddeck no solo exigió una severa limitación de la libertad de las mujeres, sino que también sugirió que se prestara más atención a la preparación de las mujeres para su único papel (Martynkewicz, 1997, p.163). Un leitmotiv en el artículo de Groddeck “The Woman” publicado en la revista The adult educator en 1909 es que las mujeres no tienen personalidad, por lo que tienen que abandonar cualquier ambición profesional y obedecer a los hombres. Como Martynkewicz señala, Groddeck enfatizó que el futuro de la cultura occidental dependía del desempeño de los deberes maternos y que con una visión política racista: es decir, al descuidar su papel como madres, las mujeres son responsables de la decadencia de “la mayoría”. raza noble en el mundo “(Groddeck, 1909a, p.140, Martynkewicz, 1997, p.165). Naturalmente, con una visión tan radical y racista, Groddeck provocó la indignación de las activistas de las mujeres (Martynkewicz 1997, p.209). (Galina Hristeva and Mark F. Poster, 2013)

Los primeros métodos de tratamiento de Groddeck se basaron en la hidroterapia y el masaje. El agua fue el pilar de su teoría fisiológica rudimentaria tal como se presentó en sus “Estudios sobre el papel del agua en el organismo humano” (1908). Estos escritos y, en particular, el siguiente libro de Groddeck (1913) Nasamecu, una abreviatura de la máxima “Natura sanat, medicus curat” (La salud de la naturaleza, el médico trata), demuestran el interés especial del autor en los fenómenos “psicosomáticos”. Groddeck explica cómo el sangrado menstrual causa cambios regulares en el estado mental de las mujeres (Groddeck, 1913, p. 99). Por lo tanto, Groddeck está interesado en las relaciones “holísticas” entre la mente y el cuerpo, pero simplemente explora el impacto del cuerpo en el “espíritu” y descuida la influencia de la psique en el cuerpo. Inicialmente, veía el psicoanálisis con gran escepticismo. Lo condenó como a una “epidemia”, una peligrosa “agitación de la tierra enterrada en las profundidades de la vida sexual” (Groddeck, 1913, p. 97). (Galina Hristeva and Mark F. Poster, 2013)

El tema de la inteligencia femenina llegó a la psicología del siglo XIX a través de la frenología y los neuroanatomistas. Los filósofos de la época (por ejemplo, Hegel, Kant, Schopenhauer) habían demostrado, para su satisfacción, la justicia de la posición social subordinada de la mujer y lo que significa descubrir los determinantes fisiológicos particulares de la insuficiencia femenina. En períodos anteriores, la inferioridad de la mujer se definió como tener un “estado general” que estaba “íntimamente relacionado con la ausencia de cualidades que se le hubieran otorgado y con la presencia de equipo reproductivo”. Durante siglos, la moda de la creación de Eva se ha acreditado como la causa de la naturaleza imperfecta de la mujer, pero esta no es una explicación adecuada en una era científica. Así, las explicaciones científicas de la inferioridad femenina estaban más en consonancia con la filosofía científica contemporánea. Aunque hace tiempo que se sabe que el órgano mental del cerebro se encuentra en un estado de trastorno mental, las “imperfecciones” del cerebro femenino. Una definición más precisa de las imperfecciones esperaba el avance del concepto de localización cortical de la función. A principios del siglo XIX, el interés cada vez mayor en los giros cerebrales, impulso con el Popularización de la frenología. Presentado por Franz Joseph Gall, “craneoscopy”, ya que se postula que el asiento de varias facultades mentales y morales ubicadas en áreas específicas de la superficie del cerebro puede o no haber sido examinado del cráneo. La frenología proporcionó el primer método objetivo para determinar los fundamentos neurológicos de las diferencias de sexo en inteligencia y temperamento promulgada. ¿Privada de todos los demás aspectos de la función física y fisiológica? Debido a que las diferencias físicas eran tan obvias en todos los demás órganos del cuerpo, era impensable que el cerebro pudiera haber escapado al sello del sexo.

Paul Mobius (1901), quien argumentó que su incapacidad mental era una condición necesaria para la supervivencia de la raza. El instinto dado, mucho mejor para todos a tener y criar hijos. La dependencia de la mujer es un alto precio del hombre: todo progreso se debe al hombre. Por lo tanto, la mujer es un peso muerto para él, es restringida y entrometida en la curiosidad, pero lo restringe de las acciones nobles, ya que ella es incapaz de distinguir el bien del mal. (p. 629) Mobius observó que la mujer era incapaz de pensar de forma independiente, tenía inclinaciones fuertes para ser mala y poco confiable, y pasaba mucho tiempo en un estado emocionalmente desequilibrado. A partir de esto, se vio obligado a concluir que “Si la mujer no fuera física y mentalmente débil, si no fuera una regla inofensiva, sería muy peligrosa” (Mobius, 1901, pp. 630). Las diatribas de esta naturaleza eran importaciones alemanas relativamente comunes; Los críticos más severos de la mujer en este país son similares a un nivel de agudeza. Mobius y su amigo (por ejemplo, Weininger, 1906) fueron muy publicitados y ampliamente leídos, y se convirtieron en serias discusiones científicas sobre la naturaleza de la mujer. Por ejemplo, Porteus y Babcock (1926) resucitaron el problema del tamaño del cerebro, descontando la importancia de entender y en lugar de asociarlo con la “maduración de otros poderes”. Los hombres, debido a sus cerebros más grandes, estarían altamente dotados de estos “Otras potencias”, y por lo tanto más competentes y con mayor logro. Propuestas como éstas, que se asimilarían más fácilmente que las de Mobius, Weininger y otras, se asimilaron más fácilmente como “buena ciencia” (Allen, 1927, pág. 294). ). (Shields, 1975)

Los primeros escritos de Groddeck muestran qué tanto los médicos como las madres estaban vinculados con el “futuro” de la humanidad y se encargaron de ello. Este paralelismo entre médicos y madres se documentará en los escritos de Groddeck y se desarrollará aún más en la concepción de Groddeck del médico que cuida al paciente. En su novela A Child of the Earth (1905), Groddeck presenta su ideal de maternidad y su notación de la madre como una encarnación de “Godnature”, un término panteísta que adoptó de Goethe. Groddeck, 1909a, p. 137), Groddeck otorgó un aura de santidad y vigor dionisíaco tanto a la madre del protagonista como a su embarazada. esposa Anna, una gobernante del futuro (Groddeck, 1905, pp. 385), una “diosa” (Groddeck, 1905, pp. 480). En esta novela, la línea paternalista es silenciosa, con el padre del protagonista mostrado silenciosamente como un “hombre de acción” que encuentra una muerte heroica luchando contra el poderoso río para salvar el viejo puente, un símbolo del siglo. Larga tradición de la sociedad patriarcal. Pero la muerte del padre deja al joven protagonista solo con su madre y establece el comienzo de una nueva y estrecha simbiosis entre ellos. La transición de Groddeck a un modelo materno es como lo indica la referencia a la Madre Tierra en su título. (Galina Hristeva and Mark F. Poster, 2013)

El “giro materno” de Groddeck se basa en su propia biografía (Rudnytsky, 2002, p.182). Su relación con su madre era mayoritariamente formal y distante, y pintaba “emocionalidad y ternura” (Martynkewicz, 1997, p.106). Resultó en una “vulnerabilidad emocional”, incluso en un “abandono emocional” (Rudnytsky, 2002, pp. 182-183). Pero en 1883, Groddeck también experimentó un período de felicidad con su madre y un “resurgimiento de mi soleada infancia” durante un grave episodio de fiebre escarlata (citado en Martynkewicz, 1997, p.66). El notable vínculo entre la enfermedad, la simbiosis con la madre y la felicidad es notable. Ninguno de estos componentes faltará en la conceptualización futura de lo materno de Groddeck. En 1905, cuando publicó A Child of the Earth, Groddeck había enfrentado la muerte de su madre en 1892 y la interrupción gradual de su matrimonio con Else von der Goltz. Para Groddeck, su esposa Else era un “elfo”, un ideal de perfección femenina (Martynkewicz, 1997, p. 116). Pero según el biógrafo Martynkewicz, Groddeck pronto se sintió excluido de la díada madre-hijo y respondió con “ataques vehementes” (p.195). Por lo tanto, al menos desde un punto de vista biográfico, la transición de Groddeck a la maternidad surgió de emociones y experiencias negativas, del aislamiento a la decepción y la pérdida dolorosa. Sin embargo, la creciente importancia de Groddeck en la perspectiva materna fue lo que causó los detalles de su trabajo terapéutico en su sanatorio de Baden-Baden. La mayoría de los pacientes de Groddeck eran mujeres (Martynkewicz, 1997, p. 156). Los baños calientes, los masajes que causan dolor y la dieta radical aún eran fundamentales para el programa terapéutico de Groddeck. Poco a poco, sin embargo, Groddeck comenzó a escuchar las narraciones de sus pacientes, y las “sesiones de conversación” pronto se convirtieron en “lo mejor de todo el tratamiento” según Anna de Bruyn, paciente de Groddeck (Martynkewicz, 1997, p. 156). Además de eso, Groddeck estaba muy preocupado con sus pacientes femeninas, incluso enviándoles pequeños regalos de cumpleaños (Martynkewicz, 1997, p.197). (Galina Hristeva and Mark F. Poster, 2013)

Entre los pacientes de los primeros tiempos nos relata Grossman (que citaremos in extenso) se encontraba una mujer de cierta edad que acudió por primera vez al sanatorio Groddeck en 1901. Enferma crónica, se quedó allí algún tiempo, mejoró y después se fue, para volver periódicamente para otra curación. Frau A. experimentó en su tratamiento los cambios en la práctica de su médico en un periodo de doce años.

Había estado bajo tratamiento en Berlín durante varios meses antes de ir a Baden- Baden. Uno de los médicos a los que consultó la había remitido a Groddeck. Podía probarlo. Se decía que él prefería los casos crónicos. Además, el aire era muy puro en Baden- Baden y las aguas minerales no podían hacerle ningún daño.

Frau A. Nunca había estado allí. Cuando la condujeron por las calles limpias, en el coche, vio filas de casas con letreros que anunciaban médicos y tratamientos. Casi en cada manzana había anuncios: Sanatorio, Pensión de Salud, Médico. No había modo de saber que “Médico” era autodidacto, ya que no había restricciones legales y cualquiera podía llamarse médico. Algunos amigos le habían advertido que Baden- Baden era un refugio para charlatanes, como todos los balnearios de aguas medicinales, y que debía tener cuidado. Por supuesto, se había asegurado de que el Dr. Groddeck era un médico de buena fe, pero no dejaba de estar nerviosa. Había oído hablar que era autoritario y desconcertante, y que era un recién llegado, bastante joven.

A la señora le gustó el aspecto del edificio donde se detuvo el coche. La pintura esta fresca, los vidrios de las ventanas resplandecían y había flores junto a la puerta. Decidió que debía comprobar las cosas por sí misma.

La recibió una doncella impasible, con aire tranquilizado. La entrada olía a pulimento de muebles y a rosas. La doncella tomó su maleta y la condujo por las escaleras, hasta su cuarto. La siguió una mujer pálida y delgada, que examinó la habitación con ojo crítico para comprobar que todo estaba en orden, despacho a la doncella para que fuera por la bandeja del té y se presentó como Fräulen Lina, la hermana del doctor.

Mientras descansaba sobre las grandes almohadas de la cama, Fräu A. hizo preguntas. Cuando se enteró por Fräulein Lina de que el Dr. Groddeck había sido el estudiante favorito de Schweninger, se sintió satisfecha.

Llegó el té, y Fräu A. estaba ansiosa de que Lina oyera su historia. Ella estaba enferma de los riñones, exactamente igual que su pobre madre, ya fallecida.

Había cuidado de su madre infatigablemente hasta que la muerte liberó piadosamente a la enferma, y después no había escatimado ningún esfuerzo al cuidar a su padre enfermo, que también tuvo malos síntomas en los riñones al final de su vida. Ahora, era ella la que sentía el mismo terrible dolor y malestar. Tres médicos famosos habían sido incapaces de ayudarla en lo más mínimo. Sólo tenía una vaga esperanza de encontrar ayuda en aquel lugar.

Fräulein Lina le aseguró que allí mejoraría. Cuando la dejaron descansando con la promesa de que el doctor la examinaría por la mañana. Frau A. se reclinó pesadamente contra las almohadas, protegiéndose con una mano en la espalda, donde el agujón de color no desaparecía nunca. Los insectos zumbaban en el jardín, las aguas de un arroyuelo producían un sonido tranquilizador y regular, y se quedó dormida. Despertó al amanecer y vio sombras en la pared blanca: ls grandes ramas temblorosas de un árbol cercano a la ventana. Un niño reía. En algún lugar de la casa cantaba una voz de tenor. Fräu A. se movió cuidadosamente en la cama para evitar el dolor. Respiró contenidamente. Era un lugar apacible y hermoso; tomaría baños de agua mineral, que era probablemente lo que siempre había necesitado. Y se pondría bien.

A las siete de la mañana la despertó un fuerte toque en la puerta. Le llevaron en una bandeja un desayuno no muy abundante. Apenas lo había terminado y llegó el doctor.

Era un hombre alto; el cuarto se llenaba con su presencia. Sus fríos ojos azules la miraban directamente y la acusaban silenciosamente de estar enferma. La examinó con rapidez y ella lo contempló incómoda. El médico se tenía en pie y avanzaba rígidamente; tenía el cráneo afeitado y tostado por el sol; sus orejas eran grandes, del color de la cera. Escuchó su historia, si estar en silencio es realmente escuchar. Era obvio que no le interesaba escuchar sus quejas, pero ella insistió. Por fin le dijo que podía acostarse, y se sintió como para sostener una amable conversación.

Pero su tono no era amable. Lo primero que dijo fue que ella debería someterse a una estricta dieta. Tenía que perder mucho peso. Ella protestó, poniéndose la mano en el abdomen hinchado. No era gordura, era inflamación causada por la enfermedad. Si comía menos se debilitaría.

Él se mostró inflexible, la señora pesaba demasiado. Tomaría sus alimentos en el comedor y no comería hasta que le sirvieran. Además de la dieta, el tratamiento incluiría baños de agua mineral.

Ella aceptó. En un débil esfuerzo por mostrarse conciliadora, dijo que había oído hablar de los efectos benéficos de las aguas.

El médico ordenó baños de asiento y baños de brazos.

¿Baños de brazos? Ahora estaba segura de que no había escuchado. Se puso la mano en el costado y le habló de su dolor. Él estaba cometiendo un error. No tenía dolor en los brazos.

Pues tendría que bañarse los brazos. El médico se mostró inexorable. También le darían un masaje diario. Él mismo le daría el masaje. Y haría regularmente ejercicios.

Frau A. apeló a su razón. Explicó, esperanzada, que tenía cerca de setenta años. Estaba enferma. Si se cura la enfermedad y se mata al paciente, eso es absurdo, ¿verdad? Esperó una respuesta, pero el semblante del médico no cambió. No había hecho ejercicio desde hacía treinta años. ¿Consideraba el doctor realmente empezar ahora mismo?

Si lo consideraba. Se inclinó, le deseó buenos días y salió.

Frau A. sintió que el corazón le latía rápidamente. Se sentía a punto de caer. ¿Podía irse esa mañana si lo deseaba? ¿O no era ya una prisionera en aquel lugar? ¿Qué sucedería si decía: “Llamen un coche. He decidido volver a Berlín”?

Probaría los baños una vez antes de irse. La asistente le aseguró que podía irse cuando lo deseara, pero los pacientes del sanatorio Groddeck nunca se iban por su propia voluntad, ya que todos mejoraban.

Impasible y meticulosa, la enfermera conversó con Frau A. mientras le aplicaba toallas muy calientes a los brazos. Reconoció que algunos pacientes morían. Por supuesto, algunos estaban medio muertos cuando llegaban. Uno había fallecido en el tren. Otro había caído muerto en el umbral de la puerta. Otros médicos gustaban de despachar a sus hogares a los pacientes sin aparente remedio, pero no el Dr. Groddeck. Naturalmente, no podía hacer mucho por los moribundos, pero aun algunos de ellos mejoraban.

Frau A. Movió la cabeza. No entendía. Tenía trastornos en los riñones ¿Para eso ordenaba los baños en los brazos? Eso era absurdo. Para los trastornos en los riñones ¿qué bien podrían hacerle las toallas calientes en los brazos? Eso no era razonable.

Quizás no lo pareciera, dijo la asistente, echando más agua caliente en la bañera donde se encontraba sentada la anciana. Pero si el doctor ordenaba baños de brazos, entonces los baños de brazos eran algo razonable.

Mientras descansaba en su cuarto poco después, Frau A. esperaba su masaje. El agua caliente le había producido un efecto agradable. Un buen masaje no le haría mal. Estaba agradablemente soñolienta cuando entró el médico.

Llevaron una mesa y ayudaron a Frau A. a acostarse encima, boca arriba. Y entonces el doctor subió sobre la mesa y se arrodilló sobre su abdomen. Le dijo que respirara profundamente.

La señora no podía ni hablar. ¡El hombre estaba loco! Apenas podía tomar aire.

El médico esperaba pacientemente. Movió las rodillas para ponerse en una posición más firme. Luego, siguió esperando.

Frau A. lo intentó. Inhaló ligeramente. Ël médico ordenó que volvería a respirar, más profundamente esta vez. Ella hizo un esfuerzo por respirar unas cuantas veces, convencida de que su única esperanza de escapar estaba en la obediencia. Él la obligó a respirar seis veces antes de ponerse de pie.

Le dijo, hablando con lentitud, que al día siguiente todo sería más fácil y que harían más. Se inclinó y salió. La señora se quedó en la cama un largo rato, agotada, asombrada y divertida. Sí, le daban ganas de reír. Era risible ese tratamiento. Era realmente divertido. El hombre era un lunático.

Se enojaba por las pequeñísimas porciones de alimento que le servían. Aquel hombre trataba de matarla de hambre, o de debilitarla fatalmente. Una rebanada de pan, un poco de fruta y una taza de té para el desayuno. Al mediodía, un poco de pescado hervido, una zanahoria cocida, una taza de té y una galleta. Y le ordenaba caminar, una milla diaria los primeros días, una distancia mayor después ¿Qué dirían de él si ella desmayaba en el camino, si la encontraban sin conocimiento o muerta en el bosque?

Le mandó a su médico de Berlín un informe de los hechos, sin comentarios, dejando que él decidiera por sí mismo qué clase de maniático tenía que ser aquel Groddeck. Le escribió a una amiga, quejándose en detalle, de modo que alguien cercano a ella pudiera tener un registro de sus peripecias.

En la tercera semana, la amiga le hizo una pregunta en una carta. Si el doctor estaba loco y el tratamiento era insoportable, ¿por qué se quedaba Frau A.?

¿Por qué? Había varias razones. La había enviado un médico famoso; quería asegurarse de que nunca volvería a mandar a nadie. Además, a los setenta años, no se toma fácilmente la decisión, ni siquiera la de hacer maletas e irse s casa. Por último, ¿Qué la esperaba en casa? Vivía sola. Siempre estaba enferma, siempre adolorida . Había aquí otros pacientes, una docena o mas, muchos de ellos personas con las que se podía trabar amistad. Con frecuencia tomaban café por la tarde. Todos estaban de acuerdo en que los métodos de Groddeck eran incompatibles, pero decían que sus resultados eran buenos. Quería ser justa y para ser totalmente honrada. Tenía que reconocer que progresaba algo. Su abdomen se iba deshinchando, la inflamación había desaparecido, había empezado a expulsar piedras, apenas le dolía la espalda y dormía, probablemente por el maravilloso aire puro, tan profundamente como una criatura.

Frau A. permaneció en el sanatorio cinco semanas. Volvió a su casa pesando veinte libras menos, sin dolores y con más energías de las que había tenido en muchos años. Le contó a todo el mundo su extraño tratamiento: los dolorosos masajes, los baños de brazos y la tiranía del médico chiflado, y siempre terminaba su relato expresando la opinión de que estaba loco, completamente loco, pero diciendo que la había curado. Ya estaba perfectamente.

Muchos años después, Groddeck escribió una obra donde describía el caso de Frau A. (Grossman, 1965)

Lina, hermana de Georg.

En 1901, una señora de edad vino a verme para someterse a tratamiento. Se quejaba de continuos dolores de espalda y ocasionales ataques de espasmos abdominales. No era difícil diagnosticar cálculos renales y, como a paciente era muy corpulenta y el abdomen estaba muy duro e inflamado, le ordené una dieta muy rigurosa. Para modificar las condiciones digestivas y circulatorias, se le dieron a la paciente baños calientes de asiento y baños en los brazos, y mediante masaje abdominal y ejercicios de respiración, logré relajar los órganos internos, y en especial los riñones. En relación con esto debo explicar que en estos casos acostumbro arrodillarme sobre el estomago del paciente y ordenarle que respire profundamente; de esta manera se ve obligado el diafragma muy enérgicamente para respirar y expulsar así los contenidos fluidos de las vísceras, la sangre y la linfa. El tratamiento resultó bien en este caso. En unas cuantas semanas la paciente expulsó varias piedras de diversos tamaños y el dolor desapareció totalmente.

Groddeck pensaba que había que luchar contra la muerte hasta el último momento. Cuando Lina, en 1903, mostró síntomas indudables de que le fallaba el corazón, hizo todo lo que podía por ayudarla y cuando se dio cuenta de que era inútil, se sentó al lado durante horas, hablando de una excursión que harían a la Selva Negra al día siguiente. Hizo que empacara sus cosas en una maleta delante de ella. Lina murió sonriendo ante la perspectiva de un día de fiesta inesperado con su hermano. Groddeck derramó lágrimas.

Se mantuvo ocupado y siguió escribiendo, pero empezó a sentirse mal. Poco después de la muerte de su hermana observó que les estaba saliendo bocio. Empezó con una ligera inflamación en el lado izquierdo, y luego en el derecho. Lo describió así:

… Desarrollos fibrosos en crecimiento desordenado, concreciones duras de una inflamación, alrededor de las cuales se depositaron tejidos muy relajados. Lentamente se agrandaron los núcleos y los tejidos recién formados; a ello siguió una inflamación del triángulo de la garganta así como dé la cara. En unos cuantos años, el tamaño del cuello creció de 39 a 45 cm. (Grossman, 1965)

A pesar de su vida médica y literaria, Groddeck empezó a sentirse aburrido, insatisfecho, e incapacitado para “comprender” a sus pacientes, pero cuando comenzó a descubrir la realidad de los símbolos con su paciente Fräulein G., una solterona, afectada por más de una ominosa enfermedad. Que llegó al sanatorio en 1909, Había sufrido varias operaciones serias, y llegó a Baden- Baden con una maleta llena de medicinas. El médico que la mandó allí daba por seguro que pronto acabarían sus sufrimientos.

Como era de costumbre Groddeck la visitó en la mañana siguiente a su llegada . como todos los cuartos de los pacientes, aquél estaba amueblado sencillamente con una cama, una cómoda, un guardarropa, un hornillo de ladrillos para la calefacción, un sillón, un taburete, un pequeño escritorio y una silla. Cuando llegó al cuarto, Groddeck observó que el bacín y el taburete habían sido colocados en el corredor, frente a la puerta del paciente.

La paciente estaba apoyada en varias almohadas. Tenía los labios azules, las uñas oscuras; estaba terriblemente demacrada y tan agotada por el viaje hasta Baden- Baden que apenas podía hablar.

Como estaba obviamente cerca de la muerte, Groddeck se mostró extremadamente amable con ella. Se sentó en el sillón con suavidad. Escuchó atentamente cuando ella hizo esfuerzos por hablar. Cuando quería era un excelente auditor. Fräulein G. estuvo en más de un sitio de aguas minerales, había sido tratada por los médicos en Berlín y en Colonia; había sido operada, había recibido casi todos los tratamientos de moda. Sabía que estaba muy enferma. Mientras hablaba, él movía la cabeza y le respondía con murmullos alentadores. Había oído la misma historia muchas veces. Distraídamente empezó a mecer la borda del tapetito a la cabecera del sillón.

Ella se incorporó y comenzó a hablar agitadamente, en voz mucho más alta de lo que había sido capaz hasta ese momento: le rogó que dejara de hacer eso. Simplemente no podía soportarlo. Groddeck dejó la borla y dijo cortésmente que sentía haberla molestado. Unos minutos después se dio un tirón, con aire ausente, a la punta de la nariz. Ella volvió a enderezarse. Una vez más le pidió que dejara de hacerlo.

Él se sintió perdido, ¿Qué otros movimientos estaban prohibidos?. Dijo con aire contrito que lo sentía, pero quizás ella pudiera decirle… ¿qué otras cosas le molestaban?. Así que siguieron hablando y se dio cuenta de que ella no podía pronunciar determinadas palabras, en ocasiones daba muchos rodeos para referirse a algo, y había objetos cuya presencia no podía soportar siquiera. Así que empezó a interrogarla sobre qué significaban tales objetos para ella y de esta forma se concentró en el estudio del símbolo, que para él significaba la correspondencia entre palabras, objetos o acciones y elementos relacionados con lo sexual. El hombre está dominado por la compulsión a la simbolización, todas nuestras realizaciones, nuestros inventos, nuestras acciones, son símbolos; y la enfermedad también es una expresión del hombre, una más de sus realizaciones, uno de sus símbolos. Esto le daba una salida a su estancamiento, le daba material para trabajar y una nueva visión de la enfermedad que ya no era una prolongación de la de Schweninger sino que era suya propia.

El caso de la Frau. G. sirve claramente a Groddeck para construir un nuevo comienzo, […] En el estado actual del conocimiento del legado no se puede todavía afirmar con certeza si este análisis había ocurrido y si existía una figura de referencia real para la Frau G. Por lo que se refiere a esta última cuestión, he venido poniendo énfasis, y en parte también el propio Groddeck, en diversos pacientes. En el esbozo de una carta, posteriormente publicada, la Sigmund Freud (de junio de 1917) Groddeck parece revelar el secreto de la Frau G .: “La paciente en quien apliqué el psicoanálisis, dice Groddeck, es Martha Schwab”. De este bosquejo existen sin embargo tres versiones, muy diferentes en tamaño y contenido, y de datos inciertos. En otra redacción de la carta, Groddeck atenúa de nuevo la referencia a la Frau G., dando el nombre de otra paciente que dice haber tratado también “con el psicoanálisis obteniendo gran éxito”. De cualquier modo […] no es nada improbable que detrás de la Frau G. estén varios pacientes, y de que se trata de un caso altamente condensado. […] otra paciente no nominada explícitamente por Groddeck: Margareth Fellinger. Esta inició el tratamiento en agosto de 1909, en el mismo período en que Groddeck también comenta con Freud. Como muestra la correspondencia, entre el médico y la paciente se creó un vínculo cercano: Margareth Fellinger se convierte en la “cara Grete” (que podría ser desplegada en la abreviatura “G”). También el cuadro de síntomas presenta alguna correspondencia. Pero en las cartas a Margareth Fellinger no queda claro el tipo de tratamiento psicoanalítico; el psicoanálisis no entra en juego ni al menos como terminología. (MARTYNKEWICZ, 2005, p 197)

La primera mención que Groddeck hace a esta paciente, está en la carta que escribe a Freud, el 27 de mayo de 1917: […] En 1909, por lo tanto, tres años antes de la publicación de ese libro, empecé a tratar a una señora cuya observación me llevó al mismo camino que, más tarde, pasé a conocer como el del psicoanálisis. Puedo asegurar, ciertamente, que aquella enferma no conocía ni siquiera la palabra psicoanálisis, y de mí creo poder afirmar lo mismo. Por ella empecé a conocer las peculiaridades de la sexualidad infantil y del simbolismo, y luego me enfrenté, después de unas semanas, con los conceptos de transferencia y de resistencia, conceptos que he venido a conocer solamente ahora y que se transformaron casi automáticamente, en los ejes del eje, tratamiento. La alegría del descubrimiento me lanzó entonces en un rapto que perduró por varios años. La comparación del material sobre mis otros enfermos con los acontecimientos de la vida cotidiana fue una época fecunda. (1921), en la carta 30, Groddeck vuelve a mencionar a esta paciente con más detalles: […] Fue en aquel momento que inicié el tratamiento de una mujer gravemente enfermo: fue ella la que me obligó a hacerme psicoanalista. Espero que me dispense de entrar en detalles sobre la larga historia de los sufrimientos de esa mujer. Esto me resultaría desagradable porque no logré, por desgracia, curarla completamente, aunque en el curso de los catorce años de nuestro conocimiento y de tratamiento, su salud ha mejorado a un punto que nunca podría esperar. Pero para asegurarle que la suya era una sólida enfermedad “orgánica”, por lo tanto real, y no un mal “imaginario”, una histeria, como la mía, le digo que en los años inmediatamente anteriores a nuestro encuentro, había sufrido dos operaciones serias y me había sido enviada por su último orientador médico en calidad de candidata al hoyo, en un estado de aniquilación por un arsenal de digitalinas, escopolaminas y otras inmundicias. Al principio, nuestras relaciones no eran fáciles. […] Pero lo que me chocó fue que, a pesar de una notable inteligencia, ella disponía de un vocabulario ridículamente restringido. Para la mayoría de los objetos, ella usaba perífrases, de modo que, por ejemplo, decía, en lugar del armario, “aquella cosa de ropa” o, en lugar del cañón del calentador, “aparato para el humo”. Y decía no soportar ciertos gestos, por ejemplo, morder los labios o jugar con bellotas que decoran las sillas. […] Yo percibía que en mi paciente había una mezcla estrecha de lo que se convenció llamar de manifestaciones físicas y psíquicas, pero la manera por la cual eso se había producido y el modo de auxiliarla yo no sabía. […] En aquella época yo todavía no conocía la noción de transferencia, pero me sentía contenta con la aparente “sugestibilidad” del objeto del tratamiento y me apresuré a servirme de eso, conforme a mi hábito. (GRODDECK 1921, 2004: 211, 212) En la carta 31: […] Después de la Srta. G me había elevado al grado de médico-madre, ella se hizo más confiada. Ella accedía a entregarse a todo tipo de “ocupaciones”, como ella llamaba mis actividades de masajista, pero seguían las dificultades a la hora de la conversación. […] He tenido conocimiento de los símbolos. Esto debe haber ocurrido de modo insensible, porque no recuerdo cuando percibí que una silla no era sólo una silla, pero podía ser un mundo, que el pulgar es el padre, que él puede calzar botas de siete leguas y convertirse después , en la forma de un índice estirado, símbolo de la erección; que un horno calentado es una mujer ardiente y que el tubo de la caldera es el hombre; que el color negro de ese tubo causa un miedo inefable porque es el negro de la muerte, porque ese inocente calefactor representa las relaciones sexuales de un hombre muerto con una mujer viva … […] Lo que primero aprendí sobre el psicoanálisis fue el símbolo , y él no me abandonó más. […] El hecho de que la vida psíquica sea una constante simbolización era tan es evidente a mis ojos que alejaba con impaciencia la inoportuna masa de ideas y sentimientos nuevos-al menos en lo que me afecta- para arrojarse con una prisa frenética en la pista del efecto por la revelación de los símbolos sobre los órganos enfermos. Y para mí ese efecto era algo mágico. […] Junto con los símbolos, mi paciente me enseñó a familiarizarse prácticamente con otra singularidad del pensamiento humano: la obsesión con las asociaciones. Pero lo esencial venía de la Srta. En esta visión retrospectiva de Groddeck, se puede percibir que la atención a la Srta. G. indicó un nuevo método de atención y que sólo más tarde Groddeck percibió que se trataba del psicoanálisis freudiano (GODDECK 1921, 2004, pág. 215, 216) . Dos ideas importantes para su obra posterior están presentes en el caso de la señorita G .: el símbolo y la asociación de palabras. La noción de símbolo y de simbolización comienza a ser desarrollada por Groddeck en las Conferencias Psicoanalíticas, más específicamente a partir de la segunda conferencia (23 de agosto de 1916): […] En todo encontramos la misma simbología. Es importante el hecho de que las cosas no estén cerradas en sí mismas, de que el mar no sea sólo mar, sino también madre, de que la Iglesia no sea sólo Iglesia, sino también la madre; de que los pensamientos de eternidad sean madre. El mundo está lleno de símbolos. Este es también el significado de los diferentes mitos que giran en torno al asesinato de la madre, del padre y del hijo, de los hermanos y hermanas. Son mitos que ilustran los sentimientos más profundos del ser humano y únicamente permiten que se sospeche de ellos cuando se los consideran como símbolos, como cosas que nos revelan el reflejo de la vida. 78 La asociación de palabras se menciona por primera vez en la decimoséptima conferencia (6 de diciembre de 1916): Esta vez me siento en la obligación de abordar algo que debería haber tratado anteriormente: las asociaciones de palabras. […] la audición de una palabra determinada acarrea un sinfín de asociaciones completamente extrañas al tema. […] No todas estas asociaciones pueden ser reducidas inmediatamente a fenómenos sexuales, pero en la vida de todo ser humano existe una cantidad tal de recuerdos agradables y desagradables, de sueños e historias esbozadas, que resulta sorprendente que el sonido de las palabras no que provoque más daños que el que ya ha provocado. Todas nuestras preocupaciones son producidas por asociaciones que se desarrollan en el subconsciente, pero que pueden ser percibidas si examinamos con atención cada caso concreto. Los dos conceptos, símbolo y asociación de palabras, van a ser desarrollados a lo largo de las conferencias posteriores y pasan a formar parte del acervo conceptual y clínico de Groddeck en su período psicoanalítico. (Da Costa, 2005)

Groddeck siguió trabajando por la senda que había encontrado, tenía éxito con sus enfermos, su trabajo era original… hasta que se dio cuenta del parecido de sus ideas y las de Freud. Así que le escribió una carta haciéndole partícipe de sus planteamientos, sin dejar de señalar que él no establecía diferencia alguna en cuanto a la etiología entre las enfermedades llamadas mentales y las somáticas, simplemente eran diferentes formas de manifestación de una misma realidad, por lo que no había razón para hacer distingos en cuanto al tratamiento, basado siempre en la transferencia y la resistencia. Freud no sólo aceptó sus asertos sino que además le confesó, taimadamente, que no eran originales pues el mismo Ferenczi estaba preparando una serie de trabajos que iban en esa dirección; así que desde ese momento lo reclamaba para su círculo. A partir de entonces trabó relación personal con él y siempre desde un segundo plano que intentaba mantener su independencia pasó a formar parte del círculo de psicoanalistas, detalló sus ideas y las plasmó en gran número de textos que hicieron que Ferenczi le bautizase como el descubridor del psicoanálisis ‘in organicis’. (Cagigas, 2001)

Con su teoría Groddeck afirmaba que la enfermedad tiene un sentido, un significado, queremos expresar algo y no podemos hacerlo por otros cauces así que recurrimos a la enfermedad y no importa que sea corporal o mental, todas son iguales, una expresión de una intención oculta. Esta intención oculta proviene del Ello, concepto que él desarrolló y que fue su creación más original. El Ello es lo que nos hace vivir, la fuerza vital que nos mueve a nosotros y al mundo. Esta fuerza de la que no somos conscientes nos determina, nos vive mientras creemos que somos nosotros quienes vivimos, nos hace ser como somos, necesita expresarse y lo hace a través de nuestro cuerpo y nuestra mente; el Ello se expresa mediante el símbolo y la enfermedad es una de sus formas. El Ello traspasa todas las fronteras y sus procedimientos son idénticos en un suceso mental como el sueño y en un síntoma orgánico, así que la forma de encarar ambos fenómenos y de entenderlos no ha de ser diferente. (Cagigas, 2001)

Hasta este momento Groddeck había hablado de la influencia del símbolo en el síntoma, a partir de entonces trabajó sobre el símbolo como un síntoma más, utilizando las peculiaridades del lenguaje y del arte para probar lo estrechamente ligados que están el símbolo y la vida. Así realizaba una lectura del cuerpo como si éste fuera un texto, letra hecha carne, utilizaba el lenguaje de una forma muy rica, sin ninguna restricción, como una herramienta de conocimiento y de trabajo, éste es el uso que del lenguaje debe hacer el médico pues debe desesclerotizar el lenguaje del enfermo petrificado en la enfermedad devolviéndole su plena capacidad de expresión; para eso el médico ha de ser capaz de usar el lenguaje como un artista.

De este modo cerraba un círculo, había empezado estudiando la enfermedad manteniendo que el síntoma es un símbolo, una representación de un proceso interno, ahora trataba las palabras como síntomas proclamándolas instrumentos de interpretación y sustituyendo así el psicoanálisis por la etimología. A través del procedimiento etimológico las palabras se encaman, se hacen cuerpo vivo informándonos de la historia de la creación del lenguaje como de la creación de un cuerpo, de un microcosmos dotado de sentido. Este estudio del símbolo le· permite comprender asimismo el cuerpo humano como un todo formado por diferentes partes, corazón, tripas, ojos…, donde cada una de ellas se puede estudiar también como un todo; y más allá del cuerpo el símbolo le sirvió para comprender la bisexualidad del ser humano, un ser formado por dos partes, lo masculino y lo femenino, donde la civilización reprime una parte para imponer la otra, escindiendo al individuo en una persona, en una máscara, aunque sin aniquilar la posibilidad de una integración, base de la salud, que puede lograrse asumiendo la dualidad del símbolo. (Grossman 1965, Cagigas 2001)

Nasamecu, del latín Natura sanat, medicus curat (la naturaleza sana, la medicina cura), que expresaba la creencia básica de Schweninger, fue publicado en 1913, gozó de amplia popularidad, pero antes de que tuviera muchas semanas de publicado, Groddeck ya lo lamentaba. Se encontró en la incómoda posición de oír como elogiaban por doquier su libro, no por su premisa, La naturaleza sana, que él consideraba válida sino por su ataque al psicoanálisis freudiano.

En comparación con las críticas llenas de vituperios que entonces abundaban, el ataque era suave, pero él lo consideró injustificado.

Había escrito:

Especialmente en los últimos años los acontecimientos de la vida diaria y los misterios del sexo se relacionan con una facilidad acaso excesiva. Un cambio de las leyes morales parece en vías de producirse, cuyo resultado nadie puede predecir si conducirá a la elevación o a la decadencia de la humanidad… El problema del psicoanálisis es ir mediante la exacta investigación de lo más íntimo del corazón de síntomas de toda clase de físicas o psíquicas a tremendas experiencias psíquicas que el paciente sufrió en la primera infancia y que son principalmente de carácter sexual… Ahora los psicoanalistas consideran que su tarea particular es la revelación de esta experiencia, mostrando que es inofensiva, explicándole al paciente el desarrollo de sus sufrimientos a partir de su vano intento de matar las ideas y curándolo de esta manera. Reconozco que Freud, el

fundador de este movimiento, ha ampliado considerablemente nuestro conocimiento de la mente.

También aprecio la competencia y el sorprendente éxito de este tratamiento en casos especiales y por médicos especializados… No obstante los casos de enfermedad que requieren urgentemente ese tratamiento y en que ningún otro podría sustituirlo, son escasos. Los médicos lo suficientemente grandes poco egoístas y bondadosos para practicar ese tratamiento sin perjudicar al paciente, son todavía más escasos. De una vez por todas él (el paciente) se convierte en el esclavo de su médico, siente las cadenas aunque tenga el valor de liberarse de ellas. Hace falta una mente fuerte para liberarse… Ni siquiera los psicoanalistas con elevación de espíritu pueden evitar esta dificultad. ¿Y cuantos tienen esa elevación de espíritu?.

Todo este movimiento tiene aproximadamente el mismo efecto qué tomar una jeringa de morfina e inyectar a todas las personas que tienen algún dolor. Ahora son principalmente los médicos los que utilizan el peligroso veneno del psicoanálisis. Pero esto no durará mucho. Esta práctica no quedará dentro del círculo de los médicos. Se extenderá como una epidemia, ya se ha extendido… Que deplorable será si todo el que imagina que tiene un conocimiento psicológico remueve los secretos de amigos, parientes o protegidos. Todo el mundo lo imaginará, porque todo el mundo, en el carácter de padre, maestro, tutor, amigo o marido, se ve obligado a practicar alguna especie de psicología. Será como tocar el piano. Como existen dos o tres grandes pianistas, todos los niños y niñas de escuela tienen que sentarse frente al instrumento de tortura. Pero el piano mal tocado sólo perjudica los oídos, y jugar con el psicoanálisis desgarrará innumerables corazones. El que haya conocido a un infeliz paciente que ha pasado por las manos de psicoanalistas expertos y escrupulosos sin encontrar la curación debe preguntarse que habría pasado en caso de caer en manos de un charlatán. Algunos son ya tan fatuos qué creen entender todos los secretos del pensamiento y la poesía porque ahora aparece impreso en los libros que los sueños pueden explicarse sexualmente y que los niños saben mucho más del mundo qué lo que pueden creer los padres pudibundos y ciegos. El hombre sigue siendo el mismo. Descubre una pequeña verdad y cree que es un dios que lo entiende todo.

Algunos de los temores de Groddeck resultaron justificados, Jones escribió acerca de personas no preparadas que se constituían en maestros del psicoanálisis y poniendo anuncios en periódicos ingleses ofreciendo cursos de preparación, todo el que haya oído la palabra psicoanálisis tiene una opinión sobre ello, los chismes el escándalo y la mala información se difundían rápidamente.

Groddeck daba conferencias a sus propios pacientes, revisemos algunos fragmentos de estas conferencias:

Primera Conferencia. 16 de agosto de 1916.

La relación entre médico y paciente es una relación excepcional: se caracteriza por la entrega confiada del enfermo a su médico. El enfermo debe colaborar, y esto es lo difícil, porque implica una confianza excepcionalmente grande por su parte. Pues bien: conquistar tal confianza es la primera tarea del médico. Pero ni aun entonces dejan de surgir entre médico y enfermo desacuerdos, que por lo general tienen que ver con la noción de “alma”. Y es realmente grave que la expresión “cuerpo y alma” se haya generalizado en la humanidad. Creer que pueda existir un cuerpo como algo independiente del alma es un error. Se trata de una singular idea que se le ha ocurrido a la humanidad moderna. Ante esta afirmación formulemos sin contemplaciones la pregunta que surge de allí: ¿podemos representarnos un cuerpo sin alma, o a la inversa? En principio, podría pensarse en un alma sin cuerpo, pero es imposible representarse un cuerpo sin alma; por lo menos, un cuerpo vivo. No hay ser humano que pueda ser concebido como cuerpo inanimado; sin alma, no hay vida. Ni aun temporalmente puede el alma abandonar el cuerpo, ni durante el sueño, ni en el desvanecimiento, ni en la hipnosis. En todo momento el cuerpo vivo está animado. “Cuerpo” y “alma” son expresiones muy peligrosas. No existen males del cuerpo, pero sí males del alma, por más que en el lenguaje usual no haya un término exacto para referirse a ello. Cuerpo y alma, es un todo; el ser humano no tiene dos funciones. Yo no acepto que existan males del cuerpo, y por consiguiente elimino el estigma que nuestra época pone sobre los males del alma. Al mal del alma se le llama “estar enfermo”. El hombre moderno quiere que el médico le dé un diagnóstico, quiere saber qué le pasa. Yo nunca puedo hacerlo. El diagnóstico carece de valor y es inútil si no comprende al ser humano en su totalidad. Al problema del “alma” y del “cuerpo” se añaden, pues, los males del alma, y también el término “histérico”. Hace ya años que no empleo este término a no ser con muchas reservas. Es necesario que cada cual aclare sus ideas acerca de este término, porque se ha convertido en una plaga, lo mismo que “neurótico”, “neurasténico” o “nervioso”. Este estado no es una falta de energía y por lo tanto no es superable con energía. A consecuencia de esta idea se ha hecho más difícil la curación, y así se ha eternizado el combate entre las dos almas. Porque el ser humano tiene dos almas: una consciente y otra inconsciente. Una coincide en cierto modo con la razón o la voluntad, y la otra coincidirá, entonces, con el instinto, que en el ser humano es notable. Del combate entre estas dos almas provienen todas las enfermedades. El alma inconsciente rige todo. No sólo posibilita nuestra existencia y hace latir el corazón, digerir los alimentos, y gobierna los ojos y todo el cuerpo; sino que también rige nuestra vida diaria, nuestro arte, nuestra literatura, nuestros actos, la guerra y la paz: todo es movido por instintos inconscientes, no por la razón. (Groddeck, 1983)

Segunda Conferencia. 23 de agosto de 1916.

No pienso que haya realmente dos almas. En mi opinión, existe un ser humano que nos podemos representar cómo se quiera. Hoy deseo que consideremos lo siguiente: uno mismo no vive, sino que es vivido. Con el tiempo cada cual irá encontrando la manera de entender lo que digo, y de ello cada uno tiene el derecho de tomar lo que desee. El que quiera tratarse conmigo debe tener al menos una noción de lo que pienso. Por tanto, trataré de hacer comprensible mi manera de pensar. Lo más importante en la vida humana es la infancia. Es una etapa difícil acerca de la cual sólo puedo proporcionar informes muy incompletos. Es necesario observar que todo lo que es el ser humano ha surgido de los tres primeros años de su infancia y que no sin razón se han borrado estos años de nuestra memoria, lo cual debe incitarnos a buscar las razones: ¿a qué se debe que esos tres años se hayan borrado por completo, hasta el punto de suponer que no son nada? Porque, a fin de cuentas, nos proporcionan todo lo que poseemos en nociones y representaciones, y como trabajo constituyen una realización que jamás se efectúa posteriormente. Tiene un sentido el que esos tres años se hayan borrado de nuestra memoria, pues el peso de su recuerdo no nos permitiría vivir. Si esos recuerdos no se hubieran apagado, nunca nos separaríamos de los padres, y nos sentiríamos aplastados por la conciencia de la pequeñez, por la conciencia de que existen otros seres que son superiores a nosotros. Hay que representarse el hecho de que en todos nosotros existe un niño. Lo esencial es el niño desde el nacimiento hasta los tres años. No nos damos cuenta de que el niño ya piensa antes de haber nacido, que es un ser vivo con impulsos que ya se manifiestan. El que ocurra así es un misterio, y se requiere mucho valor para abordarlo. En cada enfermo y en cada ser humano el niño hasta los tres años es el factor esencial de vida. En el curso del cuarto año es cuando sobreviene generalmente el gran corte que hace que se consoliden influencias externas, que el individuo ya no viva a partir de sí mismo, y que ordene su vida según el punto de vista de los adultos, a través de la historia, la moda y un sinfín de cosas más. Hasta los tres años, el niño vive como un ser soberano, independiente, atendido como un príncipe, como un ser que puede pensar como quiera. Desde el momento en que se inicia la educación, el niño es apartado de su camino, se le imponen hábitos que no han crecido con él, y son personas extrañas quienes se los imponen; los padres, los hermanos, las hermanas. Desde ese mismo instante comienzan los combates de la vida, y comienza también la tentativa de volver al estado infantil anterior. Como adulto, uno nunca se encuentra en pleno centro de los acontecimientos; se mantiene por encima de ellos o se oculta debajo. Es interesante observar en estas relaciones la vinculación del niño con los padres. Pero ahí está en primer lugar la relación con la madre, que es decisiva, porque comienza antes del nacimiento y dura, si consideramos bien las cosas, hasta el fin de su vida. El ser humano nunca se libera de su madre; ella lo acompaña siempre, y a menudo de una manera que resulta favorable o desfavorable a la vida. Casi siempre ambas cosas a la vez. No en vano se da más importancia al amor entre la madre y el hijo. Pero no se trata en absoluto de una simple relación amorosa; no es tan sólo amor. Hay instantes en que la madre no ama al niño, en que le odia, en que desea que esté lejos, que muera. Y otro tanto le sucede al niño, porque la mayor parte de las veces la madre obstaculiza el libre desarrollo de su personalidad. Esto se explica a través de la oposición entre la vejez y la juventud. Ahí también actúa la relación entre el que manda y el que obedece. No es cierto que una madre ame siempre a su hijo, y a la inversa; del mismo modo que un hombre no ama siempre a la misma mujer. (Groddeck, 1983)

Tercera Conferencia. 30 de agosto de 1916.

Quiero seguir aún con las relaciones entre madre e hijo, que podemos extender a los abuelos y a los orígenes del mundo. Vuelvo a referirme a la vida prenatal. En la vida del enfermo, la supresión de los símbolos que nos rodean juega un gran papel. Conviene llamar la atención sobre la relación entre la madre y el mar. Si la ampliamos obtenemos una conexión que podemos hacer extensible a la tierra. Se habla del seno materno y del seno de la tierra, y tenemos buenas razones para hacerlo. Si observamos cómo camina un individuo de temperamento artístico, veremos que suele detenerse, interrumpiendo su marcha; si le preguntamos la razón, tal vez señale un árbol que se alza ante él; el árbol lo ha desconcertado y ha despertado una cadena de pensamientos, que se revela en su modo de hablar acerca del seno de la tierra, del tronco del árbol y finalmente del árbol genealógico. Es uno de los ejemplos más claros de la vida simbólica. Si nos paramos a considerar cuál es el tipo de troncos que desconciertan al ser humano, advertimos que recuerdan a una representación del acto sexual. En la tierra se ve a la mujer; en el árbol, al hombre; en el cielo, al cuerpo del hombre. La persona de temperamento artístico siente de pronto que allí hay algo particular. El hombre es un árbol y el aparato sexual del hombre da la impresión de un tronco; lo podemos comprobar en innumerables matices del lenguaje. Continuamente nos hallamos ante la propuesta elemental de que el hombre es un árbol. Nadie duda en colgar un árbol genealógico en la pared, pero sí en hablar acerca de cosas sexuales. Hasta ahí llega la mojigatería. El anillo conyugal no tiene otro significado que el del órgano sexual femenino, que va unido al órgano sexual masculino. Son dos ejemplos evidentes de lo que son los símbolos. Del seno de la tierra me gustaría pasar a la labranza. Hay un gran parecido entre los hechos que se producen en la labranza y los de la concepción y el nacimiento. Ahora se dice que la idea de la labranza surgió de la mujer, y no es inverosímil. El parecido es tan sorprendente que bien podemos detenernos en él por un momento. La tierra es desgarrada por la reja del arado; el surco en el suelo corresponde al surco en el que se introduce el miembro viril. Se deposita la semilla, y de ahí resulta el fruto, de la misma manera que el hijo es fruto del germen. No hay en el mundo un solo átomo creado o concebido por el ser humano que no esté en estrecha relación con la vida sexual, y ésta, aun sin ser una determinante exclusiva, es no obstante un fenómeno primordial. Si una cultura lo niega, labra su perdición, porque se aparta de los impulsos verdaderamente creadores del ser humano. Resulta curioso que sea exactamente el mismo término, el que designa el germen de la tierra y el germen del hombre. Quiero también llamar la atención sobre la Iglesia. Se habla del seno de la Iglesia y también se representa a la Iglesia como madre, y a veces igualmente como novia. Examinado estas cosas, llegamos a un curioso simbolismo. A mucha gente le incomoda un campanario, sin saber las conexiones. El edificio de la iglesia no es nada más que la simbolización de la unión del hombre y la mujer. La iglesia tiene algo atrayente. Cuando, de paseo, advertimos desde lejos una iglesia, ésta siempre atrae nuestra mirada, porque el campanario se vincula con la bóveda del edificio, que expresa la conexión entre el hombre y la mujer. El gallo sobre el campanario significa asimismo el hombre, el aparato viril, que es el arma y la salvaguardia del hombre. Todas las demás armas derivan de ahí; también el hecho mismo de la guerra. El término “vida sexual” se encuentra desvalorizado, pero lamentablemente no existe otra expresión que lo sustituya. Es un buen término y no debemos atemorizarnos. Nunca nos indignaremos demasiado ante esa resistencia, pues se trata de una “reconciliación”, de una intención pacificadora, y es monstruoso que se le haya dado a la expresión un significado desagradable, esto es, “malo” ( schlecht ); aunque, por otro lado, schlecht no significa en realidad sino lo mismo que schlicht (simple y recto). Volviendo al edificio de la iglesia. El templo expresa las mismas relaciones; también en este caso se ha construido arquitectónicamente de la misma manera. El templo judío lo indica con mucha mayor claridad. Hay un sancta sanctorum y un tabique (Scheidewand, o sea, literalmente, pared vaginal) a través del cual únicamente puede entrar el sacerdote. Es una virgen, en la que sólo se permite la entrada al esposo. Todas estas cosas son demostrables, y las menciono por que juegan un gran papel en la vida humana y en las enfermedades. Del campanario, que provoca vértigos cuando se lo observa y ataques de apoplejía y fracturas de piernas, pasamos a la chimenea de una fábrica. ¿Por qué es tan fea? Únicamente porque también ella es un símbolo feo al faltarle la mujer. Es sólo un miembro viril bajo el cual hierve la caldera: un índice del deseo. Estas chimeneas no sólo alteran el paisaje con su humo y su línea sobresaliente, sino que además dan la sensación de que hay ahí algo que no está en orden, algo que no debería mostrarse en público. Y además algo curioso: en una de muestras ciudades más piadosa, célebre por su devoción, hay al mismo tiempo una gran industria, que ha encontrado la solución entre la santurronería y los instintos propiamente humanos. Ya no es en absoluto necesario construir chimeneas; son superfluas y caras. Tan pronto como se quiere construir una nueva fábrica o modificar una antigua, el primer problema es: ¿dónde irá la chimenea? Y no se pone una, sino dos, tres; cuantas más haya mejor. Esta supuesta devoción que sólo es una costumbre absurda, pretende encubrirlo todo de este modo; pero súbitamente, cuando menos se piensa, aparece el contenido. Nuestras leyes morales no son más que leyes de conveniencia, modas. Fumar, usar anillos y prendedores, plumas, flores y pájaros en el sombrero, llevar bastón, todo es lo mismo, además de no ser fecundo.

Sexta Conferencia. 20 de septiembre de 1916. Al comienzo llamé la atención sobre el hecho de que la relación entre madre e hijo no es en modo alguno sencilla, sino muy complicada; hoy quisiera dejar claro los factores que influyen y hacen cada vez más estrecha esta relación. La naturaleza procede en este caso con cierto refinamiento. Cuando nos imaginamos a un niño pequeño, lo primero que viene a la mente es la palabra “lactante”, y esto nos lleva a las condiciones particulares de la alimentación del niño. La mujer, la madre, da el alimento al niño, y ahí acaba todo, mirándolo superficialmente. Pero las cosas no son tan simples. Cada vez surgen más movimientos que se declaran totalmente contrarios a la alimentación de la criatura con biberón. Junto a este problema, de la alimentación, hay otra cosa que juega su papel. Es ante todo el hecho de que sea una mujer quien alimenta al niño. En condiciones normales, esta mujer es la madre, y este sentimiento hace aumentar el sentimiento de responsabilidad y protección en ella, despertando en el niño el sentimiento de dependencia materna y de no poder vivir sin su ayuda. Pero ambos factores pasan a un segundo plano si se considera que a todo ello se le añaden una serie de procesos corporales que se manifiestan a través de un sentimiento de placer por ambas partes. La madre amamanta al niño y esto le produce un sentimiento de gran bienestar; el amamantamiento influye de modo favorable sobre los dolores del posparto, estimula la contracción del útero y lleva al restablecimiento de la mujer. Si la madre no amamanta al niño, se siente indispuesta, pues cuando los pechos están repletos cada mamada es un alivio para ella. A esto se suma la sensación provocada por el contacto de los labios infantiles en el pecho. Es erróneo no prestar atención a este aspecto. Freud lo ha puesto de relieve, pero aún no se ha grabado claramente en las conciencias. El pecho femenino es el órgano más sensible que existe. El contacto de los labios infantiles, tan suaves provoca en la madre un sentimiento de felicidad reforzado por la succión del pezón y el contacto de la lengua; esto se advierte en la expresión de la madre cuando da de mamar y se confirma por lo que ella misma dice en tanto quiere y puede decirlo. Todos los gestos del amamantamiento producen un gran bienestar en la madre y más aun en el niño. El contacto del pecho cálido y suave y el hecho de estar recostado sobre él son extraordinariamente decisivos para el niño. A esto se añade el olfato, que también interviene. El pecho de la madre está situado cerca de la axila y por tanto el olor de la madre estimula al niño, de manera inmediata. Es una impresión que permanece siempre. Tal vez este olor le resulte después desagradable, pero de un modo general, este primer período de la vida es decisivo para el órgano olfativo del niño. Lo mismo ocurre con la madre, que también respira el olor de su hijo. Ambos sentidos, tacto y olfato, están, pues, sensiblemente activados, cosa que no ocurre en la misma medida con la vista, ya que sólo entra en acción más tarde aunque también de manera decisiva. Se puede suponer que el hecho de oler y tocar a la madre, al mismo tiempo que tiene lugar la succión del alimento, y el sentimiento de saciedad, se convierten en el fundamento más importante de los sentimientos del niño hacia la madre. También para ella la succión del pecho es un acto intensamente revestido de carácter sexual. (Groddeck, 1983)

Décima Conferencia. 18 de octubre de 1916.

Antes de abordar mi tema quisiera destacar que ha tenido muy poco efecto mi petición de que se me apoye, comunicándome experiencias personales y observaciones propias; reitero, de nuevo, mi invitación. A mi exposición última sobre el sistema renal y urinario hay que añadir aún algunas observaciones complementarias. Aquí hay que tener en cuenta algunos hábitos infantiles. Hay uno que puede observarse diariamente en la habitación de los niños; se trata de la curiosa costumbre que tienen éstos de retener el mayor tiempo posible la evacuación de la vejiga. Por lo general sucede que hay que obligar al niño a efectuarla, desde muy pequeño. A partir de aquí podemos comprobar el fenómeno por el cual a los niños les gusta retener la orina y si pueden dar largas al asunto. Mueven las piernas, se balancean y se ve claramente que la vejiga debería ser evacuada; pero no lo hacen. Suele decirse que los niños son soñadores, que se enfrascan en su trabajo o se sumen en sus juegos. Esto es inexacto. Lo que sucede es que la presión de la vejiga provoca en los niños una sensación satisfactoria, siente placer con la mayor elevación de la presión sanguínea y con la tensión de los órganos del bajo vientre, provocada por la retención de agua. Los padres tienen un oscuro presentimiento de ello, ya que, por la forma en que la madre manda al niño, se diría que habla por experiencia propia, sintiendo que es un acto de autosatisfacción que no desea tolerar a su hijo. La cuestión es interesante y de importancia, porque nos permite echar una mirada sobre la secreta forma en que el individuo es capaz de proporcionarse cierta satisfacción sin tener conciencia de ello. Esta observación sobre la satisfacción inconsciente puede tener lugar miles de veces en la vida. El ser humano es el prójimo de sí mismo y se ama por encima de todas las cosas. Todo individuo debe tener una vaga conciencia de ello; si no, no comprenderá el mundo. Una segunda particularidad es la incontinencia de orina, que en unos niños cesa antes y en otros después, y que ocurre en condiciones muy semejantes. Se trata aquí de una serie de fenómenos entrelazados. La evacuación de la orina se realiza a través de los órganos sexuales y es un juego previo de lo que posteriormente será el goce sexual propiamente dicho. Esto ya forma parte de la vida infantil bajo la forma de incontinencia nocturna. Además hay otras cosas que deben tenerse en cuenta; así, lo que es decisivo en este caso es el acto de dormir profundamente y también el sueño. Cuando se duerme profundamente, los músculos y los órganos se relajan. Es por encima de todo un acto de rememoración de las condiciones prenatales, y del deseo de regresar al estado de flotación en el cuerpo materno. Y más importante es la especial amalgama que acompaña a todas estas cosas. El ser humano tiene una relación particular con la suciedad y la vergüenza. No experimenta en absoluto, de forma espontánea, rechazo alguno para con el sentimiento de vergüenza y confusión. Y este último es incluso buscado y deseado. Los niños no conocen nada más hermoso que correr completamente desnudos, o presentarse de una manera que creen inconveniente. O bien, si hay invitados, el niño aparece de pronto en camisón y da las buenas noches. Esto se pone de manifiesto en la manera que un niño tiene de imponer a toda la familia que se reúna a su alrededor mientras defeca. Sabe ponerse en una situación mediante la cual atrae la atención en ese momento. (Groddeck, 1983)

Decimoseptima Conferencia. 6 de diciembre de 1916.

Esta vez me siento en la obligación de abordar algo que debería haber tratado con anterioridad, las asociaciones de palabras. La última vez puse de relieve que las dificultades en la lectura están basadas en el hecho de encontrarse con una palabra determinada en una página, palabra que uno aparentemente se salta, pero que conduce a una asociación e impide que la atención del lector permanezca centrada en el texto. Su vista sigue fija en éste, pero un impulso interno lo fuerza a orientar su pensamiento en una nueva dirección, y como consecuencia de esta lucha ya no sabe qué ha leído, porque sólo los ojos estaban en la lectura, pero no el cerebro. Pero esto es aun más importante en la vida cotidiana y en la conversación que en la lectura, solo que la gente se da poca o ninguna cuenta de que la audición de una palabra determinada acarrea un sinfín de asociaciones completamente extrañas al tema. La represión se produce con gran rapidez, pero a pesar de ello el problema sigue en pie. La importancia de esta perturbación no reside en el hecho de que uno se haya distraído un cuarto de hora, sino en la repetición, es decir, en el hecho de que el ser humano se ve mil veces al día empujado por las palabras hacia una serie de pensamientos complejos, y otras tantas vuelve a desecharla. La repetición frecuente actúa de forma destructiva, fatiga al ser humano y lo hace incapaz de actuar. No todas estas asociaciones se pueden reducir inmediatamente a fenómenos sexuales, pero en la vida de todo ser humano hay una cantidad tal de recuerdos agradables y desagradables, de ensueños e historias esbozadas, que resulta asombroso que el sonido de las palabras no provoque más daño que el que ya ha hecho. Todas nuestras preocupaciones están producidas por asociaciones que se desarrollan en el subconsciente, pero que se pueden detectar si se examina con atención cada caso concreto. Ahora debo rogarles que me disculpen, porque el tema que voy a tratar es, ciertamente, ajeno al médico, aunque de él conozco algunas cosas. Cuando se consideran de manera fugaz las asociaciones de palabras, hay unos cuantos hechos importantes que nos sorprenden en primer lugar: la rima, la aliteración y el ritmo. En el caso de la aliteración, una palabra trae a la mente otra: Stock und Stein (bastón, palo, y piedra). Ahí, nos vienen a la cabeza centenares de ejemplos que nos muestran cómo se constituyen las asociaciones y lo imposible que resulta evitarlas. Estas series se multiplican más con ayuda de la rima y el ritmo. Cuando se dispone de una palabra y se buscan otras por medio de la rima, de pronto se cae sobre una en la cual nos detenemos, porque esta última posee algo que nos perturba. Hay una idea opresora que está vinculada a ella, y ya no es posible ir más lejos. O bien, sucede como en la rima: Rock und Stock, Stein und Bein (vestido y bastón, piedra y pierna); las posibilidades son diversas. Lo importante es que dentro de esa cadena de asociaciones en alguna parte hay una que gravita y exige un serio esfuerzo si se la quiere aislar (entresacar). Al comenzar la enumeración cité una palabra cuya capacidad de asociación es infinita: Stock, que es el palo, el bastón, y Stein , que es la piedra, el escollo. Stock: cuando se piensa en la cantidad de veces se conversa con personas que hablan embarazosamente ( Stocken: vacilar, cortarse al hablar), se descubre todo lo que esto significa. Muchas personas tropiezan no sólo con la palabra, Stock , sino también con su forma: ven un palo. El mejor ejemplo es el de Friedrich Nietzche. Si examinamos su vida y leemos sus escritos, llegamos a la conclusión de que se destruyó en un eterno combate a palos, con el bastón. Ciertamente, es algo que he observado en este hombre, porque me interesa psicológicamente y porque esta es mi firme convicción: en primer lugar, nunca fue un enfermo mental y no padecía reblandecimiento cerebral; en segundo lugar, el principal fenómeno que en realidad provocó su mal, la sobrecarga psíquica, fue la palabra sadismo. Este es un ejemplo grandioso de la fuerza devastadora de las cosas. En el caso de Nietzsche no se trata simplemente de una enfermedad mental, sino que toda su vida está agobiada por una carga espantosa de accesos de jaqueca, por una grave enfermedad de los ojos y síntomas gástricos que sus médicos nunca pudieron explicarse realmente. A veces mejoraba temporalmente, pero de un modo general estuvo perseguido por todo ello durante toda su vida. Era un proceso que se detenía cuando Nietzsche salía de sí mismo, y también gracias a su brutalidad, pero no eliminó del todo las consecuencias nocivas de esa represión. Recordemos esta extraña anécdota de su vida: cuando tenía doce años se apoderó de una caja de fósforos encendidos y se quemó la mano, presuntamente para demostrar que el acto heroico de Scevola no era para tanto; pero en realidad lo hizo para sufrir. Con un extraordinario refinamiento no dejó de depararse nuevos dolores, psíquicos y físicos, porque no contaba con un buen cauce para sus pulsiones y no se atrevía a elaborarlos en la fantasía. Cito esto para ilustrar lo que una sola palabra puede provocar y de qué modo tan efectivo ésta hace que un ser tropiece, cómo le bloquea en el camino de su vida y le hace darse de bruces una y otra vez en la misma piedra. Aliteraciones por el estímulo surgen a menudo en la vida cotidiana. Y aquí merece la pena citar otro ejemplo. La última vez llamé la atención sobre la relación entre Wald (bosque) y Gewalt (violencia). Cuando se oye la palabra Wald se piensa en Wiese (pradera), wild (salvaje), Wut (furor), wüten (rabiar, enfurecerse). Wald conduce a Waldemar, Wladimir, nos conduce a Polonia en guerra, y de ahí a Hindenburg, lo cual lleva a Hintenburg (castillo trasero), que golpea a la gente. Y el asunto continúa, sólo que la gente no toma conciencia de ello. Y estaría bien que fuera consciente de estas asociaciones y de las perturbaciones provocadas por ellas. Inténtese prescindir por un instante de la razón y escójase una palabra al azar, de entre las palabras que se le ocurran. Al escribirlas se descubrirá que tienen un sentido; si entre ellas intercalamos verbos, obtenemos una palabra nueva. Habría que llevar a cabo un relato de este tipo, para divertirse, pero no tenemos tiempo, y entonces hay que reprimirlo con un gran gasto de energía. Pero sin alejarnos de la naturaleza, tenemos Wald (bosque), Wiese (prado), Bach (arroyo), Berg (montaña), Burg (castillo). Y algo más: Hügel (colina), Hülle (cubierta). ¿Por qué? Hügel, (colina) conduce a Schwanenhügel (blusa) y al hecho de desembarazarse de esta prenda. Y luego viene Brust (pecho) y también Brüstung (parapeto, pretil). Es increíble lo fuerte que es la impresión producida por las torres rodeadas de parapetos. El mero sonido Brüstung suele producirle vértigo a la gente. No lo sospechan en absoluto. Al escuchar Brüstung nos viene a la mente el recuerdo de un pecho que ya conocemos, y de ahí el pensamiento llega al abismo de la mujer, a la garganta oscura, y en seguida a la caída, y a la asociación entre caída corporal y caída moral. Si se considera una palabra cualquiera y se sigue a través de varias palabras, se llegará a lo que en rigor entiendo por fantasía; a menudo se cree que esto tiene algo que ver con lo fantástico. (Groddeck, 1983)

Decimonovena Conferencia. 20 de diciembre de 1916.

La última vez hablé de las asociaciones de palabras para pasar a los acontecimientos de la infancia que nos remiten a la escuela. Todavía habría un buen número de cosas que decir al respecto, pero preferiría dejarlas aparte. La escuela tiene un gran peso en el niño y también influye sobre su vida futura. Pero ahora desearía internarme más en el campo de las asociaciones. Además del oído, debemos tener en cuenta la vista, la lectura y la escritura. Antes que nada me gustaría que todos tuviésemos presente que hay un tiempo en que se aprende a escribir. Existe una ciencia, la grafología, que no es estúpida y nos puede proporcionar correctos conocimientos cuando no se la exagera. En los rasgos de la escritura de una persona se pueden leer muchas cosas acerca de su carácter. Expondré a continuación por qué es así y cómo puede esto fundamentarse desde el punto de vista de la medicina. Pero antes querría también mencionar algo que les hará sentir un mayor interés por la escritura. Todos ustedes conocen a algunas personas que sufren el calambre del escritor. Apenas escriben diez minutos o un cuarto de hora y ya no pueden continuar. Este síntoma se presenta en casi todo el mundo. En determinadas circunstancias, un día el brazo se paraliza, no puede seguir escribiendo. Tal vez pueda volver a hacerlo después de unos segundos, o algunas horas. Estas dificultades al escribir llevan al calambre del escritor; sobreviene una imposibilidad absoluta de continuar escribiendo: el brazo es presa de un calambre, la pluma ya no puede ser llevada hacia adelante. Este hecho se basa en una representación sexual que puede observarse en casi todos los que sufren este tipo de calambre. Estas personas tienen suma dificultad en escribir con una pluma, escriben mejor con una estilográfica, y mejor aun con un lápiz de tinta o con un lápiz común. Primero les da el calambre con una pluma corriente; entonces toman la estilográfica, para abandonarla también y pasar al lápiz. Si el asunto no se detiene aquí, entonces pasan a la máquina de escribir, y por último, también ésta se hace imposible, por las mismas razones. Todo comienza con la pluma: uno tiene la pluma en la mano, la moja en el tintero, deja correr la tinta sobre el papel con un movimiento de arriba abajo, de izquierda a derecha; y todo rápidamente. A quienes sufren de calambres se los acostumbra a escribir despacio, contando; es preciso que justamente durante ese tiempo el alma esté distraída de sus representaciones sobre todo esto. La dificultad de la escritura se basa en que la pluma es un símbolo del instrumento sexual masculino, y el tintero, un símbolo del órgano femenino; y en que estas mismas personas llevan a cabo el acto sexual de una cierta manera, un acto sexual ejecutado rápidamente. Más bien se suscita el recuerdo del onanismo, de la autosatisfacción: son exactamente esos los movimientos ejecutados en esta circunstancia. De esta manera se reúnen una oleada de representaciones que son rechazadas y que se manifiestan en el hecho de que el cerebro dice: si eres tan tonto que rechazas la representación de que la escritura es un proceso sexual, entonces no te dejo escribir nada más, y la persona contrae el calambre del escritor. Esto es lo se encuentra en todos cuantos sufren ese calambre. Ya he dicho que no sólo aparece el calambre, sino todo tipo de dificultades para escribir. Sobrevienen no sólo en los enfermos, sino también en personas sanas ante ciertas palabras o frases, o ante ciertos papeles. Siempre hay una razón sexual. En lo más íntimo de cada cual existe, aunque no lo sepa, la representación de que la escritura tiene algo que ver con las sensaciones sexuales, y esto se presenta entonces como una molestia. Que las cosas son realmente así, es algo que surge de los términos mismos: estilográfica, pluma, así como del hecho de que antes se usaba una pluma de ganso, pero sobre todo, de las curiosas representaciones despertadas por las diferentes letras y cifras. Pongámonos en el caso del niño que está aprendiendo a escribir, y tiene que escribir toda una página de doces o de cincos: es estúpido y fastidioso. Por consiguiente, no puede menos que tener una multitud de representaciones. Si se considera la forma del 1, se hacen presentes las más diversas representaciones. La primera de éstas es habitualmente la del bastón del padre. De aquí se pasa naturalmente al 1 dentro de la familia, es decir, al padre. Para todos los seres humanos, el 1 es el hombre; es el dedo. Los pueblos primitivos y los niños cuentan con los dedos. El dedo es un conocido símbolo del miembro viril. Gran número de leyendas certifican, especialmente la del cuento de Pulgarcito, que el dedo es, efectivamente, un símbolo de esta clase. Es la prueba de que el dedo se entiende realmente como miembro viril. Pulgarcito que domina al gigante. El pequeño miembro viril, no erecto aún, siempre domina al miembro erecto. Esta es, pues, la primera representación que se hace presente para el 1: el padre y el bastón, y los dos se trasladan luego al miembro viril. Con respecto al 2, la cosa es un poco diferente. Considerado simplemente desde un punto de vista humano, el 2 es la madre, y el 3 es el hijo; 1, 2 y 3 es la familia. Los tres juntos son la Santísima Trinidad. Se mezclan referencias religiosas. Si se consideran las cifras aisladas, entonces el 2 significa no simplemente la mujer, sino que además tiene, en efecto, el aire de una dama en traje de cola. Es la madre en ropa de baile, algo que le acarrea al niño particulares excitaciones y disgustos. Pero además puede percibir nuevamente los pechos, un espectáculo que en otro tiempo era su predilecto y que ahora le parece mal que se les ofrezca a otras personas y no a él. El 2 se convierte en un número desagradable para los niños y los adultos; no se escribe de buena gana, porque tiene su carga. También se lo considera como un cisne. Ahora bien, el cisne es, por su parte, un animal con fuertes connotaciones sexuales, como se expresa en la leyenda de Leda y el cisne, y también en el poema “Muchacho y cisne”, de las Fábulas animales de Spekter. A los niños les atemorizan los cisnes; tienen miedo de que se enojen y los ataquen, etcétera. Pero también, y sobre todo, está el largo cuello, que es una evocación de la parte sexual masculina. El cisne es utilizado por arriba como símbolo de la belleza, y de la fealdad por abajo. Está en relación con una división de lo divino y lo animal en el ser humano. Esta particularidad está también presente en el cisne. También el 3 tiene su carga. Si se lo mira de otra forma, significa los pechos, y también tiene relación con los golpes: se suman el 1, el padre con el bastón, y el 2, la madre en traje de baile y el cisne, que es asimismo una ocasión de recibir golpes. Exactamente lo mismo pasa con el 8; en alemán basta considerar la palabra acht (ocho), pero también nimm dich in acht (¡ten cuidado!). El 8 es igualmente un par de anteojos lo que conduce de nuevo a las más curiosas representaciones. Los anteojos son un instrumento muy raro. Goethe no podía soportar a las personas con anteojos. El anteojo es también una expresión popular para designar el hoyo de los excusados; está en relación con la forma del trasero del ser humano. En sí mismos los anteojos son extraordinariamente molestos para mucha gente. Muchas personas llevan anteojos simplemente porque tienen miedo o porque quieren ocultarse. Tienen ventaja sobre las que no los usan; mantienen ocultos los ojos, mientras que los demás los encaran sin protección. Hay una impresión muy propia de los niños: “éste lleva anteojos para estudiarte exactamente”. Antes se los encaramaba sobre la frente. Los abuelos o los profesores lo hacían mientras hablaban con toda seriedad, y habitualmente ello representaba un instante desagradable. A los niños los anteojos les traen el recuerdo de un caballo. La posición de los anteojos sobre la frente hace recordar la parte del arnés que atraviesa la frente del animal. Además, muchas personas dejan caer los anteojos sobre la punta de la nariz y miran sobe ellos, lo cual es aun peor: miran con cuatro ojos. Particularmente fastidiosos son los anteojos oscuros, porque recuerdan, además, a la lechuza, la representación del ave nocturna. Y más fastidiosos aun para muchos son los quevedos, pese a tener más sentido que los anteojos. Para los miopes, los anteojos representan un absurdo: si se los quitan, los ojos están muertos y ya no se los puede usar. Los quevedos encuentran además una justificación: en el hombre no molestan tanto como en la mujer, ya que en el caso de ésta despierta la imagen de la preceptora, de la pedante, es decir, la voluntad de hacerse notar. Los impertinentes son más agradables, pero pueden llegar a no serlo si se los utiliza de determinada manera. Hay mucha gente que no puede valerse de ellos porque tienen un mango. Asimismo el monóculo tiene sus particularidades. También el 4 tiene todo tipo de particularidades, y presenta sus dificultades. En él no está tan marcado el simbolismo. Para quienes deben vérselas con fantasías de golpes, el 4 es una silla sobre la cual se ha dispuesto a la persona en cuestión para golpearla. El 4 es poco pronunciado; en cambio es desfavorable, porque transgrede al 3. Al 5 se lo considera a menudo como un 2 al revés, en cierto modo como una madrastra, y está en relación con el 3. El 6 suele ser una pipa para fumar o una nota de música; también puede ser una maza, e igualmente un huevo al que se le ha añadido una varilla. Para muchas personas, el 7 es un hacha con la que se ha ajusticiado a alguien, o una bandera, un estandarte; tiene algo que ver con las reglas, con el amor: “entregarse al enemigo con armas y bandera”. El hombre y la mujer se hallan al principio en una situación hostil, que sólo después se vuelve amistosa. El 9 es una 6 invertido. Y por último tenemos el 10, es decir, el 0: un círculo que eventualmente tiene un gancho. El círculo es la plenitud, la perfección. Si se lo hace girar se convierte en una bola. Es un huevo; es el recuerdo de los maravillosos días pasados en el cuerpo materno, de la existencia esférica. De ahí viene nuestra preferencia por las bolas, así como el juego de las niñas de saltar a la cuerda. Las pequeñas lo hacen porque es una imitación de la existencia infantil; la cuerda constituye la esfera en torno de ellas. El 0 es la bola y el círculo. Y el círculo es el órgano femenino. Todo lo que posee forma redonda, forma de círculo o de agujero, se refiere al órgano femenino. Los niños también lo saben. Pero son cosas que se olvidan y que vuelven a aparecer cuando uno escribe. Entre las letras más difíciles están la r y la k, pero sobre todo la r, porque tiene un ganchillo, que es la colita del muchacho. Así podemos representarnos todas las dificultades que presenta la escritura y cómo se pueden sacar de ellas deducciones sobre el carácter. Basta mirar las r y observar si se dibujan o no los ganchillos, si desaparecen o no. También hay que considerar si la escritura es gótica o latina. Cuando alguien emplea la escritura latina, lo hace principalmente porque la gótica -alemana- exige más movimientos rápidos de arriba abajo y porque está mucho más cargada que la escritura latina. La escritura alemana es más angulosa, sube y baja más que la latina, que es más redonda. La r latina presenta asimismo dificultades. Las dos r tienen ganchillos. Un enfermo confundía a menudo la r con un 3, y una de las razones principales era que el 3 significa el niño. El pequeño apéndice que lleva la r es el apéndice infantil del pequeño. Así ocurre con la r y el 0. También la k tiene ese apéndice. La coma significa igualmente el pequeño miembro viril. (Groddeck, 1983)

3. Llegó el momento…

El 27 de Mayo de 1917, Groddeck le escribe Freud:

Mi estimado profesor quiero hacerle llegar mi cálido agradecimiento por todo lo que he ganado con el estudio de sus trabajos. La necesidad de expresar mi gratitud se vuelve un deber porque, en 1912, publiqué un libro, exponiendo un juicio prematuro sobre el psicoanálisis se basaba simplemente en lo sabía de oídas. Que mi inexcusable desatino se debió a que no requería una confirmación explícita de mi parte, pero creo que las circunstancias hacen interesante la historia de mi conversión (si puedo emplear estas palabras).

En 1909, es decir, tres años antes de la publicación de mi libro, una mujer llegó a verme en busca de tratamiento. Mi observación de ella me obligó a tomar el mismo camino que después supe que era el psicoanálisis. Puedo asegurar definitivamente que la paciente desconocía el término mismo del psicoanálisis y casi me inclino a creer lo mismo de mi. En ella percibí las características de la sexualidad infantil y del simbolismo, y muy pronto, en unas cuantas semanas, llegué a los conceptos de transferencia y resistencia. Y aunque acabo de aprender los términos de transferencia y resistencia – en cierta medida- en puntos centrales de la terapia. La alegría del descubrimiento me puso en un estado de excitación que duró varios años. Comprobando el descubrimiento con otros materiales terapéuticos y con los acontecimientos de la vida diaria, se convirtió en un periodo de ricas realizaciones para mí.

Originalmente precavido en cuanto a mis opiniones, descubrí que a medida que las manifestaba más libremente a los demás, el nombre de Freud aparecía con más frecuencia como el descubridor de toda esa esfera de ideas. Como toda mi vida y a pesar de todas las pruebas de lo contrario, me había aferrado a la ilusión de yo mismo era creador, luché contra el reconocimiento de que una vez más, de alguna manera misteriosa, simplemente había absorbido y digerido las ideas de otro. Mi ataque de 1912 se debió, pues, a una especie de sentimiento premonitorio de envidia.

En 1913 vi su Psicopatología de la vida cotidiana en el aparador de una tienda y lo compré, así como la interpretación de los sueños. El efecto de los libros que tan perturbador que, aunque sabía que me estaba privando de la oportunidad de enriquecer infinitamente mis conocimientos y mi vida, no acabé ninguno de los dos.

En los años siguientes, por la terapia psíquica que consumía tanto tiempo, el volumen de mi trabajo aumento tanto que tuve que buscar una salida. Di con el plan de dar conferencias a mis pacientes en el sanatorio, puesto que eso eliminaría por lo menos la necesidad de explicar a cada individuo las ideas básicas que yo todavía consideraba de mi propiedad. En realidad, logré mi propósito. La impresión que produje fue tan fuerte que proyecté revisar y publicar esas conferencias extemporáneas. Llegué a esa decisión en octubre de 1916. Sintiendo oscuramente que había algo mal en este aparente descubrimiento mío, busqué nuevamente sus libros y procedí a concentrarme en el estudio de la literatura psicoanalítica, en la medida en que no había sido acallada por la guerra. Uno de los resultados de mi tardía honradez es esta carta, cuyo principal propósito probablemente sea un intento de justificarme ante mis propios ojos.

Persiste en mí el deseo de publicar en alguna forma los resultados de mis largos años de labor, pero queda otra dificultad que todavía no he resuelto. Después de leer sus Conferencias a la historia del psicoanálisis, he empezado a dudar de si, dentro de su definición del término, podría contarme entre los psicoanalistas. No quiero clasificarme entre los seguidores de un movimiento si he de correr el riesgo de ser rechazado por el jefe de ese movimiento como un intruso que no tiene nada que hacer allí. Por eso le ruego a usted que le preste a mi carta unos cuantos minutos más de su tiempo.

No fue mediante el estudio de las neurosis que llegué a mis opiniones -¿o debo decir mejor a sus opiniones?- sino por medio de la observación de enfermedades que tenemos la costumbre de llamar físicas. Originalmente, debo mi reputación como médico a mi labor de terapia física, específicamente como masajista. Por tanto, mis pacientes son probablemente distintos de los de un psicoanalista. Mucho antes de conocer a la paciente antes mencionada en 1909, estaba firmemente convencido de que la distinción entre la mente y el cuerpo es sólo una palabra, no una discusión esencial – que el cuerpo y la mente son un conjunto que encierra un Ello, una fuerza por la que somos vividos, mientras creemos que vivimos. Naturalmente tampoco puedo reclamar la paternidad de esta idea, pero es y fue el punto de partida de mi actividad. En otras palabras, me he negado desde un principio a aceptar el divorcio de las enfermedades corporales y mentales. He intentado considerar a todo individuo, al Ello que hay en él; he buscado un camino por donde nadie hubiera transitado, donde no hubiera todavía ningún sendero. Sabía que me acercaba a los límites del misticismo, si no es que ya estaba en medio de él. De cualquier manera, los simples hechos me hicieron continuar mi camino.

Si lo entiendo bien, el psicoanálisis trabaja principalmente con el concepto de neurosis. Supongo, naturalmente, que también para usted la palabra cubre toda la vida humana. En todo caso, para mí así es. El Ello, que esta misteriosamente relacionado con la sexualidad, Eros, o cómo usted quiera llamarlo, da forma a la nariz lo mismo que a la mano del ser humano, así como a sus pensamientos y emociones. Puede expresarse en la inflamación de los pulmones o el cáncer, lo mismo que en la neurosis de compulsión o la histeria o la neurosis de compulsión. Y así como la actividad sintomática del Ello en la neurosis o en la histeria exige un tratamiento psicoanalítico, lo mismo sucede con trastornos del corazón o el cáncer. No existen diferencias esenciales en si mismas que pudieran inclinarnos a emplear el psicoanálisis aquí y dejarlo sin emplear allá. Cuando no debe usarse el tratamiento psicoanalítico es, por el contrario, un problema practico, un problema de juicio personal. Empleo la palabra tratamiento, porque no creo que la actividad del médico se extienda más allá del tratamiento.

Él no se ocupa de la curación, es el Ello el que lo hace.

Aquí empiezo a dudar de si tengo o no el derecho de considerarme un psicoanalista profesional. En el desarrollo de etas ideas, que son básicamente sus ideas, resulta imposible emplear una terminología distinta de la que usted ha establecido. No hay sustituto para ella y cubre también mis necesidades, una vez ampliando el concepto de los desconocido. Pero el International Journal usted limita expresamente el sentido de los desconocido: Si se quiere ampliar este significado – que es esencial para el tratamiento psicoanalítico de las llamadas afecciones físicas- es posible que nos salgamos de los límites que usted ha puesto a la definición del psicoanálisis. En este caso tendré que incluir una sección en el libro que proyecto, tratando de deslindar mi relación con el psicoanálisis; es ese un intento que sería probablemente mal comprendido.

La carta le llegó a Freud en un momento en que estaba desligado, por la guerra, de la mayoría de sus colegas. Ernst Jones estaba en Inglaterra; Ferenczi, el psicoanalista húngaro y amigo cercano de Freud,, estaba en un sanatorio con tuberculosis complicada por la enfermedad de Grave; su condición era crítica. Para Freud, el apoyo inesperado y admirativo de Groddeck tenía que ser bien venido , y se sintió impresionado. Era un intento meditado por restablecer el concepto de la unidad en el hombre, en una época que la separación artificial dé la mente y el cuerpo era la regla en el pensamiento médico. (Grossman, 1965)

En 1914, se separó de su primera esposa, que gradualmente había derivado hasta el aislamiento melancólico. Comenzó a vivir con Emmy, una mujer joven que había ocupado el lugar de Lina en el sanatorio y con la que con el tiempo se casó. Durante la primera guerra mundial, se lo llamó para servir como médico militar. Al tratar de dirigir su hospital militar como lo hacía en lo que a menudo llamaba su Satan- Arium, contendió con todos y pronto lo destituyo, pese a la intervención de sus pacientes agradecidos, que incluían a la hermana del Kaiser y a su esposo.

La carta escrita en 1917 dirigida a Freud, pareciera que transfiriera todas las imágenes perdidas en el pasado por muerte -padre, madre, hermana, hermanos y Schweninger- y quiso a Freud con una devoción culposa, melancólica y masoquista. Freud lo consideraba un innovador dotado, intuitivo y demoníaco: tal vez Freud reconocería en Groddeck su propio demonio interno, su propio inconsciente. Trataba de disciplinar, adiestrar, y amar a Groddeck como uno lo haría con un hijastro favorito. Freud respetaba mucho una llama revolucionaria y no quería verla extinguida en ningún hombre o movimiento. (Grotjahn,1968)

La carta de Freud a Groddeck era una temprana señal de un reajuste que redefiniría el significado de ser psicoanalista.

Freud a Groddeck

5 de junio de 1917 Viena,

Estimado colega, durante mucho tiempo no he recibido una carta que me haya alegrado tanto, tan interesada y tan estimulada para responder con franqueza analítica en lugar de la amabilidad común que se debe al desconocido.

Así que lo intentaré. Observo que insistentemente me pide que le dé mi confirmación oficial de que no es un psicoanalista, que no forma parte del grupo de seguidores, sino que puede presentarse como algo especial y autónomo.

Evidentemente le hago un gran favor si lo rechazo de mí, donde están Adler, Jung y otros. Pero no puedo hacerlo, tengo que presentarle mis reclamos, debo afirmar que usted es un analista espléndido, que ha captado irrevocablemente la esencia del asunto. Los que reconocen que la transferencia y la resistencia son la piedra angular del tratamiento ahora pertenecen, sin remedio, al condenado anfitrión .

“Entonces, ¿qué puede llamar” Es “el” Ubw “(“Ubw es la abreviatura de (Das) Unbewusste,” la inconsciencia “), esto no hace ninguna diferencia?

Permítame señalarle que no hay necesidad de ampliar el concepto de Ubw para cubrir sus experiencias sobre trastornos orgánicos. En mi ensayo sobre el Ubw (“Das Unbewusste, Wien, 1915;

Gesammelte Werke, X, Frankfurt a. M., 1960, pp. 264 sgg..”) que menciona, encontrará (pp. 258 y ss.) Una pequeña observación: “Nos referimos a otro contexto, la referencia a otra prerrogativa importante del inconsciente”. Ahora le diré de qué he guardado silencio: la afirmación de que el acto inconsciente tiene una influencia plástica interesa en los procesos somáticos, a los que nunca llega el acto consciente. Mi amigo Ferenczi, que sabe algo al respecto, ha preparado para el “Internationale Zeitschrift” un documento sobre lo patonervioso que está muy cerca de usted que me dice. De hecho, este mismo punto de vista lo llevó a escribir para mí un ensayo de biología en el que uno debería mostrar cómo las ideas de Lamarck sobre la evolución, si se desarrollan de manera coherente, se convierten en una consecuencia de las concepciones psicoanalíticas. Sus nuevas observaciones concuerdan tan bien con las ideas presentadas en ese ensayo que solo deseamos que, para cuando salga, su trabajo ya esté publicado, para poder referirse a él “.

“Por lo tanto, me gustaría darle la bienvenida con los brazos abiertos como colaborador, pero solo me molesta que parezca haber superado la ambición banal de la originalidad y aspirar a la prioridad.

Si está seguro de haber llegado solo a sus ideas, ¿cuál sería la originalidad para usted? Y por otro lado, ¿puedes estar seguro en este punto? Aún tienes diez o quizás quince años menos que yo.

¿No podría haber absorbido crípticamente las ideas básicas del psicoanálisis? ¿Y no podría igualmente explicar mi originalidad? ¿Y qué valor, sin embargo, puede reclamar una prioridad hacia una generación anterior?

Lamento mucho este punto de su carta, porque la experiencia me ha demostrado que los individuos extremadamente ambiciosos en algún momento comienzan a encerrarse, en detrimento de la ciencia y su propia evolución.

Las muestras que me dan de sus observaciones me han sido extremadamente agradables, y espero que sobrevivan en gran medida a una investigación crítica grave “.

“Este campo en su conjunto no es extraño para nosotros, pero ejemplos como el de Su hombre ciego nunca se han reportado antes. ¡Y ahora la segunda objeción! ¿Por qué, desde tu hermosa plataforma, te metes en el misticismo, cancelas la diferencia entre lo psíquico y lo físico, te fijas en teorías filosóficas que están fuera de lugar? ¿Sus experiencias no solo llevan al reconocimiento de que el factor psíquico tiene una importancia superior a lo que imaginó, incluso en el origen de las enfermedades orgánicas? ¿Pero es solo para provocar estas enfermedades, afectando así de alguna manera la diferencia entre lo psíquico y lo físico? Me parece no menos temerario dar un alma a toda la naturaleza que reducir todo a lo inanimado. Dejemos, pues, su gran multiplicidad, que se extiende desde el mundo inanimado al mundo animado orgánico, desde la vida física a la psíquica. El Ubw es ciertamente el enlace correcto entre lo físico y lo psíquico, quizás el eslabón perdido que se buscó durante mucho tiempo.

Pero por el hecho de que finalmente lo vimos, ¿no podríamos ver otra cosa?

Me temo que también eres un filósofo, fascinado por la unidad, impulsado por tu tendencia monista para minimizar todas las bellas diferencias en la naturaleza.

¿Pero crees, con esto, que podemos liberarnos de las diferencias?

¡Por supuesto que estaré muy contento de recibir su respuesta! Sin embargo, tengo mucha curiosidad por ver cómo tomará esta carta mía, que podría parecer mucho menos amigable que la intención que la inspiró.

Con la estima del colega.

Suyo Freud.

(Freud-Groddeck, 1970)

Groddeck a Freud,

Junio (?) 1917 Junio (?) 1917 …

Me gustaría añadir algunas palabras más sobre el Ubw . Si entiendo bien, hasta ahora las investigaciones en el campo psicoanalítico han llegado a derivar de el Ubw importantes sectores de la vida humana en el campo de la religión, el lenguaje, la tecnología, la vida cotidiana, los eventos fisiológicos y patológicos. Sin embargo, siempre hay, al menos aparentemente, una oposición entre Ubw y la conciencia, como si estuviéramos frente a dos “. “Diferentes fuerzas. Aparentemente, incluso en los círculos psicoanalíticos se argumenta que una gran cantidad de fenómenos de la vida se derivan directamente de la conciencia y se comportan como si el Ubw no tuviera parte. Por otro lado, yo opino que la conciencia es simplemente una de las manifestaciones de la Ubw; que todo lo que sucede en la vida humana (vida animal y vegetal, como la vida inorgánica, no me interesa para el propósito que persigo), que todo, en el análisis final, es creado por el Ubw. La conciencia es solo un instrumento del Ubw, que esencialmente sirve para hacerse entender, un poco como el lenguaje y los gestos. A menudo, también me parece que, a través de la conciencia, el Ubw apunta a mantener en nosotros el sentido de omnipotencia, y que estás jugando con nosotros, es decir, contigo mismo, un juego muy divertido, pero también muy cruel.

Nunca podrás descubrir las conexiones, pero a veces el observador puede ver algo que se parece a la cara del Ubw, o su mano. Los vínculos entre la elección de profesión y Ubw ya se han observado. Pero también la forma de caminar, la postura, los movimientos y la forma de la mano a menudo revelan su condicionamiento a “Trabajo de fuerzas inconscientes. En cuanto a la digestión, los experimentos de Pavlov proporcionaron algunas indicaciones vagas; Lo hemos sabido durante mucho tiempo con respecto a la respiración, los latidos del corazón, la sangre y el volumen de negocios, y los experimentos de Abderhalden indican en qué dirección debe proceder la química biológica para tratar el inconsciente. Me sorprende que continuemos evitando el problema de condicionar la conciencia, para luego definir este bombardeo como una ciencia exacta, mientras que en realidad es solo una cuestión de estupidez exacta. Sin embargo, no perdemos nada preguntándonos si el pensamiento realmente está fuera del contexto de todo lo que sucede, si pensamos, actuamos y nos formamos de acuerdo con un poder absoluto que está en nosotros, un poder, por así decirlo, fuera del mundo. o si, por otro lado, no pertenecemos al ámbito de lo natural y no somos “vividos” por la voluntad de ciertas fuerzas que podemos ver muy bien por reflexión. El psicoanálisis no tiene vergüenza de volver a la era prenatal, y es bueno. Pero porque siempre y exclusivamente reside en el órgano del cerebro, porque no quiere ver que, ceteris paribus, de un espermatozoide y de un huevo siempre desarrollará manos, ojos, cerebro “Cerebro? Y, sin embargo, en este caso, ciertamente no podemos hablar de conciencia e intención consciente. Y si el inconsciente es capaz de mucho, ciertamente también será capaz de crear un callo o de guiar un gesto de la mano, o de alterar la química del hombre para hacer que el suelo sea favorable para las bacterias. En este momento una aeronave pasa sobre mi casa; simplemente tiene la apariencia de un miembro gigantesco: esto es solo una asociación simbólica simple, o más bien no fue la acción de Ubw que, riéndose de sí misma, creó en su imagen una cosa que la conciencia acampa como propia. “¡Como un hermoso pájaro plateado!”, Escucho una voz femenina exclamar. ¿No es gracioso?

No me considero un monista y, si tengo que ser honesto conmigo mismo, veo que me complace ver el juego variado de todas las fuerzas diferentes, y a veces participo sin siquiera saberlo. Pero, sí reconozco que incluso la palabra ciencia es solo un juego, ya no trato de tomarla cada vez con seriedad religiosa. Y, después de haber averiguado una vez de un espermatozoide y un huevo, su majestad deriva a su ser humano junto con su ciencia […] la jaula de estupidez que no quiere ver qué la vida llega antes que el cerebro. A veces siento la necesidad de agarrar a alguien por la oreja y mostrarle un embrión. También creo que seguir los pasos de Ubw no es menos importante y fascinante que contar y contar las fibras de un músculo o transcribir de libros antiguos que hay bacilos de la tuberculosis. Y si, al hacerlo, los límites entre la ciencia y el misticismo se desvanecen, como los que existen entre el cuerpo y el alma (fronteras que eran desconocidas para los griegos de la edad de oro), no me parece una desgracia: ciertamente no para mí, ya que Lo disfruto, y ni siquiera para mis pacientes, porque bueno o malo puedo beneficiarlos no menos que a los otros médicos, y en relación con el destino del universo, debo decir que no me considero tan importante. Ciertamente no camino sobre las nubes, más bien estoy firmemente anclado en la práctica, y en el análisis final, la verificación de todo lo que me sucede en el tratamiento de los enfermos. Y es precisamente aquí donde la hipótesis de que es idóneo enfermar al hombre, persiguiendo algún propósito propio, ha resultado ser útil. Si el hombre tiene mal aliento, es su Ubw […] Quiere arrojar algo dañino, y sí hay un callo, hasta ahora siempre he descubierto en el callo un punto doloroso que el inconsciente quiere proteger endureciendo su piel. Y si alguien toma gota, se puede ver que tiene razón para caminar con cautela, para no tropezar con la piedra del escándalo, y si uno pierde de vista, será porque le ha dado demasiada cuerda al hábito de la identificación para no ver la la mayoría de las cosas Como no es cierto que siempre veamos un solo fragmento de lo que pudimos ver, es la identificación la que nos impide ver, ver con nuestra conciencia, lo que está ante nosotros. Pero no impide que los rayos de lo que no percibimos impresionen nuestra retina y luego, “por reflejo”, incluso a nosotros mismos. “Reflexión”, ¿y quién no se ríe al escuchar esto? Tú también habrás descubierto como yo, miles de veces, que el objeto que vemos sin percibirlo representa un peligro para el bienestar de nuestro Ubw.

Mi carta se ha vuelto extrañamente larga. Pero todavía tengo que agradecerle, en primer lugar, por su carta, que me dijo lo que esperaba. Y más aún por todo lo que es […]

Groddeck.

(Freud-Groddeck, 1970)

Freud a Groddeck,

29 de julio de 1917

Estimado colega: Su carta ha sido recibida con regularidad y estaba muy interesado. Se lo envié a Ferenczi y tuve que esperar un rato antes de recuperarlo; de ahí la demora en contestarla.

Solo quiero decirle que incluso si su posición con respecto a la diferencia entre física y mental no coincide totalmente con la nuestra, debe considerarse como una persona cercana a nosotros y ayudarnos en su trabajo. Nuestras revistas están a su completa disposición. Estaremos encantados de publicar sus contribuciones, tal vez aquellas que son un preludio de su trabajo principal.

En esta expectativa, y con los mejores deseos para la continuación de su trabajo, los saludo.

Su devoto

Freud.

(Freud-Groddeck, 1970)

Las repercusiones de este carteo y sus investigacione no pasaron desapercibidas ya que en sus conferencias Groddeck describiría:

Vigesimoprimera Conferencia. 10 de diciembre de 1917.

He vuelto a recordar algo que me resultó especialmente esclarecedor acerca de la trascendencia de determinadas cosas. Una de mis expresiones más frecuentes es la de que “ya he dicho esto o aquello 26.783 veces”. Presté atención a este número cuando vine a establecerme aquí; fue mi hermana quien me hizo prestarle atención. El número comienza con 26; si sumamos todas sus cifras, tenemos otra vez 26. Mi madre murió cuando yo tenía 26 años; es el acontecimiento más importante de mi vida. Pero este número no es sólo lo que encontramos al comienzo y en el total; si lo descomponemos hallamos asociada cada cifra a un acontecimiento importante de mi vida. Es curioso que haya al comienzo y al final un número de la infancia. No siempre cito este número; también suele ocurrir que invierta el 7 y el 8. Pero casi siempre al comienzo está el 2, y el 3 al final. Menciono esto porque para la generalidad de los seres humanos la vida está contenida en estos números: 2 y 3. Entre el 2º y el 3º año tiene lugar algo muy decisivo en la vida del individuo; es entonces cuando aparece el sentimiento yoico, cuando el hombre, en lugar de hablar de sí mismo en tercera persona, comienza a utilizar el yo. Es un hecho que ha merecido muy poca atención. El sentimiento de ser un yo es algo completamente excepcional; gracias a él se configura en el individuo humano la peculiar actitud que le lleva a oponerse al mundo. Dicha oposición, dicho alejamiento del mundo, no existe sólo en un momento dado; es algo que se mantiene íntimamente ligado al ser humano durante toda su vida. Lo subrayo porque es importante para volver a considerar con mayor atención que de costumbre ese período que va de los dos a los tres años. Si se quiere lograr cierta comprensión de las enfermedades, de las conexiones entre el inconsciente humano y las enfermedades, siempre deberá atenderse, en cualquier circunstancia, a este período entre los dos y los tres años. No hay que creer que una enfermedad surge a los veinte años; casi siempre pueden rastrearse sus raíces en la primera infancia. Por eso es por lo que tengo que reconsiderar nuevamente los números 2 y 3, aunque ya antes los hubiera catalogado. Pero aún primero querría explicar cómo llegué al problema del significado de los números. Una peculiaridad de nuestro inconsciente consiste en que, tan pronto como en el nivel subconsciente nos ocupamos de un problema, se produce la designación de un número estrechamente relacionado con ese objeto. Si alguien menciona el número 5, es porque a los cinco años hubo un acontecimientos que fue decisivo con respecto al problema de que se trate; pero hay situaciones en las que la cosa no parece tan clara. Hay individuos que sospechando todo esto, nombran un número elevado del que creen que no podrá deducirse nada. Se ocultan tras los números. Pero cuando aparece un número que parece arbitrariamente escogido, hemos de pensar que, a fin de cuentas, la cifra dada contiene el número exacto. Tal vez sean las primeras dos cifras o las últimas o el total. También aparecen en estos casos, adiciones y sustracciones complicadas, pero seguro que el número está contenido en ellas. Y no sólo se puede conocer de esta manera el año exacto, sino incluso el mes, el día y hasta la hora, el minuto en que se produjo el acontecimiento. Lo curioso es que las personas tal vez han olvidado por completo el acontecimiento que entonces se produjo y éste sólo vuelve a la conciencia en el momento de interrogarlo al respecto. La persona ha decidido apartar de sí un acontecimiento desagradable, olvidarlo; pero en la subconciencia ese acontecimiento sigue viviendo, con mayor intensidad que cualquier otro, porque el hecho de su represión ha requerido un gran esfuerzo, y por eso han quedado en la memoria el año, el decenio y hasta la posición del sol. Resulta chocante lo resistente que es la memoria. El recuerdo de los hechos resurge. Nombres de personas, una habitación, un aroma vuelven a la memoria, y poco a poco se elabora a partir de estos hechos el acontecimiento primitivo. Este es uno de los recursos técnicos que tenemos que utilizar y que deseo dar a conocer, porque todo esto se me ha ocurrido inesperadamente esta tarde y no querría que quedara la menor duda sobre el problema de los números. Si pedimos a alguien que nos diga un número, podría creerse que el número que nos diga estará en relación con el aniversario de una boda o con la fecha en que nació un niño, o en que murió algún allegado. Pero no suele ocurrir así. El número 26 no remite al duelo por la muerte de mi madre; se trata de circunstancias singulares que movieron a ocuparme de determinados problemas de conciencia, problemas que me atormentaban; por eso es un número que siempre vuelve. No son los acontecimientos externos aparentemente más importantes los que a menudo se designan en los números; casi siempre son números relacionados con cosas completamente distintas, y la mayoría de las veces se trata de números de la infancia. En el 13, número que también suele citarse con frecuencia, volvemos a encontrar el 3. Con respecto al 13, me gustaría ofrecerles una información que considero interesante. Diversas razones permiten considerar al 13 como un número “de mala suerte”; muchas reflexiones se han escrito acerca de esto. Querría subrayar lo siguiente: 13 es la cifra de la pubertad. Pero no sólo de la pubertad: cuando el ser humano tiene trece años surge el segundo grave conflicto ético, moral, suscitado por el desarrollo. Es el año que trae la carga más pesada, aparte del 3 que está contenido en el número, porque el 3 es aun más gravoso, y el 13 se basa en el 3. Hay otras cosas más que hacen del 13 un número de mala suerte; en primer término, la transgresión de 12. Tres y 13 son los dos años de más pesada carga para el ser humano, a lo cual se agrega un año intermedio: el número 7. Tres, 7 y 13: estos números son los que se nombran con mayor frecuencia, y en este orden. Al principio, en el tratamiento, el 13 pasa a primer plano, luego viene el 7 y finalmente queda el 3. Se nombra al trece en primer lugar porque es el número que toca más de cerca al individuo ya que aun están muy presentes en la conciencia las dificultades de esa edad. Las dificultades del séptimo y del octavo año ya han sido olvidadas. Siente es un número predestinado; es entonces cuando se producen en el ser humano las modificaciones que se vinculan con los conflictos. A los tres años tienen lugar los conflictos más graves, los de consecuencias más importantes tanto para la vida sana como para la vida enferma. Trece es el número de la mala suerte, y 7 es el número maléfico. Siete es también el número de la bruja, también un número de mala suerte pero también maléfico: die böse Sieben (7), la mujer de los maleficios, la bruja. En cambio, 3 es el número sagrado, fundado en la reunión del padre, la madre y el hijo, y también por el hecho de que a esta edad se hace presente el sentimiento de la propia personalidad y surgen los cuestionamientos sexuales, particularmente acerca del problema de cómo vienen los niños al mundo. Esto me lleva a la afirmación de que los seres humanos tienen permanentemente que vérselas con embarazos, sea porque se sienten gordos, sea porque detrás de ellos hubo un parto, sea, en f in, porque viven en una situación que les evoca situaciones de embarazo. Ya hablé de esto con respecto a la corpulencia, pero también con respecto al enflaquecimiento. En todo caso, mis afirmaciones al respecto fueron mal recibidas y consiguientemente querría volver a tocar el problema. (Groddeck, 1983)

Vigesimocuarta Conferencia. 31 de diciembre de 1917.

La inclinación a hacerse operar y la inclinación a estar enfermo eran una razón de su dolencia. Ya he hablado reiteradamente de ello. Las enfermedades tienen una finalidad. Cuando se reflexiona sobre esto se descubre que el ser humano crea sus enfermedades, no de un modo arbitrario, sino bajo el efecto de una compulsión interna. En este caso, la pasión de golpear y de ser golpeado resulta decisiva para el dolor. Si alguien no puede proporcionarse de otra manera esta posibilidad, y si la pulsión no puede manifestarse libremente, entonces la enfermedad resulta cómoda: ofrece a la persona la oportunidad de atormentarse y de atormentar a los demás. En la enfermedad misma reside el doble principio del masoquismo y el sadismo: una de las mitades del ser humano atormenta a la otra mitad. El enfermo no sólo se atormenta a sí mismo, sino también a los que le rodean. Hay que cuidarlo, y esto acarrea molestias. Puede muy bien ser un ángel de paciencia y apartarse por completo; pero está enfermo, exige ciertas atenciones y de este modo domina a su ambiente. Tiene, por otra parte, la impresión de ser inferior; los enfermos tienen casi siempre la impresión de ser inferiores a las personas sanas. Hay en la enfermedad un intenso goce espiritual, que a menudo representa el obstáculo mas complicado para la cura. Y a la enfermedad se suma la finalidad. ¿Qué quiere el enfermo? ¿Por qué está ahí la enfermedad? Insisto en este caso, porque es instructivo a este respecto. El hombre había enfermado para no tener que casarse de nuevo; ésta era la solución del enigma, es decir, para no tener que volver a vivir la muerte de otra mujer y del hijo que pudiera tener de ella. Había aquí una finalidad mucho más profunda y que sólo se puso de manifiesto cuando ya era tarde. Contrajo su dolencia no sólo para no casarse, sino además para no casarse con nadie que no fuese su hermana. Su alma se consideraba incapaz de amar a criatura alguna que no fuese su hermana. Parte de su alma deseaba casarse con ella, la buscaba sin que él mismo lo sospechase: el deseo de la hermana estaba en la subconciencia. La muerte de su esposa y su hijo no sólo significaba la idea de ser castigado por incesto; más importante aún era el hecho de abrigar este sentimiento en lo más profundo de su ser: he sido infiel a mi hermana, por eso me han castigado, por eso me los han eliminado, por eso no debo casarme de nuevo. Reconociendo, pues, la prohibición, viviéndola en lo más hondo de su ser, su enfermedad era el mejor obstáculo contra todo pensamiento amoroso y le permitía desechar por completo, durante algún tiempo, sus fuertes tendencias sexuales. Si la idea de dar con otra mujer llegaba a atormentarlo, entonces sus síntomas se hacían inmediatamente más intensos y toda la excitación sexual decaía; así era más fácil seguir siéndole fiel a la hermana que si hubiera estado sano. La compulsión de querer poseer a una persona se dirige casi siempre a la madre no a la hermana. Ya he tratado de hacerlo comprender; es el deseo precoz de poseer a la madre, de casarse con ella, de tener hijos con ella. Y lo mismo ocurre con respecto al padre. Es necesario que en determinado momento de la vida se elimine este deseo, y en muchas personas esto sólo es posible si se las ayuda. La primer ayuda la da la madre, pero la mejor consiste en alejar de sí a los hijos en el momento oportuno. Lo vemos en los animales, pero los seres humanos son tan originales que las madres retienen a sus hijos, los retienen con el mayor refinamiento posible y los sujetan en un momento en que ya no debería ser necesario. Deberían liberar de la fascinación sexual a sus hijos. Pero no lo hacen; al contrario, los mantienen en ella, y como consecuencia resulta, con mortal certidumbre, una enfermedad. Traigo a la madre al primer plano; también podría mencionar al padre, pero éste no puede desempeñar el mismo papel porque no entra en un contacto tan estrecho con el hijo. Sin embargo, para las criaturas del sexo femenino es un motivo de enfermedad, y lo es también para los chiquillos, puesto que es su rival, un rival al que el hijo debe eliminar. Son cosas muy complicadas. Todos aquellos que me conocen desde hace cierto tiempo saben que en fin de cuentas, cuando se trata de un tratamiento complicado, siempre termina por salir a luz la circunstancia de que las raíces del mal estriban en la relación con la madre y el padre, pero sobre todo con la madre. Es un hecho establecido inexorablemente. En aquel enfermo acaso se habría hecho presente, si hubiera sido necesario (no lo fue), que también para él la hermana no era más que un sustituto de la madre, que el anhelo inicial iba dirigido a la madre, no a la hermana. Y aquí podría dejar yo este caso, puesto que el curso de la enfermedad se ha hecho claro, pienso. Queda todavía por saber cómo transcurrieron la cura y la convalecencia; pero esto supera mis fuerzas expositivas. Lo que sí puedo demostrar es que, cuando se logra desarrollar y analizar todo el curso de la vida, se produce una mejoría que se transforma en cura si se dispone de tiempo para aguardarla, con la condición, asimismo, de que se logre hallar y desterrar todas las raíces. Pero el modo como esto opera, la manera en que el descubrimiento de la vida y de las conexiones vuelve sano al ser humano, no me siento competente para explicarlo. Tan sólo puedo enunciar el hecho e ilustrarlo con el material de que dispongo. No creo que nunca se haya curado de otra manera a ser humano alguno. No quiero decir que todos los médicos adopten ese camino; tampoco es necesario que lo hagan pero es el que yo he tomado, el que a mí se me ha revelado. Sin duda hay muchos otros. Ahora bien: es a partir de ese punto de vista, esto es, del hecho de que se han despejado complejos que estaban gravitando, que lo considero todo, hasta las operaciones y el efecto de los medicamentos. No se adelanta mucho si se dice que todas las curas son, en última instancia, curas psíquicas. Y quiero ahora detenerme en estas breves referencias; sólo me falta completar aún algunos puntos interesantes, la ocasión la proporciona mi enfermo. En su cuadro clínico figura en primer plano el síntoma intestinal, y sobre esto me gustaría insistir de una manera general, porque desempeña un gran papel en la vida humana. El vientre desempeña una función muy importante en la circulación y en las relaciones mecánicas del ser humano. En este punto quiero llamar la atención sobre las cosas psíquicas y sobre las excreciones fecales. Pongo siempre de relieve que se trata de ideas de embarazo, pero hay otras cosas que también son interesantes y que parecen actuar independientemente. Me gustaría partir de la constipación, un mal muy difundido. Con él tiene que ver el deseo de tener un hijo y de no quedar desembarazado nuevamente muy pronto. El alma no quiere soltar al hijo y el esfínter anal se cierra. Una cosa que pertenece a la personalidad no debe liberarse de ésta: un hijo, un hijo imaginario de la fantasía, también un secreto. El ser humano abre la boca, pero en cambio cierra el otro orificio. Hay algo que no quiere dejar salir, y no deja que salga el excremento. Durante los días en que alguien está constipado puede descubrirse la idea de embarazo y la voluntad de no decir algo relacionado con esa idea. Y en tercer término aun cuando ello no se da en todos, está el gasto de dinero. Aquel que, de una manera general, no sufre dificultades con sus excreciones y que se constipa todo un día no tiene más que reflexionar, averiguar el nombre y la hora, y rápidamente caerá sobre una factura o sobre un gasto inminente que debe hacer y que no querría hacer, o que querría hacer pero no se atreve porque es demasiado caro para él. Se entabla un combate: cierra el bolsillo, porque no quiere gastar. Del oro a las heces, es lo mismo; por el color de las heces, hemos llegado al oro. Se trata de algo que desempeña un papel de suma importancia. Las personas que siempre están constipadas no son avaras ni económicas (por lo común es así), pero hay casi siempre escrúpulos: el gastar dinero ha representado un papel incómodo. Y con la diarrea no se trata, en rigor, de una cosa distinta; también aquí se esconde una calamidad económica, porque hay que gastar. Las personas que sufren de diarrea se encuentran en una relación desproporcionada con el gasto de dinero, sólo que lo hacen de otra manera. El constipado cierra el bolsillo, y el diarreico piensa: al fin y al cabo queda muy poco; voy a arrojarlo. ¿Para qué conservarlo?. (Groddeck, 1983)

Para Groddeck, la invitación le abría todo un mundo. Sus ideas, aún cuando había seguido a Schweninger, nunca habían sido bien aceptadas en los círculos médicos . Su aceptación de las teorías de Schweninger, especialmente la idea de que la importancia del médico era menor, era molesta para la mayoría de sus colegas. La nueva teoría de la enfermedad, cuando encontró una oportunidad para hablar de ella, fue recibida cortésmente y descartada como especulativa y no comprobada. Como Freud, Groddeck no se desalentó por las reacciones que parecían hostiles; en realidad, con frecuencia las acogía bien, porque le parecían sospechosas las ideas que eran aceptadas demasiado fácilmente. Pero ahora, con la aceptación por parte de Freud, a pesar de sus diferencias “menores”, las publicaciones psicoanalíticas estaban a su disposición. Podía publicar sus opiniones. (Grossman, 1965)

Groddeck trabajo sobre un escrito para la Sociedad Psicoanalítica, para delinear las bases y establecer con detalle las opiniones que había expuesto en su primera carta a Freud. Cuando el texto estuvo terminado, envío un ejemplar a Freud. No había nada nuevo allí, según escribió; era una “repetición de lo que ya le he dicho”. El texto llamado “el origen psíquico y el tratamiento psicoanalítico de la enfermedad orgánica” , fue la primera investigación real de lo que ahora se llama enfermedad psicosomática”.

Nietzsche de nueva cuenta…, comenta Daniel Gil, 1995. Hay varios indicios de nos hacen pensar que el desconocimiento de Nietzsche por parte de Freud, no son tan profundos como él afirma, Dado por ser un hombre cultura y el ámbito intelectual en el que desenvolvía, no podía desconocer algo que se infiltraba en las reuniones con sus contemporáneos, basta echar un vistazo a las Minutas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, vemos a Rank que exponía pasajes de Nietzsche. Y sin dejar de lado la relación de Freud y Lou, y ésta con Nietzsche.

Ya en la correspondencia con Fliess, en la carta del 1 de Febrero de 1900, Freud escribe: “ Ahora me he procurado a Nietzsche, en quien espero encontrar las palabras para mucho de lo que permanece mudo en mí, pero no le he abierto todavía…, en el píe de pagina de la edición de Amorrortu editores, se le lo siguiente: Cf. sobre esto la confesión en “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico” (Freud 1914d, pag. 53 (pág. 14): “me rehusé el elevado goce de las obras de Nietzsche con esta motivación consciente: no quise que representación- expectativa de ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las impresiones psicoanalíticas…

En Más allá del bien y del mal apartado 16 escribe Nietzsche: Sigue habiendo cándidos observadores de sí mismos que creen que existen certezas inmediatas, por ejemplo “yo pienso”, o , y ésta fue la superposición de Schopenhauer, “yo quiero”: como si aquí, por así decirlo, el conocer lograse captar su objeto de manera pura y desnuda, en cuanto “cosa en sí”, y ni por parte del sujeto ni por parte del objeto tuviese un lugar ningún falseamiento. Pero que “certeza inmediata” y también “conocimiento absoluto” y “cosa en si” encierran una contradictio in adjecto (contradicción en el adjetivo), eso yo lo repetiré cien veces: ¡deberíamos librarnos por fin de la seducción de las palabras!. Aunque el pueblo crea que conocer es un conocer- hasta- el- final, el filósofo tiene que decirse: “cuando yo analizo el proceso expresado en la proposición “yo pienso” obtengo una serie de aseveraciones temerarias cuya fundamentación resulta difícil, y tal vez imposible, – por ejemplo, es una actividad y el efecto causado por ser que es pensado como causa, que existe un “yo” y, finalmente, que está establecido qué es lo que hay que designar con la palabra pensar. – que yo sé que es pensar. Pues si yo no hubiera tomado ya dentro de mí una decisión sobre esto, ¿de acuerdo con que apreciaría yo que lo que acaba de ocurrir no es tal vez “querer” o “sentir”? En suma, ese “yo pienso” presupone que yo compare mi estado actual con otros estados que ya conozco en mí, para de ese modo establecer lo que tal estado es: en razón de ese recurso a un “saber” diferente tal estado no tiene para mí en todo caso una certeza inmediata . -En lugar de aquella “certeza inmediata” en la que, dado el caso, puede creer el pueblo, el filósofo encuentra así entre sus manos una serie de cuestiones de metafísica, auténticas cuestiones de conciencia del intelecto, que dicen así: “¿De dónde saco yo el concepto de pensar? ¿Por qué creo en la causa y en el efecto?, ¿Qué me da derecho a hablar de un yo, e incluso de un yo como causa y, en fin, incluso de un yo causa de pensamientos?. El que, invocando una especie de intuición del conocimiento, se atrae a responder enseguida estas cuestiones metafísicas, como quien dice: “yo pienso, y yo sé que al menos esto es verdadero, real, cierto” – ése encontrará preparados hoy en un filósofo una sonrisa y dos signos de interrogación. “Señor mío, le dará tal vez a entender el filósofo, es inverosímil que usted no se equivoque: ¿porqué también la vedad a toda costa?. (Nietzsche, 1886, 2005)

En el apartado 17 comenta: En lo que respecta a la superposición de lo lógicos: yo no me cansaré de subrayar una y otra vez un hecho pequeño y exiguo. Que esos supersticiosos confiesan de mala gana, -a saber: que un pensamiento viene cuando “él” quiere,, y no cuando “yo” quiero; de modo que un falseamiento de lo hechos decir: el sujeto “yo” es la condición del predicado “pienso”. Ello piensa: pero que ese “ello” sea precisamente aquel antiguo y famoso “yo”, eso es, hablando de modo suave, nada más que una hipótesis, una aseveración, y, sobre todo, no es una “certeza inmediata”. En definitiva, decir “ello piensa” es ya decir demasiado: ya ese “ello” contiene una interpretación del proceso y no forma parte de él. Se razona aquí según el hábito gramatical que dice “pensar es una actividad, forma parte de alguien que actúe, en consecuencia-“. Más o menos de acuerdo con idéntico esquema buscaba el viejo atomismo, además fuerza que actúa, el átomo; cabezas más rigurosas acabaron aprendiendo a pasarse sin ese “residuo terrestre”, y acaso algún día se habituará la gente, también los lógicos. A pasarse sin aquel pequeño “ello” (a que ha quedado reducido, al volatilizarse, el honesto y viejo yo). (Nietzsche, 1886, 2005)

Freud introduce el concepto de Ello (Es) en 1923, advierte que, aun antes de que Groddeck instruyera el uso del concepto, Nietzsche lo había inaugurado. En el texto que introduce esta denominación, en referencia a Groddeck, anota la siguiente expresión de lo que en nuestro ser hay de impersonal. (Assoun, 1980)

A diferencia de Nietzsche, siguiendo a Gil, Freud concreta el ello en una instancia y Groddeck lo trascendentaliza. He aquí la distancia insalvable entre Freud y Nietzsche y, aún más, con Groddeck, quién invierte totalmente el sentido último que da Nietzsche al ello.

Nietzsche es asociado con la introducción del Ello: “Apoyándonos en el léxico (Spranchgebrauch) nietzscheano y siguiendo una sugerencia de Groddeck, lo llamaremos en adelante el “ello”. Como se ve, por la forma misma de esta frase, la intervención léxica de Nietzsche tuvo por efecto sustantiva el “pronombre personal”, “particularmente adecuado para expresar el carácter capital de tal provincia del alma, o sea su calidad de ajena al “yo” (Ichfremdheit). Como suele suceder tan menudo para Freud, Nietzsche interviene inscribiendo por la fuerza del verbo una determinación esencial (Hauptcharakter) que la investigación psicoanalítica descubre por la experimentación clínica. Gracias a la innovación lingüística de Nietzsche, según Freud, es se convirtió en Es, nombrando así una instancia a la cual la tópica otorga su contenido metapsicológico -lo cual une nominalmente el nombre (nietzscheano) y la cosa (freudiana)-. Por ello, Freud no dejará de evocarlo cada vez al mismo tiempo que su descubrimiento.

El propio Freud es quien forma la hipótesis de que el término de Ello se tomó de Nietzsche y se la propone a Groddeck en una carta de la navidad de 1922: “Me parece que usted ha tomado el Ello (literariamente, no asociativamente) de Nietzsche” y le pide la autorización de hacer mención de ello en el “El yo y el ello: ¿Puedo decirlo también en mi escrito?”. Por esta razón, en los textos de Freud la comparación ser limita al plano terminológico: al reducir la imitación de la palabra, Freud deja a un lado la cuestión más interesante, la de la analogía de contenido de los conceptos mismos. En el fondo, ésta es la única vez en que Nietzsche interviene en la correspondencia entre Freud y Groddeck. En cambio, Groddeck habla de buen grado de Nietzsche con otros, mientras que con Freud éste es colocado tácita pero firmemente fuera de juego. A lo sumo se sabe que Groddeck aprobó la sugerencia de Freud, ya que en una carta de 1929 a otra persona reconoce a propósito de ese “algo que se compone de consciente y de inconsciente” que lo llamó Ello, por referencia a Nietzsche, y por razones de comodidad” (Carta del 11 de junio de 1929 “a un paciente médico”). Ahora bien, Freud había conocido en Groddeck a alguien relacionado con Nietzsche por afinidades personales particulares: el padre de Groddeck había conocido y acaso influido a Nietzsche y él mismo había visto desde 1904 la tumba de Nietzsche en compañía de Elisabeth Förster-Nietzsche. Pero Freud parecía imponer tácitamente, a aquellos precisamente que habían estado cerca de Nietzsche, el silencio: la suerte de Groddeck no fue diferente de la de Lou. (Assoun, 1980)

Groddeck se desvía de de Freud y de Nietzche. En las últimas cartas entre Groddeck y Freud del 18 de junio de 1925, Freud, no sin ironía, dice:

“En vuestro yo no reconozco naturalmente mi Ello civilizado, burgués, desposeído de las mística, sin embargo, Ud. lo sabe, el mío se deduce del vuestro.”

Este reconocimiento del origen de la idea también es la afirmación de una radical diferencia entre ambos. En esta diferencia, radica la polémica entre Freud y Groddeck que se mantiene a lo largo de todas las cartas, polémica que está basada en la crítica que Freud le hace a Groddeck por su tendencia al monismo y, por lo tanto, al pensamiento místico. (Gil, 1995)

Revisemos algunas cartas:

Freud a Groddeck,

Navidad 1922

Estimado doctor, se sorprenderá de que solo hoy contestará su carta tan llena de cosas interesantes, o tal vez comprenda que la fecha explica todo, la demora y también la reparación suficiente, para finalmente alcanzar la respuesta, me parece que, más que una carta a la que debemos responder, es una carta en la que podríamos discutir varias tardes, pero como no tenemos estas noches …

“Lamenté mucho que también quisieras quitarte la carrera psicoanalítica. Esta aclaración en su disertación, en realidad infeliz, (Conferencia sobre el Ello, celebrada por Groddeck en el Congreso Internacional de Psicoanálisis, Berlín, 25 y 26 de septiembre de 1922) y el hecho de que colocó a mi persona en la serie materna, en la que obviamente no vuelvo, muestra claramente cómo quiere escapar de la transferencia paterna. En el análisis, las víctimas, con gran ventaja personal, se ven obligadas a aceptar y aceptar los aspectos que pueden ser útiles.

¿Recuerdas, para el caso, cuánto tiempo he aceptado el Ello de ti? Sucedió mucho antes de que nos conociéramos, en una de las primeras cartas que te escribí (Carta del 17 de abril de 1921. En realidad, Freud había conocido a Groddeck en la Haya en septiembre de 1920, con motivo del Sexto Congreso Internacional de Psicoanálisis). He incluido un boceto que pronto será publicado casi idéntico.

Creo que la identificación (en el sentido literario, no el sentido asociativo) la tomaste de Nietzsche. ¿También puedo decir esto en mi escritura?….

…Estaré dispuesto a apoyar a Rank en lo que respecta a tu librito Es, pero no sabes lo difícil que es trabajar en estos días. Además, debido a la caída de la marca, la editorial se encuentra en una situación crítica.

¡Mis mejores deseos para usted y mi adorable traductor (“Emmy Groddeck tradujo la psicopatología de la vida diaria de Freud al sueco”.) para el año que comienza! Atentamente,

Suyo Freud

(Freud-Groddeck, 1970)

Freud a Groddeck,

18 de junio de 1925

Viena.

Estimado doctor, le agradezco las noticias y el documento que me envió. Todo lo que viene de ti me interesa incluso cuando no estoy de acuerdo con los detalles. En Su Ello, por supuesto, no reconozco a mí Ello civilizado y burgués que carece de misticismo.

Sin embargo, como ustedes saben, el mío deriva de los suyos.

Suyo Freud.

(Freud-Groddeck, 1970)

4.Groddeck y Ferenczi.

Ferenczi con gran entusiasmo hace una reseña del trabajo de Groddeck en 1917:

El Dr. Groddeck, en su folleto, es el primero en aplicar los resultados de los descubrimientos de Freud a la medicina orgánica y este primer paso ya lo ha conducido a resultados tan sorprendentes, a tan nuevas opiniones y a perspectivas inéditas que, por o menos, el valor y la inventiva de ese paso están fuera de duda. No tenemos, pues ninguna justificación para rechazar ninguna de las declaraciones de Groddeck que ahora pueden sorprendernos. Lo que él describe nos, en su mayoría, hipótesis, sino hechos. Registra que, en un gran número de enfermedades puramente orgánicas, como inflamaciones, tumores y anomalías de constitución, ha logrado demostrar que la enfermedad se ha desarrollado como una defensa contra las “sensitividades” inconscientes, o que que está al servicio de otras tendencias inconscientes. Ha logrado inclusive, mediante trabajo psicoanalítico, es decir, haciendo conscientes esas tendencias, mejorar y hasta curar enfermedades muy graves, como las paperas, el escloderma, casos de gota y de tuberculosis. Groddeck está lejos de representar el papel de un mago y afirma modestamente que su objetivo era simplemente crear, mediante el psicoanálisis, condiciones más favorables “para el Ello que lo vive a uno”. Identifica ese “Ello” con el inconsciente de Freud. (Grossman, 1965)

Sandor Ferenczi y Georg Groddeck mantuvieron una amistad singularmente creativa a lo largo de dieciséis años (Dupont, 1992; Will, 1994, p.721). Aunque Sigmund Freud era conocido por no romper con sus perspectivas teóricas (Roustang, 1982), hizo excepciones por estos dos apasionados y originales pensadores (Schacht, 1967, p.6). mientras el trabajo posterior de Freud se volcó más hacia el establecimiento de una teoría universal de la mente y una organización psicoanalítica mundial para la “causa” ( die Sache ), Ferenczi y Groddeck centraron sus energías en el tratamiento clínico y la experimentación (Aron y Harris, 1993; Will, 1994). Mientras la teoría de Freud se movía en la dirección de un modelo científico unipersonal, Ferenczi y Rank (Rank, O. y Ferenczi, S., 1923) fueron los pioneros en trabajar en un modelo de tratamiento bipersonal que se involucraba completamente en la situación analítica. Groddeck apoyaba y alentaba los experimentos clínicos de Ferenczi relativos a la actividad, la relajación, la transferencia materna y el análisis mutuo (Grossman & Grossman, 1965; Dupont, 1992; Will, 1994; Poster, 2002). Precisamente Fromm escribió que “el desarrollo de Ferenczi solo puede ser entendido a la luz de la influencia de Groddeck” (Fromm, 1935). Así mismo, Groddeck llevó a cabo sus propios experimentos clínicos combinando modalidades múltiples de tratamientos. Demostró lo que Ferenczi llamaba “coraje despreocupado” mediante su tratamiento de síntomas y enfermedades físicas. Groddeck había descubierto la transferencia y la resistencia antes de haber siquiera leído a Freud. (Avila, 2003). Groddeck ponía énfasis en lo que él llamaba “la actitud del niño”, la transferencia materna y el uso de símbolos en su trabajo y escritos clínicos (Schacht, 1977). Se convirtió en como lo denominaba Ferenczi, en el “abanderado del psicoanálisis in organicis ” (Fortune, 2002, p.79) Ya desde 1912, el tratamiento de Groddeck se construía alrededor de un concepto central que el denominaba El Ello. Aunque había sido formado en medicina occidental y, como Freud, estaba inmerso en la literatura occidental, Groddeck desarrolló una filosofía oriental holística basada en que “no existe tal cosa como un yo” (Schacht, 1977, p.11). (Rudnytsky en Groddeck´s Lessons)

Por lo tanto, todos, incluyendo al paciente y al medico, no son más que una pequeña parte del universo y son (“vivivdos por”) una fuerza indefinible que el llamaba, por esta razón Das Es (El Ello). Groddeck fue un pionero en el “no saber” y no clasificar si no escuchar junto con el paciente hasta que su Ello le “susurrará” algo que pudiera guiar el tratamiento. Fue el primero en escribir acerca de la posibilidad de que el paciente analizara al medico. Escribió acerca de la comunicación inconsciente entre médico y paciente a través de sus respectivos “ellos”, y el uso de esta comunicación (que mas tarde sería llamada “acto de contra transferencia” o “receptividad del rol” [“countertransference enactement” o “role responsiveness”]) exclusivamente para beneficio del paciente (Searles, 1977, p.446): “Gracias al paciente, ciertas virtudes maternales dormidas se despertaron en mi y dirigieron mi proceder…Y entonces fui confrontando por el extraño hecho de que no era yo quien estaba analizando al paciente sino que era el paciente quien me estaba analizando a mí; o, para traducirlo a mi propio lenguaje, el Ello de este prójimo intentó tanto transformar mi Ello, y logró de hecho transformarlo, que resultó ser útil para su propósito… Fue difícil llegar a este nivel de insight, ya que entenderán que esto revirtió absolutamente mi posición con respecto al paciente. Ya no era importante darle instrucciones o indicarle lo que me parecía correcto, sino cambiar de tal manera que él pudiera usarme” (Groddeck, 1923, p.262-263). (Poster, 2011)

En 1917, Groddeck pensó lo siguiente: cuerpo y mente son una unidad… Contienen un ello. una fuerza que nos vive mientras creemos que estamos viviendo… En otras palabras… Rechacé una separación de enfermedades corporales y mentales, traté de tratar al paciente individual, el Ello en él. (Groddeck a Freud, 27 de mayo de 1917, Groddeck, 1917, p. 33)] En 1920, Ferenczi dedicó una sección a Groddeck de sus trabajos en estados orgánicos, haciendo mención del texto de 1917 de Groddeck: “Afirma haber logrado demostrar en numerosos casos de enfermedades puramente orgánicas (inflamaciones, tumores e irregularidades constitucionales) que la enfermedad surgió como “sensibilidades” inconscientes “(Ferenczi, 1920b, citado en Mészáros, 2009, p. 215). Podemos considerar lo que dijo Groddeck en una entrevista con el escritor Dezso Kosztolányi en 1925 como su declaración de propósito: La enfermedad en sí misma es una confesión secreta… Para que podamos refugiarnos de las adversidades de la vida… Cada muerte temprana es un suicidio… Si una persona enferma sigue yendo al médico, él dice que no quiere estar enfermo. Esta es una contradicción interna fundamental… Esto es cuando comienza la batalla entre el paciente y el médico… [El médico] elimina todos esos escollos que se elevan antes de que el paciente se recupere por sí mismo. (Kosztolányi, 1925, citado en Mészáros, 2009, págs. 216–217) Ferenczi no solo se dirigió a sus motivos inconscientes durante su experimentación con la escritura automática, sino que a lo largo de su vida también vio a su propio cuerpo como la personificación de sus sentimientos reprimidos. Consideró su propia anemia perniciosa como un síntoma psicosomático y anotó lo siguiente unos meses antes de su muerte en su Diario Clínico: Regresión adicional a la muerte… En mi caso, la crisis de la sangre surgió cuando me di cuenta de que no solo no puedo confiar en la protección de un ‘poder superior’ sino que, por el contrario, este poder indiferente me pisoteará tan pronto como siga mi propio camino y no el suyo. (Ferenczi, 1988 [1932], p. 257) En su última carta a su amigo Groddeck, Ferenczi compartió el dolor que estaba experimentando por la crisis en su relación con Freud: “La razón psicológica subyacente de esta decadencia era debida, aparte de puro agotamiento, para mi decepción en Freud, sobre él que también sabe”. (Ferenczi to Groddeck, 20 de marzo de 1933, Fortune, 2002, p. 105). (Mészáros, 2005)

El año 1923 ha sido llamado un “punto de inflexión” en la literatura psicoanalítica (Gubrich-Simitis, I.,1993, p.138) y un momento de “cambio de paradigma kuhniano en la historia del psicoanálisis” (Hoofer, P., 2008). Cuando Gubrich-Simitis describe este “punto de inflexión”, se refiere a la publicación de Freud de El Yo y el Ello . Sin embargo, Rudnytsky, al describir un “momento crucial en la historia del psicoanálisis”, se refiere a la publicación casi simultánea de los escritos clásicos de Groddeck ( El libro del Ello ), Ferenczi, ( Thalassa ), Rank (El trauma del nacimiento ) y Ferenczi y Rank ( Metas para el desarrollo del psicoanálisis ). (Rudnytsky, 2002, p.141). El verano de 1923 fue también cuando a Freud se le diagnostico cáncer y, en un principio se creía que iba a morir. La suposición de su perdida hizo que sus discípulos en Berlín: “establecieron un dique sólido contra la heterodoxia… mediante el establecimiento de una enseñanza coercitiva autoritaria durante un período de prueba interminable…” (Bernfeld, S., 1962, p.467). El cáncer de Freud fue controlado eventualmente, pero el modelo de enseñanza de Eitingon persiste hasta el día de hoy. Irónicamente, el año 1923 resultó ser un año de inflexión, pero no por la utilidad clínica del modelo estructural, el cual ha sido cuestionado (Rapaport, 1958; Goodman, 1965; Holt, 1965; Klein, G., 1969; Shulman, 1987; Friedman, L., 1992; Brenner, 1998). En realidad, su importancia histórica reside en que el modelo estructural y sus elaboraciones acerca de la psicología del Yo crearon, sin darse cuenta, un vacío de modelos teóricos acerca de las relaciones y la subjetividad que terminó siendo llenado por varios modelos nuevos -las relaciones de objeto, la psicología del self, la interpersonal y la relacional. La apropiación y redefinición de Freud del concepto de El Ello de Groddeck y su inclusión en el modelo estructural del Ello, tal vez resultó ser el momento de génesis de un cisma entre el modelo de psicología unipersonal y bipersonal. Groddeck escribió: “… por su profesión como especialista en enfermedades mentales, Él (Freud) nombró estos conceptos de distinta manera” (Schacht, 1977, p.14). Groddeck estaba enojado por la bastardizacion no autorizada por parte de Freud de su concepto principal de análisis. (Bos, 1992: Steiner, 1998, p.419). Escribió a su esposa el 15 de mayo de 1923: “El Yo y el Ello es lindo, pero me resulta bastante poco interesante. En realidad, fue escrito para apropiarse secretamente de los préstamos hechos por Stekel y yo. Sin embargo, su Ello tiene una utilidad limitada para el entendimiento de las neurosis. El se aventura en la esfera de las enfermedades orgánicas de una forma muy furtiva, con la ayuda de una pulsión de muerte o instinto de destrucción tomado de Stekel y Spielrein. Hace caso omiso del aspecto constructivo de mi Ello, supongo que para hacerlo aparecer más adelante. Algunas partes son bastante divertidas” (Schacht, 1977, p.13). La visión de Groddeck era que: “el Ello y el inconsciente son dos conceptos completamente diferentes -el inconsciente es una parte de la psique, la psique es una parte del Ello… El Ello es el hombre mismo en toda sus manifestaciones vitales y, como tal, no es accesible para el psicoanálisis ni para cualquier otro método de análisis, sin embargo, hay métodos que nos llevan muy cerca del Ello y el mejor de estos métodos, la manera de llegar más cerca del objetivo, es el psicoanálisis.” (Schacht, 1977, p.16). Por otro lado, Freud escribió a Groddeck: “Por supuesto, yo no reconozco mi Ello civilizado, burgués y desmitificado en tu Ello. Sin embargo, sabes que el mío deriva del tuyo” (como hemos viso páginas anteriores) (Schacht, 1977, p.14). Freud, y luego Hartmann, usaron el Yo como una estructura mental racional que sintetiza las pulsiones y afecta y procesa las interpretaciones acertadas del analista. Mientras tanto, Groddeck usó su concepto de Ello como una fuerza misteriosa a la cual el médico y el paciente escuchaban juntos. Combinando la publicación de los textos antes mencionados y las políticas consiguientes, esta situación llevó a un cisma entre los seguidores de los modelos de conflicto intrapsiquico y los de modelos relacionales o interpersonales que persiste hasta el día de hoy. Inmediatamente, la investigación tanto de Ferenczi (con Rank) como de Groddeck empezó a ayudar a llenar el vacío de subjetividad y relaciones creado por el enfoque objetivista dictado por el modelo tripartito de Freud. Estos pioneros revolucionarios re-energizaron y desarrollaron aun más el trabajo comenzado por Freud. Ellos sentaron precedente en el desarrollo de los campos de relaciones de objeto (y luego la psicología del self y el psicoanálisis relacional e interpersonal) y la medicina psicosomática, respectivamente. (Poster, 2011)

Entre 1928 a 1933, durante periódicas visitas de Ferenczi a Baden Baden, centro donde Georg Groddeck tenía su Sanatorio -la Marienhöhe-, se fragua una profunda amistad entre estos dos hombres que alcanzaría una altura intelectual singular, a medida que se materializaba el valor potencial de la experiencia del análisis mutuo o bidireccional, y se forjaba el origen, desarrollo y posterior evolución de una forma de pensamientos que inauguraba una nueva concepción clínica. Concepción, que subyacente a la conjunción de ambos pensamientos, poseía un valor subversivo del orden de los modelos médicos y psicológicos imperantes en su época -y, de hecho, aun en la actualidad-, y prefiguraba el futuro desarrollo de la psicología y la psicoterapia.

Por un lado, Georg Groddeck, reconocido generalmente por su famosa frase “Yo soy un analista salvaje”, también por ser quien forjó el concepto del “Ello” y quien introdujo las técnicas analíticas al dominio de las enfermedades orgánicas, siendo por ello considerado el fundador de la medicina psicosomática, y también en menor medida por su afirmación “somos vividos por el Ello, mientras pensamos que vivimos”; y, por otro lado, Sandor Ferenczi, uno de los pensadores más prominentes que ha dado el mundo del psicoanálisis, sin mucha justicia llamado el “enfant terrible” del psicoanálisis y con cierta ambigüedad alguien que padecía de “furor curandis”, aunque también más perspicazmente “el gran visir secreto de Freud” y, definitivamente, y con toda propiedad “la madre del psicoanálisis”.

Ambos pensadores denostados, marginados, excluidos de los discursos oficiales lentamente empiezan a ser considerados como fundamentos de una manera radicalmente distinta de pensar la Salud, la Enfermedad y la cura psicológica, toda vez que sus pensamientos han sido fundamentos que han sustentado parte de los más revolucionarios enfoques contemporáneos de la salud humana, a pesar de que casi nunca han sido reconocidos como tales en sus fuentes, ni menos en el germen de sus ideas. (Gallardo, 2018)

En 1917 Freud se muestra paradójico, contradictorio y voluble, mientras se encuentra entusiasmado por Groddeck, Ferenczi ve con sumo recelo el misticismo de éste. Mas ya en agosto de 1921, sus sentimientos por Groddeck se han invertido. El aprecio de Freud por Groddeck se enfría, y, sin embargo, Ferenczi, encantado con el enfoque de Baden- Baden. En diciembre de 1921 Ferenczi le escribe a Groddeck: “No es ninguna banalidad si me declaro vencido por su naturalidad y su amabilidad y amistad naturales. Jamás he sido tan sincero con un hombre, tampoco con Freud…

En varias ocasiones me dejé analizar por él (una vez, durante tres semanas; la otras, durante cuatro o cinco) , y durante años íbamos juntos de viaje todos los veranos; sin embargo, no he sido capaz de ser totalmente franco con él; tenía demasiado respeto receloso.

La imagen de Freud estaba cambiando ante los ojos de sus seguidores, muchos de los cuales habían tomado su teoría del inconsciente como una certeza inmutable. En medio de un gran tributo al sexagésimo cumpleaños de Freud , Eduard Hitschmann advirtió: Cuidado… cuando el gran Dios deja suelto a un pensador en su planeta. Entonces todas las cosas están en riesgo. Es como cuando una conflagración ha irrumpido en una gran ciudad y ningún hombre sabe lo qué es o cuándo terminará. No hay un ápice de ciencia cuyo flanco no pueda ser derrocado mañana. (Makari,2008)

La amistad de Ferenczi hacia Groddeck era total, Ferenczi recurría a su amigo de muchas maneras, veamos de qué manera: En 1929, desde finales de junio hasta agosto, Severn se alojó en el Hotel Schwei-zerhof en St. Moritz, Suiza, con Ferenczi y sus otros pacientes / estudiantes, incluidos varios estadounidenses, principalmente mujeres. Entre ellos se encontraban los notables psicoanalíticos, Clara Thompson e Izette de Forest, ambos mencionados en el diario de Ferenczi, quienes analizaban a Ferenczi en Budapest a finales de la década de 1920 y principios de la década de 1930 y que se habían encontrado ese verano en la estación de montaña de St. Moritz. Al final del verano, Ferenczi le escribió a Groddeck que Severn estaba en una “fase crítica” y le preguntó si podía llevarla al Sanatorio de Groddeck en Baden-Baden (Ferenczi y Groddeck, 1982, p. 117). Groddeck estuvo de acuerdo. . En octubre, en Budapest, Ferenczi le escribió a Groddeck: “Me temo que los pacientes … literalmente están tratando de abrumarme” (Ferenczi y Groddeck, 1982, p. 118). En el Congreso de Oxford en agosto, Ferenczi (1929) introdujo las nociones de división psicológica y disociación, por lo que reconoció su deuda con los “descubrimientos hechos por nuestra colega, Elisabeth [sic] Severn, que ella personalmente me comunicó”. (pp. 121-122). En junio de 1930, la condición de Severn se deterioró: ella entró en comas periódicos y no podía cuidarse a sí misma. Alarmada, Ferenczi la internó en un sanatorio cerca de Budapest. Preocupada por el grave estado de Severn y ansiosa por no poder salir adelante, Ferenczi llamó a Margaret Severn para que viniera de Nueva York para estar con su madre. Se ofreció a renunciar a su propia tarifa analítica si eso le permitía permanecer en Budapest. Margaret respondió de inmediato y se quedó cuatro meses. Mientras Severn estaba en este estado de colapso, Ferenczi escribió a Groddeck y Freud sobre su propia salud fallida, causada en parte por los exigentes Análisis “de Elizabeth Severn. Más tarde ese año, el 21 de diciembre, con un ánimo más optimista, Ferenczi escribió nuevamente a Groddeck: Mi paciente principal, la” reina “, ocupa cuatro, a veces cinco horas de mi tiempo diariamente. Agotador pero valioso mientras. Creo que pronto, o en un futuro no muy lejano, estaré en una posición para anunciar lo que significa completar un análisis [Dupont et al., 1982, pág. 122]. (Esperaba Ferenczi ” cura “a Severn para demostrarle a Freud y a la comunidad psicoanalítica que sus nuevas técnicas eran efectivas y para convencerlas de que el trauma era el factor etiológico crítico en la neurosis”. Severn, esta vez con una corrección perceptiva a su técnica analítica: “[Severn dijo] a veces perturbaba la espontaneidad de la producción de fantasía con mis preguntas y respuestas. Ella pensó que debía limitar mi asistencia a . . Preguntas muy simples en lugar de declaraciones “(págs. 133-134). Severn (1933a) luego afirmó que ella misma había originado la técnica terapéutica en la que Ferenczi basaba su principio de relajación. Ella escribió que era un método que había ideado para inducir un” trance estado . . . [y] recuerdo “(p. 95).

Anticipando lo que más tarde se convirtió en el sello distintivo de la técnica kleiniana, Ferenczi (1925b) aconsejó que, siguiendo la influencia de Rank y en última instancia de Groddeck, los analistas deberían tomar “cada sueño, cada gesto, cada parapraxis, cada agravación o mejora en la condición del paciente”. como sobre todo una expresión de transferencia y resistencia “(p. 225). Ferenczi y Rank (1924) fueron responsables del procedimiento técnico en el cual el analista interpreta todo el material del paciente en términos de la transferencia de aquí y ahora. Sin embargo, lo más notable es que en su Diario clínico Ferenczi (1932) criticó sus propias contribuciones con una visión tan profunda que sus hallazgos son tan relevantes hoy como lo fueron entonces, menciona Ferenczi: La interpretación de cada detalle como expresión de un afecto personal hacia el analista, que Rank y yo quizás exageramos, es probable que produzca una especie de atmósfera paranoica, que un observador objetivo podría describir como una ilusión narcisista, específicamente erotomaníaca del analista [Ferenczi, 1932, pág. 95). Sin embargo, las contribuciones de Ferenczi van mucho más allá que simplemente reconocer la ubicuidad de la transferencia. Desde el principio, Ferenczi también destacó al analista como una persona “real”. Vio “el impacto real del analista como un puente a la transferencia de los objetos originales”. Además, señaló que el paciente era consciente y reaccionaba a “incluso los matices del comportamiento del analista” (Ferenczi, 1909, p. 41). Las observaciones finales de Ferenczi derivadas de sus experimentos técnicos refinan y extienden estas primeras observaciones, pero el tema es consistente a lo largo de sus escritos. Más tarde, dijo que los pacientes desarrollan una “sensibilidad refinada” al analista (Ferenczi, 1933, p. 158) y que “todos los pacientes sin excepción notan las peculiaridades más pequeñas en el comportamiento del analista” (Ferenczi, 1928, p. 93). (Aron y Harris, 1995)

En 1921, Ferenczi le confió a su nuevo amigo Groddeck: “Nunca podría ser completamente libre y abierto con él… era demasiado grande para mí, había demasiado del padre ”(Fortune, 2002). Nueve años después, Ferenczi se enfrentó a Freud por no haber percibido la transferencia negativa, y agregó: “No lo hago… comparta su opinión de que el proceso de curación es un procedimiento sin importancia, o uno que debe descuidarse, que uno debe descuidar solo porque no nos parece tan interesante “(Falzeder y Brabant, 2000, pág. 383), a lo que Freud respondió cariñosamente tres días después, escribiendo, por lo que no considera que este análisis se remonta a quince años, y que en ese momento no estábamos tan seguros de que estas reacciones pudieran esperarse en todos los casos. Al menos, no estaba. Usted mismo [debería] considerar cuánto tiempo habría tenido que durar este análisis hasta que los impulsos hostiles en nuestra excelente relación hubieran tenido éxito. (Falzeder y Brabant, p. 383). A pesar de los elogios de su editor británico, John Rickman, Ferenczi a menudo minimiza su propia originalidad, describiendo de manera apacible las técnicas “activas” como “adyuvantes para reforzar el método freudiano” (Ferenczi, 1926, p. 8). Podría haberse sentido constreñido por las críticas y, probablemente, la promesa a los miembros del “Comité Secreto” de Freud en 1912, después de que Adler y Stekel desertaran y cuando Jung se preparaba para abandonar el barco, nadie haría ninguna salida pública de los “principios fundamentales”. de la teoría psicoanalítica antes de discutir esto con los demás. Ferenczi, cada vez fue más tratado por estos colegas con “una mezcla de admiración y sospecha cautelosa” (Balint, 1933, p. 216), recorrió un camino estrecho de “creencia manifiesta e incredulidad latente en el padre” (Falzeder y Brabant, 1996, p. 109). (Judit Szekacs-Weisz and Tom Keve, 2012)

“Hizo de todos sus analistas a sus estudiantes”, escribió Freud en su obituario en 1933 y, de hecho, la lista de nombres más relacionados con Ferenczi y la Escuela de Budapest es muy importante. Mencionemos algunos de ellos: Ernest Jones, Melanie Klein, Sándor Rado, Géza Róheim, John Rickman, Clara Thomson, Georg Groddeck, Therese Benedek, Margaret Mahler, Franz Alexander, Eugenie Sokolnicka, Rene Spitz, Otto Rank István Holls, The Balints (por supuesto), Vilma Kovács, Antal tószeghi Freund, Imre Hermann, Iván Fónagy, Edith Ludowyk Gyömro˝. Sus analizados (un término también acuñado por Ferenczi) y los estudiantes llevaron sus ideas junto con ellos mucho más allá de las fronteras de Hungría.

Der Seelensucher.

Aunque las condiciones en Alemania eran difíciles, Groddeck tenía trabajo y su reputación crecía. Escribía todos os días, aunque sus pacientes ocupaban gran parte de u tiempo. En 1918 empezó a circular una pequeña revista que circulaba en el sanatorio y entre unos cuantos amigos. Había unos colaboradores ocasionales de afuera, pero Groddeck mismo escribía casi toda la revista. Ésta se llamaba, por broma de un paciente, Satanarium, y muchos seguían llamando al sanatorio el Satanarium de Groddeck.

También estaba escribiendo una novela, la primera novela psicoanalítica. Quería presentar a un personaje principal que personificara al inconsciente. El hombre debía portarse de una manera incivilizada, inclusive psicopatológica, y el argumento demostraría cómo su conducta afectaba a quienes lo rodeaban. (Grossman, 1965)

Leamos unos fragmentos:

AGATHE, EL EDITOR, AUGUST MÜLLER Y EL «BUSCADOR DE ALMAS»

Mi amiga, la señora Agathe Willen, me encargó en su lecho de muerte que publicara la historia de su hermano, un tipo raro llamado Thomas Weltlein.

—Thomas —me dijo— era el mejor de los hombres, y también el más inteligente que he conocido jamás. Y yo soy la culpable de que haya acabado de un modo tan lamentable. Mi manía de limpieza y mis angustias lo arrojaron a esas tempestades en las que naufragó. Y ahora, cuando cualquiera se burla de la locura de ese pobre infeliz, mi alma se siente abrumada por un peso enorme. Mis remordimientos me han llevado a reunir todo lo que he podido averiguar sobre las curiosas vivencias de mi hermano. Por eso le ruego a usted, que lo conoció y lo apreció, que eche un vistazo a los papeles, cartas y diarios guardados en aquella caja, que los ordene y los publique como una advertencia dirigida a todos los hombres y mujeres prudentes y sensatos.”

“Apenas dicho esto, la valerosa Agathe se dio la vuelta hacia la pared y murió.

Era un error de la buena anciana pensar que yo hubiera podido conocer o incluso apreciar al hermano por ella descrito. Cuando el azar me arrojó a la ciudad de Bäuchlingen, él ya había pasado a mejor vida. Pero, a esas alturas, yo ya no podía corregir a la muerta al respecto, por lo que, de pie junto a su lecho, juré satisfacer su último deseo. Por tal razón, cualquier publico indulgente habrá de perdonarme que le cuente con lujo de detalles cómo vivió y murió Thomas Weltlein.

Sin embargo, debo puntualizar algo en mi narración antes de iniciarla. El hombre del que trata esta historia no se llamaba Thomas Weltlein; había recibido de sus padres el nombre de August Müller. Pero él mismo se otorgó plenos poderes para cambiarse el nombre que había heredado. En Bäuchlingen esto era algo que todo el mundo sabía, y hasta yo tenía conocimiento de ello, pero no fue hasta que leí los papeles de la difunta hermana que me enteré de las extrañas motivaciones de ese nuevo bautismo, algo sobre lo que también informaremos al lector en[…]”

“Debido a la muerte de sus padres, August Müller entró en posesión temprana de un patrimonio considerable. Fue alumno, por varios años, de una serie de universidades, viajó mucho y tuvo incontables vivencias, y, finalmente, regresó a su retiro en Bäuchlingen siendo un hombre de treinta y tantos años. Y allí vivía, en una casita rodeada de parras, en compañía de su hermana viuda, Agathe Willen, y de la hija adolescente de ésta, Alwine. La llegada de su hermana a la casa estuvo asociada a un acontecimiento que, por muy insignificante que ahora pueda parecer al lector, debemos mencionar. En uno de sus viajes, August había conocido al nieto de Goethe: Wolf. Por su don para hacer hablar y para escuchar atentamente a personas solitarias, se ganó en tan alto grado el favor de Wolf Goethe, que éste, a modo de recuerdo, le regaló una silueta recortada por la mano de su abuelo. En nítidos contornos, en papel negro, se ve la figura de un hombre sentado sobre un globo terráqueo que sostiene sobre la palma de la mano a una mujercilla desnuda cuya zona crucial examina con una lupa. August quedó encantado con el regalo e hizo enmarcar, posaban forzosamente en ella. Adoraba aquel dibujo. Tras la muerte de su cuñado, invitó a su hermana a que viniera a visitarlo a Bäuchlingen durante unas semanas en compañía de la pequeña Alwine. Puesto que aquella niña le gustaba, y la mano diligente de su hermana le haría la vida más agradable, una mañana le pidió a Agathe que se quedara con él y llevara los asuntos de su casa. Agathe, que estaba sentada frente a él, en el viejo sofá de cuero, molesta por el hecho de que su hijita Alwine lamentara la pérdida del padre tan poco como ella la del marido; enfadada, asimismo, por no haber sabido transmitir a la niña ni siquiera la decencia necesaria para fingir el duelo, tal y como ella hacía, estuvo a punto de rechazar de plano la petición, ya que atribuía esa falta de sensibilidad en su hija al influjo del extraño afecto de Alwine por su tío. Sin embargo, en ese momento vio cómo Alwine, que estaba cariñosamente acurrucada junto a su amado tío, estiró su delicada mano para agarrar el «Buscador de almas». Agathe se puso de pie de un salto, levantó a la niña del regazo de Goethe desapareció del escritorio de August Müller y que Agathe y su hija se mudaron a su casa.

Además de sus dos parientes y de una robusta criada, Emilie, en la casa vivía una anciana llamada Trude que siempre acarreaba consigo cierto aire de envidia, encono y odio. Curiosamente, aquella mujer gozaba del favor especial de August Müller, que la había bautizado con el apodo de «la Bella Rottraut», y de ella afirmaba que había sido su ama de cría, lo cual, como ha podido demostrarse, era falso. El motivo por el cual toleraba en su casa a esa criatura cuyo único diente parecía clavarse en cualquier cosa que transmitiera alegría era la maldad. A August le divertía aquella guerra constante entre las mujeres, y creía que el temperamento de su hermana necesitaba de una distracción así; de lo contrario, acabaría vertiendo sobre él su abundante y fluida bilis.

Lo que es trabajar, August no trabajó nunca. Con suma habilidad eludía todo lo que le resultara fastidioso, y sólo hacía lo que era de su agrado. Eso sí, era un hombre amable y divertido, le gustaba beber y no era envidioso, de modo que era querido por todos.

THOMAS WELTLEIN ENCUENTRA EL SER, EL DEVENIR Y EL ALA DE LA ACCIÓN

El recién bautizado Thomas Weltlein no tenía ni idea de la confusión que había dejado tras de sí. Sin sombrero y con los puños crispados, caminaba a toda prisa por la carretera comarcal. De vez en cuando abría la mano derecha y contemplaba pensativo el objeto que llevaba oculto en ella. Era la pledrecita con la que la pequeña Alwine lo había sacado bruscamente de su sueño. Había escogido su nuevo nombre, todavía absorto en el recuerdo de la conversación sostenida sobre contagios internos y externos. Esos dos nuevos nombres, Thomas Weltlein, debían seguir transformándolo en alguien nuevo, recordándole una y otra vez la sublime labor a la que se creía llamado. Y de ello puede inferirse lo poco que confiaba todavía él mismo en su metamorfosis. Por eso ya estaba pensando en otro remedio que lo ayudara a sostener desde fuera a su espíritu inseguro.”

“Deseaba crearse un símbolo de su esencia, un emblema de aquello a lo que lo había llamado el milagro de las chinches. Esa pieza redonda de grava, alrededor de la cual sus dedos se abrían y cerraban con tanta facilidad, podría significar la tierra, el mundo. La idea le gustó, y soltó una risotada de alegría.

Si ése era el mundo, no era él quien se había estampado la nariz, contra él. No, el mundo le había sido arrojado como una propiedad, y tal vez hasta acertó intencionalmente en aquella parte de la cara. ¿Por qué una piedra no iba a tener intenciones? ¿Por qué no podía habitar en ella una vida consciente? La vanidad del hombre se ha inventado esa diferencia entre la vida y la muerte. Si había un Dios, él era el único que pensaba, y la piedra era una herramienta de su voluntad, al igual que la razón de un genio. Pero si había hombres pensantes, entonces no comprendía por qué no podía haber también piedras pensantes. La piedra que allí tenía pensaba, sin duda. Había escogido ella misma, con seguridad, el punto sensible en el que deseaba acertar. Y él, Thomas, debía seguir, aliviar el dolor. Sin embargo, se detuvo a mitad del gesto; de repente se produjo una transformación tan imprevista en él, que se apresuró a detenerse. Algo afilado y puntiagudo le había rozado la cara, y cuando abrió la mano izquierda, vio en ella un sarmiento de vid medio marchito. Se le había quedado entre los dedos cuando bajó por la parra y lo había estado llevando consigo, sin saberlo, todo el camino, metido entre sus dedos, dentro del puño cerrado con fuerza.

Todo le llegó entonces de golpe, como un rayo: ése era el símbolo. La vid, antiguo símbolo del crecimiento, de la transformación y la resurrección, portador de la sagrada embriaguez, la herramienta de un Dios que conquista el mundo. Debía hacerse una corona con las hojas de la vid, tejérsela sobre la cabeza como un ornamento admonitorio.

Alzó el brazo con gesto triunfal para ponerse sobre la frente aquel adorno medio marchito, y entonces recordó una palabra que vino a estropearle su buen estado de ánimo.

—Una lástima, una verdadera lástima que no haya cerca de aquí un espejo —dijo en voz baja. Pero entonces se rio de sí mismo de buena gana, extendió los brazos[…]” “He aquí el ser —dijo, colocando con cuidado la piedrecita de Alwine sobre el suelo—, y he aquí el devenir —añadió, poniendo el sarmiento de la vida a un lado—. Ahora retrocederé veinte pasos y regresaré con los ojos cerrados. Lo primero que vea al abrir los ojos será sagrado para mí.

Dicho esto, se levantó y miró a su alrededor. Desde la colina donde estaba podía ver un amplio panorama sobre el paisaje que amanecía. Estuvo incluso a punto de olvidar su propósito ante aquella vista seductora. Pero pronto se recompuso, hizo un guiño al cielo y gritó:

—¡Presta atención, dios de los paganos, y hazlo bien! —Anduvo entonces los veinte pasos, lentamente, cerró los ojos y regresó contando en voz alta. Al llegar a veinte alzó la mirada. Pero en lugar del ser y el devenir vio, en los confines del mundo, el sol surgiendo de la tierra. Con un grito de alegría extendió los brazos, se puso de rodillas y celebró al astro naciente.

—¿Eres tú, Gran Sol? Te me entregas a mí, a tu hijo. ¿Eres tú la señal con la que venzo? ¡Gran Sol, cuánto te amo! Eres la luz sagrada.

“Esto es indignante —gritó—. Oro al sol y, en agradecimiento, él me muestra el ser y el devenir al mismo tiempo. ¡Maldita piedra, maldita vid! ¿Cuál debo escoger?

Furioso, alzó del suelo los dos símbolos, pero vio entonces, casi sepultada bajo el polvo de la carretera, la pluma que alguna vieja urraca habría dejado caer allí. La contempló con mirada seria, la alzó con reverencia y, asintiendo con la cara vuelta hacia el sol, dijo con regocijo:

—Tú no abandonas a ninguno de tus hijos, antiguo viajero del mundo. Te ríes del ser y del devenir e iluminas el ala de la acción. Y tienes razón. Fuera el ser —dijo, guardándose la piedra en el bolsillo derecho del pantalón—; fuera el devenir —la hoja de parra desapareció entonces en el bolsillo izquierdo—, adiós, filosofía de los griegos y los indios; la acción es todo, el pensamiento no es nada. Eso ya lo sabían otros antes que tú, Thomas. ¡Pero, gracias, Sol, por habérmelo enseñado!

Alegremente, alzó del suelo la pluma de urraca, la puso delante de sus ojos y miró al sol a través de sus plumillas.

—Tú habrás de llevarme a las elevadas alturas. Sobre estas alas seré hermoso, mundo, hermoso y digno de ser amado.

La conmoción lo venció. Sentía el ímpetu irresistible de abrazar algo y, mediante esa fuerte presión, liberar su alma en tensión. Para liberar las manos, se metió la pluma en la boca, extendió los brazos y caminó, en estado de embeleso, hacia el árbol más próximo.

Pasajes de El buscador de almas, Georg Groddeck

Trata acerca de un bachiller retirado que se da por vencido en una desesperada batalla contra las chinches de cama y, como consecuencia, abandona su casa para ser un vagabundo. Toma un nuevo nombre, Thomas Weltlein (Tomás Pequeñomundo), y vaga a través del mundo en busca del significado de la vida. Cae en una alegre locura en la que hace profundas interpretaciones desinhibidas – utilizando la filología, la mitología y la literatura- en todo tipo de situaciones inesperadas. Diserta en una merienda de señoras, instándolas a que eduquen a sus hijas para las grandes alegrías que proporcionarán a los hombres. Desde su puesto en la tribuna del orador, se burló del interés de todos en los ferrocarriles al imitar locomotoras realizando el coito. Sus ruidos desagradables y sus movimientos obscenos representaban, convencían y enfurecían. Nunca hubo una interpretación más bulliciosa. El funcionario que presidía, agitando frenéticamente su campanilla, expulso a Thomas, mientras con excitación continuaba interpretando el significado y la función del repique de campana.

Thomas como lo expone Grotjahn es un tonto y un demente. En una reunión de trabajadores, sorprendió a todos al hablar razonablemente pero con pasión al unirse a los hombres en su lucha por la libertad y la igualdad.

Cuando el libro termina, muere en un accidente de trenes. Su insípida hermana lo identifica por su lápiz de oro y por una cicatriz alta -muy alta- en su muslo izquierdo.

Cuando el libro estaba terminado, lo envió Groddeck a un editor y esperó a que lo aceptaran. Nunca había tenido la menor dificultad para publicar sus escritos y aunque su libro no se parecía a nada de lo que antes escribiera, lo consideraba bien hecho y valioso. No estaba preparado para la acogida que tuvo. El editor se sintió molesto y ofendido, empleó la palabra lujurioso y devolvió rápidamente el manuscrito. Groddeck se encogió de hombros y volvió a mandarlo. Media docena de editores que antes lo habrían estimulado a que les enviara sus trabajos le contestaron que no les interesaba la novela. Volvió a mandar el manuscrito. Fue inútil. Todo lo que le parecía valioso era inaceptable para los editores y las partes que él consideraba menos logradas eran altamente elogiadas. (Grossman, 1965)

Freud expresaba su pesar por la dificultad de encontrar un editor para la novela de Groddeck. Decía irónicamente que podía ser el título. La sucia palabra “psicoanalítica” la que provocaba antagonismo; quizás encontrará en Groddeck un editor sí escogía “un título menos oprobioso”. En cuanto a él, le gustaba mucho el libro.

Admiré en espacial su don para la presentación plástica, que no es en absoluto usual, en las escenas del tren. Naturalmente estoy de acuerdo con usted en que el libro no será del gusto de todo el mundo. Tantas ideas brillantes, características de un pensamiento libre y en ebullición no pueden ser digeridas en conjunto. Y, sin embargo, debe usted seguir intentando publicarlo. En realidad, se han publicado producciones peores bajo la égida del psicoanálisis. Sus colaboraciones para imago siempre serán recibidas por nosotros.

Las esperanzas de Groddeck, despertadas por la posibilidad de que la sociedad psicoanalítica publicara su libro, recibieron un rudo golpe en la última línea de la carta de Freud. “Por el momento no tenemos papel”.

El manuscrito salió nuevamente. Le fue devuelto. Volvió a salir. Regresó de nuevo. Mientras esperaba la última excusa por el rechazo, Groddeck reflexiono acerca de la novela e intentó buscar manera de hacer que chocara menos.

Era inútil. A él le gustaba tal como era. A Emmy le gustaba. A Freud le gustaba. Volvió a los artículos, escribió el estudio de un caso y se lo envió a Freud, y el 2 de abril de 1920, le escribió a Freud que la novela todavía no había sido vendida. (Grossman, 1965)

Mientras esto pasaba Freud, tenía que responder entonces la pregunta de si Groddeck podía ser miembro de una sociedad psicoanalítica. La verdad es, simplemente, que no era bienvenido. Ernst Jones, que no lo había conocido pero había leído sus artículos, lo consideraba entonces como una “divertida rareza”. Algunos de los otros, que habían esperado años para que el movimiento obtuviera un grado de respetabilidad, se sentían incómodos por la exuberancia y la extravagancia del estilo literario de Groddeck. Freud sabía que era probable que la solicitud de Groddeck fuera rechazada. Se mostró como habría de hacerlo muchas veces en su desordenada correspondencia, amable y comprensivo.

Groddeck decidió hacer la solicitud. No pensaba ganar nada para sí mismo, pero estaba seguro de complacer a Freud. Hizo la solicitud y cuando volvió a escribir a Freud le dijo que lo había hecho. No hay manera de sabe exactamente qué pasó, pero corrió el rumor de que Freud se había valido de su influencia ante el grupo de Berlín, y Groddeck fue aceptado.

La carta de aceptación llegó en julio, y Groddeck escribió a Freud para decírselo. “Sería maravilloso verlo a usted personalmente -dijo- , y la Haya no es un lugar al que yo pueda ir. Viajar era un poco más fácil que antes y, aunque el dinero valía poco, Groddeck consiguió financiar el viaje para él mismo y. Para Emmy. Estaba impaciente por ver personalmente a Freud.

5. “Yo soy un psicoanalista silvestre”.

Así se presentó Groddeck, en 1920, ante el Congreso Psicoanalítico de la Haya, Y en seguida se puso hablar, haciendo sin ceremonias una demostración desorganizada y discursiva, del proceso de libre asociación. Hizo pocos amigos ese día y muchos enemigos.

Cuando tuvo lugar el Primer Congreso Psicoanalítico después de la Gran Guerra, estas nuevas instituciones ya habían comenzado a funcionar. En la Haya, ciento dieciocho participantes, el mayor número en la historia, hicieron frente a tipos de cambio muy elevados para asistir a la reunión de la API. El nuevo presidente, Ernst Jones, dio la bienvenida a ocho sociedades a la asociación. Ninguna de las ocho sociedades de Viena, Berlín; Hungría, Nueva York, Suiza, Holanda, americana y británica – contaba con los requisitos de entrenamiento formal. La pregunta de cómo formalizar el entrenamiento fue postulada por Oskar Pfister, quien propuso que la API considerara expedir diplomas. Unos cuantos apoyaron la moción, incluido Freud.

El término “análisis de control” aparece en la obra de Freud en 1919, en “¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?”

Aquello que (el analista en formación) necesita a nivel teórico, puede encontrarlo en la literatura especializada y, más aún, en las reuniones científicas de las sociedades de psicoanálisis así como también en su contacto personal con los miembros más experimentados. En cuanto a la experiencia práctica, fuera de lo que aporta su análisis personal, puede adquirirla a través de la condición de curas, con tal de que se asegure del análisis de control y del asesoramiento de psicoanalistas confirmados.

Sin embargo con el advenimiento de nuevas instituciones para recibir formación práctica y una creciente cuadrilla de aprendices, los líderes de la disciplina se vieron obligados a considerar qué enseñar, qué debía aprender un estudiante y qué se requería de sus practicantes. El establecimiento de dichos lineamientos tenía gran importancia, pero aún así se convertiría en una fuente de debate y confusión, ya que las respuestas estaban lejos de ser evidentes. (Makari)

Groddeck no se adaptaba a ningún patrón. Cuando solicitó su ingreso en la sociedad psicoanalítica le escribió tímidamente a Freud: “Quizás no encajo en todo esto” tenía razón. Y añadiría hasta cierto punto en broma: “Es fácil llevarse conmigo”.

Los escritos de Groddeck se adaptaban bien a las ideas de Freud, quien en 1922, trabajaba en El yo y el ello. En ese libro, Freud reconoce sus deudas con Groddeck.

En la Haya, muchos analistas se escandalizaron con Groddeck, sólo unos pocos -entre ellos Otto Rank, Ferenczi, Horney, Frieda Fromm-Reichmann y Simmel- compartían el interés y el afecto de Freud. Emmy, que aún no era su esposa, acompañó a Groddeck a la conferencia. No fue sino cuando los Groddeck estuvieron casados en debida forma cuando Freud admitió que, siendo él mismo algo victoriano, se disgustó cuando Groddeck trajo a su mujer a su primer encuentro.

Groddeck temía que la palabra pudiera matar el pensamiento. No quería transformarse en un erudito, sino escribir y vivir de una manera libremente asociativa. A causa de su decepción que le brindaran en el congreso, trató de apartarse de todos los analistas excepto de Freud, quien lo previno contra la construcción de esa valla.

Ernst Simmel se transformó en su amigo y en un visitante de Baden-Baden. Simmel cita a Groddeck, diciendo: “el ojo soy yo, y todo aquel que es corto de vista no desea ver más adelante…” Bajo la influencia personal de Groddeck, Simmel pudo leer la hora de un reloj que estaba a varios kilómetros de distancia y dirigir el congreso de Baden-Baden sin anteojos, aunque en Berlín volvió a necesitarlos de nuevamente con urgencia. (Grotjahn, 1968)

Parecería que Groddeck es menos reconocido de lo que su influencia podría justificarse, y esto podría deberse a que los escritos de y charlas de Groddeck eran a menudo provocaban grandes revuelos, Freud menciona que el libro de Ello (1923) podría provocar violentos estallidos y ofensas (Groddeck,1977,p.65), Groddeck no estaba interesado en desarrollar una escuela de seguidores. Le escribe a Freud, “nunca he tenido discípulos, yo estoy convencido de que mi talento es esencialmente para el tratamiento de pacientes” (Groddeck, 1977, p. 78). Y por último Groddeck no estaba interesado en el movimiento psicoanalítico, sino más bien en la aplicación clínica del psicoanálisis. Como Glover (1931) señaló, “Groddeck sería, sin duda alguna, el último a quien se podría tildar de proselitista…” (p.104). Freud escribió a Ferenczi: “Él (Groddeck) no es la persona adecuada para la elaboración de una idea” (diciembre 1, 1925, Freud y Ferenczi, 1920-1933, p 238).

Sus contemporáneos reaccionaron violentamente, algunos con veneración, otros con desagrado, inclusive con repugnancia. Groddeck animaba sus pacientes, a sus discípulos, a sus amigos a que se atrevieran a reconocer sus deseos mas recónditos y prohibidos, eso es algo que resulta fácil de decir pero es difícil de realizar. Los que lo lograban lo consideraban un santo y un liberador. Otros se sentían amenazados, asustados, iracundos. Un encuentro personal con él y una primera lectura de sus libros suscitaba con frecuencia sentimientos violentos, las reacciones eran casi siempre emotivas y tenían poco que ver con una apreciación inteligente de lo que estaba diciendo, no importaba cuales fueron los antecedentes del auditor o del lector; abundaban los sentimientos exacerbados donde quiera que se sentía su influencia.

Circula la persistente historia de que era un curandero sin preparación académica de ninguna clase, se dice que fue escritor y que a mediana edad se dedicó a la medicina, se supone que fue uno de los discípulos desertores de Freud, y también se dice que fue el verdadero cerebro de Freud, se lo llamaba un bárbaro, un ángel, un lunático y un genio. (Grossman, 1965)

Groddeck, uno de los iniciadores de la medicina psicosomática, se habría mostrado inconforme con el término de psyche y soma, no eran para él entidades separadas, sino facetas de un todo. La mayoría de sus pacientes presentaban afecciones somáticas. Su terapia era lo que él llamaba un “tratamiento psíquico”. Por otra parte, cuando Felix Deutsch le envió un paciente con una grave neurosis compulsiva, lo trató con violentos masajes y una hidroterapia de agua hirviente.

En 1921, Groddeck comenzó El libro del Ello, una serie de cartas dirigidas presumiblemente a una mujer joven e inteligente interesada en las ideas analíticas. Se publicó en 1923. Freud encontró el trabajo fascinante e irresistible. Anna Freud aunque escéptica por lo ocurrido en la Haya de haber puesto a Freud como “el padre”; y los demás, “gallinas”, aunque irritada y provocando una antipatía que nunca corrigió, se interesó.

Desde que Freud revisó y redujo el alcance del Ello de Groddeck, más tarde se generaron teorías psicoanalíticas para llenar el vacío experiencial. En consecuencia, la teoría psicoanalítica se hizo más fragmentada y el debate más polarizado. Sin embargo, el interés más reciente entre todas las escuelas en la comunicación interpsíquica y la teoría de campo los ha acercado más y más a cómo Groddeck usó al Ello en su trabajo clínico, que era una forma de sentarse con los pacientes y comunicarse a un nivel inconsciente, algo ahora descrito como interpsíquico (Bolognini, 2004; Diamond, 2014) o intersubjetivo (Thompson, 2005). Dicha comunicación intersubjetiva fue descrita por primera vez por Ferenczi como “diálogos del inconsciente” (Ferenczi, 1915, p. 109). Se elabora más a fondo en la Escuchando con la tercera oreja de Reik (1948) y en la vincula contemporánea (Pichon-Riviere, 1979) y en la teoría de campos (Baranger y Baranger, 2008). Stern (2015) cita el origen del psicoanálisis interpersonal del trabajo de Sullivan y Fromm y revisa la historia de la exclusión de sus defensores del psicoanálisis general. Sin embargo, el mismo Stern hace solo una breve mención de Ferenczi y de Groddeck. Muchos psicoanalistas interpersonales y relacionales se analizaron en un árbol genealógico intergeneracional (Falzeder, 1998) que se remonta a Ferenczi (a través de Clara Thompson, que fue analizada por Ferenczi y que también analizó brevemente a Sullivan). Fortune (2002a, p. 92) escribió: “sin Groddeck, puede que no haya habido Ferenczi posterior para plantear desafíos a Freud e impulsar las fronteras del psicoanálisis”. De hecho, conocí a Horney en Baden-Baden cuando ambos estaban visitando Groddeck. Y Ferenczi, Fromm, Horney, Thompson, Rank y Sullivan trabajaron en la ciudad de Nueva York, más tarde en el centro del psicoanálisis cultural, existencial, interpersonal y relacional. Por lo tanto, el enlace de Groddeck, Ferenczi y Rank a los extensores de las psicologías de dos personas auto-descritas fue transferido a través de generaciones. Los sofás y en gran parte estaban “sin formular” (Stern, 1983), o incluso desconocidos y, por lo tanto, sin acreditar. Su redescubrimiento, por lo tanto, también ofrece la esperanza de un mayor diálogo entre escuelas psicoanalíticas rivales como lo propone Stern (2015) entre los capacitados en las tradiciones interpersonales y clásicas. El autoanálisis comenzó con Freud y fue un tema frecuente del trabajo y la escritura de Groddeck (Groddeck, 1977, p. 70). Por ejemplo, se sintió continuamente atraído por la búsqueda del enfoque original, creativo e intuitivo. En su autoanálisis, Groddeck entendió que esta proclividad era una reacción a las demandas de exactitud de algunos de sus maestros en la escuela de medicina. También se hizo eco de la valoración de su madre de las actividades literarias sobre el conocimiento técnico de la profesión médica de su padre. Groddeck se curó de numerosas dolencias físicas, como nefritis y bocio, mediante autoanálisis. El tamaño de su cuello aumentó de 39 a 45 centímetros con el bocio antes de analizar su deseo reprimido miedo a la fertilización oral (Groddeck, 1977). Groddeck fue muy abierto y, a menudo, cómico al compartir material autoanalítico: por ejemplo, “Estoy tratando a una mujer que sufre de artritis deformante en ambas articulaciones de la rodilla y de la luxación habitual de la rótula … Hasta ahora, el principal resultado es que me caí de la bicicleta para visitar al paciente y me rompí la rodilla derecha. Eso me trajo de nuevo al autoanálisis y con un éxito sorprendente ”(Groddeck, 1977, p. 67). Esto suena similar a la “correspondencia somática” sobre la que Silverman ha escrito, aunque en la dirección opuesta a la que describió (Silverman, 1991, 1992). Groddeck prestó mucha atención a la contratransferencia como un concepto constructivo. Esto anticipó el trabajo de Heimann (1950) y Racker (1957). Holmes (2014) demostró que Ferenczi y Freud también prestaron mayor atención a la contratransferencia de lo que generalmente se aprecia, pero Holmes no mencionó a Groddeck, quien se comunicó con ambos acerca de estos asuntos. Searles (1979, p. 446) reconoció a Groddeck como el primero en describir al paciente como terapeuta para su analista. Groddeck y Ferenczi experimentaron con el análisis mutuo (Poster, 2009, p. 199; Hristeva y Poster, 2013, pp. 249–250; Haynal, 2014, p. 323). Ferenczi continuó este experimento valiente pero exigente aún más con su paciente Elizabeth Severn (Fortune, 2002b) a quien Freud llamó “el genio del mal” (Jones, 1957, p. 407). Groddeck era extremadamente versado en literatura y era un escritor talentoso. El libro del Ello es un ejemplo del talento de escritura de Groddeck. Sigue siendo una de las exposiciones más legibles de los conceptos psicoanalíticos, incluso en lo que se pretende que sea una traducción terrible. Freud reconoció esto: “Tu estilo es encantador, tu habla como música (17 de abril de 1921, Groddeck, 1977, p. 58) … Me gusta mucho el librito. Considero que es una cuestión de mérito poner las narices de la gente en contra de los fundamentos del análisis de los que intentan retirarse constantemente ”(25 de marzo de 1923, Groddeck, 1977, p. 77). Rudnytsky (2002, p. 163), Describió el libro de la misma como “posiblemente la obra maestra más grande de la literatura psicoanalítica”. Más adelante describió El libro de la misma como un “libro del futuro” y El yo y la identificación como un “libro del pasado” (p. 143). Como se mencionó anteriormente, el estilo de escritura epistolar utilizado por Groddeck fue elaborado por Bakhtin y tiene una aplicación directa en la teoría dialógica y el psicoanálisis (Saporta, 2013), específicamente para comprender la intersubjetividad (Thompson, 2005) y la interacción terapéutica (Ehrenberg, 1992). Rudnytsky (2002, p. 192) escribió: “El cambio de paradigma iniciado por Groddeck y Ferenczi tiene menos que ver con su reorientación del padre a la madre, o de la castración o de separación en el plano teórico. En lugar de una concepción dogmática de la terapia ”. Groddeck y Ferenczi se analizaron mutuamente y fueron en gran parte fundadores desconocidos del movimiento relacional en el psicoanálisis. Rudnytsky los describió como “los dos precursores más importantes del psicoanálisis contemporáneo” (Rudnytsky, 2011, p. 335). Mientras Rudnytsky (2002) nombró a Ferenczi como “el progenitor del psicoanálisis relacional” (p. 143). Y Rudnytsky (2002, p. 143) argumenta que “es hora, por lo tanto, de que su eminencia (de Groddeck) como un progenitor de la tradición relacional tenga su debido valor”. El “giro materno” de Groddeck (Hristeva y Poster, 2013) y la teoría le permitió alterar radicalmente su enfoque de tratamiento de una manera que anticipaba la “convergencia en la teorización” pluralista contemporánea (Diamond, 2014, p. 526) sobre la comunicación interpsíquica y el uso de la mente. En el Libro del Ello , Groddeck escribió (1923, págs. 262–263): El paciente despertó ciertas virtudes dormidas de mi madre, que dirigían mi procedimiento … Y ahora me enfrenté con el extraño hecho de que no estaba tratando el problema. Paciente, pero que la paciente me estaba tratando; o para traducirlo a mi propio idioma, el Ello de este ser humano intentó transformarlo de tal manera, lo transformó de tal manera, que llegó a ser útil para su propósito … Incluso para llegar a esta cantidad de conocimiento fue Difícil, porque comprenderá que cambió totalmente mi posición con respecto a un paciente. Ya no era importante darle instrucciones, prescribirle lo que consideraba correcto, sino cambiar de tal manera que él pudiera usarme. La teoría del Ello proporcionó una alternativa a la división entre mente y materia derivada de Descartes. Abarcaba muchos dualismos complementarios como unidades: salud y enfermedad, mental y física, hombre y mujer, vida y muerte. Las ideas más imaginativas se basaron en la observación clínica. La teoría de Groddeck formó la base del trabajo futuro en el campo de las relaciones mente / cuerpo. (Poster, Hristeva, Giefe, 2016)

Groddeck escribía con franqueza, honestidad y dignidad. Por lo general evitaba ser exhibicionista o masoquista. Insistía en llamar su método salvaje y artístico; no podía preocuparse menos por las pruebas científicas. Su tema central era: el hombre vive mediante su ello. Nace con ese conocimiento, pero posteriormente lo pierde.

Groddeck escribió libremente acerca de envidia de la maternidad suya y de todos los hombres: su gran barriga expresaba su deseo de tener un niño; o el hombre desea un hijo del cerebro como Palas Atenea, que nació de la cabeza de su padre, Zeus.

Escribir un libro le proporcionaba a él las preocupaciones y las torturas del parto. Su bocio de muchos años sólo desapareció luego de conocer sus fantasías inconscientes de embarazo, que él creía que producían el bocio.

Si sus interpretaciones eran correctas o equivocadas no lo sabía. Sabía que hablar y explicar el ello ayudaba a sus pacientes. El ello no estudió medicina y puede utilizar cualquier órgano del cuerpo como símbolo: Groddeck acreditaba a Freud todo lo que tenia sentido; todo lo que sonaba tonto y fantástico a si mismo -un cumplido muy ambivalente-

El ello es el deseo de enfermarse y el deseo de curarse. Para ser ayudados, los pacientes deben de convertirse nuevamente en niños, a los que se les proporciona la comprensión mientras duermen . Deben confiar en su madre- doctor con inocencia y con amor y leer este libro en la forma en que los niños leen cuentos de hadas.

El ello se expresa en símbolos; en el crimen, en el amor, en el heroísmo, en los actos, al ensuciar un mantel, en romper un vaso, en la invención de las herramientas y las maquinas; en el arte, la enfermedad y la muerte.

Los accidentes pueden comprenderse como los sueños y los símbolos. Quienquiera que se rompe un brazo deseó cometer un robo o incesto o la masturbación. Los que se quedan ciegos no desean ver más. El que se queda mudo tiene un secreto que no se atreve contar.

La comprensión de la importancia de la transferencia materna ilumina todas las historias de casos de Groddeck. Todo enfermo es un niño.

A continuación, Groddeck pensó que solo existía el Ello, que tenía un “poder absoluto” (1925, p. 199) y que unía todo lo que percibimos como humano. Tanto la conciencia como el yo son meras herramientas del Ello (en Durrell, 1979, p. Xiv; Groddeck y Freud, 1977, p. 38). Groddeck pensó que la enfermedad también es simplemente una manifestación y creación del Ello. La enfermedad es una forma adicional del comportamiento expresivo del Ello, pero vital (1979, p. 232), ya que es una representación simbólica del conflicto interno (1979, p. 101). En su opinión, cuando percibe que debe enviarnos un mensaje y no podemos entenderlo durante algún tiempo, no existe otro medio para que se comunique con nosotros, sino para enfermarnos. Esto sucede, Groddeck escribe, en dos ocasiones: él (Ello) o bien dice que ahora restringirá la independencia que una vez le proporcionó al organismo, o que no asumirá ninguna responsabilidad adicional por su creación: la persona ahora enferma (1925, p. 199). Entonces vemos que la enfermedad no viene de fuera (1979, p. 235), pero es un proceso interno intencional. La comprensión de Groddeck de la terapia también fue original. Para empezar, creía que un diagnóstico no significaba nada, que cada instancia de una enfermedad era diferente (Grossman, 1965, pp. 137 – 138), y que deberíamos estar acercándonos al paciente, no a la enfermedad. Lo que es más importante, pensó que decidió decidir qué hacer con el tratamiento prescrito y que utilizaba el entorno para provocar la aparición de una enfermedad y para inducir una recuperación (en Schacht, 1977, pág. 20). Haciendo eco de lo que aprendió de su maestro Ernst Schweninger, de “considerar al médico como un mero catalizador, poner en marcha el proceso curativo” (Grossman, 1965, p. 36) Groddeck pensó que el agente curativo no era el médico ni La medicación, pero el It: “la vida misma es el principal analista, y lo que los médicos aportan no es más que una presunción patética. Somos instrumentos sin una voluntad, utilizados por la vida para algunos fines inescrutables para siempre “(Ferenczi y Groddeck, 2002, p. 34). En sus escritos anteriores, Groddeck sostuvo que el rol del terapeuta era descifrar los mensajes del Ello e interpretarlos al paciente. De esta manera, el Ello ya no requeriría que la enfermedad se exprese, y la razón de la enfermedad desaparecería. También siguió muy de cerca las concepciones de Freud cuando en 1917 escribió que “lo esencial, la transferencia en sí misma, es un proceso de reacción en el paciente, y en su mayor parte está fuera de la influencia del médico” (pág. 125). Groddeck ha escrito varias veces sobre los procesos de curación en los cuales el Ello de sus pacientes lo había curado. En 1926, generalizó que “el médico trata al paciente y al mismo tiempo lo trata”. Por esta razón, el terapeuta siempre debe estar agradecido a sus pacientes por recibir tratamiento gratuito. Y para beneficiarse de él, él / ella debe “pagar contra su propia vanidad y la megalomanía alimentada por el público, por los hechos de la vida y por la autoadulación innata en el hombre” (p. 227). De acuerdo con su teoría general, Groddeck sostuvo que el terapeuta nunca fue responsable del avance terapéutico, pero que siempre se lo podía culpar, incluso por un minuto de tensión en la relación con el paciente. Pero, ¿qué pasó con estas nociones que Groddeck propuso en sus obras más adelante? ¿Son ahora algo más que un capítulo curioso en la historia de la medicina? Aunque las obras de Groddeck se escribieron en un idioma tan leído como el alemán, y algunas de ellas se tradujeron al inglés hace más de medio siglo, creo que su influencia es casi imperceptible. En lo que respecta a mi conocimiento del plan de estudios médico, Groddeck ahora es conocido únicamente como el creador del enfoque psicosomático, con detalles sobre este o cualquier otro aspecto de su trabajo oscuro e inexplicable. Y mientras cada vez es más frecuente que, por ejemplo, los dermatólogos acepten la posibilidad de que los problemas de sus pacientes sean inducidos por la inestabilidad emocional y la desorganización, los psiquiatras tienen cada vez más probabilidades de atribuir los trastornos de sus pacientes a causas biológicas. Como Gail Hornstein señaló recientemente en su biografía de Frieda Fromm-Reichmann, es extraño que de todos los médicos, los psiquiatras estén menos impresionados por los poderes de la mente (2004, p. 379; véase también Grossman, 1965, p. 140). Por lo tanto, la división entre la psique y el soma está implícitamente presente en todos los principales libros de texto psiquiátricos y clasificaciones, y la psiquiatría dominante contemporánea abarca, como siempre ha hecho, exactamente aquellas opciones que Groddeck rechazó explícitamente (1979, p. 243): Tratamiento sintomático y causalidad externa versus tratamiento causal y causación interna. No solo los libros de Groddeck parecen ser menos leídos y discutidos, sino que las tendencias en la psiquiatría contemporánea han sido completamente opuestas a las que Groddeck defendió. Sin embargo, hay otro hecho importante en esta comparación: ya no se hacen preguntas que a Groddeck le hubiera gustado ver. Hay solo unos pocos autores que discuten el tema del significado de la enfermedad en este momento. Los principales libros de texto de psiquiatría no dedican más de un par de páginas a este problema. Aquellos que hablan sobre la enfermedad o el “desorden” como lo hemos llamado durante el último cuarto de siglo, lo hacen a través de una lente completamente extraña para Groddeck. Haré una breve descripción de la definición contemporánea del trastorno mental más frecuentemente citada, para mostrar cuán diferentes son estos enfoques. Resumiré y diré que Jerome C. Wakefifield (1992) define el trastorno mental como una disfunción dañina. En esta definición, el término disfunción designa el problema causado por la incapacidad de una función mental seleccionada durante la evolución de nuestra especie para realizar aquello para lo que fue seleccionada. Por otra parte, “nocivo” es un término de valor que debería implicar que una cultura particular considera que algunas disfunciones son dañinas y otras inofensivas. Solo en el caso de que se demuestre que un fenómeno específico es disfuncional y al mismo tiempo se considera dañino, podemos considerarlo como un trastorno mental. No solo no podemos ver ninguno de los temas importantes para Groddeck en la definición de Wakefifield ni en ninguna de sus posibles implicaciones. Georg Groddeck mantuvo una posición peculiar incluso para el campo psicoanalítico. Durante un tiempo, hubo una controversia sobre la forma en que realizó sus terapias e incluso se mencionaron “resultados extraños” (Alexander y Szasz, citados en Grossman y Grossman, 1965, p. 160). Con el ascenso de las escuelas interpersonales y relacionales de psicoanálisis, la situación ha cambiado. Groddeck ahora es considerado uno de los pioneros de estos enfoques y hay un interés creciente en su trabajo entre los psicoanalistas. Sin embargo, aunque esto es cierto con respecto a las últimas etapas de la técnica analítica de Groddeck, se puede considerar que su comprensión de los fundamentos y el significado de la enfermedad se ubican en diferentes posiciones. En esta parte de su trabajo, Groddeck está muy interesado en los factores internos y, a veces, incluso hace demasiado hincapié en el papel de los símbolos (véase, por ejemplo, 1979, p. 49), por lo que podría ser bastante diferente del contemporáneo posmoderno, constructivista, y enfoques relacionales. (Dimitrijevic, 2008)

La capacidad insuperable de Groddeck para transmitir el poder revolucionario de las ideas de Freud y, por lo tanto, del psicoanálisis en su conjunto, le da a sus escritos su frescura. Con respecto a los conceptos entrelazados de transferencia y resistencia, por ejemplo, Groddeck (1926a) observa en su artículo sobre la función intestinal que “en la imagen que él mismo hace del médico, el paciente busca y encuentra puntos de ventaja que lo hacen posible. él, al amparo de semejanzas y analogías reales o imaginadas, para poner sobre los hombros del médico esa carga de culpa que tanto se está ejercitando activamente y haciendo que su enfermedad sea necesaria para él ”, y desde“ la resistencia misma está incluida. . . en la transferencia, “siempre que” aparece un nuevo síntoma, estoy acostumbrado a hacerle dos preguntas al paciente: ‘¿Qué crees que he hecho mal?’ y ‘¿Qué has hecho mal contra mí?’ “(pág. 106 -8). Como lo demuestra repetidamente Groddeck, todo lo que pasa por la mente (fechas, números, palabras, nombres) se convierte en un significante irradiado con significado y puede interpretarse rastreando lo que Christopher Bollas (2007) denomina la “lógica de secuencia” que emerge a través del proceso. de libre asociación. En su mejor momento, como nuevamente en su artículo sobre la función intestinal, Groddeck (1926a) es capaz no solo de relámpagos de brillo, sino también de sutiles discriminaciones: “El inconsciente es, de hecho, el fuente de mucha mentira consciente, pero nunca se encuentra en sí misma; simplemente se esconde, pero cuando habla, dice la verdad en todas las ocasiones y en todas las condiciones ”(p. 108). En ninguna parte se muestra el genio de Groddeck más completamente que en El libro del Ello. Así que, con pasión, expone los detalles de Freud sobre los complejos de Edipo y de castración y persigue su incansable búsqueda de símbolos sexuales, que aunque he abrazado el “giro relacional” en el psicoanálisis. Al presentar su obra maestra en forma de cartas a una “amiga”, además, Groddeck (1923), a través de su personaje de Patrik Troll, no solo puede exponer sino representar sus enseñanzas. Un caso notable ocurre en la Carta 7 cuando interpreta la pérdida de un anillo que le había dado su hermana fallecida y observa que, si bien él había hablado en su carta anterior sobre transferencia, resistencia y simbolismo, ella solo mencionó los dos primeros temas. en su respuesta, pero evitó el simbolismo, que él había ilustrado al equiparar el anillo con “el órgano sexual femenino” (p. 59), de modo que “en lugar de nombrar el símbolo en su carta, lo pierde en la forma de su anillo de topacio”. , “Una parapraxis que atribuye a la probabilidad de que esta hermana haya iniciado a su encantadora dama en” el juego con el anillo de la mujer “y, por lo tanto, tuvo algo que ver con su” aprendizaje sobre la autosatisfacción “(p. 72). La respuesta de la amiga a la que se refiere Patrik Troll es puramente imaginaria, pero al dar vida a su interlocutor de esta manera, Groddeck convierte su texto en un verdadero diálogo entre el autor y el lector. Mientras que en su interpretación del anillo como un símbolo y del significado de la pérdida de la señora de su anillo, Groddeck aparece en su calidad de analista aparentemente omnisciente que desenmascara las verdades ocultas del inconsciente, en un nivel más profundo. El Libro del Ello es un trabajo de autoanálisis en el que Groddeck es el paciente que permanece eternamente como un misterio para sí mismo. Al darse el seudónimo, Patrik Troll Groddeck ha fusionado a Pat, su propio apodo de niño, con Troll, su nombre de mascota para Emmy von Voigt, la viuda sueca que se convirtió en su segunda esposa en 1923 y quien, junto con el anterior corresponsal de Freud y Groddeck. y probablemente también el interés romántico, Hanneliese Schumann, debe ser considerado como uno de los modelos en la vida real de la dama amiga con la que se imaginó que estaba hablando en sus cartas. “Patrik Troll” es, al mismo tiempo, Groddeck y Emmy, analista y paciente. y En esta combinación de roles, Groddeck ejemplifica la inversión dialéctica que experimentó con su paciente, Fräu. G., a quien atribuye haberle puesto en el camino de convertirse en psicoanalista. No solo era “una mujer gravemente enferma” en 1909 cuando comenzó su tratamiento, sino que se describe a sí mismo como “quiebra” psíquica y, posteriormente, uno de sus críticos le dijo que estaba “histérico” (p. 264) en ese momento. En el curso de su trabajo con Fräu. G., como informa en la Carta 30, “se enfrentó de inmediato con el extraño hecho de que no estaba tratando al paciente, sino que el paciente me estaba tratando; o, para traducirlo, lo transformó de tal manera que resultó útil para sus propósitos ”(p. 267). Al aceptar el diagnóstico retrospectivo de sí mismo como histérico, Groddeck afirma que “estaba más convencido de su precisión porque había sido formulado sin ningún tipo de conocimiento personal, sino únicamente por la impresión que me dieron mis escritos” (p. 264). Al consultar la biografía de Grossman (1965) podemos notar que su vida estuvo determinada por los siguientes eventos: la ausencia de una enfermera húmeda durante varios días después de su nacimiento (p. 17); la posición privilegiada de su hermana y la hermana mayor de Lina en la familia debido a sus enfermedades (p. 18); la depresión de su madre tras la muerte de su padre, el eminente pedagogo August Koberstein, en cuya memoria llevaba un vestido negro por el resto de sus días (pág. 20); el desdén de su madre por su padre, que la familia de su padre correspondía al creer que se había casado con él (pág. 22); vestirse con ropa de niñas y enviarse a una escuela de niñas hasta los nueve años (pág. 22); siendo arrancado de su familia a los doce años y enviado a Pforta, el internado de élite donde su abuelo había sido el director y donde el joven Georg era un “bedwetter crónico” (p. 24) y repetidamente lo golpearon hasta su graduación (p. 26); la ruina financiera de su familia y mudarse de la ciudad balneario de Bad Kösen a Berlín cuando tenía quince años (pág. 27); contraer fiebre escarlata a los dieciséis (p. 28); la agonizante muerte de su padre a los dieciocho años (pág. 33); haber sido reclutado en el ejército durante ocho años como recompensa por su educación médica (p. 39); la muerte de su madre en 1892 cuando tenía veintiséis años (p. 40); y la muerte de Lina en 1903 (p. 51) seguida de la de sus tres hermanos mayores, Wolf en 1906 (p. 51), Karl en 1909 (p. 52) y Hans en 1914 (p. 63), dejándolo , como le escribió a Freud el 6 de agosto de 1921, “el único miembro sobreviviente de mi familia” (Giefer, 2008, p. 135). Esta lista de desgracias no pretende ser exhaustiva, pero creo que es suficiente para establecer que Georg Groddeck era un individuo gravemente traumatizado. Cuando alude en el libro del Ello (1923) a “la soledad inconsolable de mis años escolares” y afirma que “no sabe prácticamente nada más de ese tiempo entre las edades de doce y diecisiete años, excepto que tuve que pasarlos separados”. mi madre “(pp. 96-97), esta supuesta amnesia no es El olvido ordinario, sino que se debe más bien a su necesidad de reprimir los recuerdos de experiencias extremadamente dolorosas. Quizás la prueba más dramática del impacto de los traumas de Groddeck se encuentra en la Carta 25, donde analiza su hábito de expresar su descontento diciendo: “Ya te lo he dicho 26,783 veces” (p. 218). Groddeck señala primero que tenía veintiséis años cuando murió su madre, luego que sus padres tenían veintiséis años cuando se casaron y que su padre nació en 1826, lo que hace significativo que los últimos tres números: siete, ocho y tres – sumar hasta dieciocho. Si multiplicas los dos iniciales por los siguientes seis más siete, nuevamente obtendrás veintiséis, igual que si sumas los mismos dos a los últimos ocho veces tres. Además, el mismo Groddeck nació el 13/10/66, y si sumas trece a uno más cero a seis más seis, he aquí que nuevamente llegas al veintiséis mágico. (Rudnytsky)

Groddeck escribiría en el año 1932 lo siguiente:

La doble naturaleza del hombre.

Dos cualidades humanas primarias pronto se revelan a las personas preocupadas por la vida inconsciente del hombre, su naturaleza infantil y su doble sexo. Bajo la presión de las necesidades de nuestro tiempo, la investigación psicoanalítica ha puesto de manifiesto el hecho de que un hombre sigue siendo un niño durante toda su vida, pero hasta ahora la dualidad del sexo humano, aunque es conocida por todos, no ha atraído la atención que merece. Esto es lo más notable, ya que cada comunicación, oral o escrita, realizada por la ciencia psicoanalítica, evidencia el doble sexo del investigador, produciendo sus efectos bajo el velo de un razonamiento razonado. Pero se aleja de lo humano, existiendo siempre en la doble forma de mujer-hombre o hombre-mujer, como si fuera algo aterrador, y se preocupa solo por el hombre y la mujer. Sin embargo, esta separación en el hombre y la mujer debe justificarse solo en circunstancias especiales. Quizás un paralelo aproximado pueda aclarar lo que quiero decir con “circunstancias especiales”. Ciertamente, se puede distinguir entre una pierna torcida y una recta, pero incluso la pierna más torcida sigue siendo una pierna. De la misma manera, el hombre más masculino, o el más femenino, sigue siendo un ser humano, un hombre y una mujer, de doble sexo. Cuando digo que esta cualidad primordial de doble sexualidad parece haberse pasado por alto, no quiero decir que no tenga un papel importante en la doctrina psicoanalítica, sino que no se le da todo su valor como primordial. La calidad, como el punto de enfoque para cada estudio y cada explicación de la vida. Ciertamente, la bisexualidad ha sido durante mucho tiempo un tema de discusión, y los deseos de las mujeres de estar equipados sexualmente como un hombre, de emprender las actividades de un hombre tanto en la esfera sexual como en cualquier otra parte, así como el deseo de los hombres de ser mujeres, de concebir. , estar embarazada y dar a luz, forman un importante dominio en teoría y en la práctica para el intérprete de la vida inconsciente. Pero en este dominio, seguimos con la idea de que el hombre es un hombre y la mujer una mujer, y con esta idea, la suposición extraordinaria insinúa en nuestras mentes que lo que es mujer esencialmente no es parte de la naturaleza del hombre, y lo que es masculino no es parte. de las mujeres, que es posible ser completamente hombre o mujer, y así parece que nos enfrentamos a algo indecoroso, impropio, que puede y debe ser conquistado. Se reprime el hecho real de que ningún hombre vivo está absolutamente separado de la mujer, sino que los seres humanos son mujeres, hombres o hombres, mujeres. La historia mundial nos ha dado un gran ejemplo de semejante represión en la circuncisión de los judíos, y aquí se puede llamar la atención sobre lo que comúnmente se pasa inadvertido, que las represiones son tan útiles a menudo como dañinas, de hecho, quizás más a menudo. y además, que esto es tan independiente de si tienen éxito o fracasan. Este segundo hecho también se ilustra en el caso de la costumbre judía de la circuncisión. Los judíos han dado un significado especial a su circuncisión en el sentido de que se considera que un judío está excluido del resto de la humanidad y se le da la convicción de que si se une a esa alianza con Dios que es atestiguada por la circuncisión, puede sentirlo. superior a todo aquel que no es judío; Su deidad, la más poderosa de todas, lo proporciona. Dado que la circuncisión es una costumbre generalizada entre las razas que no le dan ningún significado como un vínculo con Dios, para el judío debe asignarse un significado más profundo, quizás desconocido para él, a este rito. Incluso ahora uno puede encontrar una conexión cercana entre la circuncisión y las ideas de divinidad entre ciertas razas primitivas, pero con ellas un rito adicional frecuentemente acompaña al corte del prepucio, a saber. La circuncisión, el corte del lado inferior del órgano masculino. La importancia de la circuncisión es que al hombre también se le asigna la marca sexual de la mujer, para convertirlo externamente en un ser humano completo, de doble sexo, una mujer-hombre. De esta manera, él crece a la semejanza de Dios, a quien nadie puede imaginarse a sí mismo como algo más que un ser de doble sexo. Incluso el hombre de nuestro tiempo haría lo mismo, si no estuviera prohibido por la ley y aún más efectivamente por nuestra cultura moderna, para representar a la Deidad en forma humana. Como el órgano masculino se corta con el objeto de dar una apertura sexual femenina al hombre, se corta el antebrazo para eliminar todo rastro de la hembra de la virilidad, ya que el prepucio es femenino. es la vagina en la que entra el pene … (El significado especial de la “bellota” masculina en el prepucio como un niño en el vientre de su madre se ignora intencionalmente. Por otro lado, es necesario enfatizar aquí de inmediato que el prepucio y las bellotas son, en verdad, mujeres y hombres, no meramente símbolos supuestos.) Con los judíos tenemos un estado de cosas diferente. Cuando cortan el prepucio sin hacer la correspondiente circunsición del órgano, se deshacen de la doble sexualidad del hombre y quitan lo que es femenino de lo que es masculino. Al hacerlo, renuncian en honor a la Divinidad de doble sexo, su propio derecho de nacimiento de Dios: a través de la circuncisión, el judío se convierte simplemente en hombre. Considere la notable naturaleza del judío: no hay otra nación en el mundo tan marcada con virilidad como la judía. Su represión de la mujer ha llegado tan lejos que incluso representarían a su Dios como de un solo sexo si no se les prohibiera representarlo en absoluto. Pero esta expresión “viril” no se usa en el sentido de la tradición heroica que la influencia de la vanidad masiva y el deseo femenino ha desarrollado en gran medida, a pesar de su falsedad inherente. El hombre es solo heroico en sus pocos momentos de pasión, ya sea del cuerpo o del espíritu, es decir, excepcionalmente; en su mayor parte es un niño-hombre, y el niño en él supera con creces al héroe varonil. Si uno toma al hombre por lo que es, un ser que esencialmente necesita orientación, no es libre, está ligado de alguna manera al lugar común, solo ocasionalmente capaz de exaltación y solo durante el corto período de su pasión, uno cuya fuerza perdurable no se encuentra en su excitación, pero en su obediencia a lo que es legal, entonces uno no puede sino concluir que el judío, en la medida de lo posible, ha reprimido su calidad femenina. Sin embargo, todavía es solo un caso de represión: el judío en verdad es tanto una mujer-hombre como todos los demás, y su calidad de característica, agradable y desagradable, es el resultado de la represión, no de una diferencia esencial en la naturaleza. Esta conducción de su naturaleza de doble sexo de la mente consciente hacia el inconsciente, continuada durante miles de años y santificada por la Ley Divina, es una de las razones por las que hemos mantenido el problema significativo del ser humano como mujer-hombre. o macho-hembra, fuera de vista en el fondo, Tanto en nuestra vida cotidiana como en el psicoanálisis, porque es obvio que toda la cultura europea, desde la ética actual de la Iglesia cristiana hasta los negocios, viajes y pensamientos cotidianos, está arraigada en el intento judío de establecer la naturaleza de un solo sexo del El hombre por la represión. Sin embargo, a largo plazo, el psicoanálisis no podrá ignorar este fenómeno esencial de doble sexualidad, y uno puede considerar que su ocupación con el inconsciente será fatídica para el judaísmo. Sin embargo, el futuro es, y debe seguir siendo, un libro con siete sellos. Si el hombre tiene doble sexo estructural y funcionalmente, y el poco conocimiento que tenemos acerca de la fertilización y el desarrollo embrionario es suficiente para dar un respaldo científico a esta premisa temprana de todas las mitologías, entonces todo evento en la vida humana debe De una u otra manera puede ser influenciado por este hecho. Siempre y en todas partes en los asuntos humanos debe haber evidencia de la dualidad del sexo, no solo en lo que generalmente llamamos la vida instintiva, o en la llamada esfera psíquica o mental, sino en todas las manifestaciones de la vida, incluso en las que pertenecen. Al territorio de la enseñanza anatómica, fisiológica o patológica. El propósito de este artículo es simplemente señalar los problemas que se han reprimido; estaría fuera de mi provincia aquí, incluso para adentrarnos en la importancia futura de la liberación de tal material reprimido, pero tal vez debería darse un ejemplo para mostrar cómo se puede entender la influencia de la dualidad sexual. Sin embargo, a este respecto, debe tenerse en cuenta que el efecto de la dualidad sexual nunca se ve sin aleación, sino que siempre está condicionado y modificado, en mayor o menor grado, por otras fuerzas del Ello. Además, en la conformación de los eventos, a menudo sucede que el Ello no solo hace uso del inconsciente, sino que también dispone de formas más misteriosas que no se pueden alcanzar mediante el psicoanálisis. Dado que ya se ha recopilado suficiente material sobre la influencia de la doble sexualidad humana en los procesos mentales y ahora solo requiere su uso, son los procesos que comúnmente se supone que se encuentran completamente fuera de la esfera mental los que ahora deberían recibir consideración. Al mismo tiempo, no debe darse por sentado que esta suposición tiene otra justificación que su conveniencia para dar una terminología distintiva. Las características corporales de la mujer en hombres individuales y del hombre en mujeres están tan difundidas y son tan bien conocidas que no vale la pena entrar en detalles. Basta con prestar atención a cualquier ser humano para percibir de inmediato el fenómeno del hombre-mujer o la mujer-hombre, ya sea en la piel, la estructura ósea o la musculatura, la altura, la forma de Las extremidades, o algo más. Pero de la naturaleza de doble sexo de los órganos internos del individuo, casi nada se sabe; de hecho, se podría decir que hasta ahora no se han realizado investigaciones serias sobre este tema. Las preguntas que se discutirán aquí, sin embargo, pertenecen a otro territorio; no se preocupan por las personas individuales, sino que se proponen descubrir si la naturaleza humana en sí misma, si el hombre como tal, se basa en un plan de doble sexo. El psicoanálisis, y no solo la ciencia, sino todo el pensamiento del hombre, funciona con cosas que llamamos símbolos: la boca, por ejemplo, se dice que es un símbolo femenino, la nariz es masculina. De esta manera, obviamente asumimos que, en virtud de puntos definidos de semejanza, ciertos paralelos se han establecido conscientemente, o, si somos más prudentes, transferimos la responsabilidad de establecer estas comparaciones al Inconsciente o al IT: en cualquier caso, la comparación sigue siendo Lo esencial. En oposición a esta idea, sin embargo, mantendría que en el símbolo no nos interesa un mero Comparación, pero con una condición real. La boca está en efecto, en efecto, aunque no de hecho (nicht tatsdichlich sondern wirklich), ya que estas dos frases son diferentes, de hecho casi opuestas en su significado, la boca, en efecto, es sexualmente femenina, en momentos de reposo. Al menos, pero de inmediato revela su dualidad sexual cuando se usa en el habla, y siempre lo hace para respirar. Por otro lado, la nariz es, por su forma, un macho, pero al mismo tiempo da evidencia de su sexo femenino en las fosas nasales y en su función de olfato. Esta verdadera dualidad del sexo en la nariz y la boca es confirmada por los géneros opuestos que se encuentran en las palabras en francés y en alemán, y gran parte de lo que es rechazado por nuestra inteligencia es evidente en el lenguaje: bouche, femenino, der Mund, masculino. La boca – / e nez, masculina, die Nase, femenina, la nariz. La mitad superior de la cara es masculina, la mitad inferior femenina. No es suficiente decir que significan masculino y femenino: en realidad son masculinos y femeninos, si tomamos “en realidad” significar “en su acción”. Los órganos individuales, como el oído, al principio dan la impresión de ser femeninos y nada más que femeninos, pero mientras el tímpano está fructificado por el sonido y, por lo tanto, desempeña el papel femenino en esta cuestión de la audición, en la leyenda de la Concepción. De la Virgen, esto queda muy claro: a su vez, esta hembra estimula en el oído medio el martillo, el yunque, el estribo, el macho del automóvil, y de hecho, el oído medio ya tiene doble sexo en su caracol. -como estructura. Es bastante erróneo suponer que los órganos de los sentidos solo son receptivos en su carácter: son igualmente creativos y fecundos. En lo que concierne al ojo, por ejemplo, se reconoce, y mucho antes de cualquier estudio sistemático del inconsciente, se reconoció que es un símbolo de la madre, pero lo que se da a la retina no se percibe de inmediato sin más preámbulos. El nervio primero crea la imagen en el cerebro y, por lo tanto, el proceso de la vista tiene un doble carácter sexual. Si las personas pueden tener esto claro, y los psicoanalistas al menos deben serlo, no puede suceder que un hombre con poca visión tenga gafas en la nariz para caminar como una persona que, sin saberlo, ve las cosas mal. engañarse a sí mismo e inconscientemente engañar a los demás, porque se entendería que en la mayoría de los casos la mala vista no era esencialmente una cuestión de no ver, sino de reprimir lo que se ve. Con cada uno de nosotros ver implica la represión; Si la represión es demasiado difícil, entonces el Ello provoca una visión corta, la resolución se hace aún más fácil por este conveniente recurso si el destino lo ha ordenado a través de algún defecto en el desarrollo del ojo. Es un hecho que incluso las personas extremadamente miopes ven mil veces mejor de lo que pretenden, ya sea para nosotros mismos o para nosotros. En la primera leyenda de la creación del hombre se dice que el hombre fue hecho “a semejanza de Dios”. El hombre fue creado como hombre y mujer, con la naturaleza del hombre y de la mujer: al referirse a Dios, se elige la forma plural de Eloim, y esto se explica fácilmente si se supone que la leyenda supone que la Deidad es dual en el sexo, una Estar en posesión de ambos sexos. De acuerdo con la leyenda de Lilith, el hombre también tenía dos sexos originalmente y solo más tarde fue separado en hombre y mujer por la interferencia divina. “La palabra” es el nombre que recibe el poder creativo de Gcd, pero la palabra solo se puede cumplir por medio de la respiración, y también se menciona expresamente que el aliento de la Deidad da vida al hombre. La respiración, sin embargo, es inequívocamente una actividad de doble sexo, receptiva durante la inspiración, productiva en la expiración. El aliento, doble en el sexo, es el atributo esencial de Dios. Esto es evidente en la historia de Cristo, en la representación del Pneuma Hagion, el Spiritus Sanctus, extrañamente traducido como el Espíritu Santo. Una vez que reconocemos que la respiración es de doble sexo y opera en De acuerdo con esa cualidad, comenzaremos una nueva forma de ver todos los procesos físicos, mentales y patológicos en el hombre. Y a partir de ahí, es solo un paso más hacia la realización de la doble sexualidad en el corazón, los riñones, los órganos y procesos digestivos. Se encontrarán nuevos puntos de vista con respecto a todos estos, y no solo sus condiciones mentales asociadas, sino también e igualmente, los estados orgánicos. El autor actual, en su primera publicación sobre la determinación mental de la enfermedad orgánica, ya ha dado evidencia de la conexión entre los tumores y el doble sexo del hombre. Ahora se puede agregar el comentario adicional de que la disciplina favorita de la medicina, la cirugía, sería inconcebible si no fuera por esta naturaleza dual del hombre, ya que la incisión lo convierte en mujer. De hecho, sería posible rastrear la influencia del doble sexo en el caso de diferentes operaciones consideradas individualmente. Como se ha dicho, podríamos considerar todas las expresiones de la vida humana a la luz del doble sexo en la naturaleza humana, y en algún momento u otro sucederá. Aquí basta, sin embargo, haber dado alguna indicación de lo que se va a encontrar, y si no se obtiene ningún otro resultado que el de las personas, sea más cauteloso al explicar la idea del símbolo y compruebe por sí mismos si el símbolo no es algo lejano. más que un juego de pensamiento, es decir, la realidad esencial de la vida, entonces se han logrado.

Groddeck en 1933 estaba convencido de que la muerte de todo hombre es la realización de un último deseo. (El hombre como símbolo) Groddeck dudó en preocupar a Freud con esta idea puesto que, en ese entonces, el mundo alemán estaba demasiado triste en realidad para permitirse escapar a través de la literatura. Sin embargo, finalmente se lo envió, junto con una carta que terminaba con estas palabras: su infortunademante en cierta forma senil y endeble, pero siempre agradecido discípulo. Freud no acusó de recibido del manuscrito el hombre como símbolo, pero su hija Anna escribió a Groddeck que Freud lo había leído desde el principio a fin con gran interés.

Ferenczi le escribió desde su lecho de enfermo en Capri que le gustaba mucho su nuevo libro. En esa época estaba en el periodo final de una anemia, le era difícil viajar y no poder visitar a su amigo Groddeck . Ferenczi se autodenominaba un atomizador del alma; Groddeck había tratado de salvar a su amigo de este peligro. Después de su muerte de Ferenczi en mayo de 1933, su esposa les escribió que Lou Andreas Salome, había dicho: Groddeck lo hubiera salvado. Muy preocupado por haber podido abandonar a ferenczi, en una larga carta a la viuda de Ferenczi, Groddeck trata de mostrar que probablemente no hubiera podido ayudarle:

Del mismo modo en que no se puede detener la tempestad bravía aun con la mano desarmada, no hubiera podido ayudar a Sándor. Tan íntimos como éramos, estaba ya muy alejado de mi en un vuelo hacia las estrella al que no podía ni quería unirme.

Una vez más Groddeck estaba solo. Volviéndose hacia el mundo que los rodeaba. Se negaba a reconocer su realidad, se negaba a creer que Hitler era antisemita. Creía que si solo hubiera podido tener una entrevista con Hitler, habría podido corregir el pensamiento equivocado de este. Un año después de la muerte de Ferenczi, Groddeck sufre un grave ataque al corazón. En este momento, las autoridades estaban por arrestar a ese extraño doctor que escribía cartas al líder.

En sus últimos días se preocupó por la cura del cáncer y por la lucha contra la muerte de sus pacientes y el pueblo alemán. Creía que podía liberar al mundo de todo mal. Uno de los últimos visitantes fue Frieda Fromm-Reichmann, que estaba en camino hacia América. Se levantó de la cama y, sin ningún signo de enfermedad, la acompaño hasta la estación ferroviaria. Poco después se descompuso y mostró signos de agitación y delirio; luego sobrevino el apacible fin.

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